La neuropsiquiatría ocupa una posición singular dentro de las ciencias de la salud. Su objeto de estudio se sitúa en la intersección entre neurología, psiquiatría, neurociencia, psicología y humanidades, especialmente en aquellos cuadros donde las alteraciones cognitivas, conductuales, emocionales y neurológicas aparecen estrechamente relacionadas.
Esta situación fronteriza constituye una de sus principales fortalezas, pero también explica parte de sus dificultades. La división histórica entre enfermedades “neurológicas” y trastornos “mentales” ha favorecido la especialización, aunque también ha generado modelos asistenciales y de investigación fragmentados.
Una revisión publicada en 2026 propone reformular la neuropsiquiatría mediante un paradigma plural e integrador. El modelo combina fenotipado profundo, clasificaciones dimensionales, datos biológicos y sociales, evaluación psicométrica y análisis sistemático de la experiencia vivida. Su finalidad no es sustituir los diagnósticos actuales, sino construir explicaciones clínicas más individualizadas y sensibles al contexto.
Una disciplina marcada por la separación entre mente y cuerpo
La historia de la neuropsiquiatría está atravesada por el problema de cómo relacionar cerebro, cuerpo, mente y experiencia. A lo largo del tiempo, los síntomas conductuales y emocionales se han interpretado desde perspectivas físicas, psicológicas, morales, sociales o filosóficas.
El desarrollo de la neurología y la psiquiatría como especialidades diferenciadas permitió importantes avances científicos. Sin embargo, también consolidó una separación entre fenómenos considerados orgánicos y manifestaciones clasificadas como funcionales o psicológicas.
Esta división resulta especialmente problemática ante cuadros que no respetan los límites administrativos entre especialidades. La epilepsia con síntomas psiquiátricos, los trastornos neurológicos funcionales, las demencias, las encefalitis autoinmunes, el daño cerebral adquirido o determinados síndromes neuroconductuales requieren combinar exploración neurológica, evaluación psicopatológica, neuropsicología y conocimiento del entorno.
La revisión defiende que la neuropsiquiatría no debe convertirse en una zona indefinida entre neurología y psiquiatría. Necesita un marco propio que permita articular distintos niveles explicativos sin reducir toda experiencia mental a un biomarcador ni aislarla de sus bases biológicas.
Del diagnóstico categorial al fenotipado profundo
Uno de los pilares del paradigma propuesto es el fenotipado profundo. Este enfoque busca caracterizar a cada persona mediante información procedente de múltiples dimensiones, en lugar de limitar la evaluación a una etiqueta diagnóstica.
Integrar diferentes niveles de información
Un fenotipo neuropsiquiátrico amplio podría incorporar datos clínicos, neurológicos, neuropsicológicos, psicométricos, genómicos, metabólicos, inmunológicos, ambientales y sociales. También puede incluir la trayectoria evolutiva, las exposiciones adversas, el funcionamiento cotidiano y la descripción subjetiva de los síntomas.
La integración de estas capas pretende identificar perfiles clínicos relevantes dentro de diagnósticos que suelen mostrar una elevada heterogeneidad. Dos personas con la misma categoría diagnóstica pueden diferir notablemente en mecanismos, síntomas, deterioro funcional, contexto social y necesidades asistenciales.
El valor del fenotipado profundo no reside en acumular indiscriminadamente datos. Su utilidad depende de seleccionar información clínicamente pertinente y de establecer relaciones interpretables entre los diferentes niveles analizados. La revisión plantea que esta estrategia puede facilitar la identificación de subtipos y contribuir al desarrollo de la medicina de precisión.
RDoC y HiTOP como marcos dimensionales
La propuesta también se apoya en modelos dimensionales como Research Domain Criteria, conocido como RDoC, y Hierarchical Taxonomy of Psychopathology, o HiTOP.
RDoC estudia dimensiones funcionales relacionadas con procesos como la respuesta a amenazas, la recompensa, la cognición, la regulación y los sistemas sociales. Su objetivo investigador es conectar diferentes unidades de análisis, desde mecanismos moleculares y circuitos hasta conducta y autoinforme.
HiTOP, por su parte, organiza la psicopatología a partir de patrones de covariación entre síntomas y rasgos. Este enfoque pretende representar mejor la continuidad entre normalidad y patología, la coexistencia de síntomas y la elevada comorbilidad observada en la práctica clínica.
Ambos marcos pueden aportar una descripción más granular que las categorías tradicionales. No obstante, la revisión señala limitaciones importantes. RDoC puede representar de forma insuficiente los determinantes sociales y presenta dificultades para integrar determinados trastornos neurológicos. HiTOP describe el contenido de la psicopatología, pero puede dejar parcialmente fuera la estructura y el significado personal de la experiencia.
Por ello, estos sistemas no deberían entenderse como sustitutos completos de la evaluación clínica, sino como herramientas complementarias para construir perfiles más precisos.
Subjectómica: incorporar la experiencia vivida
La aportación más distintiva del modelo es la denominada capa “subjectómica”. El concepto alude al estudio sistemático de la experiencia subjetiva como una dimensión relevante del fenotipo neuropsiquiátrico.
Más allá del autoinforme convencional
La subjetividad no equivale simplemente a registrar si un síntoma está presente o ausente. Incluye cómo se experimenta, qué significado tiene para la persona, cómo modifica su relación con el cuerpo, el entorno y los demás, y de qué manera se integra en su historia vital.
Dos pacientes pueden presentar una alteración perceptiva aparentemente similar y, sin embargo, vivirla de forma muy diferente. Una experiencia puede resultar amenazante, extraña, familiar, vergonzosa o compatible con el sentido de identidad. Estas diferencias pueden influir en el malestar, la conducta de búsqueda de ayuda y la relación terapéutica.
La subjectómica pretende aportar métodos que permitan analizar narrativas, experiencias en primera persona y patrones fenomenológicos junto con datos biológicos y conductuales. No se plantea como una omisión del rigor científico, sino como un intento de evitar que la estandarización elimine información clínicamente significativa.
El papel de la inteligencia artificial y los modelos computacionales
La neuropsiquiatría de precisión genera conjuntos de datos complejos y heterogéneos. En este contexto, la inteligencia artificial puede ayudar a detectar patrones entre variables clínicas, neuropsicológicas, biológicas, sociales y longitudinales.
Los modelos computacionales podrían contribuir a identificar agrupaciones de pacientes, estimar trayectorias funcionales o estudiar relaciones que no son evidentes mediante análisis convencionales. El procesamiento del lenguaje natural también podría utilizarse para analizar narrativas clínicas y descripciones de experiencias subjetivas.
Sin embargo, la subjectómica plantea una advertencia especialmente relevante: transformar la experiencia en datos puede empobrecerla si los algoritmos reducen el relato del paciente a categorías rígidas o indicadores descontextualizados.
La inteligencia artificial en neuropsiquiatría debería emplearse como instrumento de integración y apoyo a la investigación, no como sustituto de la entrevista clínica. Sus resultados necesitarían validación externa, explicabilidad suficiente y evaluación de posibles sesgos derivados de poblaciones poco representativas.
Implicaciones para la práctica clínica
El paradigma propuesto invita a combinar la exploración neurológica y el examen del estado mental con una valoración neuropsicológica, funcional, social y fenomenológica.
La formulación clínica resultante no se limitaría a enumerar diagnósticos. Intentaría explicar cómo interactúan las alteraciones cerebrales, la regulación corporal, los procesos cognitivos, la historia personal y el entorno.
Este enfoque puede resultar útil en pacientes con presentaciones complejas, síntomas fluctuantes o discrepancias entre pruebas, observación clínica y funcionamiento cotidiano. También refuerza la necesidad de evaluaciones ecológicas y sensibles al contexto.
La propuesta no establece un protocolo asistencial validado ni demuestra que este modelo mejore por sí mismo los resultados clínicos. Se trata de un marco conceptual que deberá traducirse en procedimientos medibles, reproducibles y aplicables a diferentes sistemas sanitarios.
Cambios necesarios en formación e investigación
Una neuropsiquiatría verdaderamente transdisciplinar requiere formación compartida. Los profesionales necesitan competencias en psicopatología, neurología conductual, neuropsicología, neuroimagen, métodos computacionales y ciencias sociales, además de capacidad para trabajar en equipos interdisciplinares.
En investigación, será necesario combinar métodos cuantitativos y cualitativos. Los biomarcadores y las escalas estandarizadas pueden convivir con entrevistas fenomenológicas, seguimiento longitudinal y medidas del funcionamiento real.
La revisión también subraya que los modelos deben adaptarse a las prioridades regionales y a la diversidad cultural. Un sistema construido únicamente con datos procedentes de centros altamente especializados puede tener una utilidad limitada en otros contextos clínicos.
Conclusiones prácticas
La neuropsiquiatría de precisión propone superar la separación rígida entre trastornos neurológicos y mentales mediante una comprensión integrada de cerebro, cuerpo, experiencia y contexto.
El fenotipado profundo y los marcos dimensionales pueden mejorar la caracterización de la heterogeneidad clínica. Sin embargo, su valor será incompleto si no incorporan la experiencia subjetiva y las condiciones sociales en las que aparecen los síntomas.
La inteligencia artificial puede facilitar la integración de datos complejos, pero no resuelve por sí sola los problemas conceptuales de la neuropsiquiatría. El reto no consiste únicamente en medir más variables, sino en relacionarlas de forma clínicamente significativa.
El paradigma presentado ofrece una hoja de ruta prometedora para la investigación y la formación. Su aplicación asistencial requerirá todavía validación empírica, herramientas operativas y una colaboración real entre neurología, psiquiatría, neuropsicología, ciencias de datos y humanidades.
Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Relearning the epistemology, history, and future of neuropsychiatry - Front. Hum. Neurosci., 02 March 2026Sec. Brain Health and Clinical NeuroscienceVolume 20 - 2026
Texto completo disponible en: https://www.frontiersin.org/journals/human-neuroscience/articles/10.3389/fnhum.2026.1727506/full
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
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