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Las redes sociales ya condicionan quién y cómo se llega o no a la consulta de psiquiatría

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Post de usuario | Fecha de publicación: 06/03/2026
Artículo revisado por nuestra redacción

Vitoria-Gasteiz, marzo de 2026.- Las redes sociales y los contenidos difundidos por influencers ya están influyendo en la forma en que las personas interpretan sus síntomas y deciden acudir a consulta, según afirmó la Dra. Rosa Molina, psiquiatra en el Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid y Doctora por la Universidad Complutense de Madrid, durante su intervención en el Curso N...

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Vitoria-Gasteiz, marzo de 2026.- Las redes sociales y los contenidos difundidos por influencers ya están influyendo en la forma en que las personas interpretan sus síntomas y deciden acudir a consulta, según afirmó la Dra. Rosa Molina, psiquiatra en el Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid y Doctora por la Universidad Complutense de Madrid, durante su intervención en el Curso Nacional de Actualización en Psiquiatría. La especialista advirtió de que el algoritmo “ya condiciona quién llega a él” y alertó del paso “del diagnóstico clínico al autodiagnóstico en TikTok o en otras redes sociales”, donde “cuando el síntoma se convierte en tendencia, corremos el riesgo de banalizar el sufrimiento y diluir el criterio diagnóstico”.

Con casi de 200.000 usuarios en su cuenta de Instagram, la Dra. Rosa Molina, que es divulgadora de contenidos de Psiquiatría, planteó si “¿el futuro de la consulta se situará únicamente entre el espacio clínico habitual… o entre este y el algoritmo/huella digital?” y afirmó que “el algoritmo no sustituirá la consulta, pero ya condiciona quién llega a esta; ignorarlo sería practicar una clínica incompleta”. No obstante, subrayó que “el núcleo terapéutico sigue necesitando presencia y tiempo compartido”.

Durante su intervención sostuvo que “nuestra tarea es transformar etiquetas virales en comprensión clínica rigurosa”, en referencia al paso “del diagnóstico clínico al autodiagnóstico en TikTok: el nuevo reto para la salud mental”. En ese contexto explicó que el riesgo aparecía “cuando el síntoma se convierte en tendencia, ya que podía banalizarse el sufrimiento y diluirse el criterio diagnóstico”

La Dra. Molina señaló asimismo que “hoy no solo exploramos historia vital, también un “yo” que se relaciona en entornos digitales. El contexto tecnológico ya forma parte del entorno psíquico”. Añadió que “la brecha digital no es solo técnica, es también la referida a dos generaciones que no hablan el mismo idioma pero son atendidas en las mismas consultas”, aludiendo a la convivencia entre nativos digitales y mayores analógicos en el mismo espacio asistencial.

NO SE PUEDE SUBESTIMAR EL IMPACTO DEL ENTORNO DIGITAL

En relación con la naturaleza del malestar psicológico, planteó: “¿Los mismos problemas de siempre con envases distintos?”. Afirmó que “la angustia es antigua pero ha cambiado el escenario” y que, de entrada, “cambia el formato de expresión, no la raíz del conflicto humano”. Sin embargo, advirtió: “tampoco podemos subestimar el impacto del entorno digital porque este no solo envasa el malestar y también lo amplifica y lo modela e incluso genera nuevos problemas emergentes”.

También se refirió al cambio en la difusión del conocimiento, sintetizado en la expresión “de ‘publish or perish’ a ‘post or vanish’”. Señaló que “las redes han democratizado el conocimiento, sacándolo de los círculos hiperespecializados para acercarlo a la población general”, por lo que “quizá el debate ya no sea solo el índice H, sino también el impacto social positivo”. No obstante, remarcó que “el desafío no es elegir entre rigor y visibilidad, sino lograr que la evidencia científica pueda difundirse sin diluirse”.

¿IMPACTO MEDIDO SOLO EN FACTOR H O TAMBIÉN EN ENGAGEMENT?

En esta misma línea planteó: “¿Impacto medido solo en factor H o también en engagement?”. Explicó que “el factor H mide citaciones; el engagement puede medir alcance social” y que “tal vez necesitamos ambos indicadores para una medicina más conectada”. Sin embargo, advirtió: “el impacto científico no puede diluirse en métricas emocionales; la evidencia no debería depender del algoritmo”.

Desde el punto de vista ético abordó la cuestión “¿Debe el psiquiatra mirar las redes de sus pacientes?”. Señaló que “explorar el entorno digital puede aportar información clínica relevante, pero siempre desde el consentimiento y la ética”, y añadió que “consultar sin permiso del paciente puede erosionar la confianza terapéutica e interferir en el proceso”.

En relación con el aprendizaje digital afirmó que “ganamos acceso, perspectiva global y rapidez asociativa”, pero que “perdemos profundidad sostenida; la atención fragmentada puede debilitar la reflexión clínica”.

Sobre el rigor científico en medios digitales sostuvo que “el medio no determina el rigor, lo determinan quienes producen y validan el contenido”, aunque reconoció que “el formato breve favorece simplificación” y que el desafío era “no convertir la complejidad clínica en eslogan en la era del clickbait”.

Asimismo defendió la necesidad de “explorar el yo digital en la evaluación psicopatológica”. Explicó que “el yo digital no es un simple escaparate, sino un espacio donde el sujeto construye identidad, a veces como versión idealizada, otras escindida/disociada y otras como alter ego, e incluso como territorio de expresión de aspectos que no encuentran lugar en la vida cotidiana”. Integrarlo en la evaluación, afirmó, suponía “comprender mejor cómo se narra y se representa a sí mismo”.

¿CONSEJOS SIMPLES O INTERPRETACIONES PROFUNDAS?

También planteó la cuestión “¿Consejos simples o interpretaciones profundas?” y sostuvo que “la psicoeducación breve puede ser la puerta pero la interpretación profunda será siempre necesaria en el proceso”.

Finalmente, ante la pregunta “¿Psicoeducar en redes o resistirse?”, señaló que “los grandes medios de comunicación entendieron hace tiempo que debían trasladarse a los nuevos canales donde está la audiencia” y afirmó que “también en salud mental los profesionales tenemos la responsabilidad ética de estar presentes en los nuevos entornos digitales para contrarrestar la desinformación y ofrecer marcos rigurosos que orienten, en lugar de confundir”.

La Dra. Molina concluyó recordando que “vivimos en la era de la sobreinformación y ruido, donde abundan los datos pero no siempre el conocimiento”, y defendió que “nuestra función es convertir esa información en criterio y pensamiento crítico, filtrando el ruido mediante el método”.

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