Introducción
La evaluación de riesgos y beneficios constituye uno de los principios fundamentales de la práctica sanitaria basada en la evidencia. Mientras que en medicina resulta habitual informar a los pacientes sobre los posibles efectos adversos de los tratamientos farmacológicos o quirúrgicos, esta cuestión ha recibido históricamente menor atención en el ámbito de las intervenciones psicológicas.
Durante décadas, la psicoterapia ha sido considerada una intervención esencialmente segura. Sin embargo, un número creciente de investigaciones ha demostrado que, aunque generalmente beneficiosos, los tratamientos psicológicos también pueden asociarse a efectos no deseados, empeoramiento clínico, dependencia terapéutica, incremento temporal del malestar emocional o consecuencias negativas derivadas de una aplicación inadecuada.
Uno de los investigadores que más contribuyó a visibilizar esta problemática fue Steven J. Lynn (1946-2024), reconocido psicólogo clínico y académico cuya producción científica abarcó múltiples áreas de la psicología clínica. Junto a sus colaboradores, Lynn defendió la necesidad de investigar sistemáticamente los efectos secundarios de las intervenciones psicológicas y promover una mayor transparencia en la relación terapéutica.
Dos estudios recientes exploran hasta qué punto los profesionales de la salud mental conocen este fenómeno, cómo interpretan los posibles efectos adversos y de qué manera abordan esta información con sus pacientes.
Los efectos adversos en psicoterapia: una cuestión emergente
Un área históricamente infrainvestigada
A diferencia de los ensayos farmacológicos, donde la monitorización de eventos adversos forma parte de los estándares metodológicos, la investigación psicoterapéutica ha prestado tradicionalmente menos atención a los posibles efectos negativos de los tratamientos.
Esta situación ha generado importantes debates sobre la necesidad de incorporar procedimientos sistemáticos para identificar, registrar y comunicar los riesgos potenciales asociados a las intervenciones psicológicas.
El legado de Steven J. Lynn
Steven J. Lynn fue una de las figuras más influyentes en este ámbito. A lo largo de su trayectoria académica promovió una visión crítica y científica de la práctica clínica, defendiendo la importancia de evaluar tanto los beneficios como los posibles riesgos de cualquier intervención psicológica.
Su trabajo contribuyó a consolidar una perspectiva que entiende la seguridad del paciente como un componente inseparable de la atención basada en la evidencia.
Metodología de los estudios
Participantes
La investigación incluyó dos muestras independientes de profesionales clínicos.
Estudio 1
Participaron 58 clínicos que respondieron a preguntas relacionadas con su conocimiento y percepción de los efectos adversos de las intervenciones psicológicas.
Estudio 2
La segunda investigación contó con 64 profesionales y amplió el análisis incorporando cuestiones relativas a la clasificación de los efectos adversos y la comparación con las perspectivas de los pacientes.
Variables analizadas
Los investigadores exploraron varios aspectos relevantes:
Nivel de familiaridad con el concepto de efectos adversos en psicoterapia.
Frecuencia con la que los clínicos discuten estos riesgos con los pacientes.
Opiniones sobre qué efectos deben considerarse evitables, inevitables o inexistentes.
Grado de concordancia entre las percepciones de profesionales y pacientes.
Resultados
Conocimiento moderado del fenómeno
En ambos estudios, una ligera mayoría de los participantes afirmó estar familiarizada con el tema de los efectos adversos de las intervenciones psicológicas.
- En el Estudio 1, 30 profesionales (51 %) manifestaron conocer esta problemática.
- En el Estudio 2, la cifra aumentó hasta 39 clínicos (61 %).
Aunque estos datos reflejan cierto nivel de concienciación, también indican que una proporción considerable de profesionales reconoce tener conocimientos limitados sobre una cuestión directamente relacionada con la seguridad del paciente.
Mayor conocimiento, mayor comunicación
Uno de los hallazgos más relevantes fue que los clínicos que afirmaban estar familiarizados con el tema tendían a informar con mayor frecuencia a sus pacientes sobre los posibles efectos adversos del tratamiento.
Por el contrario, quienes reconocían no conocer suficientemente la cuestión eran menos proclives a abordar este aspecto durante el proceso terapéutico.
Este resultado sugiere que la formación y sensibilización profesional podrían desempeñar un papel clave en la promoción de prácticas de consentimiento informado más completas.
Desacuerdos sobre qué constituye un efecto adverso
Ausencia de consenso entre profesionales
El segundo estudio puso de manifiesto una notable heterogeneidad en las opiniones de los clínicos acerca de qué experiencias deben considerarse efectos adversos de la psicoterapia.
Los participantes mostraron diferencias significativas al clasificar determinados fenómenos como:
- Efectos evitables.
- Efectos inevitables.
- Consecuencias normales del tratamiento.
- Situaciones que no deberían considerarse efectos adversos.
Esta variabilidad evidencia la ausencia de criterios universalmente aceptados para definir y categorizar los riesgos asociados a las intervenciones psicológicas.
Diferencias entre clínicos y pacientes
Los investigadores observaron además una discrepancia importante entre las percepciones de los profesionales y las de los pacientes.
Determinadas experiencias consideradas problemáticas por los usuarios no siempre eran reconocidas como efectos adversos por los clínicos. Del mismo modo, algunos fenómenos identificados por los profesionales podían no ser interpretados de la misma manera por quienes recibían el tratamiento.
Estas diferencias ponen de relieve la complejidad de evaluar la seguridad de las intervenciones psicológicas desde una perspectiva exclusivamente profesional.
Implicaciones para el consentimiento informado
El derecho de los pacientes a conocer los riesgos
El consentimiento informado constituye un principio ético esencial en la práctica clínica contemporánea. Para que una decisión terapéutica sea verdaderamente autónoma, los pacientes deben disponer de información suficiente sobre los beneficios esperados y los posibles riesgos asociados al tratamiento.
Los resultados del estudio sugieren que esta condición no siempre se cumple plenamente en el contexto de la psicoterapia.
La falta de consenso sobre los efectos adversos y la limitada familiaridad de algunos profesionales con esta temática pueden dificultar una comunicación transparente y completa.
Hacia una comunicación más efectiva
La información sobre riesgos potenciales no debe interpretarse como un obstáculo para el tratamiento psicológico. Por el contrario, una comunicación clara puede fortalecer la alianza terapéutica, mejorar las expectativas del paciente y favorecer la detección temprana de dificultades durante el proceso asistencial.
Desde esta perspectiva, la discusión abierta sobre posibles efectos adversos forma parte de una práctica clínica responsable y centrada en la persona.
La necesidad de guías clínicas específicas
Definir el espectro completo de efectos adversos
Uno de los principales mensajes derivados de la investigación es la necesidad de desarrollar directrices que permitan identificar y clasificar de manera consistente los efectos adversos de las intervenciones psicológicas.
Estas guías podrían facilitar:
- Una mejor monitorización de resultados negativos.
- La comparación entre estudios.
- La formación de profesionales.
- La protección de los pacientes.
Promover la sensibilización profesional
Los autores señalan que el primer paso para avanzar en esta dirección consiste en aumentar la conciencia sobre el problema dentro de la comunidad clínica.
La difusión de las aportaciones de Steven J. Lynn y otros investigadores que han trabajado en este ámbito puede contribuir a incorporar la seguridad del paciente como una dimensión central de la práctica psicoterapéutica.
Conclusiones
Los resultados de estos estudios muestran que, aunque una mayoría de clínicos afirma conocer la problemática de los efectos adversos de las intervenciones psicológicas, persisten importantes diferencias en la forma de definirlos, interpretarlos y comunicarlos a los pacientes.
La falta de consenso entre profesionales y la discrepancia observada respecto a las percepciones de los pacientes ponen de manifiesto la necesidad de desarrollar marcos conceptuales y guías clínicas más claras. Asimismo, los hallazgos subrayan la importancia de reforzar la formación en este ámbito para garantizar procesos de consentimiento informado más completos y transparentes.
El legado científico de Steven J. Lynn continúa siendo especialmente relevante en este contexto, recordando que la evaluación rigurosa de beneficios y riesgos constituye un componente esencial de toda práctica clínica basada en la evidencia.
Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Exploring the Overlooked: Dutch Clinicians' Perspectives on Side Effects of Psychological Interventions - Clin Psychol Psychother. 2026 Jan 7;33(1)
Texto completo disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12775897/
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
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