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Empatía clínica en estudiantes de Medicina: qué cambia entre los primeros y últimos cursos



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Artículo | Fecha de publicación: 14/12/2026
Artículo revisado por nuestra redacción

  La empatía también forma parte de la competencia clínica La empatía clínica suele considerarse una habilidad esencial para establecer una buena relación terapéutica, comprender la experiencia del paciente y comunicar decisiones de forma eficaz. Sin embargo, la formación médica obliga a los estudiantes a adquirir progresivamen...

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La empatía también forma parte de la competencia clínica


La empatía clínica suele considerarse una habilidad esencial para establecer una buena relación terapéutica, comprender la experiencia del paciente y comunicar decisiones de forma eficaz.


Sin embargo, la formación médica obliga a los estudiantes a adquirir progresivamente habilidades de razonamiento diagnóstico, eficiencia, gestión del tiempo y tolerancia a situaciones emocionalmente exigentes. Este proceso puede modificar la forma en que se relacionan con el sufrimiento del paciente.


Un estudio realizado en Suecia con 251 estudiantes de Medicina analiza precisamente esta tensión mediante el concepto de Empathetic Clinical Gaze (ECG) o “mirada clínica empática”: una forma de integrar atención científica y sensibilidad hacia la experiencia emocional del paciente.


Los resultados sugieren diferencias entre los primeros y los últimos años de formación, pero no permiten concluir que la empatía se deteriore necesariamente con el paso del tiempo.


Qué es la “mirada clínica empática”


El concepto de Empathetic Clinical Gaze intenta superar una visión de la práctica médica exclusivamente centrada en la observación objetiva y diagnóstica.


La propuesta parte de que la atención clínica requiere combinar:


comprensión cognitiva de la situación del paciente

y

capacidad de resonancia emocional y reconocimiento de su experiencia subjetiva.


La escala utilizada en este estudio procede de un trabajo previo de validación psicométrica en la misma población de estudiantes suecos. En aquella investigación se obtuvo una versión de 16 ítems, con una consistencia interna elevada (α = 0,87), aunque los propios autores señalaban que todavía eran necesarias más pruebas de validez y estabilidad temporal.


Por tanto, el ECG debe entenderse como un constructo emergente, no como una medida definitiva o universal de empatía médica.


251 estudiantes de todos los cursos


La muestra incluyó estudiantes de los seis años de Medicina.


Del total:


195 eran mujeres y 56 hombres.

148 tenían entre 18 y 24 años y 103 tenían 25 años o más.


Los estudiantes se distribuyeron entre los cursos 1 y 6, aunque existía una mayor representación de quinto curso.


El estudio combinó dos aproximaciones.


Por una parte, comparó cuantitativamente los niveles de ECG según sexo, edad y año académico.


Por otra, realizó un análisis cualitativo secundario de comentarios escritos que los estudiantes habían proporcionado al evaluar distintos ítems de la escala.


Estos comentarios no procedían de entrevistas diseñadas específicamente para estudiar la empatía, sino de preguntas abiertas sobre claridad y relevancia de los ítems. Esta limitación es importante para interpretar la profundidad de los resultados cualitativos.


No hubo diferencias significativas por sexo ni edad


Los niveles de ECG no mostraron diferencias estadísticamente significativas según sexo:


p = 0,128.


Tampoco según grupo de edad:


p = 0,790.


Esto sugiere que, dentro de esta muestra, las diferencias más relevantes no estaban asociadas a estas variables demográficas.


El resultado más interesante apareció al comparar etapas de formación.


Más puntuaciones altas entre estudiantes de primeros cursos


Entre los estudiantes de los cursos 1–3:


el 39,1 % presentó un nivel alto de ECG.


Entre quienes cursaban 4.º–6.º:


el porcentaje fue del 25,5 %.


La diferencia global entre cursos iniciales y avanzados fue estadísticamente significativa:


p = 0,030.


En los últimos cursos también aumentó la proporción de estudiantes clasificados con puntuaciones bajas:


28,2 % en los cursos 1–3 frente a 36,9 % en los cursos 4–6.


A primera vista, estos resultados podrían interpretarse como una pérdida de empatía durante la formación médica.


Pero esa conclusión sería demasiado fuerte.


Un estudio transversal no demuestra que la empatía disminuya


Los investigadores compararon estudiantes diferentes en un único momento.


No siguieron a los mismos alumnos desde primero hasta sexto curso.


Esto significa que las diferencias podrían reflejar múltiples factores:


estructura curricular, experiencias clínicas, carga asistencial, presión académica, personalidad, selección de la muestra o diferencias entre cohortes.


Los propios autores insisten en que el diseño transversal no permite interpretar los resultados como un cambio evolutivo ni como evidencia de disminución de empatía a lo largo de la carrera.


Para demostrarlo sería necesario realizar estudios longitudinales que evaluaran repetidamente a los mismos estudiantes.


De la resonancia emocional a la empatía cognitiva


Los comentarios cualitativos aportaron una interpretación interesante.


Los estudiantes de primeros cursos describían con mayor frecuencia una empatía basada en conexión emocional, interés genuino y resonancia afectiva.


En cursos más avanzados aparecía con más frecuencia una visión pragmática: comprender al paciente, pero manteniendo cierto control emocional para poder diagnosticar, tomar decisiones y gestionar la carga de trabajo.


Los autores interpretan este patrón como un desplazamiento parcial desde una empatía más afectiva hacia una empatía predominantemente cognitiva.


Esta transición no tiene necesariamente que considerarse negativa.


La empatía clínica eficaz no implica experimentar de forma intensa todas las emociones del paciente. En determinadas situaciones, mantener una distancia suficiente puede ser necesario para conservar capacidad de juicio y prevenir agotamiento.


El problema aparece cuando el distanciamiento se vuelve desconexión


Uno de los dos grandes temas cualitativos identificados fue el distanciamiento clínico.


Los estudiantes describían la necesidad de equilibrar atención emocional y eficacia profesional.


En la práctica clínica, una implicación emocional excesiva puede dificultar la toma de decisiones o aumentar la carga psicológica del profesional. Pero un distanciamiento excesivo puede convertir al paciente en un conjunto de síntomas o pruebas diagnósticas.


El desafío consiste, por tanto, en encontrar un punto intermedio:


mantener sensibilidad hacia la experiencia del paciente sin perder claridad clínica.


Los comentarios sugieren que ese equilibrio está influido por el contexto de trabajo y no únicamente por características personales.


Tiempo y carga de trabajo condicionan la empatía


Los estudiantes describieron repetidamente factores ambientales que podían dificultar una atención empática.


Entre ellos aparecían:


falta de tiempo, presión asistencial, necesidad de eficiencia, sobrecarga y riesgo de agotamiento emocional.


Este resultado es relevante porque desplaza parte de la responsabilidad desde el individuo hacia el sistema.


No basta con pedir a los estudiantes que sean “más empáticos” si posteriormente trabajan en entornos donde las consultas son breves, la carga asistencial elevada o la atención emocional no recibe reconocimiento institucional.


Desde esta perspectiva, la empatía es una competencia individual condicionada por factores organizativos.


Dos grandes temas en las reflexiones de los estudiantes


El análisis cualitativo identificó dos ejes principales.


El primero fue:


“Distanciamiento clínico: la práctica de aplicar empatía en un contexto clínico”.


El segundo:


“Aplicación y significado de la empatía en los encuentros con pacientes”.


Ambos muestran que los estudiantes no concebían la empatía como una actitud fija.


La entendían como una capacidad que debe adaptarse según el paciente, la situación clínica y la carga emocional.


Esta visión dinámica puede resultar especialmente útil en psiquiatría y salud mental, donde escuchar el relato subjetivo constituye una parte central de la evaluación.


¿Puede enseñarse una empatía sostenible?


Los autores proponen que la formación médica no debería concentrar la enseñanza de empatía en asignaturas aisladas durante los primeros cursos.


Sugieren estrategias longitudinales como:


práctica reflexiva, simulación, role-play y formación continuada en comunicación clínica.


La idea central es desarrollar una empatía sostenible, capaz de mantenerse incluso cuando aumentan las responsabilidades clínicas.


Esto implica no solo enseñar a conectar emocionalmente, sino también ayudar a los futuros profesionales a manejar límites, carga emocional y autocuidado profesional sin convertir el distanciamiento en indiferencia.


Limitaciones que impiden generalizar los resultados


El estudio presenta varias limitaciones.


El reclutamiento se realizó parcialmente mediante redes sociales, lo que puede haber introducido sesgo de selección y limitar la representatividad de la muestra.


El componente cualitativo utilizó comentarios escritos originalmente para evaluar los ítems de una escala y no entrevistas en profundidad. Esto reduce la riqueza y espontaneidad de la información.


Además, se trata de estudiantes de Medicina en Suecia, por lo que los resultados no pueden extrapolarse automáticamente a otros países, sistemas educativos o profesionales sanitarios.


Finalmente, la propia escala ECG se encuentra todavía en una etapa relativamente inicial de desarrollo psicométrico.


Conclusiones prácticas


1. En 251 estudiantes de Medicina suecos no se observaron diferencias significativas de empatía clínica según sexo o edad.

2. Los estudiantes de cursos 1–3 presentaron con mayor frecuencia puntuaciones altas de ECG que los de cursos 4–6: 39,1 % frente a 25,5 %.

3. El diseño transversal no demuestra que la empatía disminuya durante la carrera ni permite atribuir las diferencias al avance formativo.

4. Los comentarios sugieren una transición desde una mayor resonancia emocional hacia formas más cognitivas y pragmáticas de empatía a medida que aumenta la exposición clínica.

5. La carga de trabajo, el tiempo disponible y las normas profesionales parecen influir en cómo se expresa la empatía y deberían considerarse en la formación médica.


La principal aportación del estudio es plantear la empatía clínica como una competencia dinámica y dependiente del contexto, más que como un rasgo fijo que simplemente se posee o se pierde durante la formación.


 


 


Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)


Fuente original: Between scientific capital and emotional capital: a cross-sectional study on the empathetic clinical gaze in Swedish medical education - Front. Med., 27 August 2026Sec. Healthcare Professions Education Volume 13 - 2026


Texto completo disponible en: https://www.frontiersin.org/journals/medicine/articles/10.3389/fmed.2026.1876057/full


Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.

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