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Inteligencia artificial y esquizofrenia: qué opinan los pacientes sobre el uso de chatbots en salud mental



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Artículo | Fecha de publicación: 11/01/2027
Artículo revisado por nuestra redacción

  ¿Qué piensan las personas con esquizofrenia de los chatbots de IA? Los chatbots basados en inteligencia artificial están entrando en un terreno especialmente sensible: la salud mental. Algunas personas los utilizan para buscar información, expresar preocupaciones o mantener conversaciones sobre su estado emocional. Sin embargo, sabemos mucho menos sobre c&oacut...

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¿Qué piensan las personas con esquizofrenia de los chatbots de IA?


Los chatbots basados en inteligencia artificial están entrando en un terreno especialmente sensible: la salud mental. Algunas personas los utilizan para buscar información, expresar preocupaciones o mantener conversaciones sobre su estado emocional. Sin embargo, sabemos mucho menos sobre cómo perciben estas herramientas las personas con trastornos mentales graves.


Un estudio publicado en Psychological Medicine aborda específicamente esta cuestión desde una perspectiva hasta ahora poco explorada: la opinión de las propias personas diagnosticadas de trastornos del espectro de la esquizofrenia.


Los resultados dibujan una posición con importantes matices. Los participantes reconocieron que la IA podría proporcionar apoyo cuando otras personas o profesionales no están disponibles, pero manifestaron importantes dudas sobre privacidad, confianza, finalidad de la herramienta y posibles interacciones con síntomas psicóticos.


Una idea apareció con especial claridad: la IA podría ser una herramienta complementaria, pero no debería ocupar el lugar del terapeuta ni del equipo asistencial.


Pacientes, familiares y profesionales ante una misma tecnología


El estudio fue realizado en un gran centro sanitario académico de Nueva York mediante un diseño cualitativo, transversal y exploratorio.


Participaron 28 personas distribuidas en tres grupos: 17 pacientes con trastornos del espectro de la esquizofrenia, siete cuidadores y cuatro profesionales de salud mental.


Los pacientes se encontraban en situación psiquiátrica estable en el momento de incorporarse al estudio. Los diagnósticos fueron comprobados mediante la historia clínica o documentación del profesional responsable del tratamiento. No era necesario tener experiencia previa con herramientas de IA.


Los investigadores realizaron grupos focales semiestructurados en los que se abordaron cuestiones como familiaridad con la IA, confianza, privacidad y posible utilidad de un hipotético asistente conversacional diseñado para ofrecer apoyo en salud mental.


Las sesiones duraron hasta 90 minutos y las transcripciones fueron posteriormente sometidas a análisis temático.


“Disponible cuando no hay nadie más”


El primer tema identificado por los investigadores puede traducirse como “Disponible cuando no hay nadie más”.


Algunos participantes identificaron una ventaja evidente de los sistemas conversacionales: su disponibilidad.


Un chatbot podría ofrecer algún tipo de apoyo entre las visitas clínicas o en momentos en los que otras personas no estuvieran disponibles.


Esta característica resulta especialmente interesante desde la perspectiva de accesibilidad. Los sistemas de IA pueden responder inmediatamente y no dependen de horarios de consulta.


Pero disponibilidad no significa capacidad clínica.


Los participantes diferenciaron entre disponer de una herramienta accesible para determinadas funciones de apoyo y confiar en ella para abordar situaciones complejas relacionadas con la enfermedad.


Precisamente esta diferencia atraviesa buena parte de los resultados del estudio.


“¿Qué haría exactamente?”


El segundo tema reflejó una cuestión básica que puede perderse en el debate sobre IA en salud mental: ¿para qué se utilizaría realmente?


Pacientes, cuidadores y profesionales mostraron incertidumbre sobre las funciones concretas de un asistente conversacional.


No es lo mismo utilizar IA para ofrecer información general o recordatorios que emplearla para interpretar síntomas, realizar intervenciones terapéuticas o responder ante una crisis.


Esta falta de definición generó dudas entre los participantes.


El resultado tiene una implicación importante para el diseño de herramientas digitales en psiquiatría: antes de preguntar si un chatbot es aceptable, es necesario establecer qué función desempeñará, qué no podrá hacer y cómo se integrará con la atención humana.


La confianza aparece como la principal barrera


El tercer tema, “¿Cómo puedo confiar en él?”, fue uno de los elementos centrales del estudio.


Las preocupaciones sobre privacidad ocuparon un lugar importante. Algunos pacientes expresaron inquietud sobre qué ocurriría con la información introducida en el sistema y quién podría tener acceso a ella.


Pero en la esquizofrenia esta cuestión puede adquirir una dimensión adicional.


Los participantes y, especialmente, cuidadores y profesionales señalaron que determinados sistemas podrían interactuar de manera problemática con síntomas como la ideación paranoide o las ideas delirantes. Los profesionales destacaron que la confianza ya constituye un componente complejo de algunas relaciones terapéuticas y que introducir una tecnología poco transparente podría añadir nuevas dificultades.


Algunos pacientes también manifestaron incomodidad ante sistemas percibidos como permanentemente presentes o capaces de “escuchar” continuamente.


Por tanto, la privacidad no apareció únicamente como un problema abstracto de protección de datos. Se relacionó directamente con la experiencia subjetiva y las vulnerabilidades clínicas de la población a la que estaría dirigida la herramienta.


Una herramienta, no un terapeuta


Probablemente el resultado con mayor consenso entre los tres grupos fue la necesidad de preservar la atención humana.


Pacientes, cuidadores y profesionales coincidieron en que un chatbot podría ser aceptable como complemento de la atención, pero no como sustituto de profesionales, familiares u otras relaciones humanas.


Los pacientes valoraron las relaciones con clínicos, familiares y otras personas de su entorno incluso cuando mostraban interés por determinadas aplicaciones de la IA.


Los cuidadores señalaron además un riesgo particularmente relevante en la esquizofrenia: que una dependencia excesiva de la IA pudiera contribuir al aislamiento o reducir las relaciones en el mundo real.


Los profesionales fueron especialmente claros al diferenciar las funciones que puede desarrollar una herramienta automatizada de aspectos como juicio clínico, relación terapéutica o comprensión emocional.


“Mantenerla en usos de bajo riesgo”


El quinto tema delimita aún más la posible función de estos sistemas.


Los participantes mostraron mayor aceptación cuando la IA se planteaba para funciones de apoyo de bajo riesgo, mientras que existían mayores reservas ante decisiones clínicas importantes o situaciones graves.


Esta distinción resulta especialmente relevante para la investigación en salud mental digital.


No existe una única categoría denominada “uso de IA en esquizofrenia”. El nivel de riesgo cambia radicalmente según la tarea.


Un sistema que facilite información o determinados apoyos entre consultas plantea problemas diferentes de otro diseñado para responder ante síntomas psicóticos, interpretar cambios clínicos o gestionar situaciones de crisis.


Los resultados sugieren que la aceptabilidad puede depender en gran medida de mantener claramente definidos esos límites.


La IA también preocupa a familiares y profesionales


Una aportación interesante del estudio es haber incluido simultáneamente tres perspectivas.


Los familiares señalaron necesidades asistenciales importantes y mostraron interés por herramientas que pudieran ampliar el apoyo disponible. Al mismo tiempo, manifestaron preocupación por las posibles consecuencias de una interacción inadecuada entre IA y síntomas psicóticos.


Los profesionales destacaron cuestiones como supervisión humana, seguridad y responsabilidad si un sistema proporciona información perjudicial o no identifica correctamente una situación de crisis.


Las encuestas realizadas después de los grupos focales también mostraron que algunos participantes inicialmente escépticos terminaron contemplando posibles aplicaciones si estas incorporaban salvaguardas adecuadas.


Esto refleja que las posiciones ante la IA no necesariamente se dividen entre aceptación y rechazo. Pueden coexistir interés por determinadas funciones y preocupación por otras.


Un estudio sobre percepciones, no sobre eficacia


Esta es probablemente la principal precaución al interpretar los resultados.


Los participantes no utilizaron durante el estudio un chatbot terapéutico cuya eficacia o seguridad estuvieran siendo evaluadas. Debatieron sobre escenarios y sobre un hipotético asistente conversacional.


Por tanto, la investigación no demuestra que la IA mejore síntomas, reduzca recaídas, aumente adherencia o proporcione apoyo clínicamente eficaz.


Tampoco demuestra que un chatbot concreto resulte seguro para personas con esquizofrenia.


El estudio analiza percepciones, condiciones de aceptabilidad y preocupaciones de los usuarios potenciales.


Además, se trata de una muestra pequeña procedente de un único centro académico de Nueva York, lo que limita la generalización a otras poblaciones y sistemas sanitarios.


Una lección para desarrollar IA en psiquiatría


Una de las aportaciones más relevantes del trabajo es metodológica: las herramientas destinadas a personas con trastornos mentales graves no deberían diseñarse únicamente desde una perspectiva tecnológica.


Incorporar desde las primeras etapas a pacientes, familiares y profesionales puede revelar problemas que no son evidentes cuando se evalúa exclusivamente el rendimiento técnico de un modelo.


En este caso aparecen cuatro requisitos especialmente relevantes: transparencia, privacidad, delimitación de funciones y supervisión humana.


La investigación futura tendrá que ir un paso más allá y estudiar sistemas concretos en condiciones reales: cómo interactúan las personas con ellos, qué ocurre durante un empeoramiento clínico, qué respuestas generan ante contenidos delirantes y cómo afectan a la relación con profesionales y familiares.


Conclusiones prácticas


1. Las personas con esquizofrenia incluidas en el estudio no rechazaron de forma generalizada el uso de IA en salud mental.

2. La disponibilidad entre consultas fue percibida como una posible ventaja de los asistentes conversacionales.

3. La confianza y la privacidad aparecieron como barreras centrales, con preocupaciones específicas relacionadas con paranoia, delirios y la interpretación de la tecnología.

4. Pacientes, cuidadores y profesionales coincidieron en situar la IA como complemento de la atención humana y no como sustituto del terapeuta.

5. Los usos de bajo riesgo generaron mayor aceptación que las funciones relacionadas con decisiones clínicas o situaciones graves.

6. El estudio evalúa percepciones sobre una herramienta hipotética: no aporta evidencia de eficacia ni seguridad clínica de los chatbots para tratar la esquizofrenia.


El trabajo plantea así una cuestión importante para la psiquiatría digital: la capacidad tecnológica de crear un chatbot no determina por sí sola dónde debería utilizarse. En poblaciones clínicamente vulnerables, el diseño deberá partir también de los límites y condiciones que pacientes, cuidadores y profesionales consideran necesarios.


 


 


Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)


Fuente original: Stakeholder perspectives on artificial intelligence in schizophrenia care. Psychological Medicine. 2026;56:e265. DOI: 10.1017/S0033291726105728.


Texto completo disponible en: https://www.cambridge.org/core/journals/psychological-medicine/article/stakeholder-perspectives-on-artificial-intelligence-in-schizophrenia-care/8394B21A0987A0DECDC0CB42900C205D


Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.

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