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La salud mental incluye la salud cognitiva. Evidencia y claves clínicas para integrar funciones ejecutivas y TCC en psiquiatría



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Artículo | Fecha de publicación: 23/02/2026
Artículo revisado por nuestra redacción

  Introducción La afirmación “la salud mental es también salud cognitiva” puede parecer tautológica. Sin embargo, en la práctica clínica y en la investigación, los componentes afectivos e interpersonales han recibido históricamente mayor atención que los procesos cognitivos. Las definiciones clásicas de salud ...

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Introducción


La afirmación “la salud mental es también salud cognitiva” puede parecer tautológica. Sin embargo, en la práctica clínica y en la investigación, los componentes afectivos e interpersonales han recibido históricamente mayor atención que los procesos cognitivos. Las definiciones clásicas de salud mental, como la propuesta por la World Health Organization en 2004, subrayan la capacidad del individuo para desarrollar sus habilidades, afrontar el estrés y contribuir a su comunidad. Estas capacidades descansan, en gran medida, sobre funciones cognitivas como el razonamiento, la atención, la memoria y el control ejecutivo.


A pesar de ello, buena parte de la investigación clínica contemporánea se ha centrado en los trastornos afectivos, relegando a un segundo plano el estudio sistemático de la cognición como dimensión nuclear de la salud mental. Esta asimetría resulta especialmente relevante si consideramos que el modelo psicoterapéutico más extendido —la Cognitive Behavioral Therapy (TCC)— sitúa los procesos cognitivos en el centro de la explicación y el tratamiento de la psicopatología.


El presente artículo revisa la relevancia de la salud cognitiva en el marco de la psiquiatría clínica, con especial énfasis en sus implicaciones diagnósticas, terapéuticas y preventivas.


La dimensión cognitiva en las definiciones contemporáneas de salud mental


De la ausencia de enfermedad al funcionamiento adaptativo


Las definiciones modernas de salud mental han evolucionado desde una concepción negativa —ausencia de trastorno— hacia una perspectiva positiva basada en el funcionamiento adaptativo. La World Health Organization describe la salud mental como un estado de bienestar que permite al individuo utilizar sus capacidades, manejar el estrés y contribuir productivamente a la sociedad.


Este enfoque presupone la integridad de procesos cognitivos básicos y superiores:
* Atención sostenida y selectiva.
* Memoria de trabajo y memoria episódica.
* Flexibilidad cognitiva.
* Planificación y toma de decisiones.
* Inhibición conductual.


Sin estos componentes, la adaptación social y laboral resulta limitada, incluso en ausencia de sintomatología afectiva manifiesta.


Cognición como infraestructura del bienestar


Desde una perspectiva neuropsicológica, la cognición puede entenderse como la infraestructura funcional que sostiene la regulación emocional, la conducta interpersonal y la toma de decisiones. La alteración de funciones ejecutivas, por ejemplo, se asocia con mayor impulsividad, peor regulación emocional y dificultades en la resolución de problemas interpersonales.


Por tanto, considerar la salud mental sin integrar la dimensión cognitiva supone una visión parcial del funcionamiento psicológico.


Predominio de los trastornos afectivos en la investigación clínica


En las últimas décadas, los trastornos depresivos y de ansiedad han concentrado la mayor parte de la investigación epidemiológica y terapéutica. Esta focalización ha sido clave para mejorar el reconocimiento y tratamiento de estos cuadros, pero también ha contribuido a una conceptualización predominantemente afectiva de la salud mental.


La priorización de variables emocionales —estado de ánimo, ansiedad, anhedonia— puede invisibilizar déficits cognitivos subclínicos que influyen en la evolución y el pronóstico. En depresión mayor, por ejemplo, la evidencia muestra alteraciones persistentes en atención, memoria y velocidad de procesamiento, incluso tras la remisión sintomática.


Esta disociación entre remisión afectiva y recuperación cognitiva tiene implicaciones relevantes:
* Mayor riesgo de recaída.
* Dificultades en la reincorporación laboral o académica.
* Reducción de la calidad de vida percibida.


Terapia cognitivo-conductual: la cognición como núcleo explicativo


La Cognitive Behavioral Therapy constituye el modelo psicoterapéutico con mayor respaldo empírico para múltiples trastornos mentales. Su marco teórico parte de la premisa de que los pensamientos —interpretaciones, creencias, esquemas— median entre los acontecimientos y las respuestas emocionales y conductuales.


Cognición y psicopatología


En TCC, los sesgos cognitivos (catastrofización, sobregeneralización, lectura de mente) no son meros epifenómenos, sino mecanismos centrales en el mantenimiento del malestar psicológico. Desde esta perspectiva, la salud mental implica no solo la ausencia de síntomas, sino también la presencia de patrones cognitivos flexibles, realistas y adaptativos.


Este enfoque amplía la definición de salud mental al incorporar:
* Capacidad de reestructuración cognitiva.
* Metacognición funcional.
* Tolerancia a la ambigüedad.
* Flexibilidad interpretativa.


Más allá del síntoma: entrenamiento en habilidades cognitivas


Las intervenciones basadas en TCC incluyen técnicas que fortalecen procesos cognitivos específicos:
* Entrenamiento en resolución de problemas.
* Técnicas de atención plena para mejorar el control atencional.
* Activación conductual que refuerza la planificación y la autoeficacia.
* Exposición, que modifica expectativas disfuncionales.


De este modo, la psicoterapia no solo reduce síntomas, sino que también puede considerarse una intervención de promoción de salud cognitiva.


Evaluación clínica: integrar la dimensión cognitiva


Evaluación dimensional y funcional


En la práctica psiquiátrica, la evaluación de la cognición suele reservarse para trastornos neurocognitivos o cuadros psicóticos. Sin embargo, la evidencia sugiere que una valoración sistemática de funciones ejecutivas, memoria y atención puede aportar información relevante en:
* Trastornos afectivos.
* Trastornos de ansiedad.
* Trastornos de la personalidad.
* Trastornos relacionados con el estrés.


La incorporación de herramientas breves de cribado cognitivo o baterías neuropsicológicas focalizadas puede mejorar la caracterización clínica y la planificación terapéutica.


Salud cognitiva como indicador pronóstico


La presencia de déficits cognitivos se asocia con peor funcionamiento psicosocial y mayor carga asistencial. Desde una perspectiva de gestión sanitaria, integrar la evaluación cognitiva puede contribuir a:
* Estratificar riesgo de recaída.
* Identificar necesidades de rehabilitación cognitiva.
* Diseñar itinerarios asistenciales personalizados.


Implicaciones para prevención y salud pública


Concebir la salud mental como salud cognitiva tiene implicaciones preventivas relevantes. Programas dirigidos a fortalecer habilidades cognitivas —autorregulación, planificación, pensamiento crítico— pueden actuar como factores protectores frente a la aparición de psicopatología.


En contextos educativos y comunitarios, la promoción de competencias ejecutivas podría:
* Reducir vulnerabilidad al estrés.
* Mejorar la adaptación académica.
* Favorecer la resiliencia.


Desde la perspectiva de la psiquiatría basada en datos, la integración de marcadores cognitivos en modelos predictivos (incluyendo herramientas de inteligencia artificial) podría optimizar la detección precoz y la personalización de intervenciones.


Conclusiones prácticas


1. La salud mental no puede entenderse sin integrar la dimensión cognitiva como componente estructural del funcionamiento adaptativo.
2. La evidencia clínica indica que los déficits cognitivos influyen en el curso, pronóstico y recuperación funcional de múltiples trastornos.
3. La Cognitive Behavioral Therapy sitúa la cognición en el núcleo explicativo de la psicopatología, reforzando la necesidad de abordajes integrales.
4. La evaluación sistemática de funciones cognitivas puede mejorar la estratificación clínica y la planificación terapéutica.
5. La promoción de salud cognitiva constituye una estrategia relevante en prevención y salud pública.


Avanzar hacia un modelo integrador —afectivo, cognitivo e interpersonal— permitirá una comprensión más completa de la salud mental y favorecerá intervenciones más precisas y eficaces en la práctica psiquiátrica.


Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)


Fuente original: Cognitive Reserve: A Crucial Construct for Addressing Mental Health - Vol. 48 No. 6 (2025): Salud mental 


Texto completo disponible en: https://revistasaludmental.gob.mx/index.php/salud_mental/article/view/SM.0185-3325.2025.032


Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original. 

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