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Los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo aumentan un 64% en 12 años: qué revela un gran estudio poblacional



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Artículo | Fecha de publicación: 18/01/2027
Artículo revisado por nuestra redacción

  ¿Están aumentando realmente los trastornos mentales? Durante los últimos años se ha hablado con frecuencia de un deterioro de la salud mental de la población. Sin embargo, demostrar que existe un verdadero aumento de los trastornos psiquiátricos resulta más complejo de lo que sugieren las encuestas sobre malestar psicológico. Una ma...

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¿Están aumentando realmente los trastornos mentales?


Durante los últimos años se ha hablado con frecuencia de un deterioro de la salud mental de la población. Sin embargo, demostrar que existe un verdadero aumento de los trastornos psiquiátricos resulta más complejo de lo que sugieren las encuestas sobre malestar psicológico.


Una mayor concienciación sobre salud mental, menor estigma, cambios en la utilización de los servicios sanitarios o diferencias en los instrumentos utilizados pueden hacer que actualmente se identifiquen más problemas sin que necesariamente exista un incremento equivalente de trastornos clínicamente significativos.


Un amplio estudio poblacional realizado en Países Bajos permite analizar esta cuestión con una metodología especialmente interesante: comparar dos muestras representativas de población separadas por aproximadamente 12 años utilizando el mismo instrumento diagnóstico estructurado.


Los resultados muestran un incremento considerable. La prevalencia anual de cualquier trastorno de ansiedad o del estado de ánimo pasó del 10,2% en 2007–2009 al 16,7% en 2019–2022.


Esto supone un aumento relativo del 63,7%.


Más de 11.600 participantes en dos periodos


Los investigadores analizaron datos del Netherlands Mental Health Survey and Incidence Studies (NEMESIS).


La muestra total utilizada para esta comparación estuvo formada por 11.615 personas, con una edad media de 43,5 años y un 53,5% de mujeres.


Los participantes procedían de dos periodos:


NEMESIS-2: 6.646 participantes evaluados entre 2007 y 2009.

NEMESIS-3: 4.969 participantes evaluados entre 2019 y 2022.


Los diagnósticos fueron establecidos mediante la Composite International Diagnostic Interview 3.0 (CIDI 3.0) y los datos fueron ponderados para representar a la población neerlandesa.


El estudio incluyó trastorno de pánico, agorafobia, trastorno de ansiedad social y trastorno de ansiedad generalizada, así como depresión mayor, distimia y trastorno bipolar.


La ansiedad aumentó un 55,6%


La prevalencia a 12 meses de cualquier trastorno de ansiedad pasó del 6,3% al 9,8% entre ambos periodos.


Esto representa un incremento relativo del 55,6%.


La tendencia no estuvo restringida a un único diagnóstico. Los investigadores encontraron incrementos significativos en todos los tipos de trastornos de ansiedad y del estado de ánimo analizados.


Este resultado resulta importante porque reduce la probabilidad de que el cambio observado pueda atribuirse únicamente a modificaciones en la frecuencia de un diagnóstico concreto.


El incremento apareció tanto en trastornos relativamente frecuentes, como la ansiedad social o la depresión mayor, como en diagnósticos menos prevalentes, entre ellos la agorafobia, la distimia y el trastorno bipolar.


Los trastornos del estado de ánimo aumentaron un 80%


El incremento fue todavía mayor para los trastornos del estado de ánimo.


Su prevalencia anual pasó del 6,0% en 2007–2009 al 10,8% en 2019–2022, lo que supone un incremento relativo del 80%.


Considerados conjuntamente, los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo pasaron del 10,2 al 16,7%.


Los incrementos relativos de los diferentes diagnósticos estudiados oscilaron entre aproximadamente el 55,6% y el 125%.


La magnitud del cambio llevó a los investigadores a estudiar una cuestión fundamental: ¿estamos realmente ante más trastornos o simplemente estamos detectando actualmente casos más leves?


Los nuevos casos no parecen ser más leves


Una posible explicación del aumento sería una reducción del umbral para reconocer o comunicar problemas psicológicos.


Si la población estuviera más sensibilizada sobre salud mental, podría informar con mayor facilidad de síntomas que anteriormente permanecían ocultos.


Los resultados no respaldaron de forma clara esta explicación.


Los perfiles clínicos de las personas con trastornos de ansiedad o del estado de ánimo presentaron niveles de gravedad generalmente comparables en ambos periodos.


Además, en 2019–2022 se observó mayor utilización de servicios de salud mental, más comorbilidad y un mayor número medio de trastornos de ansiedad o del estado de ánimo.


Por tanto, el incremento observado no parece explicarse simplemente por la incorporación de un gran número de casos clínicamente más leves.


Los jóvenes muestran un incremento especialmente marcado


El aumento apareció tanto entre adultos jóvenes como entre los de mayor edad, pero su magnitud no fue idéntica.


Entre los adultos jóvenes, la prevalencia de cualquier trastorno de ansiedad o del estado de ánimo pasó del 11,6% al 21,4%, un incremento relativo del 84,5%.


Entre los adultos de mayor edad pasó del 9,6% al 14%, lo que representa un aumento del 45,8%.


La diferencia fue especialmente visible para los trastornos de ansiedad.


Estos aumentaron aproximadamente un 87% entre los jóvenes, frente al 32,8% observado entre los adultos de mayor edad.


Los datos refuerzan así la necesidad de prestar especial atención a las tendencias de salud mental en las generaciones más jóvenes, aunque el deterioro observado no se limita a ellas.


Catorce factores de riesgo bajo análisis


Los investigadores intentaron determinar si los cambios sociales y de estilo de vida podían explicar los resultados.


Para ello analizaron 14 factores sociodemográficos, de vulnerabilidad y relacionados con la salud y el estilo de vida.


La lógica era sencilla: si determinados factores de riesgo se habían vuelto mucho más frecuentes, podrían explicar parte del incremento de los trastornos.


También era posible que un mismo factor tuviera actualmente una asociación más fuerte con los problemas de salud mental que doce años antes.


Ninguna de estas explicaciones recibió un respaldo consistente.


Los factores de riesgo conocidos no explican el aumento


Algunos factores sí cambiaron.


La proporción de personas con bajo nivel educativo y la prevalencia del tabaquismo disminuyeron, mientras que aumentaron los trastornos relacionados con alcohol y otras drogas.


Pero para la mayoría de las variables las diferencias fueron relativamente pequeñas y aparecieron en direcciones distintas.


Tampoco se observó un cambio sistemático en la intensidad de la asociación entre estos factores y los trastornos mentales.


De las 28 interacciones estadísticas analizadas —14 aditivas y 14 multiplicativas— solo cuatro fueron significativas, una cantidad que los autores señalan que podría aproximarse a lo esperable por azar.


Por tanto, los factores analizados no proporcionaron una explicación sólida del incremento del 63,7%.


¿Fue consecuencia de la pandemia?


Existe además una circunstancia evidente: NEMESIS-3 se desarrolló entre 2019 y 2022 y, por tanto, parte de las entrevistas coincidieron con la pandemia de COVID-19.


Sin embargo, los datos no permiten atribuir el aumento simplemente a la pandemia.


Un total de 1.576 participantes de NEMESIS-3 fueron entrevistados antes de su inicio, y estudios previos del mismo proyecto encontraron prevalencias similares antes y durante la pandemia.


Los autores consideran, por tanto, improbable que la COVID-19 explique por sí sola la diferencia observada entre 2007–2009 y 2019–2022.


Lo que el estudio no puede explicar


Una de las conclusiones más interesantes es precisamente lo que permanece sin respuesta.


El estudio demuestra que los factores tradicionales evaluados no explican suficientemente el incremento, pero eso no permite determinar qué factores sí lo hicieron.


Los propios investigadores señalan variables que no estaban disponibles en ambos periodos, como uso de redes sociales, presión por alcanzar determinados objetivos o resiliencia.


Estas posibilidades requieren investigaciones específicas y no deben interpretarse como explicaciones demostradas por este estudio.


Tampoco puede establecerse causalidad debido al carácter observacional de la investigación.


Dos fotografías separadas por doce años


Existe otra limitación importante para interpretar la palabra “aumento”.


Los investigadores disponen de dos grandes evaluaciones poblacionales: una realizada en 2007–2009 y otra en 2019–2022.


Por ello pueden afirmar que la prevalencia fue significativamente superior en el segundo periodo, pero no demostrar con estos datos una subida continua año tras año durante los doce años.


No sabemos exactamente qué trayectoria siguió la prevalencia entre ambas mediciones.


Esta distinción resulta importante para evitar presentar el estudio como una serie temporal continua cuando en realidad compara dos grandes periodos.


Implicaciones para los servicios de salud mental


Desde una perspectiva sanitaria, pasar del 10,2 al 16,7% implica una diferencia considerable en la población potencialmente necesitada de evaluación, tratamiento o seguimiento.


El estudio detectó además un aumento en la utilización de servicios de salud mental.


Si estas tendencias se reproducen en otros países, podrían tener implicaciones directas para la planificación de recursos, la prevención y la capacidad asistencial.


Sin embargo, los resultados proceden de Países Bajos. No pueden extrapolarse automáticamente a España ni a otros sistemas sanitarios o contextos culturales.


Será necesario comprobar mediante estudios poblacionales comparables si la tendencia presenta una magnitud similar en otros países.


Conclusiones prácticas


1. La prevalencia anual de cualquier trastorno de ansiedad o del estado de ánimo aumentó del 10,2% al 16,7% entre 2007–2009 y 2019–2022, un incremento relativo del 63,7%.

2. Los trastornos de ansiedad aumentaron un 55,6%, mientras que los trastornos del estado de ánimo lo hicieron un 80%.

3. El incremento apareció en todos los diagnósticos estudiados y fue especialmente pronunciado entre los adultos jóvenes.

4. Los perfiles clínicos no eran más leves en el periodo reciente, lo que no respalda que el incremento se deba simplemente a una mayor identificación de casos leves.

5. Los 14 factores sociodemográficos, de vulnerabilidad y de estilo de vida analizados no proporcionaron una explicación consistente del aumento.

6. Los resultados tampoco parecen explicarse exclusivamente por la pandemia de COVID-19.

7. El estudio compara dos periodos y no permite demostrar que el aumento haya sido continuo durante cada uno de los doce años.


Los resultados ofrecen una señal epidemiológica relevante: en esta población neerlandesa, los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo fueron sustancialmente más frecuentes en 2019–2022 que doce años antes, sin que los cambios en gravedad clínica o los factores de riesgo estudiados expliquen adecuadamente la diferencia.


 


 


 


Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)


Fuente original: Anxiety and mood disorders on the rise: exploring clinical profiles and risk factors. The British Journal of Psychiatry. 2026;228:513–520. DOI: 10.1192/bjp.2025.10454. Publicado online el 7 de noviembre de 2025.


Texto completo disponible en: https://www.cambridge.org/core/journals/the-british-journal-of-psychiatry/article/anxiety-and-mood-disorders-on-the-rise-exploring-clinical-profiles-and-risk-factors/3DA7DDD77D7D089D9D31656BA359CF42


Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.

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