Cuando separarse del smartphone genera miedo o ansiedad
El smartphone se ha convertido en una herramienta central para la comunicación y la vida social de los adolescentes. Su presencia constante también ha favorecido el estudio de fenómenos como la nomofobia, término utilizado para describir el miedo o ansiedad asociados a no disponer del teléfono móvil o de acceso a sus funciones.
Una investigación publicada en Frontiers in Psychology analiza qué variables psicológicas pueden estar relacionadas con este fenómeno. En concreto, estudia si determinadas distorsiones cognitivas sobre las relaciones interpersonales podrían ayudar a explicar estadísticamente la asociación entre malestar psicológico y nomofobia.
Participaron 500 adolescentes de entre 15 y 19 años. Los resultados mostraron que un mayor malestar psicológico se relacionaba con mayor nomofobia y que dos patrones cognitivos —la expectativa de rechazo interpersonal y las expectativas poco realistas sobre las relaciones— presentaban efectos indirectos significativos.
¿Qué son las distorsiones cognitivas interpersonales?
Las distorsiones cognitivas interpersonales son patrones de pensamiento desadaptativos relacionados con la forma de interpretar las relaciones sociales.
El estudio diferenció tres dimensiones.
Rechazo interpersonal: creencias y expectativas relacionadas con ser rechazado o excluido por otras personas.
Expectativas poco realistas sobre las relaciones: ideas rígidas o idealizadas acerca de cómo deberían comportarse los demás o funcionar las relaciones.
Percepción interpersonal distorsionada: tendencia a interpretar de manera sesgada las conductas o intenciones de otras personas.
Estas dimensiones se evaluaron mediante la Interpersonal Cognitive Distortions Scale (ICDS), un cuestionario de 19 ítems. En esta muestra, sus subescalas presentaron valores de consistencia interna de α = 0,82–0,88.
Un estudio con 500 adolescentes
La investigación se realizó online entre mayo y agosto de 2025 con estudiantes de centros vinculados a universidades de Uttar Pradesh, India.
La muestra estaba prácticamente equilibrada por sexo: 256 participantes eran varones y 244 mujeres. La edad media fue de 18,15 años.
El uso diario del móvil era elevado: el 42,8 % declaró utilizarlo entre 4 y 5 horas diarias y el 26,2 % más de 6 horas. Solo el 2 % comunicó un uso de entre una y dos horas.
Los investigadores emplearon tres instrumentos principales: DASS-21 para evaluar síntomas de depresión, ansiedad y estrés; NMP-Q para nomofobia; e ICDS para las distorsiones cognitivas interpersonales.
Todos eran cuestionarios autoinformados. Por tanto, el estudio no registró objetivamente el tiempo de uso del smartphone ni el comportamiento digital real de los participantes.
Mayor malestar psicológico, mayor nomofobia
El primer resultado relevante fue la asociación entre malestar psicológico y nomofobia.
La correlación fue:
r = 0,302; p < 0,001.
También se encontraron correlaciones positivas entre nomofobia y las tres dimensiones cognitivas:
rechazo interpersonal: r = 0,297;
expectativas poco realistas: r = 0,279;
percepción interpersonal distorsionada: r = 0,152.
Todas alcanzaron significación estadística.
Estos resultados indican que los adolescentes con mayor malestar tendían también a presentar puntuaciones más altas de nomofobia y determinados patrones cognitivos interpersonales.
Sin embargo, las correlaciones fueron pequeñas o moderadas y no establecen relaciones causales.
Dos distorsiones cognitivas aparecieron en las vías indirectas
Los investigadores utilizaron un modelo de mediación paralela para estudiar simultáneamente las tres dimensiones cognitivas.
El efecto total estandarizado entre malestar psicológico y nomofobia fue:
β = 0,302.
Después de incorporar los mediadores, persistió un efecto directo:
β = 0,224.
El efecto indirecto total fue:
β = 0,078.
Dos vías indirectas fueron estadísticamente significativas.
Para rechazo interpersonal:
efecto indirecto estandarizado = 0,039; IC 95 %: 0,017–0,066.
Para expectativas poco realistas sobre las relaciones:
efecto indirecto = 0,029; IC 95 %: 0,011–0,051.
En cambio, la vía correspondiente a percepción interpersonal distorsionada no fue significativa:
efecto indirecto = 0,011; IC 95 %: −0,007–0,029.
Por tanto, no todas las distorsiones cognitivas mostraron el mismo patrón de asociación con la nomofobia.
Los efectos indirectos fueron pequeños
La significación estadística no debe confundirse con relevancia clínica.
Los propios autores calcularon la magnitud de los efectos indirectos y reconocieron que su contribución práctica era modesta.
La vía correspondiente al rechazo interpersonal explicó aproximadamente el 0,15 % de la varianza de la nomofobia, mientras que la asociada a expectativas poco realistas explicó alrededor del 0,04 %.
Esto introduce un matiz fundamental.
Los resultados pueden ayudar a identificar mecanismos psicológicos que merecen seguir investigándose, pero no justifican presentar las distorsiones cognitivas como la explicación principal de la nomofobia adolescente.
Probablemente intervienen numerosos factores personales, familiares, sociales y digitales.
¿El smartphone funciona como una forma de regulación emocional?
Los autores proponen una interpretación psicológica de los resultados.
Un adolescente que experimenta ansiedad, estrés o síntomas depresivos y que, además, anticipa rechazo en las relaciones presenciales podría encontrar en el smartphone un entorno social aparentemente más controlable.
Mensajería, redes sociales y disponibilidad permanente de contactos pueden facilitar la búsqueda de tranquilidad, validación o conexión.
Desde esta perspectiva, el móvil podría funcionar como una estrategia compensatoria frente al malestar.
Si la necesidad de conexión digital se vuelve cada vez más importante para reducir emociones desagradables, separarse del dispositivo podría generar mayor ansiedad.
Es un modelo psicológicamente plausible, pero este estudio no observó esa secuencia temporal. No se midió cómo cambiaban el malestar, las cogniciones y el uso del smartphone a lo largo del tiempo. Por ello, no puede demostrarse la existencia de un ciclo de “malestar → distorsión cognitiva → dependencia digital”.
Mediación estadística no significa mecanismo causal
Esta es la principal cautela metodológica.
El estudio empleó PROCESS Model 4 con bootstrapping para estimar efectos directos e indirectos. Estadísticamente puede hablarse de un modelo de mediación.
Pero todas las variables fueron recogidas en el mismo momento.
Esto significa que no sabemos qué apareció primero.
Es posible que el malestar psicológico contribuya a determinadas cogniciones y estas se relacionen posteriormente con nomofobia. Pero también podrían existir relaciones inversas o bidireccionales, o terceras variables capaces de explicar simultáneamente los tres fenómenos.
Los propios investigadores señalan explícitamente que el diseño transversal impide realizar inferencias causales y reclaman estudios longitudinales y experimentales.
Por ello, expresiones como “el malestar psicológico causa nomofobia a través del rechazo interpersonal” excederían lo demostrado por los datos.
Nomofobia tampoco equivale automáticamente a adicción al smartphone
Otro aspecto importante para la práctica clínica es no utilizar indistintamente diferentes conceptos relacionados con el comportamiento digital.
El NMP-Q evalúa principalmente el miedo o ansiedad relacionados con no disponer del teléfono o de conectividad, no diagnostica una adicción.
La puntuación media de nomofobia en la muestra fue 43,05 puntos, dentro del rango que el instrumento clasifica como leve.
Por tanto, encontrar puntuaciones elevadas en un cuestionario de nomofobia no equivale por sí mismo a identificar un trastorno mental ni demuestra dependencia conductual.
La relevancia clínica dependerá también de deterioro funcional, interferencia académica o social, pérdida de control, regulación emocional y otros aspectos del comportamiento digital.
Implicaciones para la evaluación psicológica
El estudio aporta una perspectiva interesante: ante un adolescente con una relación problemática con el smartphone, limitar la evaluación al número de horas de pantalla puede resultar insuficiente.
Puede ser útil investigar también qué función psicológica desempeña el dispositivo.
No es lo mismo utilizar intensamente el teléfono por ocio o necesidades académicas que depender de la conexión permanente para reducir ansiedad interpersonal o buscar repetidamente confirmación y seguridad.
Del mismo modo, los resultados sugieren estudiar conjuntamente malestar emocional y patrones cognitivos sobre las relaciones.
Pero el trabajo no evaluó ninguna intervención psicológica, por lo que no puede demostrar que modificar esas cogniciones reduzca posteriormente la nomofobia. Los autores presentan esta posibilidad como una implicación para futuras estrategias, no como eficacia terapéutica demostrada.
Limitaciones y generalización
Además de su carácter transversal, la investigación se basó exclusivamente en autoinformes, susceptibles a sesgos de recuerdo, percepción y deseabilidad social.
La muestra procedía de adolescentes escolarizados de Uttar Pradesh, India, lo que limita la extrapolación directa a jóvenes españoles o de otros contextos culturales.
Tampoco se utilizaron registros objetivos del smartphone, evaluación ecológica momentánea ni información aportada por familiares.
Futuros estudios deberían incorporar estas medidas y seguir a los adolescentes longitudinalmente para determinar si las distorsiones cognitivas preceden realmente al aumento de nomofobia o aparecen como consecuencia de otras dificultades psicológicas.
Conclusiones prácticas
1. En 500 adolescentes, mayor malestar psicológico se asoció con mayor puntuación de nomofobia (r = 0,302).
2. El rechazo interpersonal y las expectativas poco realistas sobre las relaciones mostraron efectos indirectos estadísticamente significativos entre malestar y nomofobia.
3. La percepción interpersonal distorsionada no presentó un efecto indirecto significativo, lo que indica que las diferentes distorsiones cognitivas no se comportaron igual.
4. Los efectos indirectos fueron pequeños y el diseño transversal no permite afirmar que estas cogniciones causen posteriormente nomofobia.
5. La nomofobia debe diferenciarse de un diagnóstico de adicción al smartphone: una puntuación elevada en el NMP-Q no demuestra por sí misma un trastorno mental.
El principal valor del estudio está en ampliar la mirada desde “cuánto utiliza el adolescente el móvil” hacia “qué relación existe entre su malestar emocional, sus expectativas interpersonales y su necesidad de permanecer conectado”. Es una hipótesis clínicamente relevante, pero necesita confirmación longitudinal antes de considerarse un mecanismo causal.
Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Interpersonal cognitive distortions as mediators of the relationship between psychological distress and nomophobia in adolescents: a cross-sectional mediation analysis - Front. Psychol., 07 September 2026Sec. Psychopathology Volume 17 - 2026
Texto completo disponible en: https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2026.1810935/full
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
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