Cuando la evaluación psicológica condiciona el futuro penitenciario
En los sistemas penitenciarios, la psicología no desempeña únicamente una función terapéutica. La evaluación del riesgo, los informes psicológicos y la valoración de la conducta pueden influir también en decisiones que determinan las condiciones de vida, el acceso a determinados programas o la progresión de una persona privada de libertad.
Esta doble función adquiere especial relevancia en los Close Supervision Centres (CSC) de Inglaterra y Gales, unidades destinadas a hombres considerados demasiado peligrosos o difíciles de gestionar en módulos penitenciarios ordinarios.
Un capítulo publicado en 2026 dentro del libro Deep Confinement analiza cómo experimentan estos presos lo que su autor, Ben Crewe, denomina “poder psicológico”: un sistema de evaluación, documentación y clasificación del riesgo que puede tener consecuencias importantes sobre su futuro. El libro se basa en un acceso excepcional a estas unidades e incluye entrevistas con 40 hombres recluidos en CSC, además de trabajo de campo y entrevistas con profesionales y responsables penitenciarios.
Una vigilancia que va mucho más allá de las cámaras
Los internos describían una experiencia de observación prácticamente continua.
La vigilancia no dependía únicamente de cámaras o funcionarios. Diferentes profesionales registraban comportamientos cotidianos que posteriormente podían incorporarse a informes utilizados para evaluar evolución y riesgo.
El sistema incluía:
- observaciones diarias;
- anotaciones en el sistema penitenciario NOMIS;
- informes semanales;
- evaluaciones mensuales;
- sesiones con psicólogos y otros profesionales;
- planes trimestrales de atención y gestión.
Estos documentos contribuían a determinar si una persona podía avanzar dentro del sistema o dejar de necesitar las condiciones especiales de los CSC.
Para los internos, por tanto, una interacción aparentemente cotidiana podía adquirir un significado institucional al quedar registrada e interpretada posteriormente.
El “poder de la pluma”
Una de las ideas centrales del capítulo es lo que Crewe denomina “power of the pen”, el poder que adquiere el expediente escrito para definir institucionalmente a una persona.
Algunos participantes consideraban que determinadas descripciones permanecían durante años en sus historiales y reaparecían en evaluaciones posteriores. Percibían que episodios del pasado continuaban condicionando cómo eran interpretados en el presente.
Esto generaba una tensión relevante desde la psicología forense:
¿cómo evaluar el riesgo histórico sin convertir el pasado en una identidad psicológica permanente?
Los presos podían considerar que habían cambiado, mientras que el sistema seguía utilizando acontecimientos previos como información relevante para estimar riesgos futuros.
Esta discrepancia alimentaba una sensación de identidad institucional difícil de modificar.
Psicólogos con poco poder cotidiano, pero enorme influencia futura
Los participantes diferenciaban claramente entre funcionarios y profesionales de la psicología.
Los funcionarios ejercían mayor control sobre la vida cotidiana: horarios, actividades, desplazamientos o disciplina.
Sin embargo, muchos internos atribuían a los psicólogos mayor influencia sobre su trayectoria a largo plazo, porque sus valoraciones podían intervenir en las decisiones sobre progresión.
Esta diferencia ayuda a comprender por qué la relación terapéutica podía resultar especialmente complicada.
El mismo profesional podía ser percibido simultáneamente como fuente de ayuda y como participante en un sistema de evaluación con consecuencias sobre la libertad y las condiciones penitenciarias.
El capítulo describe una considerable desconfianza hacia esta posición institucional.
“Participar” en psicología puede convertirse en requisito para progresar
Los presos comprendían que la participación en evaluaciones e intervenciones psicológicas podía tener importancia para demostrar una reducción del riesgo.
Esto producía diferentes estrategias.
Algunos rechazaban directamente el trabajo psicológico.
Otros participaban de manera pragmática porque consideraban que era necesario para abandonar el CSC.
Un tercer grupo intentaba extraer beneficios personales de la intervención sin aceptar completamente la lógica institucional que la rodeaba.
Algunos participantes reconocían haber adquirido mayor conocimiento sobre sus emociones, desencadenantes o respuestas ante situaciones de riesgo, al tiempo que mantenían una profunda desconfianza hacia los profesionales que los evaluaban.
La relación con la psicología penitenciaria no puede describirse, por tanto, simplemente como aceptación o rechazo.
La paradoja de la sinceridad
Esta situación plantea una cuestión especialmente relevante para la práctica psicológica.
Una intervención requiere normalmente cierto grado de apertura: reconocer dificultades, explorar pensamientos problemáticos y hablar de situaciones de vulnerabilidad.
Pero cuando el paciente sabe que esa información puede incorporarse a una evaluación del riesgo con consecuencias institucionales, la sinceridad puede percibirse como peligrosa.
Algunos presos consideraban que aquello que decían podía ser interpretado negativamente o permanecer durante años en sus expedientes. Esto favorecía respuestas defensivas, calculadas o directamente el rechazo de la intervención.
Surge así una paradoja:
el sistema necesita información auténtica para evaluar adecuadamente el riesgo, pero el propio poder asociado a esa evaluación puede dificultar que el interno proporcione información auténtica.
Cuando el preso no sabe exactamente qué debe cambiar
Otra fuente de frustración aparecía cuando los participantes percibían que se les exigía reducir su riesgo, pero consideraban insuficientemente claros los criterios utilizados para determinar esa reducción.
Desde su perspectiva, podían encontrarse ante una situación circular:
“debo demostrar que mi riesgo ha disminuido, pero no comprendo suficientemente qué indicadores utiliza el sistema para decidirlo”.
Esta percepción puede tener implicaciones para la alianza de trabajo.
Los objetivos de una intervención psicológica difícilmente pueden experimentarse como propios cuando el individuo los percibe como criterios burocráticos externos cuyo cumplimiento determinará su futuro penitenciario.
El comité que decide la progresión
Las decisiones finales no dependían exclusivamente del psicólogo.
Los informes locales alimentaban evaluaciones que llegaban al CSC Management Committee, responsable de decisiones fundamentales sobre ubicación, progresión y posible salida del sistema CSC.
Un hallazgo interesante es que algunos presos distinguían entre las personas y la institución.
Podían valorar positivamente a determinados profesionales con los que tenían contacto directo y, simultáneamente, desconfiar profundamente del sistema de toma de decisiones.
Esto sugiere que una buena relación interpersonal con un profesional no elimina necesariamente la percepción de coerción institucional.
No todos querían abandonar inmediatamente el CSC
Aunque la mayoría aspiraba a salir de estas unidades, el estudio introduce otro matiz importante: la progresión no siempre era percibida como algo positivo o seguro.
Algunos internos consideraban que todavía no estaban preparados.
Otros temían agresiones en módulos ordinarios, conflictos con determinados grupos o una pérdida del apoyo disponible en las unidades especializadas.
Incluso había participantes que consideraban las condiciones altamente estructuradas del CSC como un entorno relativamente estable para su salud mental.
Esto muestra que la progresión penitenciaria formal y la percepción subjetiva de seguridad psicológica no siempre coinciden.
Implicaciones para psicología forense
El trabajo no pretende demostrar que las evaluaciones de riesgo sean innecesarias. En unidades destinadas a personas con antecedentes graves de violencia penitenciaria, la valoración sistemática constituye una función institucional relevante.
La cuestión que plantea es otra: cómo afectan esos procedimientos a las personas evaluadas y a su relación con quienes realizan las evaluaciones.
Para la psicología forense, el análisis pone sobre la mesa cuestiones como:
- transparencia de los criterios de evaluación;
- diferenciación entre funciones terapéuticas y evaluativas;
- actualización de información histórica;
- participación del interno en la formulación de objetivos;
- impacto de la coerción sobre la alianza profesional;
- posibilidad de corregir interpretaciones consideradas inexactas.
Limitaciones del trabajo
No estamos ante un ensayo ni un estudio cuantitativo de eficacia. El capítulo utiliza fundamentalmente metodología cualitativa y criminológica.
Además, analiza un entorno excepcional: las unidades CSC constituyen uno de los contextos de mayor restricción del sistema penitenciario de Inglaterra y Gales. Sus resultados no pueden generalizarse automáticamente a toda la población penitenciaria ni a la psicología clínica convencional.
La investigación describe principalmente experiencias, interpretaciones y relaciones de poder. No permite determinar si las evaluaciones psicológicas realizadas eran clínicamente correctas o incorrectas en cada caso.
Conclusiones prácticas
El estudio deja cinco ideas especialmente relevantes:
1. La evaluación psicológica en contextos penitenciarios puede ejercer una influencia que supera ampliamente el espacio de la consulta, al intervenir en decisiones sobre riesgo y progresión.
2. Los expedientes y evaluaciones históricas pueden ser percibidos por los internos como etiquetas difíciles de modificar, incluso cuando consideran que su comportamiento ha cambiado.
3. La doble función de apoyo psicológico y evaluación institucional puede dificultar la confianza y favorecer respuestas defensivas, estratégicas o de rechazo.
4. Una buena relación personal con psicólogos o responsables penitenciarios no elimina necesariamente la desconfianza hacia el sistema que toma las decisiones.
5. La evaluación del riesgo necesita considerar no solo la calidad técnica de los instrumentos, sino también cómo la transparencia, la participación y la percepción de legitimidad afectan al proceso.
El trabajo aporta así una perspectiva poco habitual: examinar la evaluación psicológica no solo desde lo que el profesional pretende medir, sino desde cómo experimenta ese proceso la persona cuya trayectoria depende parcialmente de sus resultados.
Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Tightness: Psychology, Progression, and Bureaucracy - Deep Confinement 18 August 2026pp 221–271
Texto completo disponible en: https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-032-32963-9_6
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
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