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Terapias digitales en salud mental: por qué más tiempo de uso no significa necesariamente mayor eficacia



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Artículo | Fecha de publicación: 30/11/2026
Artículo revisado por nuestra redacción

Más tiempo dentro de una aplicación no equivale necesariamente a mayor beneficio En salud mental digital se ha asumido con frecuencia que cuanto más utiliza una persona una intervención, mejores serán sus resultados. Esta idea ha llevado a considerar variables como minutos de uso, número de sesiones o módulos completados como indicadores de adheren...

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Más tiempo dentro de una aplicación no equivale necesariamente a mayor beneficio


En salud mental digital se ha asumido con frecuencia que cuanto más utiliza una persona una intervención, mejores serán sus resultados. Esta idea ha llevado a considerar variables como minutos de uso, número de sesiones o módulos completados como indicadores de adherencia y, de forma indirecta, de calidad terapéutica.


Un artículo de perspectiva publicado en JMIR Mental Health en agosto de 2026 cuestiona este supuesto. Los autores sostienen que el tiempo acumulado de uso es una medida demasiado simple para representar la verdadera “dosis terapéutica” de una intervención digital.


La propuesta es especialmente relevante para intervenciones basadas en psicoterapia, entrenamiento cognitivo o adquisición de habilidades, donde el objetivo no es mantener al usuario conectado, sino facilitar cambios que después se apliquen fuera de la plataforma.


El mensaje central puede resumirse así:


más uso ≠ necesariamente más tratamiento efectivo.


El problema de importar el concepto de “dosis” desde la farmacología


En farmacoterapia, la relación dosis-respuesta tiene un significado relativamente definido. Se administra una cantidad de una sustancia y se estudia cómo esa exposición se relaciona con una respuesta biológica.


En las intervenciones psicológicas digitales, la situación es distinta.


Una persona puede pasar 30 minutos dentro de una aplicación y realizar superficialmente un ejercicio, mientras otra puede dedicar 10 minutos, comprenderlo, practicarlo posteriormente y aplicarlo durante días en situaciones reales.


Desde el registro digital, la primera persona tendría una “dosis” tres veces mayor.


Desde el punto de vista terapéutico, podría ocurrir exactamente lo contrario.


Los autores plantean por ello que el tiempo de uso describe exposición a la plataforma, pero no necesariamente exposición efectiva al mecanismo terapéutico.


Una cascada más útil: exposición, engagement, aprendizaje y aplicación


El artículo propone distinguir cuatro etapas.


Exposición: actividad observable dentro de la plataforma, como iniciar sesión, abrir módulos o permanecer conectado.


Engagement: calidad de la interacción con los componentes terapéuticos.


Adquisición: aprendizaje o dominio de las habilidades que pretende enseñar la intervención.


Aplicación: utilización de esas habilidades en la vida cotidiana.


El efecto terapéutico dependería principalmente de las últimas etapas, mientras que los sistemas digitales miden con mucha facilidad la primera.


Esto genera un problema metodológico:


lo más fácil de medir no siempre es lo más clínicamente importante.


Una plataforma puede registrar perfectamente cuánto tiempo permanece abierta, pero mucho peor si el usuario aprendió una técnica de regulación emocional y la utilizó posteriormente durante un conflicto interpersonal.


La mejoría puede aparecer pronto y después estabilizarse


Otro argumento contra una relación lineal entre uso y eficacia procede de la investigación sobre psicoterapia.


La mejoría clínica no suele avanzar de manera constante sesión tras sesión. Muchos pacientes experimentan cambios importantes durante las fases iniciales del tratamiento y después alcanzan una meseta.


Este patrón también puede aparecer en intervenciones digitales.


Una persona podría aprender rápidamente los componentes que necesita y reducir posteriormente su utilización porque ha alcanzado suficiente beneficio.


En ese caso:


menos uso posterior podría ser una consecuencia del éxito, no del abandono.


Por eso interpretar cualquier reducción de actividad como mala adherencia puede llevar a conclusiones equivocadas.


El mismo tiempo de uso puede significar cosas completamente diferentes


Los patrones de utilización de terapias digitales presentan una gran heterogeneidad.


Algunas personas:



  • utilizan intensivamente la intervención al principio;

  • mantienen una frecuencia constante;

  • comienzan con poca actividad y aumentan después;

  • la utilizan únicamente cuando aparecen dificultades concretas.


El artículo destaca investigaciones en las que determinados usuarios con uso inicial elevado y posterior descenso mostraron mejores resultados pese a acumular menos tiempo total que otros grupos.


Esto plantea que el momento del uso puede ser tan relevante como su cantidad.


Una sesión realizada cuando existe alta motivación para cambiar puede tener un impacto diferente a varias sesiones completadas únicamente porque la plataforma envía recordatorios.


Uso episódico no significa necesariamente falta de adherencia


Muchas herramientas digitales de salud mental están diseñadas para poder utilizarse de forma flexible.


Un usuario puede aprender una estrategia, dejar de consultar la aplicación durante semanas y volver cuando aparece un periodo de estrés.


Desde un modelo convencional de adherencia, esa persona podría ser considerada poco constante.


Desde un modelo funcional, podría estar haciendo exactamente el uso esperado:


utilizar la herramienta cuando resulta necesaria.


Los autores denominan la atención sobre esta dimensión temporal una parte fundamental de una evaluación más individualizada.


Especialmente en intervenciones destinadas a facilitar habilidades de afrontamiento, la ausencia temporal de uso no debería interpretarse automáticamente como fracaso terapéutico.


El verdadero tratamiento puede estar ocurriendo fuera de la pantalla


Este es probablemente uno de los argumentos más importantes del artículo.


Muchas intervenciones digitales se apoyan en principios de:



  • terapia cognitivo-conductual;

  • activación conductual;

  • regulación emocional;

  • mindfulness;

  • resolución de problemas;

  • exposición;

  • modificación de hábitos.


El objetivo final no consiste en completar ejercicios digitales, sino en trasladar esas habilidades a situaciones reales.


Una aplicación puede enseñar planificación conductual durante 15 minutos. El efecto relevante aparece cuando el usuario reorganiza después su actividad cotidiana.


Puede enseñar una técnica de exposición, pero el mecanismo terapéutico ocurre cuando la persona afronta posteriormente una situación evitada.


Por ello, la actividad dentro de la plataforma puede representar solo una pequeña parte del proceso de cambio.


Más uso también puede indicar mayor necesidad


Existe otra dificultad importante.


Una correlación entre mayor utilización y mayor gravedad clínica puede interpretarse erróneamente.


Una persona con síntomas persistentes podría:


utilizar más la intervención porque sigue necesitando ayuda, no mejorar porque la utiliza más.


Esto introduce un problema de causalidad inversa frecuente en estudios observacionales de engagement digital.


El artículo incluso plantea que niveles muy elevados de utilización podrían, en algunos casos, representar malestar persistente, necesidad no cubierta o dependencia excesiva de la herramienta, en lugar de éxito terapéutico.


Por tanto, una métrica como “minutos dentro de la aplicación” carece de significado clínico suficiente cuando se interpreta de forma aislada.


Cuando aumentar el engagement se convierte en un objetivo equivocado


Muchas plataformas intentan aumentar el uso mediante:



  • notificaciones;

  • gamificación;

  • recordatorios;

  • recompensas;

  • objetivos de continuidad.


Estas estrategias no son necesariamente problemáticas. Pueden ayudar a que los usuarios completen componentes terapéuticos relevantes.


El problema aparece cuando maximizar el tiempo dentro de la plataforma se convierte en un objetivo en sí mismo.


Si investigadores, desarrolladores o financiadores premian principalmente el uso acumulado, pueden terminar valorando sistemas que consiguen retener a los usuarios más tiempo en lugar de sistemas que producen cambios eficientemente.


El riesgo es confundir:


retención digital con eficacia terapéutica.


Del engagement máximo al engagement efectivo


Los autores defienden un cambio conceptual hacia lo que investigaciones previas han denominado “effective engagement”.


La pregunta ya no sería:


¿cuánto utilizó la intervención?


sino:


¿utilizó suficiente de la intervención adecuada para producir el cambio terapéutico relevante?


Esto implica evaluar el uso en función de:


qué componente se utilizó, cuándo se utilizó, con qué calidad, qué se aprendió y qué efecto tuvo posteriormente.


En algunas personas, una utilización breve pero muy dirigida podría ser suficiente.


Otras podrían necesitar una exposición más extensa.


No existe necesariamente una dosis digital universal.


Qué deberían medir los estudios de salud mental digital


El artículo propone avanzar hacia métricas que reflejen mejor los mecanismos terapéuticos.


Además de minutos de uso o módulos completados, sería útil considerar:


calidad del engagement, por ejemplo cómo se realizan los ejercicios;


adquisición de habilidades, comprobando si realmente se aprendieron;


uso fuera de la plataforma, registrando si esas habilidades se aplican;


momento del uso, relacionado con síntomas o necesidades;


trayectorias individuales, en lugar de únicamente promedios;


y cambio clínico, que debe continuar siendo el resultado central.


La digitalización permite medir enormes cantidades de comportamiento, pero más datos no garantizan mejores indicadores.


Un viewpoint, no una demostración experimental


La naturaleza del artículo es importante para interpretar sus conclusiones.


Se trata de un Viewpoint, no de un ensayo clínico ni de una revisión sistemática. Los autores construyen su argumento utilizando investigación previa sobre psicoterapia, ensayos de intervenciones digitales y trabajos empíricos propios.


Por tanto, el artículo no demuestra que el tiempo de uso sea irrelevante.


De hecho, cierta exposición es obviamente necesaria para que una intervención pueda ejercer algún efecto.


Lo que cuestiona es algo más específico:


que exista una relación lineal universal donde más tiempo dentro de la plataforma implique automáticamente mayor mejoría.


Esta distinción evita caer en el extremo contrario.


Implicaciones para investigación, práctica y regulación


La propuesta tiene consecuencias relevantes en tres áreas.


Investigación


Los ensayos deberían evitar utilizar exclusivamente métricas simples de uso como proxy de adherencia terapéutica.


Diseño de intervenciones


El objetivo podría desplazarse de maximizar permanencia hacia facilitar aprendizaje eficiente y transferencia a la vida diaria.


Evaluación y financiación


Los sistemas que valoran las terapias digitales deberían ser prudentes antes de utilizar umbrales rígidos de uso para definir abandono, adherencia o calidad.


Una intervención sanitaria eficaz idealmente debería necesitar el tiempo suficiente para producir beneficio, no el máximo tiempo posible de atención del usuario.


Conclusiones prácticas


1. El tiempo acumulado de uso es una medida de exposición a una plataforma, no necesariamente de intensidad terapéutica real.


2. La relación entre utilización y mejoría puede ser no lineal, con respuestas tempranas, mesetas y trayectorias muy diferentes entre usuarios.


3. Reducir el uso puede representar abandono, pero también mejoría suficiente o integración autónoma de las habilidades aprendidas.


4. En terapias digitales basadas en aprendizaje, una parte importante del efecto ocurre fuera de la plataforma, donde las métricas convencionales apenas pueden observarlo.


5. El artículo propone evaluar las DTx mediante calidad, momento, adquisición de habilidades, aplicación cotidiana y resultados clínicos, en lugar de asumir que “más tiempo” equivale a “mejor tratamiento”.


Para la salud mental digital, esta distinción puede resultar especialmente importante: una buena intervención no debería medirse por cuánto consigue retener a una persona frente a la pantalla, sino por lo que consigue que esa persona pueda hacer después sin necesitarla constantemente.


 


Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)


Fuente original: Beyond Usage Time: Rethinking Therapeutic Dose and Effect in Digital Therapeutics - JMIR Ment Health 2026


Texto completo disponible en:https://mental.jmir.org/2026/1/e98660


Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.

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