Primer episodio psicótico e inflamación: una relación cada vez más estudiada
La hipótesis inflamatoria de la psicosis ha ganado peso durante los últimos años. Diversos estudios han descrito que una parte de las personas con primer episodio psicótico (FEP) presenta alteraciones en citocinas circulantes, lo que ha impulsado la investigación sobre posibles mecanismos inmunitarios implicados en el inicio y evolución de los trastornos psicóticos.
Una revisión narrativa publicada en Brain Sciences en 2026 analiza precisamente esta cuestión, centrándose en citocinas como IL-1β, IL-2, IL-4, IL-6, IL-8, IL-10, TNF-α e IFN-γ y en su posible relación con neurodesarrollo, dopamina, gravedad clínica y respuesta a antipsicóticos.
El mensaje central es relevante, pero requiere cautela:
existe evidencia de una activación inmunitaria de bajo grado en algunos pacientes con primer episodio psicótico, pero todavía no existe una firma inflamatoria suficientemente específica para utilizarla como biomarcador clínico.
¿Qué citocinas aparecen alteradas con mayor frecuencia?
La literatura acumulada no ofrece un perfil totalmente uniforme.
Una revisión sistemática reciente de estudios en FEP encontró que IL-6, IL-1β y TNF-α eran las citocinas evaluadas con mayor frecuencia. En esa síntesis, IL-6 estuvo elevada en cuatro de cinco estudios, IL-1β en tres de cuatro y TNF-α en los cuatro trabajos que la analizaron. En cambio, los resultados para IL-2, IL-4 e IFN-γ fueron más variables.
Metaanálisis anteriores han producido resultados algo diferentes. Por ejemplo, una síntesis de pacientes con FEP sin tratamiento antipsicótico encontró elevaciones significativas de IFN-γ, IL-6, IL-12 e IL-17, mientras que TNF-α, IL-1β, IL-2, IL-4, IL-8 e IL-10 no alcanzaron significación global.
Esta aparente discrepancia refleja uno de los principales problemas del campo:
las concentraciones de citocinas dependen de metodología, fase clínica, exposición a antipsicóticos, tabaquismo, consumo de sustancias, índice de masa corporal, infecciones y comorbilidades.
Por tanto, no resulta correcto afirmar que existe una única “firma inflamatoria de la psicosis”.
La inflamación podría comenzar antes del primer episodio
La revisión propone que la implicación inmunitaria podría comenzar mucho antes de la aparición de síntomas psicóticos.
Entre los factores ambientales estudiados destacan:
- Infecciones maternas durante el embarazo.
- Inflamación prenatal.
- Trauma infantil.
- Estrés psicosocial acumulado.
- Consumo de determinadas sustancias.
La hipótesis es que una activación inmunitaria durante periodos críticos del desarrollo podría alterar procesos como maduración neuronal, poda sináptica o plasticidad cerebral, generando una mayor vulnerabilidad posterior.
Sin embargo, esta cadena causal todavía no está demostrada en humanos.
Los modelos animales y los estudios epidemiológicos respaldan una relación entre activación inmunitaria temprana y riesgo posterior, pero no permiten afirmar que una elevación concreta de IL-6 o TNF-α durante el desarrollo conduzca necesariamente a psicosis.
Trauma infantil, estrés y citocinas
Uno de los hallazgos más interesantes de la literatura es la interacción entre experiencias adversas y respuesta inflamatoria.
Un estudio clásico de primer episodio psicótico encontró que los pacientes presentaban niveles superiores de varias citocinas, y que la historia de trauma infantil se asociaba con mayores concentraciones séricas de TNF-α, mientras que los acontecimientos estresantes recientes se relacionaban con mayor expresión de TNF-α en leucocitos.
Esto encaja con modelos de vulnerabilidad-estrés-inflamación, donde la exposición a adversidad no actuaría únicamente a nivel psicológico, sino también mediante mecanismos inmunitarios.
Aun así, el efecto no es específico de la esquizofrenia. Alteraciones inflamatorias similares aparecen también en depresión, trastorno bipolar y otras condiciones psiquiátricas.
Citocinas y dopamina: una interacción bidireccional
La dopamina sigue ocupando un lugar central en la fisiopatología de la psicosis, especialmente en relación con síntomas positivos.
La revisión destaca que citocinas y neurotransmisión dopaminérgica pueden modularse mutuamente.
Las vías inflamatorias podrían influir sobre:
- Síntesis y liberación de dopamina.
- Funcionamiento de receptores.
- Actividad microglial.
- Metabolismo del glutamato y de la vía de la quinurenina.
A su vez, los cambios dopaminérgicos pueden modificar determinadas respuestas inmunitarias.
Esta perspectiva favorece una visión menos lineal:
Inflamación ↔ neurotransmisión ↔ síntomas clínicos.
Pero todavía resulta difícil establecer qué alteración aparece primero y cuál es consecuencia de la otra.
¿Las citocinas se relacionan con la gravedad de los síntomas?
Algunos estudios han encontrado asociaciones entre inflamación y determinadas dimensiones clínicas.
En FEP, se han descrito correlaciones entre síntomas negativos y citocinas como:
- IL-6.
- IL-1β.
- IL-2.
- TNF-α.
Una revisión sistemática reciente concluyó que IL-1β y TNF-α muestran las asociaciones más reproducibles con gravedad de síntomas negativos, aunque la magnitud de estas relaciones es generalmente modesta.
Una síntesis anterior también encontró correlaciones moderadas entre síntomas negativos y IL-6, IL-2 y TNF-α.
Esto ha generado una hipótesis interesante: la inflamación podría ser más relevante en determinados subgrupos clínicos, especialmente aquellos con síntomas negativos prominentes.
¿Qué ocurre después de iniciar antipsicóticos?
Los antipsicóticos también pueden modificar las concentraciones de citocinas.
Metaanálisis previos indican que algunos marcadores inflamatorios cambian tras el inicio del tratamiento, aunque la dirección y magnitud dependen del fármaco, duración del tratamiento y estado basal del paciente.
Esta cuestión complica la interpretación de los estudios:
¿la citocina cambia porque mejora la psicosis o porque el medicamento tiene un efecto inmunológico directo?
Actualmente no existe una respuesta definitiva.
También se han descrito asociaciones entre niveles de algunas citocinas y peor respuesta al tratamiento. Revisiones previas han relacionado, por ejemplo, IL-6 e IFN-γ con resistencia terapéutica, aunque estos resultados todavía no permiten tomar decisiones farmacológicas basadas en una analítica inflamatoria.
¿Pueden utilizarse las citocinas como biomarcadores?
Por ahora, no.
Un biomarcador clínico necesitaría:
- Suficiente sensibilidad y especificidad.
- Valores de referencia reproducibles.
- Estabilidad entre laboratorios.
- Capacidad para discriminar FEP de otras enfermedades.
- Utilidad predictiva individual.
Las citocinas actuales no cumplen estos requisitos de forma consistente.
Además, la inflamación es un fenómeno transdiagnóstico. IL-6, TNF-α o IL-1β pueden aumentar en múltiples enfermedades psiquiátricas, médicas o infecciosas.
Por ello, su futuro probablemente no esté en utilizar una única molécula, sino en perfiles multimarcador combinados con información clínica, genética, metabólica y neurobiológica.
Limitaciones de la revisión
La fuente principal es una revisión narrativa y no sistemática. Los autores realizaron búsquedas en PubMed y Google Scholar, pero no siguieron un protocolo PRISMA ni efectuaron un metaanálisis propio.
Esto implica varias limitaciones:
1. Riesgo de selección de estudios.
2. Imposibilidad de estimar un efecto global cuantitativo.
3. Elevada heterogeneidad entre investigaciones.
4. Dificultad para separar pacientes sin tratamiento de aquellos ya expuestos a antipsicóticos.
5. Buena parte de los mecanismos neurobiológicos siguen siendo hipótesis derivadas de evidencia preclínica.
Conclusiones prácticas
Los hallazgos pueden resumirse en cinco mensajes clave:
1. Una proporción de pacientes con primer episodio psicótico presenta un estado proinflamatorio de bajo grado.
2. IL-6, IL-1β y TNF-α son algunos de los marcadores más estudiados, pero los resultados varían entre estudios y metaanálisis.
3. La inflamación podría interactuar con neurodesarrollo, estrés temprano y neurotransmisión dopaminérgica, aunque las relaciones causales siguen sin demostrarse.
4. Algunas citocinas se relacionan con gravedad de síntomas negativos y pueden cambiar con el tratamiento antipsicótico.
5. Actualmente ninguna citocina puede utilizarse de forma aislada como prueba diagnóstica, pronóstica o para seleccionar tratamiento en primer episodio psicótico.
El interés clínico del campo reside, por tanto, menos en buscar “la citocina de la esquizofrenia” y más en identificar subgrupos de pacientes con perfiles inflamatorios específicos que puedan tener mecanismos, evolución o respuesta terapéutica diferentes.
Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Cytokines in First-Episode Psychosis: Implications for Pathophysiology: A Narrative Literature Review - Brain Sci. 2026, 16(8), 867
Texto completo disponible en: https://www.mdpi.com/2076-3425/16/8/867
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
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