Introducción
El trastorno delirante de tipo somático (TDTS) se caracteriza por la presencia persistente de convicciones relacionadas con una enfermedad, alteración física o disfunción corporal que se mantienen pese a las exploraciones médicas y a la evidencia disponible. Históricamente también se ha denominado psicosis hipocondríaca monosintomática.
Su abordaje constituye un desafío clínico. La falta de conciencia de enfermedad puede favorecer la repetición de consultas médicas, exploraciones y procedimientos dirigidos a resolver una alteración corporal que el paciente percibe como completamente real. Además, la evidencia disponible para orientar el tratamiento farmacológico continúa siendo limitada y procede en gran parte de casos clínicos, series de casos y estudios observacionales.
Aunque los antipsicóticos han ocupado tradicionalmente un papel central, distintos trabajos han descrito respuestas a antidepresivos en determinados pacientes con delirios somáticos. Una revisión sobre las posibles bases neurobiológicas de la respuesta terapéutica en el trastorno delirante ya señalaba la posible participación tanto de los sistemas dopaminérgicos como serotoninérgicos, además de alteraciones funcionales cerebrales.
Un caso publicado en 2025 centró específicamente la atención en el escitalopram, planteando nuevas preguntas sobre el posible papel de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) en este subtipo de trastorno delirante.
Un caso de delirios somáticos centrados en la cavidad oral
El trabajo describe a una mujer de 62 años que presentaba sensaciones orales persistentes interpretadas como alteraciones físicas: refería la presencia de un fluido pegajoso, molestias en las encías y la sensación de tener una especie de película en la boca.
Las evaluaciones y tratamientos realizados previamente desde odontología y otorrinolaringología no habían conseguido identificar una explicación orgánica que justificase los síntomas ni habían producido una mejoría suficiente.
La evaluación posterior incluyó pruebas analíticas, resonancia magnética cerebral y exploración cognitiva mediante el Mini-Mental State Examination, sin hallazgos relevantes según los autores. El cuadro fue interpretado dentro de un trastorno delirante de tipo somático con manifestaciones orales.
Este tipo de presentación resulta especialmente relevante desde el punto de vista asistencial porque pone de manifiesto la posible trayectoria de algunos pacientes entre distintas especialidades antes de llegar a una evaluación psiquiátrica.
Evolución observada durante el tratamiento con escitalopram
El tratamiento descrito comenzó con escitalopram 10 mg/día, incrementándose posteriormente hasta 20 mg/día.
Los investigadores observaron una disminución aproximada del 50 % de los síntomas orales a los 26 días y una resolución casi completa alrededor de las cinco semanas desde el inicio del tratamiento. Los síntomas depresivos que habían aparecido asociados al cuadro también remitieron.
El interés del caso no reside únicamente en la mejoría de una paciente concreta. Los autores acompañaron la presentación clínica con una revisión de casos publicados previamente en los que se habían empleado antidepresivos como monoterapia.
En esa revisión identificaron 19 casos tratados únicamente con antidepresivos. Según el análisis realizado por los investigadores, 14 pacientes sin depresión secundaria habían mostrado respuesta, lo que plantea la posibilidad de que el beneficio observado no pueda explicarse exclusivamente por el efecto de estos fármacos sobre los síntomas afectivos.
Además, algunos de estos pacientes habían recibido previamente antipsicóticos sin obtener una respuesta satisfactoria.
Sin embargo, estos datos deben interpretarse con cautela. Una colección de casos clínicos no permite establecer eficacia comparativa, estimar tasas reales de respuesta ni identificar qué pacientes pueden beneficiarse de una determinada estrategia farmacológica.
¿Qué aporta la neuroimagen?
Uno de los elementos más interesantes del caso es la utilización de tomografía computarizada por emisión de fotón único (SPECT) para estudiar el flujo sanguíneo cerebral regional.
Durante la fase sintomática se observó una disminución de la perfusión cerebral cortical, especialmente en regiones temporales y parietales. Tras nueve semanas de tratamiento, los autores describieron una mejoría del flujo sanguíneo regional paralela a la evolución clínica.
No es una observación completamente aislada. Trabajos previos habían comunicado alteraciones del flujo sanguíneo cerebral regional en pacientes con trastorno delirante somático, y una revisión sistemática publicada en Behavioral Sciences recoge investigaciones que relacionan este trastorno con cambios funcionales cerebrales y con posibles alteraciones de los sistemas dopaminérgico y serotoninérgico.
Estas observaciones resultan atractivas desde el punto de vista neurobiológico, pero no convierten la SPECT en una herramienta diagnóstica o de seguimiento establecida para el TDTS. En un único caso tampoco puede demostrarse que la modificación de la perfusión sea causa directa de la mejoría clínica.
Serotonina y trastorno delirante somático: una hipótesis todavía abierta
La respuesta observada al escitalopram llevó a los investigadores a plantear una posible implicación del sistema serotoninérgico en la fisiopatología del TDTS.
La literatura anterior ya había recogido respuestas a otros antidepresivos, entre ellos clomipramina y paroxetina, en determinados pacientes con trastorno delirante somático. La revisión neurobiológica de Guardia y colaboradores plantea precisamente que tanto la neurotransmisión serotoninérgica como la dopaminérgica pueden estar relacionadas con determinadas respuestas farmacológicas observadas en estos pacientes.
Al mismo tiempo, la evidencia histórica sobre el tratamiento del trastorno delirante está dominada por los antipsicóticos. Una revisión publicada en Biomedicines muestra que durante décadas se han utilizado distintos antipsicóticos para estos cuadros, aunque la evidencia está marcada por la escasez de ensayos controlados y la heterogeneidad de los estudios disponibles.
Por ello, sería prematuro interpretar la respuesta al escitalopram como prueba de que el TDTS constituye fundamentalmente una alteración serotoninérgica.
¿Qué puede extraerse para la práctica clínica?
El caso aporta varias cuestiones relevantes para los profesionales de salud mental.
En primer lugar, los delirios somáticos pueden generar importantes recorridos asistenciales por odontología, dermatología, medicina interna u otras especialidades antes de reconocerse su posible naturaleza psicopatológica.
En segundo lugar, subraya la importancia de realizar una evaluación clínica y médica suficiente para descartar causas orgánicas, evitando simultáneamente la repetición indefinida de exploraciones cuando la evidencia clínica apunta hacia un trastorno delirante.
En tercer lugar, recuerda que la evidencia terapéutica en este campo continúa siendo incompleta. Los resultados procedentes de casos individuales pueden servir para generar hipótesis de investigación, pero no deberían interpretarse como equivalentes a ensayos clínicos ni justificar por sí solos cambios en la práctica asistencial.
Conclusiones
La evolución de esta paciente aporta una señal de interés sobre el posible papel de los antidepresivos serotoninérgicos en determinados casos de trastorno delirante somático, especialmente porque la mejoría clínica se acompañó de cambios funcionales observados mediante neuroimagen.
La revisión de casos anteriores también sugiere que algunos pacientes pueden responder a antidepresivos incluso sin presentar una depresión secundaria relevante.
El mensaje más importante, sin embargo, es metodológico: la evidencia sigue siendo demasiado limitada para establecer conclusiones terapéuticas firmes. Son necesarios estudios con muestras mayores, criterios clínicos homogéneos y diseños comparativos que permitan determinar qué papel pueden desempeñar los antidepresivos dentro del tratamiento del trastorno delirante somático y qué características clínicas podrían asociarse a una mejor respuesta.
Resumen y adaptación editorial: María Dolores Asensio Moreno (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Guardia A, González-Rodríguez A, Betriu M, et al. Behavioral Sciences. 2021;11:141. Disponible bajo licencia Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales. Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.