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Terapia cognitivo-conductual para la esquizofrenia: el papel potencial de la enfermería de salud mental



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Artículo | Fecha de publicación: 21/01/2027
Artículo revisado por nuestra redacción

  ¿Puede enfermería ampliar el acceso a la TCC en la esquizofrenia? La terapia cognitivo-conductual (TCC) forma parte de las intervenciones psicosociales utilizadas en personas diagnosticadas de esquizofrenia. Sin embargo, su incorporación a los servicios sanitarios depende, entre otros factores, de disponer de profesionales adecuadamente formados y de adaptar la interv...

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¿Puede enfermería ampliar el acceso a la TCC en la esquizofrenia?


La terapia cognitivo-conductual (TCC) forma parte de las intervenciones psicosociales utilizadas en personas diagnosticadas de esquizofrenia. Sin embargo, su incorporación a los servicios sanitarios depende, entre otros factores, de disponer de profesionales adecuadamente formados y de adaptar la intervención al contexto asistencial y cultural.


En Arabia Saudí, la escasez de profesionales especializados en TCC ha llevado a investigar una posibilidad diferente: formar a profesionales de enfermería de salud mental para participar en su aplicación.


Un estudio cualitativo publicado en Healthcare ha explorado las opiniones de 19 enfermeros sobre una propuesta de TCC culturalmente adaptada para personas con esquizofrenia. Los resultados muestran una actitud generalmente favorable, pero también identifican importantes obstáculos organizativos, formativos y profesionales.


El trabajo no evalúa si la intervención funciona. Su pregunta es anterior: ¿qué condiciones serían necesarias para poder implementarla?


Una intervención todavía en fase de desarrollo


El estudio forma parte de un proyecto más amplio desarrollado siguiendo el marco del Medical Research Council para intervenciones complejas.


Su objetivo es desarrollar una TCC culturalmente adaptada que pueda ser aplicada por profesionales de enfermería de salud mental en Arabia Saudí.


La investigación corresponde específicamente a la fase de desarrollo de esa intervención. Por tanto, analiza su aceptabilidad y viabilidad anticipada, no su eficacia.


El proyecto había estudiado previamente las perspectivas de personas diagnosticadas de esquizofrenia y de sus familiares. En esa fase aparecieron cuestiones como las características del terapeuta, la participación familiar, los componentes religiosos y culturales y el formato de las sesiones como elementos potencialmente relevantes para la participación.


La nueva investigación incorpora ahora la perspectiva de quienes podrían administrar la intervención: los profesionales de enfermería.


Tres grupos focales con 19 profesionales


Los investigadores realizaron tres grupos focales presenciales con 19 enfermeros de salud mental entre diciembre de 2020 y febrero de 2021.


Los participantes trabajaban en unidades hospitalarias y ambulatorias del Eradah Complex for Mental Health de Riad, un centro terciario especializado en salud mental y adicciones.


La experiencia profesional oscilaba entre 2 y 18 años, con una media de 9,5 años. Catorce participantes eran enfermeros asistenciales y cinco desempeñaban puestos de responsabilidad. La muestra estaba formada por diez mujeres y nueve hombres.


Las preguntas de los grupos focales se diseñaron a partir de una revisión previa sobre componentes culturalmente adaptados de la TCC para la esquizofrenia. Las conversaciones se analizaron mediante framework analysis.


Del análisis surgieron tres grandes áreas: aceptabilidad, barreras y facilitadores.


Primera cuestión: los profesionales consideraron aceptable la propuesta


En general, los participantes valoraron favorablemente la posibilidad de incorporar la TCC a su actividad profesional.


Los enfermeros reconocieron el posible valor de las intervenciones psicológicas para favorecer la recuperación y consideraron que su contacto continuado con los pacientes podría situarlos en una posición adecuada para desarrollar determinadas intervenciones estructuradas.


Este resultado es relevante en un sistema donde gran parte de la atención puede continuar organizada alrededor de un modelo predominantemente médico.


Pero aceptabilidad percibida no equivale a competencia para administrar TCC.


Los propios participantes reconocieron limitaciones en sus conocimientos y habilidades. La disposición favorable constituye, por tanto, un punto de partida para estudiar la implementación, no una demostración de que la intervención pueda introducirse directamente en la práctica asistencial.


La falta de claridad sobre el papel de enfermería


Una de las principales barreras identificadas fue la escasa definición del papel profesional de enfermería de salud mental respecto a la aplicación de intervenciones psicológicas.


Los participantes describieron incertidumbre sobre hasta dónde llegaban sus responsabilidades y sobre si la administración de TCC encajaba dentro de las funciones reconocidas por el sistema.


La cuestión resulta importante porque formar a profesionales en una nueva intervención no garantiza que puedan utilizarla posteriormente.


La implementación necesita también estructuras organizativas que definan competencias, responsabilidades, tiempos asistenciales y mecanismos de coordinación con psiquiatría, psicología y otros profesionales.


Por ello, los autores plantean la necesidad de clarificar las políticas que regulan las funciones de enfermería de salud mental antes de incorporar de forma estructurada este tipo de intervención.


El peso del modelo médico


Otro obstáculo señalado fue el predominio del modelo médico dentro de los servicios de salud mental.


Los participantes describieron un contexto en el que buena parte de la atención está orientada hacia medicación, control de síntomas y procedimientos asistenciales tradicionales, mientras que el papel de enfermería en intervenciones psicológicas puede recibir menos reconocimiento.


Esta cuestión va más allá de aprender técnicas de TCC.


Para introducir una intervención psicológica aplicada por enfermería sería necesario que la organización reconociera esa actividad como parte del trabajo clínico y proporcionara tiempo, recursos y supervisión.


El estudio sitúa así la implementación no solo como un problema de formación individual, sino también como un cambio organizativo.


Las dificultades para implicar a los pacientes


Los enfermeros también identificaron posibles problemas relacionados con la participación de las personas diagnosticadas de esquizofrenia.


La TCC requiere colaboración, continuidad y participación activa. En determinados momentos clínicos, algunos pacientes pueden presentar dificultades para mantener ese nivel de implicación.


Los participantes señalaron además que aplicar la intervención en unidades de hospitalización podría plantear dificultades específicas, mientras que el contexto ambulatorio podría facilitar una aplicación más estructurada.


Esto no significa que la TCC administrada por enfermería resulte inviable durante una hospitalización. El estudio recoge percepciones profesionales sobre posibles obstáculos, no una comparación experimental entre entornos asistenciales.


Formación específica: una condición indispensable


Entre los principales facilitadores apareció la disponibilidad de formación estructurada en TCC.


Los participantes consideraron que necesitarían adquirir conocimientos y habilidades específicos antes de asumir este tipo de intervención.


Los autores plantean que la implementación debería incluir no solo formación inicial, sino también supervisión clínica continuada.


Este aspecto es esencial para interpretar correctamente la propuesta.


El estudio no plantea que cualquier profesional de enfermería pueda aplicar TCC simplemente por mantener un contacto frecuente con pacientes con esquizofrenia. La propuesta se basa en profesionales específicamente formados, supervisados y respaldados por la organización.


El apoyo de los responsables de enfermería


La dirección y gestión de enfermería apareció como otro facilitador importante.


El respaldo organizativo puede determinar si los profesionales disponen de tiempo para formarse, practicar las habilidades adquiridas y recibir supervisión.


Los participantes señalaron el apoyo de la gestión de enfermería como una condición que podría facilitar la incorporación de la intervención.


Esto refuerza una de las principales conclusiones del estudio: ampliar las competencias profesionales no depende únicamente de formar a individuos.


Es necesario modificar simultáneamente elementos de política profesional, organización del servicio, coordinación interdisciplinar y supervisión.


Adaptación cultural y participación familiar


La familia ocupó también un lugar destacado.


En el proyecto más amplio del que forma parte este estudio, pacientes y familiares habían identificado cuestiones culturales relacionadas con creencias, comunicación, participación familiar, características del terapeuta y alianza terapéutica.


Los profesionales de enfermería también señalaron la implicación de la familia como posible facilitador.


La adaptación cultural de una intervención no consiste únicamente en traducir materiales. Puede requerir considerar cómo se entiende la enfermedad, quién participa en las decisiones, cómo se comunica el malestar y qué papel desempeña la familia.


Sin embargo, la participación familiar debe ser apropiada para cada caso y compatible con las preferencias y autonomía de la persona atendida.


Un posible ejemplo de task-sharing en salud mental


El estudio se relaciona con un concepto de creciente interés: el task-sharing o distribución de determinadas tareas entre profesionales adecuadamente formados.


Cuando existe escasez de especialistas, algunas intervenciones estructuradas pueden ser administradas por otros profesionales sanitarios tras recibir formación y supervisión específicas.


En este caso, los enfermeros mantienen un contacto continuado con personas con trastornos mentales graves y constituyen un grupo profesional numeroso dentro de los servicios saudíes. Los autores consideran que esta posición podría aprovecharse para ampliar el acceso a intervenciones psicológicas.


Pero antes de hablar de ampliación asistencial será necesario demostrar que el modelo es factible, seguro y clínicamente útil.


Lo que este estudio todavía no demuestra


La naturaleza cualitativa del trabajo marca claramente sus límites.


Los investigadores no aplicaron la TCC propuesta ni compararon pacientes tratados y no tratados.


Tampoco evaluaron cambios en síntomas positivos o negativos, funcionamiento, calidad de vida, recuperación personal, hospitalizaciones o recaídas.


Por tanto, no puede concluirse a partir de este estudio que una TCC administrada por enfermería sea eficaz en esta población.


Además, los 19 participantes procedían de un único hospital de Riad, lo que limita la posibilidad de trasladar automáticamente sus opiniones a otros centros de Arabia Saudí o a otros sistemas sanitarios.


La recogida de datos se realizó durante la pandemia de COVID-19, una circunstancia que también pudo influir en las condiciones laborales y percepciones de los participantes.


De la aceptabilidad a la evaluación real de la intervención


El estudio debe entenderse como una etapa dentro del desarrollo de una intervención compleja.


El siguiente paso planteado por los investigadores incluye desarrollar un manual de formación para profesionales de enfermería y realizar una evaluación de viabilidad que permita estudiar aceptabilidad, capacidad de administración e implementación de la TCC adaptada.


Solo posteriormente podrán abordarse preguntas de mayor nivel: si la intervención produce beneficios clínicos, si estos se mantienen y si el modelo puede implementarse a mayor escala.


La investigación muestra así la distancia que existe entre identificar una necesidad asistencial y demostrar que una nueva forma de prestar atención produce mejores resultados.


Conclusiones prácticas


1. Los 19 profesionales participantes mostraron una actitud generalmente favorable hacia una TCC culturalmente adaptada para personas con esquizofrenia.

2. La falta de claridad sobre las funciones de enfermería, el predominio del modelo médico y las dificultades de participación de algunos pacientes fueron las principales barreras percibidas.

3. Formación específica, supervisión clínica, apoyo de la gestión y participación apropiada de las familias fueron identificados como facilitadores.

4. El estudio analiza aceptabilidad y viabilidad anticipada: no demuestra que la TCC administrada por enfermería sea eficaz.

5. La propuesta sugiere que ampliar el acceso a intervenciones psicológicas requiere actuar simultáneamente sobre formación, competencias profesionales y organización de los servicios.


El principal mensaje del estudio no es que la enfermería pueda sustituir a otros profesionales en la administración de psicoterapia, sino que profesionales adecuadamente formados y supervisados podrían ampliar la capacidad de los servicios para ofrecer intervenciones psicológicas estructuradas, una hipótesis que todavía deberá evaluarse empíricamente.


 


 


Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)


Fuente original: Mental Health Nurses' Perspectives on Cognitive Behavioural Therapy for Individuals Diagnosed with Schizophrenia in Saudi Arabia: A Qualitative Study. Healthcare. 2026;14(17):2852. Publicado el 4 de septiembre de 2026. DOI: 10.3390/healthcare14172852.


Texto completo disponible en:https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC13566609/


Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.

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