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La relación entre asertividad y autoestima

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Noticia | Fecha de publicación: 13/12/2025
Artículo revisado por nuestra redacción

La asertividad y la autoestima mantienen una relación profunda y bidireccional que ha sido ampliamente estudiada en psicología clínica, educativa y de la salud. Comprender este vínculo resulta fundamental para profesionales que buscan intervenir en problemas de comunicación interpersonal, inseguridad, trastornos de ansiedad, conflictos laborales o deterioro emo...

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La asertividad y la autoestima mantienen una relación profunda y bidireccional que ha sido ampliamente estudiada en psicología clínica, educativa y de la salud. Comprender este vínculo resulta fundamental para profesionales que buscan intervenir en problemas de comunicación interpersonal, inseguridad, trastornos de ansiedad, conflictos laborales o deterioro emocional.



La asertividad se define como la capacidad de expresar pensamientos, emociones y derechos personales de manera clara, directa y respetuosa, sin caer en la pasividad ni en la agresividad. Por su parte, la autoestima es la valoración subjetiva que una persona hace de sí misma: cómo percibe su valía, sus capacidades y su derecho a ser respetada.



Diversas investigaciones señalan que ambos conceptos se refuerzan mutuamente. Cuando una persona se siente valiosa, expresa mejor sus necesidades; y cuando logra comunicarse asertivamente, confirma internamente su propio valor. No obstante, este equilibrio no suele ser espontáneo: requiere práctica, autoconocimiento y, en ocasiones, acompañamiento profesional.



Cómo la asertividad influye en la autoestima



Una persona poco asertiva suele experimentar dificultades para establecer límites, pedir ayuda o comunicar desacuerdos. Con el tiempo, esta inhibición se transforma en frustración interna, sensación de injusticia o percepción de escasa valía personal. Esto debilita progresivamente la autoestima, generando un ciclo de vulnerabilidad emocional.



Por el contrario, ejercer la asertividad aporta múltiples beneficios psicológicos:



 





  • Refuerza la percepción de control personal (locus de control interno).





  • Disminuye la autoexigencia y la evitación.





  • Reduce la probabilidad de experimentar culpa o resentimiento.





  • Genera experiencias positivas que confirman la propia eficacia.





 



Además, cuando la persona ve que sus límites son respetados y sus opiniones escuchadas, su autoconfianza aumenta. No se trata de imponerse, sino de reconocerse como alguien con los mismos derechos que los demás.



Cómo la autoestima facilita la conducta asertiva



Las personas con baja autoestima suelen temer ser rechazadas, juzgadas o ridiculizadas. Esta inseguridad emocional dificulta el uso de habilidades comunicativas eficaces. Desde la psicología clínica se ha comprobado que quienes presentan una autopercepción negativa tienden a:





  • Evitar expresar necesidades por miedo al conflicto.





  • Minimizar sus opiniones o ceder para “no molestar”.





  • Sentirse incompetentes en situaciones sociales.





Por el contrario, una autoestima sólida actúa como base para la comunicación saludable: permite tolerar el desacuerdo, afrontar la crítica y situarse en igualdad en las relaciones interpersonales.



De este modo, trabajar la autoestima no solo mejora la percepción personal, sino que también habilita la práctica de conductas asertivas más estables y consistentes.



Entrenamiento asertivo: un puente entre autoestima y bienestar



La terapia psicológica —especialmente la terapia cognitivo-conductual— incluye el entrenamiento en habilidades sociales como una herramienta clave para mejorar la autoestima a través de la acción. La asertividad no se reduce a “decir las cosas sin miedo”, sino a aprender métodos específicos para comunicar límites, gestionar conflictos y defender los propios derechos.



A mitad de este recorrido, es útil introducir un punto clave del entrenamiento conductual, que suele presentarse así dentro de la literatura:



Dentro de las técnicas para desarrollar la asertividad, conviene destacar las siguientes:





  • Ensayo conductual ante situaciones socialmente exigentes.





  • Reestructuración cognitiva para cuestionar creencias irracionales.





  • Técnicas de banco de niebla y disco rayado para mantener la postura de forma calmada.





  • Aprender a decir “no” sin culpa, con frases preparadas y lenguaje corporal adecuado.





  • Expresión emocional adecuada: comunicar malestar sin agresión.





  • Asertividad empática: incorporar comprensión emocional hacia el otro.





Estas técnicas permiten a la persona pasar de saber “lo que debería hacer” a poder hacerlo en escenarios reales, lo cual supone un aumento directo de la autoestima a través de experiencias de éxito.



 



Asertividad, autoestima y su relación con la ansiedad social



En la segunda mitad del análisis, es relevante mencionar un fenómeno clínico frecuente: la fobia social. Este trastorno de ansiedad se caracteriza por un miedo intenso y persistente a ser evaluado negativamente por los demás. Sus síntomas taquicardia, bloqueo, evitación, angustia anticipatoria, afectan gravemente la capacidad para comunicarse con naturalidad.



La fobia social se asocia tradicionalmente a niveles bajos de autoestima y a déficits en habilidades asertivas. Las personas que la padecen suelen interpretar las situaciones sociales como amenazas a su valía personal, lo que favorece tanto la inhibición como la autoevaluación negativa.



El trabajo terapéutico integrativo es crucial en estos casos:





  • La asertividad ayuda a enfrentar situaciones sociales con herramientas concretas.





  • La mejora de la autoestima reduce la autoexigencia y el temor al juicio.





  • La exposición gradual desactiva el sistema de evitación que mantiene el trastorno.





De este modo, la combinación de autoestima y asertividad no solo mejora la comunicación interpersonal, sino que se convierte en un pilar terapéutico en el tratamiento de la ansiedad social.



Un círculo virtuoso entre autoimagen y comunicación



La relación entre asertividad y autoestima es dinámica y profundamente transformadora. Practicar la asertividad mejora la percepción de valía personal; y consolidar la autoestima facilita la expresión abierta, respetuosa y equilibrada de pensamientos y emociones.



Para profesionales de la psicología y la psiquiatría, comprender esta interacción es clave para intervenir en trastornos de ansiedad, conflictos interpersonales y problemas de autoimagen. Apostar por un enfoque integrador —que incluya entrenamiento asertivo, fortalecimiento de la autoestima y estrategias adaptadas al perfil de cada paciente— es una vía efectiva para promover bienestar emocional duradero.



 

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