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Las secuelas de los trastornos alimentarios, sufridos en su gran mayoría por mujeres, se mantienen durante años



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Noticia | Noticia PUBLICO GENERAL | Fecha de publicación: 02/01/2026
Artículo revisado por nuestra redacción

  Las secuelas físicas y psicológicas derivadas de los trastornos de alimentación, sufridos en su gran mayoría por mujeres, se perpetúan durante años, como evidencia un estudio de cohorte británico. Como expone el trabajo, tras el diagnóstico inicial de un trastorno de la alimentación se eleva el riesgo de consecuencias adversas...



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Las secuelas físicas y psicológicas derivadas de los trastornos de alimentación, sufridos en su gran mayoría por mujeres, se perpetúan durante años, como evidencia un estudio de cohorte británico.


Como expone el trabajo, tras el diagnóstico inicial de un trastorno de la alimentación se eleva el riesgo de consecuencias adversas para la salud física, como diabetes, insuficiencia renal y hepática, osteoporosis y fracturas.


“Se trata de pacientes que tienen mucho riesgo vital, al final el cuerpo está al límite y vemos mucha afectación hepática”, expone Covadonga Canga Espina, especialista en Psiquiatría infanto-juvenil en la Clínica Universitaria de Navarra y quien atiende regularmente este tipo de casos clínicos. 


En este nuevo estudio, publicado en la revista BMJ Medicine, se analizaron casi 25.000 pacientes con anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracón y todos los demás tipos combinados, mientras que el grupo de comparación comprendió 493.000 individuos.


En cada grupo, dos tercios tenían entre 10 y 24 años y el 89 % de los individuos eran mujeres, la población más afectada por este tipo de trastornos.


“Desde siempre estos trastornos son más frecuentes en la población femenina”, destaca la especialista. Otro estudio del 2023, informaba que en España, las niñas y mujeres representan hasta 9 de cada 10 casos.


Según la investigación de Reino Unido, que analizó registros durante 20 años, entre las secuelas de salud física más comunes derivadas de los trastornos alimentarios destacan la diabetes, insuficiencia renal y hepática, fracturas y osteoporosis. Esta última “suele aparecer más a largo plazo porque está relacionada con la falta de menstruación.


Al final, el cuerpo de una niña que está en una situación de desnutrición se pone en un estado de alerta, en modo ahorro: conserva las funciones primordiales, que son el cerebro, corazón, pulmones e intestinos y apaga aquellas que no son vitales, como puede ser la reproducción.


Razón por la cual las chicas suelen presentar una situación de amenorrea, falta de regla, y pueden llegar a tener fracturas por osteoporosis a medio plazo”, destaca Canga. 


En la población estudiada con un trastorno alimentario, los investigadores británicos detectaron además altos niveles de problemas de salud mental y conductual preexistentes y coexistentes, como depresión, ansiedad y trastornos de la personalidad, con un riesgo sostenido de muerte a corto y largo plazo.


Tanto que, un año después del diagnóstico, el riesgo de enfermedades mentales se multiplicaba por siete y el de autolesiones por más de nueve. Complicaciones recurrentes que la especialista de la Universidad de Navarra observa en consulta. “Las autolesiones y los síntomas depresivos se ven al principio, son propios de una persona que está todo el rato luchando. Al final, es una guerra entre tu cabeza, que te dice que no comas, y la necesidad que te pide el cuerpo”, apunta. 


No obstante, como agrega, “una vez que pasa la renutrición, que es la recuperación de peso necesaria para tener una estabilidad vital, muchas veces las personas se ven muy mal físicamente y también pueden aparecer síntomas depresivos, autolesiones, por el malestar generado por la recuperación de peso”.


De acuerdo con los resultados del estudio, el riesgo de consecuencias adversas para la salud física, así como para la salud mental y la mortalidad, se extendió más allá de los cinco años posteriores al diagnóstico de un trastorno alimentario.


Un seguimiento integral para trastornos complejos y duraderosLos resultados mostraron que, después del tratamiento, que en este caso consiste en rehabilitación de los patrones correctos de nutrición y la recuperación del peso, se podían manifestar o agravar algunas alteraciones cardiometabólicas.


“Cuando una persona que come muy poquito pasa a aumentar la cantidad de nutrientes de forma rápida, su cuerpo puede tener una reacción adversa y puede haber fallo hepático. Porque al final es como pasar de cero a cien.


Por lo que hay que hacerlo de forma progresiva para evitar un fallo hepático o alteraciones cardiacas”, explica la experta. No obstante, como aclara, ella no ha tenido tales casos: “la recuperación en cuanto a alimentación se hace de forma muy lenta para evitarlos”.


Entre las conclusiones de su trabajo, los autores resaltan la necesidad de estrategias de atención integral que aborden tanto la salud física como la mental en el manejo de las personas con trastornos alimentarios. Ya que la recuperación, asegura Canga, “se prolonga años y es compleja”.


Según detalla, los aspectos relacionados con la renutrición responden a la fase más aguda, “pero luego tenemos un trabajo de psicoterapia a nivel personal súper largo y que acompaña muchas fases diferentes, que incluyen el crecimiento del paciente. A veces se trata de personas muy jóvenes, niñas”, recuerda la especialista, quen advierte de un fenómeno preocupante. 


Como apunta un estudio en el que ha participado y que se publicó el pasado mayo, se ha adelantado bastante la edad de la detección de estos trastornos. “Tenemos niños y niñas de 12 e incluso menores diagnosticados”, manifiesta Conga, para quien la redes sociales y su exposición tienen una gran influencia.


Por ello, como destaca su trabajo, el pediatra desempeña un rol fundamental en la prevención, detección y manejo integral de los trastornos de alimentación. Su labor abarca la promoción de una relación sana con la alimentación y el cuerpo, la identificación precoz de los signos de alerta, el diagnóstico clínico, la monitorización de las complicaciones médicas y la coordinación con el equipo interdisciplinar. 


 

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