Una alternativa breve a los protocolos convencionales
El trastorno de pánico se caracteriza por ataques de pánico recurrentes y por la aparición de cambios conductuales o cognitivos relacionados con el temor a sufrir nuevos episodios. Su impacto puede extenderse al funcionamiento laboral, social y familiar, especialmente cuando se acompaña de agorafobia o de conductas persistentes de evitación.
La terapia cognitivo-conductual (TCC) constituye una de las intervenciones psicológicas con mayor respaldo para este trastorno. Sin embargo, los protocolos convencionales pueden prolongarse durante varios meses. Esta circunstancia ha favorecido el desarrollo de formatos más breves e intensivos que intentan mantener los componentes terapéuticos fundamentales reduciendo el número de sesiones.
Un estudio publicado en enero de 2026 en BMC Psychiatry ha evaluado precisamente uno de estos modelos: Bergen Repeated One-Session Treatment (BrOST), una intervención individual de cuatro sesiones desarrollada a partir del Bergen 4-Day Treatment (B4DT).
El interés clínico del trabajo reside no solo en su duración, sino también en su planteamiento terapéutico: el objetivo no se centra exclusivamente en conseguir que disminuya la ansiedad durante la exposición, sino en modificar la forma en que la persona se aproxima intencionalmente a las sensaciones y situaciones temidas.
¿En qué consiste BrOST?
BrOST conserva parte de la base conceptual del B4DT, pero modifica sustancialmente su formato. Mientras el B4DT original concentra el tratamiento durante cuatro días consecutivos y combina trabajo individual con un contexto grupal, BrOST se administra de forma individual durante cuatro sesiones distribuidas a lo largo de dos o tres semanas.
El tiempo total de contacto con el terapeuta es de aproximadamente seis horas, frente a unas 21 horas por paciente descritas para el formato B4DT.
Las dos primeras sesiones tuvieron una duración aproximada de entre 90 y 150 minutos, mientras que las dos últimas se situaron entre 45 y 60 minutos. El tratamiento incluyó psicoeducación, exposición interoceptiva, exposición in vivo y tareas entre sesiones adaptadas a los patrones de evitación de cada paciente.
El papel de la intención durante la exposición
Uno de los elementos diferenciales de BrOST es el protocolo denominado Leaning into Anxiety (LET).
Desde este enfoque, el terapeuta presta especial atención a las intenciones que acompañan al comportamiento del paciente. Una misma exposición puede realizarse intentando comprobar que la ansiedad desaparece, utilizando estrategias de seguridad o, por el contrario, aproximándose voluntariamente a la experiencia temida sin recurrir a la evitación.
Por ello, el éxito de la exposición no se define únicamente por su dificultad o por la reducción inmediata de los síntomas. El tratamiento busca que el paciente adopte una actitud activa y flexible frente a las sensaciones de ansiedad y reduzca progresivamente las conductas que mantienen la interferencia del trastorno en la vida cotidiana.
Este matiz resulta relevante desde el punto de vista clínico porque desplaza parte del foco desde el control de la ansiedad hacia la relación que la persona establece con ella durante la exposición.
Un estudio realizado en condiciones asistenciales reales
La investigación tuvo un diseño naturalista y participaron 27 pacientes atendidos en un servicio público noruego especializado en salud mental. El diagnóstico de trastorno de pánico se confirmó mediante la Mini International Neuropsychiatric Interview (MINI).
El 59,3% presentaba trastorno de pánico con agorafobia, mientras que el 40,7% restante no presentaba agorafobia. La edad media fue de 30,48 años y aproximadamente tres cuartas partes de la muestra eran mujeres.
También existía comorbilidad psiquiátrica. Se identificaron episodios depresivos, trastorno de ansiedad generalizada y ansiedad social. Además, el 37% de los participantes utilizaba inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.
La evolución clínica se valoró antes del tratamiento, una semana después de finalizarlo y a los tres meses.
Las principales herramientas utilizadas fueron:
- Panic Disorder Severity Scale (PDSS) para la gravedad del trastorno de pánico.
- GAD-7 para síntomas de ansiedad generalizada.
- PHQ-9 para síntomas depresivos.
- CSQ-8 para satisfacción con el tratamiento.
Reducción marcada de los síntomas de pánico
El resultado principal fue una disminución importante de las puntuaciones en la PDSS.
La media pasó de 15,00 puntos antes del tratamiento a 5,19 una semana después, y descendió hasta 4,26 puntos en el seguimiento a tres meses. La diferencia global a lo largo del tiempo fue estadísticamente significativa.
El tamaño del efecto entre la evaluación basal y el postratamiento fue muy elevado (d = 2,65). A los tres meses continuaba siendo similar, con d = 2,60.
Además, no se detectaron diferencias significativas entre el postratamiento y el seguimiento, lo que sugiere que la mejoría observada al terminar las cuatro sesiones se mantuvo durante los tres meses posteriores.
¿Qué ocurrió con la ansiedad general y la depresión?
Los cambios no se limitaron a los síntomas específicos de pánico.
Las puntuaciones del GAD-7 descendieron desde una media de 9,22 antes del tratamiento hasta 5,47 a los tres meses, con un tamaño del efecto de d = 0,79 entre el inicio y el seguimiento.
Los síntomas depresivos evaluados mediante PHQ-9 también disminuyeron: de 9,44 puntos inicialmente a 6,28 a los tres meses, con un tamaño del efecto de d = 0,73.
Conviene matizar que las reducciones inmediatamente posteriores al tratamiento en GAD-7 y PHQ-9 no alcanzaron significación estadística, mientras que sí lo hicieron al comparar la evaluación inicial con los tres meses. Por tanto, los datos sobre ansiedad general y depresión deben interpretarse como resultados secundarios y no como demostración de eficacia específica sobre estas condiciones.
Alta satisfacción y ausencia de abandonos
Otro resultado relevante fue la aceptabilidad del formato.
La puntuación media en la CSQ-8 fue de 28,9 sobre un máximo de 32, compatible con un nivel elevado de satisfacción. Además, ninguno de los 27 participantes abandonó el tratamiento durante las cuatro sesiones.
Desde la perspectiva de organización asistencial, estos datos son especialmente interesantes. Un protocolo que concentre la intervención en aproximadamente seis horas podría reducir la carga de sesiones tanto para pacientes como para servicios, aunque todavía no puede concluirse que sea más eficiente o coste-efectivo sin estudios específicamente diseñados para evaluar esas variables.
Resultados coherentes con la investigación previa sobre tratamientos concentrados
Los hallazgos de BrOST no aparecen de forma aislada. Estudios anteriores sobre B4DT también han encontrado reducciones importantes en la gravedad del trastorno de pánico.
Por ejemplo, una investigación realizada en otro entorno clínico con 30 pacientes describió reducciones significativas de la PDSS, tasas de remisión del 80% después del tratamiento y del 86,7% durante el seguimiento, junto con alta satisfacción y ausencia de abandonos. Ese trabajo también fue publicado en BMC Psychiatry bajo licencia CC BY 4.0.
La existencia de resultados positivos en diferentes estudios aumenta el interés por los tratamientos concentrados, pero no elimina la necesidad de comparaciones directas con TCC convencional y con condiciones de control.
Limitaciones que deben tenerse en cuenta
Los propios autores consideran los resultados preliminares.
Se trata de una muestra pequeña de 27 pacientes, sin grupo control ni aleatorización. Tampoco se realizaron evaluaciones independientes ni se midió formalmente la fidelidad de los terapeutas al protocolo. Además, algunos participantes pudieron recibir atención adicional después de la fase activa del tratamiento.
Estas características impiden atribuir con certeza toda la mejoría observada exclusivamente a BrOST y limitan la generalización de los resultados.
Por ello, afirmar que cuatro sesiones son equivalentes a los protocolos convencionales sería prematuro. Serán necesarios ensayos controlados, muestras mayores, seguimientos más prolongados y estudios en diferentes sistemas sanitarios.
Conclusiones prácticas
BrOST aporta un enfoque interesante al debate sobre cómo hacer más accesibles los tratamientos psicológicos basados en la evidencia.
En este estudio naturalista, cuatro sesiones individuales y aproximadamente seis horas de contacto terapéutico se asociaron con una reducción muy marcada de los síntomas de pánico, mantenida durante al menos tres meses. La satisfacción fue elevada y no se produjeron abandonos.
Para los profesionales de salud mental, el aspecto más novedoso probablemente no sea únicamente la reducción del número de sesiones. BrOST propone trabajar explícitamente sobre la intención con la que el paciente afronta la ansiedad y sobre las conductas de seguridad que aparecen durante la exposición.
Los datos justifican seguir investigando este modelo, pero todavía deben considerarse evidencia preliminar y no una demostración de superioridad o equivalencia frente a la TCC estándar.
Resumen y adaptación editorial: María Dolores Asensio Moreno (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Basado y adaptado de Hansen B, Hjelle KM, Björgvinsson T, et al. Brief treatments for panic disorder: a pilot study of the Bergen repeated one-session treatment format. BMC Psychiatry. 2026;26:20. https://doi.org/10.1186/s12888-025-07499-4. Licencia CC BY 4.0. El contenido ha sido adaptado y reescrito para fines de divulgación profesional.
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