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El estrés, la ansiedad y la depresión aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas



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Artículo | 19/09/2022

Este estudio nos muestra que las patologías cardiovasculares y los trastornos emocionales comparten una epidemiología común, lo que sugiere la existencia de vías que vinculan estas diferentes enfermedades. Los factores socioeconómicos, los rasgos de personalidad y el comportamiento de salud de un paciente pueden contribuir al curso de la enfermedad cardiovascular. En este artículo, se presentan varios argumentos psicológicos, biológicos y genéticos en apoyo de la hipótesis de que pueden estar involucrados varios mecanismos etiológicos. Finalmente, los autores se ocupan de las estrategias biológicas y psicológicas, en un contexto de enfermedades cardiovasculares, ayudando a los pacientes a comprender la influencia de los factores de riesgo psicobiológicos y a construir estrategias para controlar el estrés diario.

Existe evidencia que afirma el impacto de los factores psicológicos en la aparición de enfermedades cardíacas. La depresión, una enfermedad con una carga psicosocial muy alta, también tiene un efecto perjudicial en términos de enfermedades cardiovasculares. De hecho, las personas que sufren de depresión tienen el doble de probabilidades frente a la población general de desarrollar un infarto de miocardio. Por lo tanto, es importante considerar las relaciones psicológicas, conductuales y biológicas entre el cerebro y el corazón para reducir las posibles consecuencias adversas, ya que los estados emocionales negativos están fuertemente asociados con accidentes cardiovasculares.

La depresión mayor es a veces la causa de trastornos psicoconductuales, como la pérdida de interés en llevar a cabo tareas simples como la preparación de comidas o actividad física, lo que conlleva a malos hábitos de vida de los pacientes deprimidos. Durante un episodio de depresión caracterizada, que en sí mismo es un factor importante de estrés, el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal se activa fuertemente; causando un aumento en los niveles séricos de cortisol. Esta hipercortisolemia crónica podría correlacionarse con el desarrollo de la aterosclerosis y reflejar otra similitud biológica entre la depresión y las enfermedades cardíacas.

Como se ha comentado anteriormente, el efecto de múltiples estímulos hace que el cuerpo responda de manera biológica, cognitiva y emocional. La respuesta al estrés implica la activación central de los sistemas cerebrales responsables del análisis del entorno. Esta respuesta es importante y no parece ser perjudicial, ya que promueve un equilibrio fisiológico en respuesta a los factores estresantes ambientales comunes. Sin embargo, en el caso de los factores estresantes crónicos y principalmente psicosociales, el sistema puede verse abrumado por la hiperactivación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal y del sistema nervioso autónomo con desregulación de la presión arterial y los niveles de cortisol. Además, se produce una respuesta inmunoinflamatoria con la producción de citoquinas. Si este fenómeno dura mucho tiempo, los efectos fisiopatológicos pueden conducir a trastornos metabólicos y enfermedades cardiovascular. Entonces, factores psicológicos como el estrés percibido, el estilo de afrontamiento, los rasgos de personalidad o el apoyo social pueden modular la respuesta al estrés.

Los grupos de personalidad son una noción importante. De hecho, en los primeros informes, la personalidad de tipo A, definida por la combinación de varios rasgos como un sentido de urgencia de tiempo, adicción al trabajo, impulsividad y una excesiva competitividad, se asoció con la enfermedad arterial coronaria, ya que aumentaba significativamente los riesgos de hipercortisolemia e hipertensión, así como los malos hábitos de vida. Las personas con personalidad de tipo D, experimentan dificultades extremas para dirigirse hacia otras personas, con un estilo de afrontamiento evitativo. La falta de apoyo social está también asociada con las enfermedades cardiovasculares.

Por tanto, como se ha podido comprobar, existe una fuerte relación entre las alteraciones cerebrales y las enfermedades cardiovasculares. Esta asociación muestra la importancia de los hábitos saludables y la evitación del estrés para prevenir los accidentes mencionados, incrementados en los últimos años por factores externos.

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Fuente: ScienceDirect
Palabras clave: Estrés, ansiedad, depresión, enfermedad cardiovascular
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