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Trastorno de personalidad histriónica



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Artículo | Fecha de publicación: 06/10/2026
Artículo revisado por nuestra redacción
Contenido elaborado con apoyo de IA y supervisión editorial médica.

El trastorno de personalidad histriónica (TPH) se ha descrito tradicionalmente como un patrón persistente de emocionalidad intensa, búsqueda de atención y comportamientos interpersonales orientados a obtener aprobación o reconocimiento. En el DSM-5-TR continúa incluido entre los trastornos de personalidad del grupo B, junto con los trastornos borderline, n...

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El trastorno de personalidad histriónica (TPH) se ha descrito tradicionalmente como un patrón persistente de emocionalidad intensa, búsqueda de atención y comportamientos interpersonales orientados a obtener aprobación o reconocimiento. En el DSM-5-TR continúa incluido entre los trastornos de personalidad del grupo B, junto con los trastornos borderline, narcisista y antisocial.


Sin embargo, la conceptualización de la personalidad patológica está experimentando una transformación importante. La ICD-11 ha abandonado los tipos clásicos de trastornos de personalidad, incluido el TPH como diagnóstico específico, para priorizar la gravedad de la alteración de la personalidad y una descripción mediante dominios de rasgos. Este cambio resulta especialmente relevante en el TPH, donde existe un notable solapamiento con otras formas de psicopatología de la personalidad.


Del concepto de histeria al trastorno de personalidad


Los antecedentes históricos del TPH están vinculados al antiguo concepto de «histeria», término procedente del griego hystera —útero— y asociado durante siglos de manera errónea a la fisiología femenina. Con el desarrollo de la neurología, la psiquiatría y posteriormente el psicoanálisis, esta interpretación fue progresivamente sustituida por explicaciones psicológicas y psicopatológicas.


Esta trayectoria histórica no es irrelevante para la práctica actual. Algunos rasgos tradicionalmente asociados a lo histriónico estuvieron condicionados por concepciones culturales y de género, por lo que conductas como la expresividad emocional, la seducción o determinadas formas de sociabilidad no deberían interpretarse aisladamente como indicadores de patología.


La cuestión clínica fundamental no es, por tanto, si una persona resulta especialmente expresiva, teatral o busca atención, sino si existe un patrón persistente de funcionamiento que produce deterioro significativo y afecta de manera estable a su relación consigo misma y con los demás.


El diagnóstico exige una perspectiva longitudinal


Uno de los principales riesgos en la evaluación del TPH es convertir determinados comportamientos llamativos en marcadores diagnósticos. Una crisis emocional, una conducta seductora o una intensa búsqueda de aprobación no bastan para establecer un trastorno de personalidad.


La evaluación debe estudiar la estabilidad del patrón a lo largo del tiempo, su presencia en diferentes contextos y su impacto sobre el funcionamiento interpersonal, social y laboral.


Esto hace especialmente relevante combinar la entrevista clínica con la historia evolutiva, la exploración psicopatológica y, cuando resulte apropiado, información procedente de otras fuentes. Los instrumentos psicométricos pueden complementar este proceso, pero sus resultados no sustituyen a la formulación clínica.


El giro hacia los modelos dimensionales


Uno de los avances más importantes en este campo es la transición desde categorías diagnósticas rígidas hacia modelos dimensionales.


La ICD-11 representa claramente este cambio: en lugar de diagnosticar específicamente una «personalidad histriónica», propone establecer primero la presencia y gravedad del trastorno de personalidad y describir después los rasgos predominantes mediante los dominios de afectividad negativa, desapego, disocialidad, desinhibición y anancastia.


Una revisión publicada en Frontiers in Psychiatry encontró que el patrón histriónico se relacionaba principalmente, aunque de forma heterogénea, con disocialidad, desinhibición y afectividad negativa, además de mostrar asociaciones negativas con el desapego. Esto encaja con características como la búsqueda de atención, la expresividad interpersonal, la impulsividad o la labilidad emocional.


Otros modelos basados en rasgos generales de personalidad sitúan los patrones externalizantes —entre ellos los rasgos histriónicos, narcisistas, antisociales y borderline— en configuraciones relacionadas con mayor extraversión, apertura y búsqueda de sensaciones, junto con menor amabilidad y control conductual.


Estos modelos no son equivalentes entre sí, pero ayudan a comprender por qué los límites entre los diagnósticos tradicionales pueden resultar poco precisos.


Diagnóstico diferencial: dónde están las principales dificultades


Trastorno de personalidad borderline


TPH y trastorno de personalidad borderline (TPB) pueden compartir inestabilidad emocional, impulsividad, relaciones interpersonales intensas y conductas destinadas a obtener respuesta de los demás.


En el diagnóstico diferencial resulta necesario analizar el conjunto del funcionamiento de la personalidad. En el TPB adquieren especial relevancia fenómenos como las alteraciones de identidad, las conductas autolesivas o suicidas recurrentes y determinados patrones asociados al temor al abandono. La simple presencia de dramatización o búsqueda de atención no permite diferenciar ambos cuadros.


Trastorno de personalidad narcisista


La necesidad de reconocimiento también puede aparecer tanto en los patrones histriónicos como en los narcisistas. La diferencia clínica no debe establecerse únicamente por la presencia de búsqueda de atención, sino por la función que esta desempeña dentro del patrón global de personalidad, las expectativas interpersonales y la forma en que la persona construye su autovaloración y sus relaciones.


Trastorno bipolar


La diferenciación respecto al trastorno bipolar tiene especial importancia. Durante un episodio maníaco o hipomaníaco pueden aparecer expansividad, incremento de la sociabilidad, desinhibición, impulsividad o conductas sexuales de riesgo.


La temporalidad constituye aquí una clave clínica fundamental. Los trastornos de personalidad describen patrones persistentes de funcionamiento, mientras que el trastorno bipolar se caracteriza por episodios afectivos delimitados. La evaluación longitudinal permite establecer si el comportamiento aparece fundamentalmente durante episodios de alteración del estado de ánimo o representa una forma más estable de funcionamiento.


Implicaciones para el abordaje terapéutico


La evidencia específicamente dedicada al tratamiento del TPH continúa siendo mucho más limitada que la disponible para otros trastornos de personalidad, particularmente el TPB. Por ello, conviene evitar extrapolar automáticamente intervenciones desarrolladas para otros diagnósticos.


La psicoterapia constituye el eje del abordaje psicológico, con objetivos que pueden incluir una mejor identificación y regulación de las emociones, el análisis de patrones interpersonales problemáticos, la reducción de conductas impulsivas y el desarrollo de formas más adaptativas de obtener apoyo y reconocimiento.


La psicoeducación también puede facilitar la comprensión de patrones repetitivos y favorecer la participación en el proceso terapéutico. Más que asumir que las personas con TPH pertenecen necesariamente a un perfil «resistente al tratamiento», resulta clínicamente más preciso evaluar individualmente la motivación, los objetivos terapéuticos y las barreras para mantener la intervención.


La farmacoterapia, por su parte, no constituye un tratamiento específico de los rasgos histriónicos. Su utilización puede plantearse en función de trastornos o síntomas comórbidos, dentro de una valoración clínica individualizada. Estudios recientes sobre los trastornos del grupo B muestran precisamente la necesidad de diferenciar el uso de psicofármacos del tratamiento específico de la patología de personalidad.


Una literatura todavía limitada


El TPH continúa siendo uno de los trastornos de personalidad menos investigados. Buena parte de su conceptualización procede de modelos diagnósticos históricos y existe menos evidencia específica sobre evaluación, evolución y tratamiento que para otros cuadros.


Los modelos dimensionales pueden contribuir a superar algunas de estas dificultades al estudiar componentes concretos del funcionamiento y los rasgos de personalidad en lugar de asumir categorías completamente independientes. Una revisión de nueve estudios encontró asociaciones clínicamente coherentes entre los antiguos tipos diagnósticos y los dominios de rasgos de la ICD-11, aunque sus autores señalan limitaciones importantes y la necesidad de incorporar más evaluaciones realizadas por clínicos.


Conclusiones prácticas


El trastorno de personalidad histriónica requiere una evaluación longitudinal y contextualizada. La expresividad emocional, la búsqueda de atención o la conducta seductora no constituyen por sí mismas un diagnóstico.


El solapamiento con el TPB, el trastorno narcisista y determinados episodios afectivos obliga a valorar cuidadosamente la temporalidad, el funcionamiento interpersonal, la identidad y el deterioro asociado.


Además, la ICD-11 introduce un cambio conceptual importante: ya no reconoce el TPH como una categoría independiente, sino que propone describir la gravedad de la alteración de personalidad y sus dominios de rasgos.


Para la práctica clínica, este enfoque puede favorecer formulaciones más individualizadas y reducir la dependencia de etiquetas diagnósticas cuyos límites presentan un considerable solapamiento. Al mismo tiempo, la escasez de estudios específicamente centrados en el TPH hace necesario mantener prudencia respecto a su tratamiento y continuar desarrollando investigación clínica con diseños y muestras más robustos.


Resumen y adaptación editorial: María Dolores Asensio Moreno (Cibermedicina / Psiquiatria.com)


Fuente original: Simon J, Lambrecht B, Bach B (2023). Cross-walking personality disorder types to ICD-11 trait domains: An overview of current findings. Frontiers in Psychiatry, 14:1175425. Licencia CC BY. 


Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales. Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.


 

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