El trastorno de identidad disociativo (TID) continúa siendo uno de los diagnósticos más complejos y controvertidos de la psicopatología. Se caracteriza por la presencia de dos o más estados de identidad, junto con alteraciones de la experiencia del yo, la memoria y el comportamiento. Su relevancia clínica no es menor: se asocia con deterioro funcional importante, elevada utilización de recursos sanitarios y mayor riesgo de autolesiones y conducta suicida.
Una revisión publicada en 2025 en Frontiers in Psychiatry analiza cómo los avances en psicopatología experimental están modificando la comprensión del TID y, especialmente, sus posibilidades terapéuticas. Los autores plantean que las intervenciones procedentes de otros trastornos, como el Protocolo Unificado, la terapia de esquemas o determinadas aproximaciones cognitivo-conductuales, presentan resultados preliminares prometedores. Sin embargo, advierten de que la evidencia disponible continúa siendo limitada.
Del modelo de disociación estructural a nuevas explicaciones del TID
La conceptualización del TID ha estado marcada por diferentes modelos teóricos. Uno de los más influyentes ha sido el modelo relacionado con el trauma y la disociación estructural, según el cual experiencias traumáticas graves, especialmente durante la infancia, podrían favorecer una organización diferenciada de estados de personalidad.
Frente a esta interpretación, el modelo sociocognitivo concede mayor importancia a factores como las expectativas culturales, determinadas prácticas terapéuticas sugestivas y las creencias sobre el funcionamiento de la memoria y la identidad.
Una tercera perspectiva procede de la terapia de esquemas. Desde este modelo, las identidades experimentadas subjetivamente no se interpretan necesariamente como sistemas psicológicos independientes, sino como expresiones extremas de diferentes modos de esquema. Estos modos representan estados emocionales, cognitivos y conductuales que pueden activarse rápidamente en respuesta a determinadas circunstancias.
Esta última conceptualización permite validar la experiencia subjetiva del paciente sin asumir necesariamente que exista una compartimentación objetiva y completa de la memoria.
¿Existe realmente amnesia entre los diferentes estados de identidad?
Uno de los aspectos más relevantes de la investigación reciente afecta precisamente a la amnesia disociativa entre estados de identidad.
Diversos estudios experimentales han evaluado si la información adquirida en un estado puede recuperarse cuando el paciente se encuentra en otro. Se han estudiado diferentes tipos de memoria y materiales tanto neutros como emocionales y autobiográficos.
Los resultados revisados muestran una diferencia importante entre la experiencia subjetiva de amnesia y el funcionamiento objetivo de la memoria. Aunque las personas con TID pueden informar de que no recuerdan información asociada a determinados estados, los experimentos han encontrado transferencia de información entre ellos. Estos hallazgos cuestionan la existencia de almacenes de memoria completamente separados por barreras amnésicas.
Esto no significa que las dificultades de memoria referidas por los pacientes sean irrelevantes. La propuesta es diferente: parte de esas experiencias podría estar relacionada con procesos de metacognición, atribución de recuerdos, evitación y regulación emocional, y no necesariamente con una separación neurocognitiva absoluta entre identidades.
Para la práctica clínica, esta distinción puede ser importante porque modifica tanto la explicación proporcionada al paciente como los objetivos de la intervención.
Limitaciones de la psicoterapia tradicional orientada por fases
Durante años, el tratamiento del TID se ha basado fundamentalmente en modelos psicoterapéuticos prolongados organizados en fases: establecimiento de seguridad y estabilización, trabajo sobre las experiencias traumáticas y, posteriormente, integración de los estados de personalidad y rehabilitación psicosocial.
Sin embargo, la base científica de estas intervenciones continúa siendo limitada. Una revisión sistemática de la psicoterapia de orientación psicodinámica identificó 35 publicaciones, pero la evidencia disponible permanecía fundamentalmente en el nivel observacional y descriptivo, sin estudios suficientemente robustos para establecer conclusiones definitivas sobre eficacia.
Esto resulta especialmente relevante porque el tratamiento del TID puede ser prolongado y complejo. La cuestión actual no es únicamente determinar si una intervención produce mejoría, sino establecer qué componentes terapéuticos son realmente necesarios, para qué pacientes y durante cuánto tiempo.
Protocolo Unificado: resultados iniciales prometedores
Entre las alternativas estudiadas se encuentra el Protocolo Unificado para el tratamiento transdiagnóstico de los trastornos emocionales (UP).
Esta intervención aborda procesos como la regulación emocional, la conciencia de las emociones, la reevaluación cognitiva, la tolerancia afectiva y la exposición a experiencias emocionales evitadas.
En una pequeña serie de cinco pacientes con TID, cuatro recibieron entre 18 y 22 sesiones y un quinto paciente, con ideación suicida destacada, recibió 42. A los seis meses, ninguno de los cinco participantes cumplía los criterios diagnósticos de TID, y se observaron mejoras en disociación, ansiedad, depresión y regulación emocional. El tamaño del efecto comunicado para los síntomas disociativos fue elevado, con Hedges g = 2,08.
Son resultados clínicamente llamativos, pero deben interpretarse con cautela: una muestra de cinco personas no permite establecer eficacia generalizable ni sustituye a un ensayo clínico controlado.
Terapia de esquemas y abordajes cognitivo-conductuales
La terapia de esquemas (ST) constituye otra de las líneas de investigación emergentes. Su adaptación al TID conceptualiza los diferentes estados como modos de esquema y trabaja sobre necesidades emocionales, esquemas desadaptativos tempranos y experiencias traumáticas mediante técnicas específicas.
Los datos preliminares recogidos por la revisión de Bachrach y Huntjens indican que seis de ocho pacientes evaluados dejaron de cumplir los criterios diagnósticos de TID durante el seguimiento, con un tamaño del efecto elevado sobre los síntomas disociativos, Cohen d = 1,49.
También se han descrito intervenciones cognitivo-conductuales intensivas con resultados favorables, pero la evidencia procede fundamentalmente de casos individuales o series muy pequeñas.
Por su parte, intervenciones como la terapia dialéctica conductual (DBT) y la terapia basada en la mentalización (MBT) resultan conceptualmente relevantes por la presencia frecuente de desregulación emocional, dificultades interpersonales y conductas autolesivas. Sin embargo, todavía no disponen de una evidencia específica suficientemente sólida para el TID.
¿Qué papel tiene la farmacoterapia?
La farmacoterapia constituye otro ámbito con importantes lagunas de conocimiento. Actualmente no existe un tratamiento farmacológico establecido específicamente para los síntomas nucleares del TID.
Los psicofármacos pueden formar parte del manejo de síntomas o trastornos concomitantes, pero la ausencia de estudios específicos impide considerar la medicación como un tratamiento dirigido a la disociación propia del TID. La revisión de 2025 identifica precisamente la psicofarmacología como una de las áreas en las que la evidencia sigue siendo insuficiente.
Conclusiones prácticas para los profesionales de salud mental
La investigación reciente invita a revisar algunos supuestos tradicionales sobre el trastorno de identidad disociativo, especialmente la idea de una compartimentación completa de la memoria entre estados de identidad.
Al mismo tiempo, están apareciendo alternativas terapéuticas que trasladan al TID intervenciones con respaldo empírico en poblaciones clínicas relacionadas. El Protocolo Unificado, la terapia de esquemas y determinados tratamientos cognitivo-conductuales ofrecen resultados iniciales prometedores.
Sin embargo, el mensaje principal debe ser prudente. Los tamaños muestrales son reducidos, abundan los estudios de caso y todavía faltan comparaciones controladas de suficiente calidad. Por tanto, no puede afirmarse todavía que exista un tratamiento psicológico específico para el TID con eficacia establecida mediante evidencia robusta.
El siguiente paso será desarrollar ensayos controlados y estudios comparativos metodológicamente rigurosos, con diagnósticos validados, seguimiento suficiente y evaluación de seguridad, abandono, funcionamiento y coste-efectividad. Solo así podrá determinarse si estas nuevas aproximaciones representan un verdadero cambio en el tratamiento del TID o unos resultados preliminares que necesitan confirmación.
Resumen y adaptación editorial: María Dolores Asensio Moreno (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Bachrach N, Huntjens RJC (2025). Recent evidence-based developments in the treatment of DID. Frontiers in Psychiatry, 16:1650164. Licencia CC BY 4.0.
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