El suicidio es un fenómeno que se ha encontrado presente en todas las culturas, según las revisiones históricas al respecto (Villardón, 1993), que desafortunadamente se ha mantenido y aumentado en la actualidad. La actitud y las creencias en torno a este hecho, varían de un grupo a otro, dependiendo de las condiciones históricas y socioculturales, filosóficas y hasta religiosas que imperen en cada época (Bobes, González y Sáiz, 1997).
El estudio y abordaje de este fenómeno se han visto incrementados en virtud del aumento en las tasas de suicidio y de los intentos de suicido que a nivel mundial en general y en particular en México, se han reportado y que en muchos casos incluyen no solo las cifras, sino las variables asociadas con el suicidio (Balcázar, 2001).
Ejemplo de esto son las estadísticas más actuales proporcionadas por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI, 2000), que refieren que los intentos de suicidio, así como la consumación del acto ocurren por causas referidas a los conflictos amorosos y problemas familiares; sin embargo, por sí mismos estos factores no ocurren de manera aislada y no serían lo suficientemente abarcativos para indicar que son las causales explicativas directas del suicidio, sino que apuntan hacia el abordaje de medios que permitan una aproximación cercana que ayude en el conocimiento de la forma, contenido y sui géneris psíquica de cómo han de estructurarse las internalizaciones sobre los objetos que forman y conforman la personalidad así como las pre-determinaciones que se ven asociadas para generar el intento de suicidio en dichos pacientes, configurándose una problemática social de nuestro tiempo. De tal manera es que la tipificidad de conductas autodestructivas no se explica por sí sola ni a través de datos estadísticos; ya que detrás de tales actos subyacen móviles diversos.
Antes de proseguir con el tema de los factores asociados o predisponentes, se hace necesario explicar a qué se refiere el concepto. El término suicidio proviene del latín sui que significa sí mismo y de cidiumque indica muerte, es decir que etimológicamente es darse a sí mismo la muerte (Villardón, 1993). La Organización Mundial de la Salud (1990, citado por Sáiz, González, Bousoño y Bobes, 1997) lo define como el acto que tiene como resultado la muerte. Se le refiere también como el acto de matarse a sí mismo de forma voluntaria (Diccionario del Uso del Español de Moliner, 1983; citado en Villardón, 1993).
La noción de acto voluntario presupone entonces, una concepción de la muerte por parte del suicida, combinada con un deseo consciente de la muerte, así como la acción para llevar a cabo ese deseo. El sujeto que se supone lleva a cabo la acción, es denominado suicida y según Schneidman (1973; citado por Villardón 1993), se aplica a la persona que lo ha cometido, lo ha intentado o ha pensado en el suicidio; esto es, se incluye a quien en algún momento intentó un acto suicida, a quien lo comete o a quien tiene la intención e ideación que son precedentes al acto suicida.
Por su parte, según Marchiori (1998) el intento autodestructivo o también denominado tentativa o intento de suicidio es un comportamiento que significa una intención deliberada de provocarse la muerte. No obstante, aunque el suicidio parece dirigido la destrucción de sí, es también un acto de agresión contra los otros. Esto es, en muchos casos, los actos dirigidos a quitarse la vida constituyen atentados que no concluyen en la muerte y se refiere que son provocados voluntariamente por el propio sujeto y con la firme intención de acabar con su vida y que no produce la muerte de la persona (Villardón, 1993; citado por Balcázar, 2001). Así el frustrado intento suicida implica diversos motivos: el acto puede haberse llevado a cabo sin decisión, el individuo desconocía las limitaciones del medio-instrumento, por sentimientos de ambivalencia frente al acto suicida o por temores asociados con el acto o con las consecuencias que éste puede traer.
Si bien es cierto, que todo intento de suicidio es un comportamiento que pone en riesgo la vida y que todo intento debe tomarse con seriedad para asistir con medidas terapéuticas, también es necesario puntualizar que no todos los intentos presentan las mismas características, desde el punto de vista del peligro para la vida del paciente. Es necesario entonces resaltar que la persona que atenta contra su vida se denomina suicida, aunque desde la perspectiva de Van Egmond y Diekstra (1989), habría que distinguir entre un suicida auténtico y un parasuicida. Para estos autores, el parasuicidio supone un comportamiento auto lesivo para el sujeto que lo lleva a cabo, pero con la firme conciencia e intención de no ser mortal; así, se indica entonces que el parasuicida hace intentos de dañarse a sí mismo, sin que el objetivo final sea el de quitarse la vida; su objetivo es más bien llamar la atención de los demás, con las consecuentes ganancias secundarias que esto conlleva.
Con base en la distinción de términos anteriores, la complejidad de este comportamiento en sus diversos procesos y su amplitud permiten elaborar una sistematización de clasificaciones que en su estudio han surgido y que según Marchiori (1998), incluyen:
1. Tentativa Gravísima de suicidio: por su proceso y por la gravedad de las consecuencias es similar al suicidio, difiere en cuanto al resultado mortal en el acto suicida. El individuo tiene ideas de muerte, un profundo estado depresivo, prepara su comportamiento suicida, pero un elemento circunstancial evita su muerte. El individuo presenta, como consecuencia de su conducta suicida, gravísimas heridas físicas.
2. Tentativa Grave. Las armas o medios utilizados para llevar a cabo el comportamiento suicida no pueden provocar la muerte, ni lesiones de gravedad.
3. Tentativa Leve: en estos casos las armas o medios elegidos resultan imposibles de provocar la muerte ocasionando lesiones leves.
De esta forma se ilustran los niveles de riesgo suicida; en tanto, las estadísticas más actuales en México refieren que los intentos suicidas y el suicidio acusan de ocurrir por causas de conflictos amorosos y familiares, por dificultades económicas, por la presencia de una enfermedad grave e incurable o mental, por remordimiento y en su gran mayoría, se desconocen las causas cuando se consuma el suicidio (INEGI, 2000).
Desde la concepción de la Psicología, se han elaborado modelos teóricos que permitan explicar y abordar el suicidio, que incluyen las variables psicológicas, biológicas, del contexto social y económico del sujeto y que si bien han permitido la sistematización de su estudio, se constituyen en aproximaciones, ya que el suicidio es un fenómeno multicausal, donde para su aparición se conjuntan una serie de factores para que se desencadene, pero que no siempre funcionan de igual forma.
Si a esto se le suma la dificultad debido a que en algunos casos, la víctima ya no puede dar sus vivencias y motivaciones al respecto cuando el suicidio se ha consumado, o debido a la delicadeza del tema, las personas cercanas al suicida y el mismo protagonista, disfrazan su ocurrencia, no reportando en muchos casos los hechos ante las autoridades componentes, dejándoles en secreto y en silencio (Balcázar, 2001).
Lo anterior pone de manifiesto la importancia de citar la dificultad en la concentración de cifras reportadas por diversos grupos y organizaciones, existiendo obstáculos desde las Instituciones que generan el diagnóstico de intento de suicidio, ya que los familiares de pacientes de dicha situación desean confidencialidad en ese sentido, lo cual deriva en una baja representatividad de los datos estadísticos y la dificultad para el abordaje de este fenómeno en términos reales.
Método
<B>Sujetos</B>
La muestra se conformó con 25 pacientes que previamente se hospitalizaron bajo la causa de intento de suicidio en hospitales públicos de la ciudad de Toluca con edades que oscilan desde los 14 y los 52 años, encontrándose la media de edad en 26.5; en lo que respecta al género, 17 son del sexo femenino y 8 del masculino.
<B>Instrumento</B>
El método de recolección de los datos se basó en una entrevista semiestructurada aplicada en forma individual, con la que se recabaron datos personales, antecedentes heredo-familiares, motivo y medio del intento, así como factores precipitantes y relaciones más significativas y asociadas con el evento; no obstante, se obtuvieron más datos dadas las condiciones de la parte no estructurada de la entrevista, lo cual enriqueció la investigación.
<B>Procedimiento</B>
Se obtuvo la autorización de la entrada a los hospitales, con la Dirección de los mismos. Una vez hecho el contacto, se hicieron las entrevistas individuales con cada uno de los sujetos participantes, explicándoles el objetivo de la entrevista y la importancia de su participación. Se hicieron las preguntas de la entrevista en un lapso de tiempo no determinado, pues la duración de la misma era variable, en cada caso. Una vez recolectada la información, se procedió a su procesamiento.
Resultados
En relación con los datos sociodemográficos el estado civil indica que 64% son solteros, casados el 24%, un 4% están en unión libre y madre soltera 8%; cabe citar que ninguno de los casados que se encuentra en condición de separación ha optado por legalizar el estado civil, es decir no desean divorciarse de su pareja no obstante el abandono de ésta.
En lo que se refiere a la condición familiar, se encontró integrada en un 40% de los casos y el resto cuenta con una condición de familia desintegrada.
De la escolaridad, se destaca que el 48% no concluyeron estudios, quedándose inconclusos desde la primaria o hasta profesional. De los casos en estudio el 16% han concluido estudios profesionales y el 36% actualmente se encuentran estudiando.
Respecto de la ocupación, el 36% son estudiantes, en un 12% secretarias y en la misma proporción profesores, amas de casa en un 16%, el 8% se dedican respectivamente al comercio u obrero y violinista o policía en un 4%.
Entre los antecedentes heredo-familiares de importancia, destacan en mayor proporción el alcoholismo de los padres, en un 60%; prostitución de la madre en un 8%; suicidio de un tío directo en un 4% y en 28% de los casos no se citó alguno.
Del consumo de sustancias que los sujetos indicaron, se reportó con mayor frecuencia el uso del alcohol, con un 56%; ingestión de antidepresivos en un 12%; marihuana en 8% de los casos y 24% no reportaron consumo.
Por otra parte, las personas reportaron antecedentes de maltrato físico, infidelidad de la pareja violencia intrafamiliar y violación, tal y como se indica en la tabla 7.
Los motivos que los pacientes refirieron como los principales para intentar suicidarse incluyen en primer término los referentes a conflictos amorosos relacionados con el abandono de pareja, rompimiento amoroso y conflictos amorosos, en un 72%; los conflictos familiares se citaron en un 20% y por pérdida de los padres en 8%.
Al explorar sobre el medio a través del cual intentaron suicidarse, los pacientes revelaron en un 80% la ingestión de pastillas o sustancias diversas, en algunos casos, mezcladas con alcohol, en 8% realizaron cortes de venas y un 4% se lanzó al vacío. En todos los casos, conjunto con la ideación suicida prevalente, se encontró un estado depresivo constante.
La exploración sobre la concepción de sí mismo fue obtenida a través del relato del estado emocional previo o precipitante al intento de suicidio, reportando en la mayoría de los casos la de percepción sobre sí mismos como tontas (os) feas (os), inútiles, solas (os), inseguros (as), infelices o mediocres; en las mujeres se resalta la noción de sucia, lo cual se relaciona con violación y/o maltrato físico en la infancia.
En todos los casos prevaleció el sentimiento de culpa, haciendo referencia a los preceptos religiosos y a las intenciones de la familia, que los ubicaban siempre como culpables o generadores de problemas, con un consecuente sufrimiento por esta situación.
De las relaciones más significativas del pasado, el 76% de los casos refirieron que aprecian más a sus hermanos y el resto a sus madres. De los padres no se señala relación significativa alguna, lo que se puede asociar con el abandono o maltrato físico en la infancia, propiciado por los padres en un 52% y 60% de los casos respectivamente y en otros se indicó maltrato emocional por parte de la madre consistente en rechazo ante su físico, indiferencia, evaluación negativa, comparación y menosprecio sobre su persona, así como desprotección; el 40% restante señalaron tener gran dependencia y buena relación con la madre.
Finalmente, en lo que respecta a las separaciones de personas más significativas que les han afectado, el 60% refiere a las parejas amorosas; el 12% refiere a los hermanos y el 28% a sus madres, ya sea por muerte o alejamiento.
Discusión
El suicidio es tal vez la aflicción social más difícil de comprender, pero a la vez, la más necesitada de discusión, no sólo por la falta de conciencia adecuada al respecto de su gravedad, sino por la falta de desarrollo de programas y de prácticas de prevención e intervención al respecto.
Las causas precisas del suicidio son difíciles de especificar, ya que como se mencionó en la introducción, hay una multitud de factores sociales que influyen. No obstante, se ha encontrado que existen importantes diferencias sociodemográficas, entre las que se cita el estado civil, siendo de acuerdo con Gessen y Gessen (2000), es la gente en estado de viudez, divorciada o separada quien tiene más tentativas o quien consuma más un suicidio, en comparación con las personas solteras.
Villardón (1993) por su parte, indica que entre los factores sociales, el estado civil sitúa a los solteros, viudos, separados y divorciados como los más propensos al suicidio, tal y como se presenta en este estudio. Según Bobes, González y Sáiz (1997), en los estudios coincide la demostración de que el suicidio es más frecuente en personas solteras, separadas y/o divorciadas o bien viudas. En este sentido, pareciera que el matrimonio actúa como un factor protector contra el suicidio, especialmente cuando existen hijos y que esto se acentúa más en las mujeres. De este hecho se deduce además, que la situación de soledad que ha repuntado en muchos de los modelos explicativos del suicidio (Balcázar, 2000, 2001), pareciera explicar los motivos que llevan a la persona a intentar esta conducta; no obstante, hay que tener presente que el problema de la soledad y el aislamiento no afecta a todo el mundo que vive solo del mismo modo y que existen multitud de personas totalmente aisladas aún dentro de un matrimonio.
Por otro lado, es necesario tener presente que los mismos factores que influyen para que una persona permanezca soltera, se case o se divorcie, pueden tener también influencia en la manifestación o en las razones que argumenta la persona para suicidarse. Así, las personas con problemas de relación, inseguras, con tendencia al aislamiento, no es raro que permanezcan solteras. De igual modo, no es infrecuente que las personas divorciadas sean menos estables, que tengan mayor tendencia a desarrollar relaciones interpersonales conflictivas y quizá también a evadir los problemas y escoger soluciones de escape. A estos factores habría que añadir los propios conflictos matrimoniales y el divorcio en sí, que actuarían como factores precipitantes o explicativos del suicidio, tal y como se reportó (Bobes, González y Sáiz, 1997). Finalmente, en lo que toca al estado civil, según Bobes, González y Sáiz (1997), se considera que el riesgo de tentativa de suicidio es mayor en las personas que han sufrido la pérdida de su pareja, ya sea por abandono o muerte y que los conflictos de tipo amoroso precipitan un suicidio, independientemente del estado civil. Esto se complementa con las causales o motivos que según la muestra, precipitaron el intento de suicidio, que en un 60% se debió a conflictos con la pareja, incluyendo rompimiento o abandono de ella, lo cual repercute en la persona, haciéndola sentir que esta sola o abandonada y que nada puede remediar esta situación.
Bobes, González y Sáiz (1997) reportan consistencia en los patrones de intento de suicidio o suicidio consumado en personas según su género; estos autores argumentan que los estudios realizados aportan datos contundentes de que la tasa de suicidios consumados es más elevada en el varón; no obstante, la relación hombre/mujer varía según las localizaciones geográficas. Cuando lo que se estudian son las tentativas de suicidio, las proporciones indican que son las mujeres las que con más frecuencia llevan a cabo este tipo de conductas y que cuando se estudian los suicidios consumados, son los hombres quienes llevan la delantera en cifras. Las explicaciones en torno a las causas por las cuales las mujeres realizan más tentativas son diversas, pero una plausible es que los varones adoptan por lo general, medidas más violentas y letales que las mujeres, ya que es más usual que éstas últimas utilicen fármacos para tales fines, de tal forma que en las mujeres las cifras se incrementan en los intentos de suicidio y en los hombres, son más frecuentes los suicidios consumados.
Según Fernández-López (2000), en el varón, la frecuencia aumenta con la edad, con una incidencia máxima a los 75 años y consuman el suicidio de 2 a 3 veces más que las mujeres; en tanto, la edad de mayor incidencia en las mujeres está entre los 55 y 65 años e intentan suicidarse de 2 a 3 veces más que los hombres. Estos datos son similares a los reportados en la investigación, ya que se observó mayor frecuencia de mujeres que de hombres con intentos suicidas; Así, se indican diferencias sexuales en el modo de percibir y hasta de llevar a cabo un acto de este tipo. Según los datos obtenidos, la mayor frecuencia del intento prevalece en mujeres, sosteniendo ante ello Van Edmond y Diekstra (1989) que los intentos ocurren con más acentuación en mujeres, encontrando también que prefieren usar como medio la ingesta excesiva de diversos fármacos, entre ellos tranquilizantes acompañados de alcohol, por constituir medios que producen menos lesiones o menos probabilidad de quedar desfigurada o irreconocible tras el acontecimiento, situación que es igualmente reportada por los autores ya indicados con anterioridad.
La situación familiar que se describe en los hallazgos indica en más de la mitad de los casos una familia disfuncional, que coincide con lo reportado por González, Iglesias, González-Quirós y Ramos (1997), quienes explican la importancia de las relaciones familiares conflictivas, las carencias afectivas o bien, las pérdidas parentales precoces.
Según Hendin (1985; citado por González, Iglesias, Gonzáles-Quirós y Ramos, (1997), existen reportes de estudios donde se han encontrado actitudes parentales de resentimiento, hostilidad y rechazo hacia los niños o adolescentes suicidas o bien, son la causa o el motivo reportado por quien comete intento suicida. Se indica también que los traumas precoces, por ejemplo pérdidas parentales por muerte o abandono, precipitan en lo subsecuente un suicidio. Estudios reportados por Lester (1989; citado por Villardòn, 1997), al analizar biografías de 30 suicidas famosos, encontró que en más de la mitad de los casos, habían experimentado pérdidas en el núcleo familiar durante la infancia, lo cual se explica a través de la teoría freudiana, que indica que las pérdidas ocurridas durante los primeros años de vida serían las más traumáticas.
González, Iglesias, González-Quirós y Ramos (1997), indican que los reportes brindados por personas que han tenido un intento suicida o bien, la reconstrucción vital de personas suicidadas arroja datos sobre la constelación familiar, que incluye en muchos de los casos la vivencia de estrés considerable y haber experimentado muchas pérdidas parentales tempranas por muerte, separación o divorcio de los padres como un factor de vulnerabilidad o precipitante del suicidio, así como cambios significativos dentro de su núcleo familiar. Según estos autores, la fuente de estrés por divorcio de los padres, persiste muchas veces después de la ruptura familiar, siendo entonces que los factores familiares participan como un ejemplo de los asociados al suicidio. En otros casos, familias muy conflictivas, disgregadas o disfuncionales pueden constituir menores fuentes de apoyo y de sostén emocional, pueden producir mayor estrés a la persona y constituyen uno de los motivos que refiere la persona para cometer un suicidio (Villardòn, 1997).
En todos los casos, según los reportes de la entrevista, se observa que no hay una buena relación y comunicación con el padre, dichas condiciones se pueden explicar respecto de lo significativo que representan las relaciones entre iguales, es decir con los hermanos, de quienes reportan que obtenían protección relativa, que en algún momento puede correlacionar con las pérdidas familiares o los conflictos al interior de la misma y que hacen que la persona se vuelque en demanda afectiva hacia otro significativo cercano, que en este caso sería hacia la relación fraterna.
Por otra parte, en la elección del método suicida intervienen una variedad de factores, así como la disponibilidad y acceso a los mismos, la aceptación sociocultural hacia el suicidio, la capacidad letal, el conocimiento de éstos, etc. Esta serie de hechos está en función también de variables tales como sexo, edad, medio rural o urbano y latitud geográfica estudiada (Sarro y De La Cruz, 1991). En general, como ya se había discutido en el apartado sobre diferencias sexuales, se puede afirmar que los varones intentan métodos suicidas más violentos, pero éstos varían de un país a otro, según los reportes de Sàiz, González, Cocaña y Bobes (1997), ya que en Estados Unidos por ejemplo, país donde con más frecuencia se observa la accesibilidad a armas de fuego, son más frecuentes los suicidios utilizando este método, mientras que en otros países de Latinoamérica o en España, donde no es tan fácil acceder a ellas, éstas ocupan un lugar más bajo.
No obstante, las mujeres suelen utilizar métodos más pasivos y menos violentos, como es la ingestión de medicamentos, lo cual coincide con lo encontrado en esta investigación, siendo en más de la mitad de los casos el método elegido por el protagonista del acto suicida, en algunos de ellos combinándolo con alcohol y en otros, ingiriendo el fármaco sin otra sustancia. Estos autores continúan explicando sobre los métodos e indican que en líneas generales, se puede decir que los métodos suicidas más empleados son la precipitación al vacío o a un vehículo o máquina en marcha, así como la intoxicación medicamentosa o de alguna otra sustancia (gas, líquidos corrosivos, por ejemplo), y que se encontraron como método en algunos casos.
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