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Cuando la ira se oculta: entender el comportamiento pasivo-agresivo

Fecha Publicación: 28/08/2025

Autor/autores: Rebeca Vidal Rodríguez
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Cuando la ira se oculta: entender el comportamiento pasivo-agresivo

El comportamiento pasivo-agresivo es una forma discreta y dañina de expresar frustración o rechazo. En lugar de confrontar, la persona opta por estrategias encubiertas como la procrastinación, la ironía o el silencio prolongado. Este patrón puede parecer inofensivo, pero deteriora seriamente las relaciones y genera confusión emocional.

¿Qué es exactamente el comportamiento pasivo-agresivo?

Se trata de una forma indirecta de resistencia ante demandas o expectativas que la persona prefiere evadir. En muchos casos, la ira o el descontento se manifiestan mediante respuestas ambiguas o retrasos injustificados: “llegaré cuando pueda”, sin llegar jamás. Estas acciones provocan desconcierto y frustración en los demás.

Señales frecuentes

  • Procrastinación deliberada o mal cumplimiento de tareas.
  • Sarcasmo, indirectas y bromas cargadas de reproche velado.
  • “Ley del hielo”: silencio como forma de castigo.
  • Excusas constantes, olvidos repetidos y tardanzas inexplicables.
  • Victimización: sentir que los otros no lo valoran o entienden.

¿Por qué ocurre?

Este patrón suele originarse en entornos donde expresar emociones negativas estaba censurado o mal visto. Con el tiempo, la persona aprende a comunicar su enfado sin hacerlo directamente, utilizando vías encubiertas.

Casos prácticos: ¿lo has vivido?

  • Ejemplo laboral: María acepta un encargo “sin problema”, pero después lo retrasa constantemente, reduce la calidad del trabajo y finalmente justifica con excusas vagas como “no tuve tiempo”. Genera tensión y socava la confianza del equipo.
  • Ejemplo personal: Carlos usa el silencio tras una discusión en pareja. No contesta mensajes, ignora gestos y espera que la otra persona “adivine” el motivo de su enfado. El silencio se convierte en arma emocional.

Cómo responder ante este comportamiento

  1. Mantener la calma: la confrontación directa suele incrementar la resistencia.
  2. Usar comunicación asertiva: expresar cómo afecta el comportamiento (“cuando demoraste la tarea, me sentí…”).
  3. Preguntar con empatía: “¿qué te está pasando realmente en esto?”.
  4. Establecer límites claros sobre expectativas y consecuencias.
  5. Proponer ayuda profesional cuando este patrón se repite y genera malestar profundo.
  6. Fomentar la expresión emocional directa y asertiva como alternativa saludable.

El papel del acompañamiento profesional

A veces, la mejor forma de salir de un bucle pasivo-agresivo es contar con un espacio seguro donde aprender a comunicar emociones sin miedo al rechazo. La terapia psicológica ayuda a identificar los patrones, entender de dónde vienen y construir maneras más sanas de relacionarse. En ciudades como Salamanca, por ejemplo, existen psicólogos en Salamanca especializados que ofrecen tanto atención presencial como online, facilitando este proceso de cambio.

Conclusión

El comportamiento pasivo-agresivo es más común de lo que se piensa. Puede afectar desde el ámbito laboral hasta las relaciones de pareja, dejando tras de sí resentimiento y desconfianza. Dar el paso hacia una comunicación más clara, respetuosa y asertiva puede ser el comienzo de relaciones más sanas. Y si sientes que esta dinámica te supera, pedir ayuda profesional es un gesto de autocuidado que puede marcar la diferencia.


Palabras clave: pasivo-agresivo
Tipo de trabajo: Post/Entrada de Blog
Área temática: Ansiedad, Trastornos de ansiedad y relacionados con traumas y factores de estrés .

Universidad de Salamanca

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