El estrés se suele asociar a dolores de cabeza, insomnio o tensión muscular, pero cada vez son más los casos en los que las personas afirman “me entra fiebre cuando me estreso”. Aunque no es el síntoma más habitual, existe un fenómeno conocido como fiebre psicógena o fiebre emocional, en el que la temperatura corporal sube como respuesta a situaciones de estrés o ansiedad intensa.
La fiebre por estrés, también llamada fiebre emocional o psicógena, no es una infección típica, sino un aumento de la temperatura corporal provocado por factores psicológicos. El propio cerebro, al percibir amenaza o sobrecarga emocional, activa mecanismos que aumentan el calor corporal, el ritmo cardíaco y la sudoración, preparando al organismo para “luchar o huir”.
Este tipo de fiebre suele aparecer en episodios de ansiedad aguda o de estrés crónico, y puede manifestarse como:
No. La fiebre por infección responde a virus o bacterias, mientras que la fiebre por estrés se desencadena por situaciones emocionales intensas y suele mejorar cuando disminuye la tensión. Aun así, es importante descartar causas médicas físicas antes de atribuir siempre la fiebre al estrés.
En la clínica de una psicóloga en Salamanca se atendió a una paciente de 34 años que, durante varios meses, acudía a urgencias con fiebres de 37,8 °C sin rozamiento, sin dolor de garganta ni síntomas de infección respiratoria. Las pruebas médicas no mostraron signos de infección, pero la mujer describía una presión constante en el trabajo, conflictos familiares y sensación de bloqueo emocional.
La psicóloga de Salamanca trabajó con ella en terapia cognitivo‑conductual, ejercicios de respiración y técnicas de manejo del estrés. Con el tiempo, la paciente aprendió a identificar sus patrones de ansiedad y a regularlos. A medida que disminuyó su estrés, también dejaron de aparecer las fiebres emocionales y se sintió más en control de su cuerpo y su salud.
Es necesario acudir al médico si:
También es recomendable consultar con un psicólogo o terapeuta si notas que tu fiebre se relaciona con angustia, miedo excesivo o situaciones de estrés recurrentes.
La fiebre puede ser, en algunos casos, una respuesta física a un estrés emocional intenso. Aunque no es la causa más común, fenómenos como la fiebre psicógena muestran la estrecha conexión entre mente y cuerpo. Cuando los controles médicos no encuentran infección y los episodios se repiten ante situaciones de presión, es clave no ignorar la dimensión emocional y buscar ayuda de un psicólogo o equipo de salud mental.
Universidad de Salamanca
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