El reconocimiento del TDAH en la edad adulta abre la puerta a una mayor y mejor atención e intervención con respecto a las particularidades, necesidades y características especiales del tratamiento dirigido hacia adultos. Hasta ahora, la “(...)aproximación más efectiva para tratar el TDAH en adultos, es la cognitivo- conductual, tanto en una intervención individual como grupal.” (Brown, 2000; McDermott, 2000; Young, 2002). Sin embargo, como ya es sabido a nivel academicista y experimental, el TDAH se caracteriza por síntomas y patrones de comportamiento como la inatención, la hiperactividad y/o la impulsividad. Dichos síntomas no sólo interfieren a nivel individual, en el funcionamiento y/o el desarrollo cognitivo y en actividades académicas y laborales, sino también lo hace a nivel relacional y emocional, y por lo tanto, en diversas actividades de la vida social y afectiva de la persona afectada.La observación del impacto y la importancia de la capacidad del sistema familiar para incidir positivamente en la evolución de la condición TDAH de uno de sus miembros, es uno de los factores esenciales respecto a la evolución del tratamiento para el TDAH. Con ello, se ha reforzado la necesidad de moverse del foco cognitivo individual a un enfoque integral que también incluya el trabajo familiar y de pareja.A partir de una intervención con la familia o la pareja, se activan o se ponen a servicio del TDAH los recursos de afrontamiento tanto individuales como los de los miembros del sistema familiar o del miembro sin TDAH de la pareja. Lo anterior, de tal manera que se logra generar un mayor impacto en la evolución deseada.A continuación, presentamos un artículo de revisión que muestra los aspectos más importantes en donde una intervención sistémica y relacional pueden generar un mayor beneficio tanto para el adulto con TDAH como para sus seres queridos.