El consumo regular y en grandes cantidades de bebidas energéticas es un factor de riesgo de accidente cerebrovascular potencialmente subestimado. Estas bebidas han sido objeto de críticas principalmente por su alto contenido en azúcares, que puede favorecer la diabetes y la obesidad.
Sin embargo, su potencial peligrosidad para el sistema cardiovascular aún no h...
El consumo regular y en grandes cantidades de bebidas energéticas es un factor de riesgo de accidente cerebrovascular potencialmente subestimado. Estas bebidas han sido objeto de críticas principalmente por su alto contenido en azúcares, que puede favorecer la diabetes y la obesidad.
Sin embargo, su potencial peligrosidad para el sistema cardiovascular aún no ha sido plenamente reconocida por la clase médica, afirman Martha Coyle y Sunil Munshi, del Nottingham University Hospitals NHS Trust (Reino Unido), en un artículo publicado en la revista BMJ Case Reports.
Partiendo de un caso clínico tratado en la Unidad de Ictus del hospital, los dos investigadores analizan los mecanismos por los que las bebidas energéticas pueden contribuir al riesgo de ictus.
Faltaba una información clave
El caso descrito es el de un hombre de 50 años previamente sano que presentó un entumecimiento repentino e inestabilidad en el hemicuerpo izquierdo. Al ingresar en el hospital, su presión arterial era de 254/150 mm Hg. La evaluación neurológica condujo al diagnóstico de un ictus leve (Escala de Ictus del Instituto Nacional de Salud = 4).
El paciente fue dado de alta tres días después con una prescripción de terapia antiagregante plaquetaria, una estatina y terapia antihipertensiva (losartán y amlodipino).
Tras el alta, la presión arterial volvió a aumentar y se mantuvo persistentemente alta a pesar de la intensificación de la terapia (hasta cinco fármacos antihipertensivos).
Coyle y Munshi informan de que, en el momento del ictus, se preguntó al paciente si fumaba, consumía alcohol o drogas, obteniendo respuestas negativas.
Solo tras tres meses de seguimiento y debido a la dificultad para controlar la hipertensión, se examinaron más a fondo los hábitos del paciente y se descubrió que bebía una media de ocho latas de refresco al día: cada lata contenía 160 mg de cafeína, lo que equivale a una ingesta diaria de 1,2-1,3 g de cafeína, mientras que las directrices del NICE recomiendan no superar los 400 mg/día.
Una semana después de abandonar por completo el consumo de bebidas energéticas, los valores de la presión arterial se habían normalizado y, en tres semanas, el paciente había suspendido todos los medicamentos antihipertensivos, manteniendo unos valores de presión adecuados.
"Por lo tanto, se consideró probable que el consumo de bebidas energéticas de alta potencia por parte del paciente fuera, al menos en parte, un factor que había contribuido a la hipertensión secundaria y, en consecuencia, al accidente cerebrovascular", escriben los autores del artículo.
Muchos efectos y una recomendación
Las bebidas energéticas pueden aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular a través de varios mecanismos:
causando hipertensión (mediada por la cafeína y potenciada por ingredientes inotrópicos como la taurina y el guaraná); contribuyendo a la disfunción endotelial (mediada por los azúcares); favoreciendo las arritmias, incluida la fibrilación auricular (mediada por la cafeína); aumentando la agregación plaquetaria (relacionada con la hiperglucemia, pero también observable en las bebidas sin azúcar, ya que la cafeína y la taurina parecen favorecer un estado de hiperagregación plaquetaria transitoria); provocando el síndrome de vasoconstricción cerebral reversible (RCVS), una afección neurológica que se manifiesta con dolores de cabeza repentinos e inusuales (atribuibles principalmente a la cafeína, con una posible contribución de la taurina).
"Es posible que tanto el consumo agudo como el crónico de bebidas energéticas aumenten el riesgo de enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares y, lo que es más importante, esto podría ser reversible", subrayan Coyle y Munshi, que abogan por un mayor control por parte de las autoridades sobre las campañas publicitarias y de venta de estos productos, que a menudo se dirigen a grupos de edad más jóvenes.
"Además, los profesionales sanitarios deberían plantear preguntas específicas sobre el consumo de bebidas energéticas a los pacientes jóvenes que presenten accidentes cerebrovasculares o hipertensión inexplicable".
Este contenido fue publicado originalmente en Univadis Italia, parte de la Red Profesional de Medscape.