Introducción
Diversos informes epidemiológicos estiman que más de 90 millones de personas presentan algún trastorno mental a lo largo de su vida, pero únicamente alrededor del 25% recibe algún tipo de tratamiento. Esta cifra contrasta de forma llamativa con la cobertura terapéutica de los trastornos físicos, donde el acceso oscila entre el 60% y el 80%.
Una característica especialmente relevante para los profesionales sanitarios es que aproximadamente el 75% de la atención en salud mental recae en médicos de atención primaria. Sin embargo, la formación específica en evaluación psicopatológica, intervención psicosocial y abordaje de factores conductuales sigue siendo limitada. Este desajuste estructural plantea interrogantes no solo clínicos, sino también educativos y regulatorios.
El artículo de opinión de Robert Charles Smith (2025) propone una tesis controvertida pero relevante para el debate académico: solo una regulación “de arriba hacia abajo” permitiría reformar un sistema médico históricamente configurado para priorizar lo biológico en detrimento de lo psicosocial.
Raíces históricas de la fragmentación mente-cuerpo
Influencia religiosa y delimitación del objeto médico
El autor sitúa el origen del problema en la Revolución Científica de los siglos XVI y XVII. En ese contexto, determinadas decisiones eclesiásticas, como la autorización papal de disecciones humanas excluyendo el examen de la cabeza —considerada sede del alma—, contribuyeron a separar simbólicamente el estudio del cuerpo del de la mente. Esta división inicial condicionó la configuración epistemológica de la medicina moderna.
Aunque la historiografía médica matiza la literalidad de estas decisiones, el argumento central es claro: el desarrollo temprano de la anatomía y la fisiología se consolidó en torno al cuerpo como objeto físico, mientras que los fenómenos mentales quedaron progresivamente desplazados hacia la filosofía y la teología.
Influencia filosófica: del dualismo cartesiano al empirismo
El dualismo de René Descartes reforzó la idea de que mente y cuerpo pertenecían a dominios ontológicamente distintos. Posteriormente, corrientes empiristas como la de John Locke consolidaron la separación entre procesos mentales y biología orgánica.
Este marco conceptual tuvo consecuencias duraderas en la formación médica: la mente no se consideraba competencia central del médico general, sino un ámbito separado, susceptible de tratamiento moral, religioso o filosófico más que clínico.
El reduccionismo biomédico frente al modelo biopsicosocial
A diferencia de disciplinas como la física, que a principios del siglo XX incorporaron perspectivas sistémicas y complejas, la medicina mantuvo mayoritariamente un paradigma reduccionista centrado en mecanismos biológicos.
En 1977, George Engel propuso el modelo biopsicosocial como alternativa integradora, subrayando que la enfermedad no puede comprenderse sin considerar variables psicológicas y sociales. No obstante, casi cinco décadas después, la implementación real de este modelo en la educación médica y en la práctica clínica continúa siendo parcial.
Impacto del sistema actual en la práctica clínica
Déficit formativo en salud mental y competencias psicosociales
Uno de los datos más relevantes para el ámbito formativo es que las escuelas de medicina y los programas de residencia en Estados Unidos dedicarían en torno a un 2% del tiempo total a contenidos específicos de salud mental y factores psicosociales.
Para los profesionales de salud mental, este dato tiene implicaciones directas:
- Diagnósticos infravalorados o no detectados en atención primaria.
- Uso inadecuado de psicofármacos sin evaluación integral.
- Escasa intervención sobre factores conductuales y de estilo de vida.
- Débil coordinación entre atención primaria y dispositivos especializados.
La consecuencia es una sobrecarga para psiquiatría y psicología clínica, junto con una atención fragmentada para el paciente.
Comorbilidad psiquiátrica en enfermedades crónicas
Aproximadamente 30 millones de personas con enfermedades físicas crónicas presentan trastornos mentales comórbidos. La evidencia acumulada indica que la depresión, la ansiedad y otros trastornos influyen negativamente en:
- Adherencia terapéutica.
- Evolución clínica de enfermedades cardiovasculares.
- Control metabólico en diabetes.
- Pronóstico oncológico.
Desde una perspectiva de gestión sanitaria, la integración efectiva de la evaluación psicosocial en el abordaje de patologías crónicas podría mejorar resultados clínicos y reducir reingresos hospitalarios.
Prevención y estilo de vida: una oportunidad desaprovechada
La omisión sistemática de factores psicosociales y conductuales también afecta a la prevención. Se estima que hasta el 80% de los problemas cardiovasculares y el 40% de los casos de cáncer están relacionados con factores modificables, como:
- Tabaquismo.
- Sedentarismo.
- Dieta inadecuada.
- Estrés crónico.
Sin una formación sólida en entrevista motivacional, cambio conductual y evaluación psicosocial, los médicos difícilmente pueden intervenir de forma eficaz en estos determinantes.
Impacto económico del modelo actual
Las enfermedades crónicas representan aproximadamente el 75% del gasto sanitario en Estados Unidos, con cifras que rondan los 5 billones de dólares anuales. Desde una perspectiva macroeconómica, el argumento del autor es que un enfoque preventivo basado en el modelo biopsicosocial podría reducir significativamente este gasto.
Aunque la estimación de ahorro debe analizarse con cautela, la literatura en salud pública respalda que la integración de intervenciones psicológicas y sociales en atención primaria mejora resultados en coste-efectividad, especialmente en depresión y enfermedades crónicas.
¿Es viable la reforma desde dentro del sistema?
El autor sostiene que la reforma interna resulta improbable debido a la estructura histórica de organismos reguladores y acreditadores de la formación médica. Según esta perspectiva, las decisiones curriculares y los estándares competenciales han perpetuado el predominio del paradigma biomédico.
Para los profesionales de salud mental, esta tesis plantea una cuestión estratégica: ¿hasta qué punto las iniciativas de integración pueden depender únicamente de reformas curriculares voluntarias?
Propuesta de regulación “de arriba hacia abajo”
Creación de una junta federal de supervisión
La propuesta central consiste en establecer una entidad reguladora federal con capacidad para redefinir estándares de formación médica, similar a otras instituciones creadas en momentos críticos del sistema económico estadounidense.
El objetivo sería garantizar que todos los graduados en medicina posean competencias equiparables en trastornos mentales y físicos, integrando de forma obligatoria el modelo biopsicosocial en:
- Planes de estudio.
- Evaluación de competencias.
- Investigación clínica.
- Práctica asistencial.
Implicaciones para la psiquiatría y la salud mental
Desde el punto de vista de la psiquiatría, una reforma estructural podría:
- Reducir la infradetección en atención primaria.
- Mejorar la derivación temprana.
- Facilitar modelos colaborativos.
- Disminuir el estigma institucional de la salud mental.
No obstante, también plantea interrogantes sobre autonomía profesional, burocratización y viabilidad política.
Conclusiones prácticas para profesionales sanitarios
- La crisis de salud mental no puede analizarse únicamente desde la falta de recursos asistenciales; requiere una revisión estructural de la formación médica.
- La integración real del modelo biopsicosocial sigue siendo limitada pese a su amplia aceptación teórica.
- La comorbilidad psiquiátrica en enfermedades crónicas constituye un área prioritaria de intervención clínica y organizativa.
- La discusión sobre regulación externa abre un debate necesario sobre gobernanza sanitaria y estándares formativos.
- Para psiquiatras y psicólogos clínicos, el fortalecimiento de la colaboración con atención primaria continúa siendo una estrategia clave, independientemente de las reformas regulatorias.
El debate planteado por Smith no se limita a Estados Unidos. Las tensiones entre paradigma biomédico y enfoque sistémico siguen presentes en numerosos sistemas sanitarios, incluido el europeo. Para los profesionales de salud mental, comprender estas dinámicas estructurales resulta esencial para participar activamente en el diseño de modelos asistenciales más integradores.
Resumen y adaptación editorial: María Dolores Asensio Moreno (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: The mental health crisis: Only top down regulation will cure it
https://journals.plos.org/mentalhealth/article?id=10.1371/journal.pmen.0000439
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
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