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Depresión y rasgos autistas: un estudio con fNIRS explora diferencias en la conectividad cerebral



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Artículo | Fecha de publicación: 03/12/2026
Artículo revisado por nuestra redacción

  La depresión no presenta un único patrón neurobiológico La depresión constituye un fenómeno clínicamente heterogéneo. Personas con niveles similares de síntomas pueden diferir considerablemente en funcionamiento cognitivo, comorbilidades, características neurobiológicas y respuesta al tratamiento. Un estudio pub...

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La depresión no presenta un único patrón neurobiológico


La depresión constituye un fenómeno clínicamente heterogéneo. Personas con niveles similares de síntomas pueden diferir considerablemente en funcionamiento cognitivo, comorbilidades, características neurobiológicas y respuesta al tratamiento.


Un estudio publicado en Frontiers in Human Neuroscience explora una posible fuente de esta heterogeneidad: la presencia de rasgos autistas elevados en personas que experimentan síntomas depresivos.


Los investigadores utilizaron espectroscopia funcional de infrarrojo cercano (fNIRS) para estudiar la conectividad funcional cerebral mientras los participantes realizaban una tarea de fluidez verbal.


Participaron 50 controles neurotípicos y 43 personas con sintomatología depresiva. Dentro de este segundo grupo, los investigadores compararon a 20 participantes con puntuaciones elevadas de rasgos autistas y 23 con puntuaciones inferiores.


Los resultados sugieren posibles diferencias en la organización de redes frontales y frontoparietales. Sin embargo, existe una limitación decisiva: las diferencias entre los dos subgrupos depresivos no sobrevivieron a la corrección estadística por comparaciones múltiples, por lo que deben considerarse hallazgos exploratorios.


No se estudiaron exclusivamente pacientes con depresión mayor


Este matiz es fundamental para interpretar el trabajo.


Los 43 participantes del denominado grupo depresivo no constituían una muestra homogénea de personas con trastorno depresivo mayor.


La cohorte incluía diagnósticos de depresión mayor o recurrente, trastorno bipolar en fases depresivas o mixtas y otras condiciones caracterizadas principalmente por síntomas distímicos. Algunos participantes presentaban además condiciones del neurodesarrollo o relacionadas con ansiedad.


Todos tenían síntomas depresivos clínicamente relevantes en el momento de la evaluación, definidos mediante una puntuación de al menos 8 en la escala HAM-D.


Por tanto, resulta más preciso hablar de una cohorte clínicamente heterogénea con sintomatología depresiva que de pacientes con un único diagnóstico.


Rasgos autistas elevados tampoco significa diagnóstico de autismo


La segunda distinción importante afecta al autismo.


Los investigadores utilizaron el Autism-Spectrum Quotient (AQ) y dividieron la muestra depresiva en:


AQ alto: 20 participantes, puntuación ≥33.


AQ bajo: 23 participantes, puntuación <33.


El grupo AQ alto presentó una puntuación media de 37,4, frente a 23,3 en el grupo AQ bajo.


Sin embargo, el AQ es un cuestionario de autoinforme y no sustituye una evaluación diagnóstica de trastorno del espectro del autismo (TEA).


El estudio analiza, por tanto, diferencias asociadas con la dimensión de rasgos autistas dentro de una población con sintomatología depresiva. No demuestra diferencias cerebrales específicas de pacientes con comorbilidad formal TEA-depresión.


¿Qué aporta la fNIRS?


La espectroscopia funcional de infrarrojo cercano permite estimar indirectamente cambios relacionados con la actividad cerebral mediante las concentraciones de hemoglobina oxigenada (HbO₂) y desoxigenada (HbR).


Entre sus ventajas se encuentran su carácter no invasivo y una mayor facilidad de utilización en determinados contextos clínicos que otras técnicas como la resonancia magnética funcional.


En este estudio se colocaron canales sobre regiones frontales, temporales y parietales inferiores.


Los investigadores no se limitaron a observar qué zonas aumentaban o disminuían su actividad. Analizaron la conectividad funcional, es decir, hasta qué punto las señales hemodinámicas de diferentes canales variaban conjuntamente durante la tarea.


Una tarea de fluidez verbal para activar redes ejecutivas


Durante el registro, los participantes realizaron una tarea de fluidez verbal de 60 segundos.


Este tipo de prueba exige generar palabras siguiendo determinadas reglas y moviliza procesos relacionados con recuperación léxica, atención, control ejecutivo y funcionamiento prefrontal.


Curiosamente, el rendimiento conductual no mostró diferencias significativas claras.


Los participantes con AQ bajo generaron una media de 13,61 palabras, los de AQ alto 13,95 y los controles 15,72.


La comparación entre los dos subgrupos depresivos fue prácticamente nula desde el punto de vista conductual.


Esto significa que las diferencias exploradas en conectividad no se acompañaron de diferencias equivalentes en el número de palabras producidas.


Menor conectividad frontal en la cohorte depresiva


Al comparar los 43 participantes con sintomatología depresiva con los 50 controles, los investigadores observaron un patrón compatible con menor conectividad entre regiones frontales de ambos hemisferios.


El patrón apareció tanto en las señales de HbO₂ como de HbR, acompañado de aumentos y disminuciones en otras conexiones específicas.


Los autores relacionan estos resultados con investigaciones anteriores que han descrito alteraciones de redes prefrontales en trastornos depresivos.


Sin embargo, la heterogeneidad diagnóstica de la muestra impide interpretar este patrón como una característica específica del trastorno depresivo mayor.


¿Qué cambió cuando había más rasgos autistas?


La comparación central del estudio se realizó dentro de la propia cohorte depresiva.


Los participantes con rasgos autistas elevados mostraron patrones sugestivos de mayor conectividad interhemisférica entre regiones frontales y parietales contralaterales.


En HbO₂ apareció una conexión con mayor intensidad entre el giro frontal superior derecho y el giro supramarginal izquierdo.


En HbR se observó un patrón complementario entre regiones frontales izquierdas y parietales derechas.


Al mismo tiempo, el análisis de HbR mostró reducciones localizadas de conectividad dentro de regiones frontales, además de algunas disminuciones frontoparietales.


La combinación sugiere una posible reorganización de las redes utilizadas durante la demanda ejecutiva de la tarea: determinadas conexiones de larga distancia aumentarían mientras algunas conexiones locales frontales disminuirían.


Pero este resultado necesita una cautela estadística considerable.


Ninguna conexión sobrevivió a la corrección FDR


Los investigadores realizaron un gran número de comparaciones entre pares de canales.


Esto incrementa inevitablemente la probabilidad de obtener resultados aparentemente significativos simplemente por azar.


Para afrontar este problema aplicaron una corrección Benjamini-Hochberg por tasa de falsos descubrimientos (BH-FDR).


Ninguna de las conexiones que diferenciaban a los grupos AQ alto y AQ bajo permaneció significativa después de esta corrección.


Los autores optaron por destacar conexiones con tamaños de efecto grandes, utilizando como umbral una η² parcial ≥0,14.


Algunas alcanzaron valores de:


η² parcial = 0,143–0,196.


Pero un tamaño de efecto aparentemente elevado no elimina el problema de las comparaciones múltiples, especialmente con muestras pequeñas.


Por ello, estos resultados deberían entenderse fundamentalmente como hipótesis para replicar, no como un patrón neurobiológico establecido.


Medicación y gravedad depresiva: un intento de controlar confusores


Los grupos AQ alto y bajo no mostraron diferencias estadísticamente significativas en gravedad de depresión medida mediante HAM-D, PHQ-9 y QIDS, ni en ansiedad evaluada con GAD-7.


Tampoco aparecieron diferencias significativas en las dosis equivalentes de antidepresivos, ansiolíticos o antipsicóticos.


En los análisis de conectividad entre los dos grupos, los investigadores ajustaron específicamente por dosis equivalente de diazepam e imipramina.


Esto reduce algunas explicaciones alternativas, pero no elimina la influencia potencial de la medicación ni de la heterogeneidad diagnóstica.


¿Puede utilizarse la fNIRS como biomarcador?


El trabajo plantea que el análisis de redes mediante fNIRS podría contribuir en el futuro a caracterizar la heterogeneidad neurobiológica presente en psiquiatría.


Es una posibilidad interesante, pero este estudio no valida la fNIRS como herramienta diagnóstica para detectar autismo, depresión o su coexistencia.


La muestra es pequeña, procede de una única institución y los resultados principales relativos a rasgos autistas son exploratorios.


Además, existe un importante solapamiento entre individuos que impide trasladar una diferencia estadística grupal a una clasificación clínica individual.


Para hablar de biomarcador serían necesarios estudios independientes con muestras considerablemente mayores, validación externa y medidas de rendimiento diagnóstico.


Un enfoque dimensional que sí resulta interesante


Más allá de los resultados concretos de conectividad, el estudio ilustra una cuestión relevante para la investigación psiquiátrica: personas agrupadas bajo una misma presentación depresiva pueden diferir en dimensiones neurocognitivas importantes.


Analizar rasgos autistas de manera dimensional puede ayudar a investigar esa heterogeneidad sin asumir necesariamente categorías diagnósticas rígidas.


La pregunta futura sería si determinados perfiles dimensionales permiten identificar subgrupos con diferencias reproducibles en cognición, funcionamiento, evolución clínica o respuesta terapéutica.


Este estudio proporciona una señal preliminar, pero todavía no responde a esas cuestiones.


Conclusiones prácticas


1. El estudio comparó 50 controles con 43 personas que presentaban síntomas depresivos, divididas a su vez según sus puntuaciones de rasgos autistas.

2. La cohorte depresiva mostró patrones sugestivos de menor conectividad frontal interhemisférica durante una tarea de fluidez verbal.

3. Los participantes con rasgos autistas elevados presentaron posibles diferencias frontoparietales y reducciones localizadas de conectividad frontal respecto a quienes tenían puntuaciones AQ inferiores.

4. Ninguna de estas diferencias entre los subgrupos AQ alto y bajo sobrevivió a la corrección por comparaciones múltiples, por lo que deben considerarse exploratorias.

5. Una puntuación AQ elevada no equivale a diagnóstico de TEA y la fNIRS no puede considerarse, a partir de este trabajo, un biomarcador diagnóstico de autismo o depresión.


El interés principal del estudio reside así menos en haber descubierto una “firma cerebral” y más en mostrar una posible vía para investigar la heterogeneidad neurobiológica que queda oculta cuando todos los pacientes con sintomatología depresiva se analizan como un único grupo


 


Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)


Fuente original: Reduced intra-frontal functional connectivity during a verbal fluency task in depressed individuals with autistic traits: an fNIRS study - Front. Hum. Neurosci., 27 August 2026Sec. Brain Health and Clinical Neuroscience Volume 20 - 2026


Texto completo disponible en: https://www.frontiersin.org/journals/human-neuroscience/articles/10.3389/fnhum.2026.1778517/full


Este contenido es un resumen adaptado.


La autoría científica corresponde a los autores originales.
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.

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