Los síntomas psiquiátricos también forman parte de la neurodegeneración
Depresión, ansiedad, apatía, desmoralización, agitación o cambios conductuales son frecuentes en diferentes enfermedades neurodegenerativas. Tradicionalmente, estas manifestaciones han podido interpretarse como reacciones psicológicas secundarias ante el diagnóstico, la discapacidad o la pérdida de autonomía. Sin embargo, la neuropsiquiatría contemporánea plantea una visión más amplia: en determinados pacientes, los síntomas psiquiátricos pueden expresar directamente las mismas alteraciones cerebrales que posteriormente producen deterioro cognitivo o motor.
Un editorial publicado en Frontiers in Psychiatry en 2026 reúne varios trabajos centrados precisamente en esta intersección. Su mensaje fundamental es que los síntomas neuropsiquiátricos no deberían considerarse accesorios dentro de las enfermedades neurodegenerativas, tanto por su impacto sobre pacientes y cuidadores como por la información que pueden aportar sobre los mecanismos biológicos implicados.
En algunos contextos, estas manifestaciones incluso se están investigando como potenciales indicadores de evolución o riesgo, aunque todavía estamos lejos de disponer de biomarcadores psiquiátricos suficientemente específicos para uso diagnóstico individual.
¿Síntoma psiquiátrico o síntoma neurológico? La frontera puede ser artificial
Una de las ideas más interesantes del artículo es cuestionar la separación rígida entre manifestaciones “psiquiátricas” y “neurológicas”.
A escala molecular y celular, diversos trastornos pueden compartir procesos como:
- Neuroinflamación.
- Alteraciones inmunitarias.
- Disfunción sináptica.
- Cambios metabólicos.
- Degeneración de poblaciones neuronales específicas.
Los autores utilizan la microglía como ejemplo conceptual. La activación microglial participa en múltiples enfermedades neurológicas y psiquiátricas, pero observar una célula microglial aislada —o incluso parte de su perfil molecular— no permite necesariamente determinar qué síndrome clínico presenta el paciente.
El fenotipo dependería en mayor medida de qué poblaciones neuronales están afectadas, qué redes cerebrales quedan alteradas y cómo evoluciona esa disfunción.
De forma esquemática:
Alteración molecular compartida + región/red afectada + patrón temporal → manifestación cognitiva, motora, psiquiátrica o combinada.
Esto ayuda a explicar por qué mecanismos biológicos similares pueden traducirse clínicamente de formas muy diferentes.
Parkinson: los síntomas no motores aportan información clínica relevante
Cuatro de los estudios comentados en el editorial se centran en la enfermedad de Parkinson, un ejemplo paradigmático de cómo una enfermedad conocida por sus alteraciones motoras incluye también una dimensión neuropsiquiátrica importante.
Los trabajos analizados exploran diferentes asociaciones.
Inflamación y ansiedad
Uno de los estudios encontró una relación positiva entre biomarcadores inflamatorios sistémicos y niveles de ansiedad, especialmente ansiedad estado, en pacientes con Parkinson.
Este resultado no demuestra que la inflamación cause directamente la ansiedad, pero apoya una hipótesis más amplia:
Las manifestaciones emocionales podrían relacionarse parcialmente con procesos biológicos que forman parte de la propia enfermedad.
Metabolismo y depresión
Otro trabajo investigó el índice triglicéridos-glucosa, utilizado como indicador indirecto de resistencia a la insulina, y su posible relación con la depresión en Parkinson. Los autores plantearon que la alteración metabólica y las vías inmunoinflamatorias podrían constituir mecanismos compartidos entre ambos fenómenos.
Nuevamente, se trata de asociaciones y modelos mecanísticos que necesitan validación, no de herramientas diagnósticas establecidas.
Apatía, depresión y desmoralización no aparecen aisladas
Otro estudio incluido en el monográfico evaluó la coexistencia de varios síntomas psiquiátricos negativos en pacientes con Parkinson.
Las personas que presentaban simultáneamente desmoralización, apatía y depresión mostraban mayor deterioro cognitivo y síntomas motores más graves. Además, el deterioro cognitivo mediaba parcialmente la asociación entre la carga neuropsiquiátrica y las alteraciones motoras.
Este resultado resulta especialmente interesante desde una perspectiva clínica porque sugiere que agrupar los síntomas exclusivamente por especialidades puede hacer perder información sobre su interacción.
Un paciente no presenta necesariamente una enfermedad motora “más” una depresión independiente. En algunos casos, ambas dimensiones podrían formar parte de un proceso neurobiológico parcialmente compartido.
Alzheimer: los síntomas psiquiátricos pueden preceder al deterioro cognitivo evidente
La relación entre neurodegeneración y psicopatología también resulta relevante en la enfermedad de Alzheimer.
El editorial recoge un estudio en personas con deterioro cognitivo subjetivo que examinó la relación entre presencia de amiloide, rasgos de personalidad y síntomas de depresión y ansiedad. Los resultados sugieren que determinadas características, como neuroticismo y somatización, pueden modular la asociación entre patología amiloide y síntomas emocionales.
La interpretación debe ser prudente. Depresión o ansiedad por sí solas no constituyen biomarcadores de Alzheimer, porque son síntomas muy frecuentes y poco específicos.
Sin embargo, cuando aparecen determinadas alteraciones psiquiátricas en combinación con edad, cambios cognitivos y otros factores de riesgo, pueden aportar información que justifique una evaluación más amplia.
¿Pueden convertirse los síntomas psiquiátricos en biomarcadores?
Esta es una de las posibilidades más atractivas, pero también una de las que requieren mayor cautela.
Un biomarcador clínicamente útil necesita, entre otras características:
- Suficiente sensibilidad y especificidad.
- Capacidad predictiva reproducible.
- Validación en poblaciones independientes.
- Relación temporal clara con la enfermedad.
- Utilidad adicional respecto a la evaluación convencional.
Los síntomas psiquiátricos difícilmente cumplirán estos criterios de manera aislada. Depresión, ansiedad o apatía pueden aparecer en múltiples enfermedades y también en personas sin neurodegeneración.
Por ello, su valor potencial probablemente se encuentre en modelos multimodales, combinados con neuropsicología, neuroimagen, biomarcadores moleculares, antecedentes y evolución longitudinal.
Interferón y neuroinflamación: mecanismos que atraviesan diagnósticos
El Research Topic también incluye una revisión sobre la señalización mediante interferones (IFN).
Aunque estas moléculas son conocidas principalmente por su papel antiviral, una activación aumentada de estas vías se ha relacionado con distintos trastornos neurodegenerativos y neuropsiquiátricos. La revisión analiza cómo los ácidos nucleicos citoplasmáticos pueden activar señales de interferón y potenciar mecanismos neuroinflamatorios.
El interés reside en que un mismo sistema molecular puede participar en manifestaciones clínicas diferentes dependiendo de dónde y cómo actúe.
Este planteamiento refuerza la idea central del editorial: quizás sea menos útil buscar una alteración celular exclusiva para cada diagnóstico y más productivo estudiar cómo alteraciones compartidas afectan a circuitos y redes diferentes.
Epilepsia: un modelo especialmente útil para la neuropsiquiatría
El monográfico incluye también una revisión sobre las dimensiones neuropsiquiátricas de la epilepsia.
En este trastorno, las manifestaciones psiquiátricas pueden aparecer antes, durante o después del desarrollo de las crisis. Al mismo tiempo, existen alteraciones neurológicas objetivables, lo que convierte a la epilepsia en un modelo especialmente interesante para investigar cómo un mismo sistema cerebral puede producir fenómenos neurológicos y psiquiátricos.
Esto cuestiona nuevamente una clasificación basada exclusivamente en síntomas externos.
¿Qué cambia para la práctica clínica?
El mensaje más útil no consiste en convertir cada síntoma psiquiátrico en una señal de neurodegeneración.
Consiste en no asumir automáticamente que es secundario o reactivo.
Ante una enfermedad neurodegenerativa, la evaluación puede beneficiarse de considerar de manera sistemática:
- Depresión y ansiedad.
- Apatía y pérdida de motivación.
- Alteraciones conductuales.
- Agitación.
- Síntomas psicóticos cuando aparecen.
- Cambios de personalidad.
- Funcionamiento cognitivo.
- Impacto sobre cuidadores y autonomía.
Esta información puede mejorar la caracterización clínica y ayudar a estudiar trayectorias de enfermedad, aunque el editorial no establece protocolos diagnósticos ni terapéuticos específicos.
Limitaciones: estamos ante un editorial, no una revisión sistemática
Es importante precisar la naturaleza de la fuente.
El artículo es un editorial que sintetiza ocho trabajos incluidos en un Research Topic, concretamente cinco investigaciones clínicas originales, una revisión, una minirrevisión y un artículo de opinión. No constituye una revisión sistemática ni un metaanálisis.
Por tanto, no permite estimar:
- Prevalencia global de síntomas.
- Magnitudes agregadas de efecto.
- Capacidad diagnóstica.
- Causalidad.
- Eficacia general de tratamientos.
Su valor es principalmente conceptual y organizador: situar la neuropsiquiatría en el centro del estudio de las enfermedades neurodegenerativas.
Conclusiones prácticas
El artículo permite destacar cinco mensajes principales:
1. Los síntomas psiquiátricos son frecuentes y clínicamente relevantes en las enfermedades neurodegenerativas.
2. En algunos pacientes pueden reflejar directamente alteraciones neurobiológicas vinculadas a la enfermedad, y no únicamente una reacción psicológica a la discapacidad.
3. Procesos como neuroinflamación o disfunción inmunitaria pueden ser compartidos por manifestaciones cognitivas, motoras y psiquiátricas.
4. El fenotipo clínico probablemente depende de qué poblaciones neuronales y redes cerebrales resulten afectadas, además del mecanismo molecular implicado.
5. Depresión, ansiedad, apatía u otros síntomas podrían contribuir en el futuro a modelos de predicción multimodal, pero actualmente no funcionan como biomarcadores diagnósticos independientes.
La idea central es sencilla pero clínicamente importante: en neurodegeneración, los síntomas psiquiátricos no deberían ocupar un segundo plano frente a los síntomas cognitivos o motores. Pueden formar parte del mismo proceso cerebral y aportar información relevante sobre cómo se está expresando la enfermedad.
Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: The role of neuropsychiatry in neurodegenerative disorders - Front Psychiatry. 2026 Jan 23;17:1781963.
Texto completo disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12875924/
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
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