Aunque no existen datos de la incidencia de la patología dual entre la población adolescente y juvenil, lo cierto es que estos grupos de población no escapan a la coexistencia en una misma persona de una adicción y otros trastornos mentales. “En la población infantil y adolescente con patología dual, los trastornos mentales más frecuentes suel...
Aunque no existen datos de la incidencia de la patología dual entre la población adolescente y juvenil, lo cierto es que estos grupos de población no escapan a la coexistencia en una misma persona de una adicción y otros trastornos mentales. “En la población infantil y adolescente con patología dual, los trastornos mentales más frecuentes suelen ser los trastornos externalizantes, especialmente el TDAH, los trastornos de conducta y el trastorno oposicionista‑desafiante, sobre todo en las edades más tempranas. En cuanto a las adicciones, las más prevalentes en esta población son el alcohol, el tabaco y el cannabis, que además suelen iniciarse a edades muy tempranas. En el caso del cannabis, es habitual su consumo en pacientes con trastorno bipolar, así como con síntomas psicóticos incipientes”, ha explicado la doctora Isabel Lizarraga, psiquiatra de la Unidad de Psiquiatría del Niño y del Adolescente de la Clínica Universidad de Navarra.
Pese a esta realidad, la experta ha señalado durante su participación en el 28º Congreso de la Sociedad Española de Patología Dual, que acoge estos días en Valencia a más de 2.000 expertos vinculados al ámbito de la salud mental, que en muchos casos “se está llegando tarde” al diagnóstico de la patología dual en la población infanto-juvenil. “Y no es porque no existan señales de alerta, sino porque esas señales muchas veces se interpretan como “cosas de la edad” o se abordan por separado. Con frecuencia, de hecho, ocurre que se detecta solo una parte del problema: o bien el malestar emocional, los problemas de conducta o el bajo rendimiento escolar, o bien el consumo de alcohol, tabaco o cannabis, que a menudo, además, se normaliza en la adolescencia”, ha afirmado.
Para Isabel Lizarraga, adelantarse al diagnóstico de la patología dual es “fundamental”, sobre todo porque ésta no aparece de golpe, sino que existen factores previos de riesgo que se van manifestando poco a poco durante etapas clave del desarrollo como son la infancia y, sobre todo, la adolescencia. “Cuanto antes se detecten y se aborden de forma conjunta el malestar emocional y el consumo de sustancias, mejor será el pronóstico”, ha expresado la experta, que ha recordado que cuando no se llega a tiempo lo que suele ocurrir es que “ambos problemas, que están íntimamente conectados, se refuerzan entre sí”. Es decir, por un lado, el consumo puede agravar los síntomas de ansiedad, depresión o problemas de conducta; mientras que, por otro, esos síntomas pueden llevar a los jóvenes a consumir sustancias como forma de aliviar su malestar.
Importancia de la integración de salud mental y adicciones
La psiquiatra ha reconocido durante su ponencia que el sistema sanitario “ha avanzado” en el reconocimiento de la patología dual en la población infanto‑juvenil. Sin embargo, ha lamentado que aún hoy muchos recursos están diseñados pensando en adultos, por lo que “no siempre se adaptan bien a las necesidades específicas de la infancia y la adolescencia”; así como el hecho de la falta de coordinación entre niveles asistenciales, que provoca que muchos jóvenes “no lleguen al sistema hasta que el problema ya está bastante avanzado”.
En ese sentido, Lizarraga ha considerado “clave” mejorar la detección precoz, especialmente en ámbitos como la atención primaria, los centros educativos y los servicios de pediatría y salud mental infanto‑juvenil; y formar mejor a los profesionales que trabajan con adolescentes, para que tengan en cuenta de forma sistemática la patología dual, la coexistencia de ambos problemas, “y no se queden solo con lo más visible en cada momento”.
Otro aspecto a mejorar, según la experta, sería avanzar “hacia modelos de atención más integrados”, donde salud mental y adicciones trabajen de forma coordinada, integrados funcionalmente y no como circuitos separados. “Desgraciadamente, a menudo, el abordaje sigue siendo fragmentado: por un lado, la salud mental y, por otro, las adicciones, lo que dificulta una respuesta rápida y coordinada en niños y adolescentes”, ha argumentado.
Por último, Isabel Lizarraga ha destacado el papel de las familias y de la sociedad en general a la hora de reducir el estigma, normalizar la consulta precoz y no banalizar el consumo de sustancias en la adolescencia, lo que en su opinión “ayudará a que los jóvenes pidan ayuda antes y lleguen al sistema sanitario en fases menos graves”.