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La actual revolución de la información digital genera tensiones cognitivas y emocionales en el cerebro humano

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Noticia | Post de usuario | Fecha de publicación: 06/03/2026
Artículo revisado por nuestra redacción

Vitoria-Gasteiz, marzo de 2026.- El cerebro humano evoluciona lentamente, mientras que el entorno informacional cambia con enorme rapidez, generando atención fragmentada, sobreestimulación, dificultad para la espera, comparación social permanente y vulnerabilidad emocional. La nueva revolución de la información en el mundo digital genera tensiones cognitivas y em...

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Vitoria-Gasteiz, marzo de 2026.- El cerebro humano evoluciona lentamente, mientras que el entorno informacional cambia con enorme rapidez, generando atención fragmentada, sobreestimulación, dificultad para la espera, comparación social permanente y vulnerabilidad emocional. La nueva revolución de la información en el mundo digital genera tensiones cognitivas y emocionales en el cerebro humano. Estas ideas aparecerán en la intervención de Javier Jurado González, ingeniero de Telecomunicaciones, licenciado en Filosofía y doctor en Economía, durante la conferencia inaugural del XXXIV Curso Nacional de Actualización en Psiquiatría que tendrá lugar esta tarde a las 19.45 horas en el Auditorium del Palacio Europa de la capital alavesa.


La conferencia es abierta al público general. En cuanto al propósito de su intervención, ha aclarado que “no soy ningún experto en psiquiatría” y que “sólo pretendo ofrecer un marco interpretativo que permita dar contexto a los distintos temas del congreso”. “Quiero mostrar que la inteligencia artificial, el desarrollo cerebral, las nuevas terapias, la humanización o la comunicación social no son fenómenos aislados, sino prácticas humanas en el seno de transformaciones históricas como esta cuarta revolución de la información”. “Porque comprender ese contexto puede ayudar a entender los desafíos actuales de la psiquiatría, anticipar los futuros y orientar su evolución con mayor claridad”.


LA REVOLUCIÓN DIGITAL ES LA FASE MÁS RECIENTE DE LA HISTORIA


El autor ha señalado que “la revolución digital no es un fenómeno aislado, sino la fase más reciente de una historia mucho más larga, la del crecimiento de la información, profundamente arraigado en la biología humana como estrategia adaptativa central”. Algo visible, según ha detallado, “desde el proceso de hominización -encefalización, primera tecnología, dominio del fuego- hasta la primera gran revolución informacional que nos definió como especie: el lenguaje”. Según ha explicado, “las sucesivas revoluciones de la información transformaron nuestros modelos de cooperación y legitimidad y de adquisición de conocimiento”.

Tras el lenguaje llegaron “la revolución de la escritura -con su particular aceleración del alfabeto- y, siglos después, la revolución de la imprenta”, que “cada una a su escala, transformaron la organización del conocimiento y la legitimidad social, acompañando y activando respectivamente la sedentarización neolítica y la Revolución Industrial”. En el último medio siglo, ha añadido, “hemos entrado en la cuarta revolución de la información, basada en la digitalización, la conectividad global y la inteligencia artificial, con impactos sociales, económicos y culturales de gran profundidad que estamos tratando de comprender”. A su juicio, “el crecimiento de la información tiene raíces biológicas y es, en cierto sentido, inevitable, ya que nuestra rama evolutiva ha optado por aprovechar su paradigma de versatilidad-fragilidad para luchar contra el crecimiento de la entropía” (magnitud que, de forma simplificada, podemos decir que mide el desorden). En nuestra especie eso fue “una estrategia adaptativa fundamental, visible en el aumento del cerebro, en la primera industria lítica, en el dominio del fuego y en el progresivo crecimiento de la complejidad de nuestra tecnología y nuestras sociedades”. IMPACTO EN LOS


PACIENTES Y EN LA PRÁCTICA CLÍNICA
Desde la perspectiva clínica, Jurado González ha afirmado que “la psiquiatría actual debe habérselas con los efectos de una nueva revolución de la información en transición, que impacta no sólo en sus pacientes sino también en la práctica clínica y en la relación terapéutica”. “La práctica clínica se desarrolla hoy en un entorno de abundancia informacional sin precedentes, donde disponemos de más datos biomédicos, conductuales y contextuales que nunca”. Esto abre posibilidades de “detección precoz, seguimiento longitudinal y personalización terapéutica”, ha agregado. Sin embargo, ha advertido de que “la sobreabundancia introduce ruido, fragmentación, escasez en la atención, desprestigio científico y riesgo de pérdida de sentido, una saturación informativa o infoxicación que impactan especialmente en ciertos perfiles potencialmente patológicos”. “El reto no es solo manejar más información, sino discernir cuál tiene relevancia humana y clínica, mantener la legitimidad científica y conservar la centralidad de la experiencia subjetiva del paciente”, ha sostenido.

OPORTUNIDADES Y RIESGOS
En cuanto a oportunidades y riesgos, ha afirmado que “las oportunidades son claras: mejor prevención, intervenciones más personalizadas, mayor conocimiento de la evolución de los trastornos y nuevas herramientas terapéuticas”. Pero también “emergen riesgos como sobrecarga informacional, fatiga cognitiva, impulsividad y vulnerabilidad adictiva, hiperestimulación dopaminérgica digital, aceleración del tiempo psicológico, comparación social constante, externalización cognitiva y datificación del sujeto”, que introduce tensiones “entre personalización algorítmica y comprensión humana”. Además, ha añadido que “la llegada de los modelos y agentes de IA está acelerando y ramificando ese impacto en escenarios de incertidumbre”. Sobre la inteligencia artificial, ha señalado que “amplía de forma notable nuestra capacidad para analizar grandes volúmenes de datos, identificar patrones complejos y anticipar trayectorias clínicas”. “Puede contribuir al diagnóstico asistido, a la predicción de recaídas y a la personalización de intervenciones”. No obstante, ha subrayado que “su función no es sustituir la comprensión clínica, sino complementarla”. Respecto a las generaciones jóvenes, ha reconocido que “existe un debate abierto, ya que algunos han encontrado una causalidad fuerte entre el aumento de patologías psíquicas y la adopción masiva de tecnologías digitales, aunque no se han esclarecido las causas subyacentes de esta correlación”. Ha reiterado que “más que las tecnologías en sí, el problema quizá recaiga en el diseño algorítmico y en los contenidos, especialmente en edades tempranas, donde la plasticidad cerebral es mayor y estas dinámicas pueden influir en la regulación emocional, la construcción de identidad y la percepción del propio valor”. “Comprender estos efectos es esencial para una prevención eficaz”. En el plano social, ha señalado que “las redes sociales han ampliado la visibilidad de la salud mental y han contribuido a reducir el estigma”, pero también “simplifican conceptos, difuminan límites entre malestar y patología y generan narrativas rápidas”. ASCENSO DE

PROBLEMAS POR LA POPULARIZACIÓN Y AUTODIAGNÓSTICOS
“Buena parte de este ascenso de problemas se debe a una popularización y un autodiagnóstico indebidos”, lo que, según Jurado González, “obliga a la psiquiatría a asumir un papel pedagógico”. Asimismo, ha advertido de que la “desmediatización de la información” está “dañando el prestigio de la práctica psiquiátrica mediante el intrusismo profesional, en un proceso comparable a las convulsiones deslegitimadoras que una revolución de la información provoca, como la imprenta hiciera con la legitimidad católica medieval”. Como mensaje final, ha destacado que “el crecimiento de la información es un fenómeno humano profundo, no solo tecnológico ni reciente” y que “muchos malestares contemporáneos pueden entenderse en relación con un entorno cognitivo saturado”. “La psiquiatría mantiene una misión esencialmente humanista: ayudar a integrar experiencia, sentido y sufrimiento en un mundo cada vez más complejo”.

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