El insomnio más allá de la alteración del sueño
El trastorno de insomnio se caracteriza clínicamente por dificultades persistentes para iniciar o mantener el sueño, acompañadas de repercusiones durante el día. Sin embargo, la investigación actual plantea una visión más amplia: el insomnio podría asociarse también con alteraciones neuroendocrinas, inmunitarias y de los mecanismos de adaptación al estrés.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Frontiers in Immunology en agosto de 2026 reunió la evidencia disponible sobre biomarcadores circulantes en adultos con insomnio. El trabajo incluyó 32 estudios, 4.578 personas con insomnio y 28.382 controles sanos, analizando 12 marcadores relacionados con inflamación, regulación neuroendocrina, neuroplasticidad y respuesta al estrés.
Los resultados apuntan especialmente hacia tres componentes: aumento del cortisol, elevación de varios marcadores inflamatorios y reducción del neuropéptido Y (NPY). Sin embargo, la certeza global de la evidencia fue baja o muy baja, un dato fundamental antes de trasladar estos hallazgos a la práctica clínica.
Cortisol elevado y posible hiperactividad del eje HPA
Uno de los resultados más destacados corresponde al cortisol, principal producto final del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA).
El metaanálisis encontró concentraciones significativamente superiores en las personas con insomnio:
SMD = 3,65; IC 95 %: 2,35–4,95.
La dirección de la asociación se mantuvo en los análisis de sensibilidad. No obstante, existía una elevada heterogeneidad entre estudios y un trabajo presentaba un efecto particularmente grande. Al excluirlo, la diferencia se redujo a SMD = 2,34, aunque continuó siendo estadísticamente significativa.
El resultado es compatible con los modelos de hiperactivación persistente del insomnio, según los cuales el problema no consistiría únicamente en una incapacidad para dormir, sino también en dificultades para reducir adecuadamente la activación fisiológica.
CRH: un resultado menos claro
Podría esperarse que la hormona liberadora de corticotropina (CRH), situada en niveles superiores del eje HPA, presentase un patrón similar.
Sin embargo, el metaanálisis no encontró diferencias globales significativas en CRH.
Los autores señalan varias posibles explicaciones, como su corta vida media, secreción pulsátil y bajas concentraciones periféricas. El cortisol podría constituir una medida circulante más estable, aunque esto no lo convierte automáticamente en un biomarcador clínico del insomnio.
El insomnio también se asocia con un perfil proinflamatorio
El segundo resultado importante apareció en el sistema inmunitario.
Las personas con insomnio presentaron concentraciones significativamente superiores de varios marcadores inflamatorios:
- IL-6: SMD = 1,47.
- IL-1β: SMD = 0,89.
- TNF-α: SMD = 0,82.
- IL-2: SMD = 0,50.
- CRP: SMD = 0,40.
- IFN-γ: SMD = 0,22.
En cambio, las citocinas antiinflamatorias IL-4 e IL-10 no mostraron diferencias significativas.
Los resultados más consistentes correspondieron a IL-6, TNF-α y proteína C reactiva (CRP), lo que respalda la hipótesis de una posible asociación entre insomnio e inflamación sistémica de bajo grado.
¿El insomnio provoca inflamación?
El estudio no permite afirmarlo.
Este es uno de los puntos que requiere mayor cautela.
La mayoría de los trabajos incluidos eran observacionales: 28 estudios de casos y controles y cuatro transversales. Además, 30 de los 32 estudios procedían de China.
Por tanto, pueden existir varias explicaciones:
Insomnio → alteraciones inflamatorias.
Inflamación → alteración del sueño.
Un tercer factor → mayor inflamación y mayor probabilidad de insomnio.
También pueden intervenir comorbilidades psiquiátricas, enfermedades metabólicas, obesidad, actividad física, edad, medicación o estrés.
El metaanálisis identifica asociaciones biológicas, no relaciones causales.
Neuropeptido Y: una posible señal de menor capacidad de adaptación al estrés
Otro resultado especialmente interesante fue el neuropéptido Y (NPY).
Los niveles circulantes fueron significativamente inferiores en personas con insomnio:
SMD = −0,85; IC 95 %: −1,27 a −0,43.
El NPY participa en diferentes procesos neurobiológicos relacionados con la regulación del estrés y presenta efectos ansiolíticos y moduladores del eje HPA. Estudios experimentales previos han mostrado además relaciones entre NPY, sueño y secreción de cortisol.
Los autores plantean que su reducción podría reflejar una menor capacidad de amortiguación fisiológica frente al estrés, potencialmente relacionada con el estado de hiperactivación mantenida.
Pero hay una limitación importante: el análisis de NPY se sustentó únicamente en tres estudios.
Por tanto, se trata de un hallazgo prometedor, pero todavía insuficiente para considerar el NPY un marcador establecido del trastorno.
BDNF: sin diferencias consistentes
El factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) resulta especialmente interesante por su participación en plasticidad sináptica, supervivencia neuronal y remodelación neural.
Sin embargo, los siete estudios analizados no mostraron una diferencia global estadísticamente significativa:
SMD = −0,97; IC 95 %: −2,28 a 0,34.
Además, la heterogeneidad alcanzó el 98,2 %, indicando diferencias muy importantes entre los resultados disponibles.
Por ahora, por tanto, no existe evidencia consistente en este metaanálisis para considerar las concentraciones periféricas de BDNF como una característica diferenciadora del insomnio.
Un posible perfil biológico multidimensional
Considerados conjuntamente, los resultados dibujan un patrón interesante:
Cortisol ↑ → mayor activación del eje HPA.
IL-6, TNF-α, CRP y otras citocinas ↑ → activación inflamatoria.
NPY ↓ → posible reducción de mecanismos relacionados con adaptación al estrés.
CRH y BDNF → sin diferencias globales consistentes.
Este perfil encaja con una concepción del insomnio como fenómeno biológico multidimensional, en el que sueño, estrés, inmunidad y regulación neuroendocrina podrían interactuar.
Sin embargo, hablar de un perfil biológico asociado no equivale a disponer de una firma diagnóstica.
¿Podremos diagnosticar el insomnio con un análisis de sangre?
No con la evidencia disponible.
Ninguno de estos biomarcadores está validado por este estudio como prueba diagnóstica individual.
Un biomarcador clínicamente útil necesitaría demostrar, entre otras propiedades, suficiente sensibilidad y especificidad, reproducibilidad entre laboratorios, estabilidad temporal y capacidad para distinguir el insomnio de otras enfermedades que también modifican cortisol o inflamación.
El problema es evidente: cortisol, CRP, IL-6 o TNF-α no son específicos del insomnio.
La utilidad futura podría encontrarse más en la estratificación biológica que en el diagnóstico: identificar subgrupos de pacientes con diferentes perfiles neuroendocrinos o inmunitarios para comprender mejor la heterogeneidad del trastorno. Los propios autores sitúan esta posibilidad como una línea futura de investigación, no como una aplicación clínica disponible.
La principal limitación: evidencia de baja certeza
Aunque el tamaño agregado de la muestra parece elevado, la calidad de la evidencia obliga a moderar las conclusiones.
Según GRADE, la certeza fue baja o muy baja para todos los resultados.
Entre las principales limitaciones destacan:
1. Todos los estudios eran observacionales.
No permiten establecer causalidad.
2. Existía elevada heterogeneidad.
Por ejemplo, I² fue del 95,7 % para IL-6, 88 % para TNF-α y 84,3 % para CRP.
3. Los protocolos de extracción sanguínea variaban.
Esto es especialmente problemático para moléculas con ritmos circadianos como el cortisol.
4. La evidencia estaba geográficamente concentrada.
Treinta de los 32 estudios procedían de China.
5. Sangre y cerebro no son equivalentes.
Los biomarcadores periféricos no reflejan necesariamente de forma directa los procesos del sistema nervioso central.
Conclusiones prácticas
El metaanálisis deja cinco resultados especialmente relevantes:
1. El insomnio se asoció con concentraciones superiores de cortisol, compatibles con una alteración de la regulación del eje HPA.
2. IL-6, TNF-α y CRP destacan entre los marcadores que respaldan una posible asociación con inflamación sistémica de bajo grado.
3. El NPY apareció reducido, planteando una posible alteración de los mecanismos de adaptación al estrés que deberá confirmarse en más estudios.
4. CRH y BDNF no mostraron diferencias globales consistentes.
5. Estos resultados todavía no justifican utilizar biomarcadores sanguíneos para diagnosticar o guiar individualmente el tratamiento del insomnio.
La aportación principal del trabajo consiste en reforzar una visión del insomnio más allá del sueño nocturno, integrándolo con sistemas de respuesta al estrés e inmunidad. El siguiente reto será determinar si estos cambios son causa, consecuencia o correlato del trastorno y si permiten identificar subtipos biológicos con verdadera utilidad clínica.
Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Biomarker evidence for the pathophysiological mechanisms of insomnia: a systematic review and meta-analysis - Front. Immunol., 19 August 2026Sec. Inflammation Volume 17 - 2026
Texto completo disponible en: https://www.frontiersin.org/journals/immunology/articles/10.3389/fimmu.2026.1889366/full
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.