¿Cómo influye el estrés durante el embarazo años después?
La exposición al estrés durante etapas tempranas del desarrollo se ha relacionado con una mayor probabilidad de presentar posteriormente problemas emocionales. Sin embargo, existe una considerable variabilidad individual: no todos los niños expuestos a estrés materno durante el embarazo desarrollan dificultades psicológicas durante la infancia o la adolescencia.
Una de las posibles explicaciones se encuentra en las diferencias individuales en funciones cognitivas y desarrollo cerebral.
La función ejecutiva, que engloba capacidades relacionadas con el control cognitivo, la memoria de trabajo o la regulación de la conducta, se ha propuesto como un posible factor de protección. La corteza prefrontal, estrechamente relacionada con estos procesos, también podría intervenir en la capacidad para responder y adaptarse a situaciones adversas.
Un estudio publicado en Psychological Medicine ha investigado esta hipótesis desde una perspectiva genética: ¿puede la predisposición genética relacionada con la función ejecutiva o con características de la corteza prefrontal modificar la asociación entre estrés materno prenatal y síntomas internalizantes durante la adolescencia?
Los resultados muestran una respuesta más compleja de lo esperado.
Más de 3.000 adolescentes evaluados
La investigación analizó datos de 3.111 adolescentes pertenecientes a 2.990 familias, de los cuales 1.881 eran mujeres y 1.230 hombres.
Los investigadores utilizaron un índice acumulativo de estrés materno prenatal construido a partir de cuatro dominios y evaluaron posteriormente los síntomas internalizantes de los adolescentes a los 14 y 16 años.
Los síntomas internalizantes comprenden manifestaciones emocionales dirigidas predominantemente hacia el propio individuo y pueden incluir sintomatología relacionada con ansiedad y depresión.
El objetivo principal no era únicamente comprobar la relación entre exposición prenatal y síntomas posteriores. Los investigadores querían determinar si determinadas predisposiciones genéticas vinculadas a la función ejecutiva y la corteza prefrontal podían modificar esa asociación.
¿Qué es una puntuación poligénica?
Para estudiar esta cuestión se utilizaron puntuaciones poligénicas o polygenic scores (PGS).
Muchos rasgos psicológicos, cognitivos y biológicos no dependen de una única variante genética. Están relacionados con un gran número de variantes, cada una de las cuales puede realizar una contribución muy pequeña.
Las puntuaciones poligénicas agregan información procedente de múltiples variantes para obtener un indicador estadístico de predisposición genética hacia un determinado rasgo.
En este estudio se calculó una puntuación relacionada con función ejecutiva general a partir de investigaciones genéticas realizadas en muestras adultas.
Este último detalle es importante: la puntuación se derivó de muestras de adultos y posteriormente se aplicó para estimar predisposición genética relacionada con función ejecutiva durante la adolescencia.
Por ello, una puntuación poligénica elevada no significa que un adolescente tenga necesariamente una función ejecutiva superior. Se trata de una estimación de predisposición genética, no de una medición directa de su capacidad cognitiva.
Una segunda puntuación centrada en la corteza prefrontal
Los investigadores desarrollaron además indicadores poligénicos relacionados con características de la corteza prefrontal.
Para ello utilizaron información genética asociada con el grosor cortical y la activación cerebral relacionada con tareas en seis regiones prefrontales.
Posteriormente, estas medidas fueron resumidas mediante un componente compuesto.
La hipótesis era coherente con la literatura previa: si las funciones ejecutivas y la corteza prefrontal contribuyen a regular las respuestas emocionales, una predisposición genética favorable en estos sistemas podría actuar como amortiguador frente a las consecuencias del estrés temprano.
El estudio permitió poner a prueba esta posibilidad en una muestra amplia.
Más estrés prenatal, más síntomas internalizantes
El resultado más consistente fue la asociación entre mayor exposición al estrés materno prenatal y mayores niveles de síntomas internalizantes durante la adolescencia.
Además, el sexo femenino estuvo asociado con mayores niveles de estos síntomas.
La predisposición genética materna relacionada con problemas internalizantes también mostró una asociación con mayores niveles de sintomatología en los adolescentes.
Estos resultados encajan con un modelo en el que la salud mental adolescente emerge de múltiples influencias y no puede atribuirse exclusivamente a la exposición prenatal.
Pero la pregunta novedosa del estudio era otra: ¿modificaban la función ejecutiva y la corteza prefrontal esta relación?
La hipótesis del efecto protector no se confirmó
Los resultados generales fueron claros: ni la puntuación poligénica de función ejecutiva ni la puntuación relacionada con la corteza prefrontal moderaron significativamente la asociación entre estrés prenatal y síntomas internalizantes.
Es decir, el estudio no encontró evidencia general de que una mayor predisposición genética relacionada con estas características protegiera a los adolescentes frente a la asociación entre estrés prenatal y problemas emocionales.
Los análisis relacionados con la corteza prefrontal fueron especialmente consistentes en este sentido. No apareció una interacción estadísticamente significativa con el estrés temprano y los análisis realizados separadamente a los 14 y 16 años tampoco mostraron resultados significativos.
Por tanto, los datos no respaldaron la hipótesis inicial de un efecto amortiguador genético.
Un resultado inesperado a los 16 años
Sin embargo, apareció una señal secundaria particularmente interesante.
A los 16 años se observó una interacción débil según la cual, en condiciones de mayor exposición al estrés temprano, una predisposición genética asociada con mayor función ejecutiva se relacionaba con más síntomas internalizantes.
El resultado iba precisamente en la dirección contraria a la hipótesis inicial.
Una posible interpretación planteada por los investigadores es que determinadas características cognitivas podrían no funcionar siempre como factores protectores. En algunos contextos podrían estar relacionadas con una mayor sensibilidad al entorno.
Una mayor capacidad cognitiva podría, por ejemplo, facilitar procesos de reflexión o procesamiento de experiencias adversas que, bajo determinadas circunstancias, no necesariamente resultasen protectores.
Sin embargo, esta explicación debe considerarse hipotética.
El efecto fue débil y específico de una determinada edad. No constituye evidencia suficiente para afirmar que una mayor predisposición genética a la función ejecutiva sea perjudicial frente al estrés prenatal.
Predisposición genética no significa destino
Este estudio también permite recordar una distinción fundamental en psiquiatría genética.
Una puntuación poligénica no constituye un diagnóstico ni determina individualmente qué ocurrirá con una persona.
Representa una estimación estadística basada en la combinación de numerosas variantes genéticas identificadas mediante estudios poblacionales.
Además, en este caso concreto existe otra precaución: la puntuación de función ejecutiva procede de estudios realizados en adultos.
Los propios autores señalan que la arquitectura genética de la función ejecutiva puede presentar diferencias a lo largo del desarrollo. Una puntuación obtenida a partir de adultos podría, por tanto, no representar perfectamente los procesos cognitivos de un adolescente.
Esta limitación es especialmente importante cuando se pretende estudiar interacciones entre genética, desarrollo cerebral y experiencias ambientales.
Genes y ambiente: una relación más compleja
Los resultados tampoco apoyan un modelo sencillo en el que determinadas predisposiciones genéticas puedan clasificarse universalmente como “protectoras” o “de riesgo”.
Un mismo conjunto de características podría tener implicaciones diferentes dependiendo del momento del desarrollo y del contexto ambiental.
Esta perspectiva encaja con los modelos de interacción gen-ambiente, en los que los efectos de una predisposición genética pueden variar según las experiencias a las que está expuesta una persona.
Pero este estudio proporciona únicamente evidencia limitada de una interacción de este tipo.
La principal asociación observada continúa siendo la existente entre estrés materno prenatal y sintomatología internalizante posterior.
Qué puede y qué no puede concluirse
Aunque la muestra de más de 3.000 adolescentes constituye una fortaleza importante, los resultados requieren una interpretación prudente.
El estudio utiliza puntuaciones poligénicas como indicadores indirectos de predisposición biológica. Estas puntuaciones no equivalen a mediciones directas de función ejecutiva ni del funcionamiento cerebral de cada adolescente.
Además, los síntomas internalizantes fueron autoinformados a los 14 y 16 años.
Por otra parte, encontrar una asociación entre estrés prenatal y sintomatología posterior no permite interpretar el estrés durante el embarazo como una causa única o determinista de problemas psicológicos en los hijos.
Factores genéticos, familiares, sociales y ambientales posteriores pueden intervenir simultáneamente en las trayectorias de salud mental.
Implicaciones para la investigación
El estudio aporta sobre todo información para comprender mejor la heterogeneidad del desarrollo psicológico.
La hipótesis de que la predisposición genética relacionada con la función ejecutiva y la corteza prefrontal proporcionaría una protección general frente al estrés prenatal no recibió respaldo.
Esto sugiere que los mecanismos de resiliencia probablemente sean más complejos y no puedan explicarse mediante un único indicador genético.
Los futuros estudios podrán combinar medidas genéticas con evaluaciones directas y longitudinales de función ejecutiva, neuroimagen, experiencias ambientales y evolución psicopatológica.
También será importante estudiar si las relaciones cambian en distintas etapas del desarrollo.
Conclusiones prácticas
1. Un mayor estrés materno prenatal se asoció con más síntomas internalizantes en los adolescentes evaluados a los 14 y 16 años.
2. El sexo femenino y la predisposición genética materna relacionada con síntomas internalizantes también estuvieron asociados con mayor sintomatología.
3. Las puntuaciones poligénicas relacionadas con función ejecutiva y corteza prefrontal no mostraron el efecto protector general que planteaba la hipótesis inicial.
4. A los 16 años apareció una interacción débil e inesperada: una mayor predisposición genética a función ejecutiva se relacionó con más síntomas bajo niveles elevados de estrés prenatal.
5. Este resultado aislado no permite concluir que una mayor capacidad ejecutiva aumente el riesgo psicológico.
6. Las puntuaciones poligénicas expresan predisposiciones estadísticas poblacionales y no permiten predecir de forma determinista la salud mental de un adolescente.
Los resultados refuerzan, en definitiva, una visión multifactorial del desarrollo psicopatológico: la exposición temprana, la genética y el desarrollo cognitivo pueden relacionarse de formas que no siguen una simple división entre factores de riesgo y factores protectores.
Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: The effect of prenatal maternal stress on adolescent internalizing symptoms and the genetic moderation of executive functioning and prefrontal cortex. Psychological Medicine. 2026;56. DOI: 10.1017/S0033291726105431.
Texto completo disponible en: https://www.cambridge.org/core/journals/psychological-medicine/article/effect-of-prenatal-maternal-stress-on-adolescent-internalizing-symptoms-and-the-genetic-moderation-of-executive-functioning-and-prefrontal-cortex/9CAE18EB3308A47512E942ACDB30262D
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
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