La carga mental y el ritmo de trabajo afectan a todas las edades
El envejecimiento progresivo de las plantillas sanitarias obliga a revisar cómo evolucionan las exigencias laborales a lo largo de la carrera profesional. En los servicios comunitarios de salud mental, esta cuestión adquiere especial importancia debido a la combinación de carga emocional, atención a situaciones complejas, trabajo residencial, turnicidad y exposición potencial a conflictos o violencia.
Un estudio realizado en España con 756 trabajadores de servicios comunitarios de salud mental analizó si los riesgos psicosociales diferían entre cinco grupos de edad: 18–25, 26–35, 36–45, 46–55 y 56 años o más.
El resultado principal no fue que cada edad presente un perfil completamente distinto. Al contrario: la elevada carga mental y el ritmo de trabajo aparecieron como problemas transversales en toda la plantilla.
Las diferencias por edad existían, pero se concentraban fundamentalmente en cuatro dimensiones: conflicto interpersonal, estrés laboral, ritmo de trabajo y exposición a violencia laboral. Además, sus tamaños de efecto fueron pequeños.
Un estudio con 756 trabajadores de salud mental comunitaria
La investigación se desarrolló en una gran organización pública de salud mental comunitaria de Andalucía, con presencia en las ocho provincias y alrededor de 1.116 trabajadores.
Participaron 756 empleados, lo que supone una tasa de respuesta aproximada del 71 %. El 76,3 % eran mujeres y casi dos tercios tenían 46 años o más. Más de la mitad acumulaba más de diez años trabajando en servicios de salud mental.
La mayor parte de la muestra estaba además vinculada a programas residenciales: el 77,1 % trabajaba en este ámbito y más de la mitad eran profesionales de apoyo residencial con turnos nocturnos.
Este contexto es importante: los resultados describen fundamentalmente una organización concreta de salud mental comunitaria, no el conjunto de profesionales sanitarios españoles.
Trece factores para evaluar el entorno laboral
Los investigadores utilizaron un cuestionario de 65 ítems desarrollado específicamente para el estudio y estructurado en 13 factores psicosociales.
Entre ellos se evaluaron liderazgo y comunicación, conflicto interpersonal, clima laboral, participación en decisiones, justicia organizativa y reconocimiento, estrés laboral, conflicto trabajo-familia, ambigüedad de rol, ritmo de trabajo, carga mental, violencia laboral, conocimiento del puesto y engagement.
Las puntuaciones se transformaron a una escala de 0 a 100, de manera que una puntuación mayor representaba mayor riesgo psicosocial.
Por tanto, por ejemplo, una puntuación elevada en clima laboral indicaba un entorno percibido como peor, mientras que en engagement una puntuación elevada reflejaba menor compromiso laboral.
La carga mental fue el riesgo más elevado
Por encima de las diferencias generacionales apareció un resultado más amplio.
La dimensión con mayor puntuación fue la:
carga mental: 71,29 sobre 100.
Le siguieron:
ritmo de trabajo: 60,66
y
estrés laboral: 57,06.
Esto sugiere que las principales exigencias del trabajo no se concentran necesariamente en un determinado grupo de edad.
La presión cognitiva y temporal parece formar parte de las condiciones generales del entorno laboral estudiado.
Desde una perspectiva de prevención de riesgos, este resultado puede ser incluso más importante que las diferencias por edad: algunas intervenciones deberían dirigirse a la organización del trabajo en su conjunto y no exclusivamente a colectivos específicos.
Los trabajadores de 26 a 35 años mostraron el perfil más favorable
Entre los grupos analizados, los trabajadores de 26–35 años presentaron generalmente las puntuaciones más favorables en varias dimensiones.
Su puntuación media de estrés laboral fue de 48,46, frente a 57,45 en los trabajadores de 46–55 años y 59,95 en los mayores de 56 años.
También registraron menos conflicto interpersonal que varios de los restantes grupos y un ritmo laboral inferior al observado en los trabajadores de 46–55 años.
Sin embargo, esto no significa que exista una “edad óptima” para trabajar en salud mental.
Las características del puesto, la experiencia, la antigüedad, las responsabilidades, los turnos o el tipo de servicio podrían explicar parcialmente estas diferencias.
Más conflictos interpersonales entre los más jóvenes
El grupo de 18–25 años obtuvo la puntuación media más elevada en conflicto interpersonal:
56,67 puntos, frente a 38,62 entre los trabajadores de 26–35 años.
La diferencia fue estadísticamente significativa.
Los autores plantean que los primeros años de carrera pueden implicar dificultades relacionadas con la integración en los equipos, el establecimiento de autoridad profesional o la adaptación a las normas organizativas.
Sin embargo, existe una limitación especialmente importante:
solo 12 participantes pertenecían al grupo de 18–25 años.
Por ello, el resultado debe considerarse exploratorio y necesita replicarse en muestras con mayor representación de profesionales jóvenes.
El estrés laboral aumentó en los grupos de mayor edad
El estrés también mostró diferencias estadísticamente significativas.
Los trabajadores de 46–55 años presentaron más estrés que los de 26–35 años, y la diferencia fue todavía mayor entre los profesionales de 56 años o más y el grupo de 26–35.
Los autores plantean que esta asociación podría relacionarse con la acumulación de responsabilidades: gestión de casos complejos, funciones administrativas, supervisión de trabajadores jóvenes o exigencias mantenidas durante carreras prolongadas.
Pero el estudio no evaluó si esas variables explicaban realmente las diferencias.
La edad se utilizó como principal variable de comparación y características como categoría profesional o antigüedad se describieron, pero no se incorporaron como variables de ajuste en los análisis principales.
Por ello, no puede afirmarse que envejecer produzca por sí mismo más estrés laboral.
El ritmo de trabajo también fue mayor entre los 46 y 55 años
El grupo de 46–55 años obtuvo la puntuación media más elevada en ritmo de trabajo:
61,68 puntos.
La diferencia significativa apareció frente al grupo de 26–35 años, cuya puntuación fue de 54,62.
Este resultado podría reflejar diferencias en responsabilidades o puestos ocupados durante las distintas etapas profesionales.
De nuevo, el estudio no permite determinar si se trata de un auténtico efecto de la edad o de la distribución de funciones dentro de la organización.
La violencia laboral no siguió una progresión lineal con la edad
La exposición a violencia mostró un patrón diferente.
Los profesionales de 36–45 años notificaron una exposición significativamente superior a los de 46–55 años:
47,40 frente a 40,49 puntos.
Los autores consideran que la violencia puede depender más del tipo de puesto, contacto directo con usuarios, intensidad asistencial o exposición a situaciones de crisis que de la edad en sí misma.
Este matiz resulta especialmente relevante porque evita interpretar la menor exposición en determinados trabajadores de mayor edad como una consecuencia directa del envejecimiento.
Puede existir simplemente una distribución diferente de funciones asistenciales.
Las diferencias por edad fueron estadísticamente significativas, pero pequeñas
Este es uno de los datos más importantes para interpretar correctamente el estudio.
Los tamaños de efecto de las diferencias por edad estuvieron entre:
η² = 0,016 y η² = 0,026.
Los propios autores los clasifican como efectos pequeños.
Además, nueve de los trece riesgos analizados no mostraron diferencias estadísticamente significativas entre grupos de edad.
No las hubo, por ejemplo, en carga mental, clima laboral, participación en decisiones, justicia organizativa, conflicto trabajo-familia, ambigüedad de rol o engagement.
Por tanto, hablar de “generaciones laborales completamente diferentes” sería una exageración.
El estudio identifica variaciones modestas sobre una base de riesgos ampliamente compartidos.
No se pueden interpretar estas diferencias como una evolución con la edad
El diseño fue transversal: trabajadores de distintas edades fueron evaluados en un mismo momento.
Esto significa que no se siguió a las mismas personas a medida que envejecían.
Por tanto, no puede concluirse que un profesional joven con conflictos interpersonales vaya desarrollando posteriormente más estrés o mayor ritmo de trabajo.
Las diferencias también podrían depender de:
antigüedad, puesto profesional, turnicidad, selección laboral, responsabilidades familiares, experiencia o cambios organizativos entre generaciones.
Además, la investigación corresponde a una única organización andaluza, lo que limita la generalización a otros servicios de salud mental.
¿Qué implica para la gestión de equipos de salud mental?
El estudio respalda una estrategia doble.
Por una parte, existen riesgos generales que requieren medidas organizativas para toda la plantilla, especialmente carga mental y presión temporal.
Por otra, determinados momentos de la trayectoria laboral pueden justificar apoyos específicos.
Los profesionales que comienzan podrían beneficiarse de estructuras que faciliten integración en equipos, supervisión y resolución de conflictos.
En etapas posteriores puede resultar especialmente relevante revisar carga acumulada, distribución de responsabilidades y sostenibilidad del ritmo laboral.
Pero estas medidas deberían basarse en necesidades reales y evaluación individualizada, evitando transformar la edad en un criterio automático de gestión.
Conclusiones prácticas
1. La carga mental fue el riesgo psicosocial más elevado de toda la muestra, independientemente de la edad.
2. Las diferencias por edad aparecieron únicamente en cuatro de los trece factores: conflicto interpersonal, estrés, ritmo de trabajo y violencia laboral.
3. Los profesionales de 26–35 años presentaron generalmente el perfil más favorable, mientras que los grupos de mayor edad notificaron más estrés.
4. Las diferencias fueron pequeñas y no permiten establecer perfiles rígidos por edad ni relaciones causales.
5. La prevención debería combinar medidas generales sobre carga y organización del trabajo con apoyos adaptados a diferentes etapas profesionales.
El resultado más útil para la gestión sanitaria quizá no sea que “cada generación necesita algo distinto”, sino una conclusión más matizada: los riesgos centrales del trabajo en salud mental son compartidos, aunque determinadas exigencias adquieren mayor peso en diferentes momentos de la carrera profesional.
Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Age-related differences in psychosocial risks among community mental health professionals - Front. Psychol., 26 August 2026Sec. Organizational Psychology Volume 17 - 2026
Texto completo disponible en: https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2026.1864668/full
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
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