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Autoconcepto: dimensiones, origen, funciones, incogruencias, cambios y consistencia

Artículo | | 21/02/2001

  • Autor(es): Mikel Aramburu Oyarbide y Jesús Guerra Plaza.
  • Título original: SELF-CONCEPT: DIMENSIONS, ORIGIN, FUNCTIONS, DISCREPANCIES, CHANGES AND CONSISTENCY
RESUMEN

1. Autoconcepto. Dimensiones.

El autoconcepto es la representación de una realidad multidimensional en la que ciertas dimensiones adquieren más valor para algunos individuos, mientras que otra dimensiones resultan más relevantes para otros. Así, hay personas dependientes, denominadas sociótropas, que invierten mucho en relaciones interpersonales, en relaciones afectivas, en lograr que sean aceptadas y admiradas por otras. Hay asimismo personas más autónomas para quienes tiene más importancia la independencia personal y la consecución de objetivos relacionados con el estatus. Las personas sociótropas dedican más energía a relaciones interpersonales y comparaciones sociales, mientras que los términos de comparación para las personas más autónomas son los logros que han tenido unos y otros en relación a sus objetivos.
Existen personas de locus institucional y personas de locus impulsivo. Para las primeras su self es algo creado y logrado; se nutre de sus relaciones institucionales y se expresa en los actos voluntarios realizados en pos de la consecución de metas institucionales. Para las segundas el verdadero self es algo que tiene que ser descubierto, y se nutre de impulsos internos, no socializados, anclados fuera del marco institucional. Para las personas de locus institucional el self se manifiesta en el control de sus facultades, de forma que lo primordial es lograr las metas a través de una actuación sin errores. Para las personas de locus impulsivo lo importante es mostrar lo genuino de sí mismo en un estilo de asertividad sin inhibiciones.
Las personas disponemos de esquemas organizativos que nos sirven para categorizar, ordenar y estructurar ciertas parcelas de la realidad interpersonal. Los esquemas del yo nos ayudan a ordenar y recuperar información referente al yo en un determinado dominio y son los que dan cierta consistencia a nuestro comportamiento. Pero no todos los individuos son esquemáticos en relación con todas las dimensiones. Los individuos a-esquemáticos en relación a una dimensión son los que carecen de esquemas para procesar esa dimensión. Los individuos esquemáticos con respecto a un aspecto muestran más consistencia transituacional en el ámbito referido a ese aspecto, muestran mayor correspondencia entre las autodescripciones y su comportamiento y ofrecen más resistencia a información incorrecta con respecto a sí mismos que los a-esquemáticos. (Markus, 1999 (1)). Las personas esquemáticas y las a-esquemáticas se diferencian en las tareas cognitivas relacionadas con los esquemas de referencia. Mientras que las personas a-esquemáticas en relación a dependencia/independencia no se diferenciaban en el procesamiento de palabras relacionados con dependencia/independencia, ya que esa dimensión no era significativa para ellos, las personas que eran esquemáticas sí se diferenciaban significativamente en la utilización de adjetivos relacionados con esa dimensión (p. 135, H. Markus, 1999 (1)). Además, “these people required shorter processing times for me judgments to words concerned with independence than to other types of words, were able to supply relatively more specific examples of independent behavior, thought they were likely to engage in future independent behavior, and were resistant to the acceptance of information that implied they were not independent. A parallel pattern of results was found with dependent stimuli for those individuals who thought of themselves as “dependent” people” (p. 135-136, H. Markus (1)).
Si hacemos un análisis transcultural de la visión del self, podremos diferenciar claramente culturas orientales como la japonesa en las que se tiene una visión interdependiente del self, y culturas occidentales como las nuestras que alimentan una visión independiente del self. En la visión interdependiente del self se recalca la conexión, la armonía mutua y la adecuación recíproca; lo que se teme es la exclusión social y por ello se alimentan las emociones centradas en el otro (simpatía, vergüenza...) y se buscan acciones que fomentan la relación. En la visión independiente se resaltan la unicidad, la originalidad, la asertividad, la autoconfianza y la autonomía; lo que se teme es la falta de diferenciación y por ello se alimentan las emociones centradas en el yo (enfado, orgullo...) y se buscan acciones que permitan la autodefinición. Así se ha podido ver que emociones como el enfado son disfuncionales en culturas como la tahitiana o la japonesa, ya que pueden amenazar un self interdependiente (Levy, 1973 (2); Solomon, 1984 (3); Miyake, Campos, Kagan, and Bradshaw, 1986 (4)); estas culturas restringen la expresión abierta de sentimientos que puedan llevar a la eclosión de conflictos entre las personas (Bond, 1986 (5)). Con respecto a la funcionalidad del autoensalzamiento o la autopromoción en la cultura japonesa, hay que resaltar que son consideradas como conductas bastante improcedentes; se valora más la modestia (Yoshida, Kojo and Kaku, 1982 (6)). En una investigación llevada a cabo en Hong Kong por Bond, Leung y Wan (1982 (7)) se vio que los sujetos que hacían atribuciones humildes después de los éxitos eran preferidos a los que hacían atribuciones auto-ensalzadoras. Mientras que los estudiantes americanos consideraban que sólo el 30% de estudiantes eran mejores que ellos en determinados rasgos como la memoria, los estudiantes japoneses pensaban que cerca del 50% de estudiantes eran mejores que ellos (Markus y Kitayama, 1992 (8)).
Cada uno de nosotros estamos recibiendo continuamente información sobre nosotros mismos. Sin embargo, no prestamos la misma atención a todos los datos que tenemos a nuestra disposición. Las personas funcionan según unos esquemas que filtran selectivamente la información referente a sí mismas (al self). Estos esquemas del yo son unos mecanismos selectivos de atención y procesamiento de la información. Son unas estructuras cognitivas internas que organizan la información relacionada con el self y tienen en consecuencia relación con la formación del autoconcepto. “Self-schemata are cognitive generalizations about the self, derived from past experience, that organize and guide the processing of self-related information contained in the individual´s social experiences” (p. 124, H. Markus, 1999 (1)). Los esquemas de self derivan de la observación y la subsiguiente representación de unas constantes de la vida social o del comportamiento de una persona. A partir de la observación de su comportamiento pasado y presente, el individuo infiere sus esquemas o rasgos interiores. Los esquemas de self funcionan como representaciones abstractas de las experiencias del individuo; tienen la función de filtrar y organizar la información referente a sí mismo.

2. Origen del autoconcepto

El autoconcepto puede ser considerado como un reflejo de las percepciones de uno acerca de cómo es visto por los demás; es una especie de reflejo de la vida social del individuo. El autoconcepto se nutre pues de la percepción que personas significativas del entorno social tienen sobre uno mismo. Estudios que se han hecho han mostrado correlaciones significativas entre las percepciones de los individuos y la forma en que los perciben los demás (Miyamoto,S:F., & Dornbusch, S., 1956) (9). Así pues, la autopercepción de un individuo tiende a ser congruente con la forma en que le perciben los otros significativos. Pero existe el problema de si esa correlación o congruencia se refiere a la relación entre nuestra autopercepción y cómo creemos que nos perciben los demás o a la relación entre nuestra autopercepción y cómo realmente nos ven los demás. Analizando el tema desde ambos puntos de vista, se ha encontrado mayor congruencia entre la autopercepción y cómo creemos que nos ven los demás que entre la autopercepción y cómo nos ven realmente los demás (J.S. Shrauger and T.J. Schoeneman, 1999 (10)). Lo que influye realmente en la autopercepción no es pues la percepción real que los demás tienen de uno, sino la percepción que el sujeto tiene de esa percepción: “...self-perceptions are consistently more strongly correlated with people´s perceptions of how they think others view them than with how others actually view them...” (p. 28, J.S. Shrauger and T.J. Schoeneman, 1999 (10)). Muchas veces, las personas ni siquiera llegan a conocer la percepción real que los otros tienen de ellas, debido a que no está bien visto decir lo que los unos piensan realmente de los otros, o debido a que tendemos a eufemizar nuestras expresiones.
La teoría de la autoverificación sostiene que las personas buscamos información exacta y precisa sobre nuestros rasgos positivos y negativos centrales. La teoría del autoensalzamiento sostiene que las personas buscamos información más precisa sobre los aspectos positivos que sobre los aspectos negativos de nuestra personalidad. Tradicionalmente se ha solido identificar la salud mental y el desarrollo de la personalidad con la aceptación de la realidad objetiva de uno mismo, sin distorsiones que la adornen y sin concesiones a la ilusión. Se ha pensado que un individuo psicológicamente ajustado acepta tanto los aspectos negativos como los positivos de su personalidad. Desde este punto de vista, “the view that psychological health depends on accurate perception of reality has been widely promulgated and widely shared in the literature on mental health” (p. 45, S.E. Taylor and J.D. Brown (11)). Sin embargo, las expectativas basadas en los esquemas de self funcionan como filtros interpretativos que sesgan las percepciones de los individuos. Así, éstos tratan de construir una imagen de la realidad que sea acorde a sus expectativas. Ya no se trata de la aceptación objetiva de los aspectos positivos y negativos del yo, sino de construir una visión positiva del self, en base a ilusiones y fuentes de sesgo sistemáticos: “When asked to indicate how accurately positive and negative personality adjectives describe the self, normal subjects judged positive traits to be overwhelmingly more charasteristic of self than negative attributes (Alicke, 1985; Brown, 1986)” (p. 45, S.E. Taylor and J.D. Brown (11)). Aunque hay que tener en cuenta que las afirmaciones de Taylor y Brown han sido criticadas en sus bases conceptuales, metodológicas y empíricas (Colvin & Block, 1994 (12)). En la línea de investigaciones que vienen a corroborar los sesgos sistemáticos de autodistorsión que aplicamos, subrayamos las siguientes:
- Las personas recordamos mejor los éxitos que los fracasos (Silverman, 1964 (13)).
- Las personas tendemos a sobrevalorar los aspectos en los que brillamos, y a minusvalorar las dimensiones en las que no lucimos (Campbell, 1986 (14)).
- Las personas tendemos a considerarnos como mejores que los otros, o mejores que el promedio de las personas (Alicke, 1985 (15)). Por lo tanto, nos evaluamos mejor a nosotros mismos que a los demás.
- Tendemos a considerar mejor a las personas de nuestro propio grupo que a las personas de otros grupos (Tajfel & Turner, 1986 (16)).
- Pensamos que nuestro futuro será mejor que el futuro de nuestros compañeros. Es decir, que a nosotros nos sucederán menos desgracias que a los otros (Taylor and J.D. Brown, 1999 (11)).
La perspectiva del autoensalzamiento parece que influye más que la perspectiva de la autoverificación en el proceso de autoevaluación, excepción hecha de las personas de perfil depresivo. La perspectiva del autoensalzamiento conecta sobre todo con el aspecto afectivo de la persona, y busca que las otras personas le traten a uno de forma positiva; la persona está interesada en aumentar las creencias en su propia valía. La perspectiva de la autoverificación tiene más que ver con el aspecto cognitivo, con la consistencia de la personalidad de uno y la predecibilidad de los sucesos futuros; según esta teoría, el individuo de autoconcepto negativo preferiría el feed-back negativo, ya que lo que le interesa es la predictibilidad. Según Shrauger (1975) (17), los resultados referentes a ciertos procesos cognitivos parecen sostener la teoría de la autoverificación o autoconsistencia, mientras que los resultados de procesos afectivos parecen sostener la teoría del autoensalzamiento.

El autoconcepto estará más definido en la medida en que el individuo pueda compararse con otras personas. Pero estas comparaciones no se hacen indistintamente. Compararse con otras personas superiores a uno en diferentes dominios puede llegar a socavar la moral de un individuo, de la misma forma que compararse con otros inferiores a uno puede fortalecer su moral. Los logros remarcables de un amigo próximo en un determinado dominio pueden hacer que palidezcan nuestros logros en ese mismo dominio, y que nos autodevaluemos. Cuanto mayores sean los logros en un determinado dominio de la persona con la que nos comparamos, y cuanto más próxima sea nuestra relación con la misma, mayores serán las consecuencias en cuanto a cambio del autoconcepto en ese ámbito. Un factor importante a tener en cuenta es cuán importante es la actuación en un determinado dominio para el sujeto. Si se trata de un ámbito importante para el sujeto, la comparación de actuaciones en ese campo es más importante. Cuando es un ámbito de actuación poco importante para el sujeto, tendemos a vernos reflejados en el éxito de personas allegadas a nosotros, más que a compararnos con ellas. La tendencia a mejorar nuestro autoconcepto viéndonos reflejados en el éxito de personas cercanas a nosotros es una tendencia generalizada. Nos gusta comer en restaurantes donde han comido personajes célebres, compartir hoteles con personajes famosos, haber nacido en el mismo barrio en el que han nacido personajes remarcables. Intentamos ensalzar nuestra imagen pública haciendo publicidad de nuestra conexión con personas eminentes. Así, investigaciones realizadas con universitarios han mostrado que una mayor proporción de estudiantes llevan objetos identificadores de su facultad después del éxito de su equipo de fútbol que después del fracaso; o que los estudiantes utilizaban más veces el pronombre “nosotros” al describir una victoria que al describir una derrota (Cialdini et al., 1999) (18).
Cuando la importancia de un determinado ámbito es baja para el individuo, éste tiende a mejorar su autoconcepto reflejándose en la gloria de un individuo cercano que ha tenido éxito en ese campo, o puede ayudar más a un amigo que a un extraño a tener éxito en ese ámbito. Cuando la importancia de un determinado ámbito es alta para el individuo, es más improbable que quiera verse reflejado en la gloria de un compañero exitoso en ese ámbito o que preste más ayuda a compañeros que a extraños: “We looked at the number of experiment sessions in which the friend was helped more than the stranger and the number of sessions in which the stranger was helped more than the friend. The prediction from the SEM model was strongly upheld. When relevance was low the friend was helped more than the stranger in 10 of the 13 sessions. When relevance was high, the stranger was helped more than the friend in 10 of the 13 sessions” (p. 448, A. Tesser, 1999) (19). Por otra parte, cuando los logros de una persona cercana son mejores que los de uno mismo en un determinado ámbito, el individuo en cuestión tiende a reducir la relevancia de esa dimensión, para poder disfrutar del reflejo del éxito de la persona cercana: “In short, the better another´s performance in an activity the less relevant should that activity be to one´s self-definition, particularly if the other person is close” (p. 454, A. Tesser, 1999) (19). En una investigación hecha por Tesser y Paulhus (1983) (20) se manipuló la cercanía y el rendimiento de los estudiantes y se vió que cuanto mayor fuera el rendimiento del otro con respecto a uno mismo en una determinada dimensión, menor relevancia se le otorgaba a la dimensión en cuestión, sobre todo en el caso en el que el otro fuera cercano. Nos relacionamos sobre todo con personas que refuerzan nuestra autopercepción positiva; esto es, preferimos relacionarnos con personas que tengan menores habilidades en ámbitos importantes para nosotros, y mayores habilidades en otros ámbitos.

3. Funciones de la autoestima

La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos, a la luz de nuestra propia auto-representación o autoconcepto. La autoestima es una especie de sociómetro que indica el grado en que una persona se percibe como incluida o excluida en el entramado social. Teniendo en cuenta que la inclusión en ese entramado ha tenido históricamente un valor de supervivencia, las personas disponemos de un sistema de control de las reacciones de los otros que nos protege de la exclusión social. La autoestima alta protege a la persona del estrés, de la depresión, de la ansiedad y de la vulnerabilidad ante el horror que provoca la conciencia de mortalidad: “Greenberg, Pyszczynski, and Solomon (1986) suggested that high self-esteem serves as a buffer against the existential anxiety people experience when they contemplate their own fragility and mortality” (p. 88, Leary,M.R., Tambor E.S., Terdal S.K., and Downs,D.L., 1999 (21)). En este sentido, la ansiedad y la baja autoestima aparecen como correlatos de la exclusión social percibida. Precisamente porque “one function of self-esteem may be to provide a relatively fast and automatic assessment of others´ reactions vis-à-vis inclusión and exclusión” (p. 101, Leary,M.R., Tambor E.S., Terdal S.K., and Downs,D.L., 1999 (21)). La investigación de J. Greenberg y colaboradores (1999 (22)) demuestra que las personas de autoestima alta experimentan menos ansiedad ante imágenes de muerte y menos activación ante amenazas de schock eléctrico que las personas de autoestima baja o sujetos de control.
Siendo la protección de la exclusión social una de las funciones de la autoestima, las personas tratamos de gestionar la impresión que causamos a los demás; intentamos controlar la forma en la que nos perciben los otros; cuidamos nuestra autopresentación, evitando provocar en los demás impresiones que nos puedan alejar del logro de nuestros objetivos. En este afán de cuidar su autopresentación, muchas personas se embarcan en comportamientos perniciosos para su salud. Así, en el tema del uso de preservativos para evitar embarazos indeseados o enfermedades por contagio sexual, se ha podido comprobar que la causa del fracaso en la utilización de preservativos no se debe a la falta de información objetiva sobre los temas de embarazo o transmisión de enfermedades, sino más bien a factores relacionados con la percepción por los otros de la autopresentación de uno mismo (Bruch, M.A. & Hynes, M.J., 1987 (23)). Según M.R. Leary, L.R. Tchividjian, y B.E. Kraxberger (1999) (24) los adolescentes suelen tener dificultades autopresentacionales para comprar los condones, por preocupaciones de cómo serán percibidos por los demás. Del 30% al 63% de gente sexualmente activa se muestra avergonzada de comprar condones. Pero incluso después de haber obtenido los preservativos, suelen mostrar todavía problemas autopresentacionales a la hora de utilizarlos: “With a new sexual partner, people may worry that having a condom will imply that they had anticipated having sex, or worse, had actively worked to seduce the other person” (p. 184, M.R. Leary, L.R. Tchividjian, y B.E. Kraxberger, 1999 (24)). En el tema de la utilización del bronceado como técnica autopresentacional, se sabe de la peligrosidad de la excesiva exposición a los rayos ultravioletas. Cuando tratamos de que un individuo desista de tomar demasiado el sol, aducimos razones sanitarias sobre la peligrosidad de ese hábito. Pero como el tomar el sol está motivado por el deseo de causar buena impresión a los demás, sería de desear que introdujéramos también motivos de autopresentación como el riesgo de aparición prematura de arrugas para disuadir a las personas de exponerse demasiado al sol.
La autopercepción positiva tiene que ver con el logro de objetivos. La personas de autoestima alta se caracterizan por esforzarse en la consecución de los objetivos propuestos y persistir en la tarea a pesar de los fracasos iniciales, incluso cuando las tareas son insuperables (Shrauger and Sorman, 1977) (25). Las personas que muestran un sesgo de autoensalzamiento se muestran más motivadas y más persistentes en la realización de tareas. Las creencias en la autoeficacia van asociadas a una mayor motivación y a mayores esfuerzos para lograr el éxito (Bandura, 1977) (26). Las personas deprimidas, con características de indefensión aprendida, muestran deficits de motivación e inactividad (Seligman, 1975) (27). Las personas deprimidas anticipan consecuencias negativas a sus acciones; de ahí que se encuentren poco motivadas para llevarlas a cabo. Sin embargo, las personas optimistas que se creen autoeficaces se encuentran más motivadas a la acción. La expectativa de éxito funciona como una profecía que se autocumple. La motivación hunde parte de sus raíces en los procesos cognitivos de la persona; la representación cognitiva de los resultados venideros motiva al individuo. Lo que conduce a un individuo a actuar es la creencia de que es capaz de realizar una conducta determinada (expectativa de eficacia), unida a la expectativa de que esa conducta conducirá a una meta determinada (expectativa de resultado). El individuo que tenga expectativas de eficacia pero no tenga expectativas de resultado, no se encontrará motivado para actuar.
Las atribuciones causales que conceden una ilusión de gran control al individuo ocurren sobre todo en ámbitos de actuación importantes para el individuo (Miller, 1976) (28) y en situaciones especialmente desafortunadas para el sujeto, como es el caso de enfermedades de difícil curación (Wood, Taylor y Lichtman, 1985) (29).

4. Incongruencias. Disociaciones

Un individuo puede construir su Yo Ideal o su Yo Deber de una forma muy cercana a su Yo Real o de una forma muy alejada a su Yo Real. En el primer caso, su Yo Real será evaluado de forma muy positiva. En el caso de que medie una gran distancia entre su Yo Ideal y su Yo Real, éste será evaluado de forma muy crítica. Se habrá propuesto metas tan altas que difícilmente podrá llegar a conseguirlas. El concepto del Yo es un concepto dinámico que va variando y logrando mayores niveles de diferenciación a lo largo de la evolución. Mayores niveles de desarrollo conllevan mayor nivel de diferenciación. En la misma línea de evolución, cuanto mayores se hacen los niños, mayores diferencias se constatan entre su Yo Real y su Yo Ideal. Los niños narcisistas y egocéntricos muestran menor distancia entre su Yo Real y su Yo Ideal que los niños más adaptados. Según Strachan y Jones (1982) (30), la distancia entre el Yo Ideal y el Yo Real es mayor en la media adolescencia que en la temprana o tardía adolescencia. Lo que sucede es que desde la temprana hasta la mediana adolescencia aumenta la diferenciación entre los conceptos del Yo, pero esta diferenciación es seguida de una integración de los diferentes Yoes en una estructura consistente de personalidad. La diferenciación de los conceptos del Yo se refiere a las distancias entre los diferentes conceptos. La discrepancia se da cuando esas distancias exceden la distancia promedio entre dos conceptos del Yo. Las diferencias entre el Yo Ideal y el Yo Real están relacionadas con el nivel de madurez del individuo. Pero una discrepancia crónica entre el Yo Ideal y el Yo Real es síntoma de desajuste emocional y produce emociones negativas. Según Higgins (1987) (31), discrepancias entre el Yo Real y el Yo Ideal provocan emociones depresivas; discrepancias entre el Yo Real y el Yo Deber provocan emociones relacionadas a la ansiedad. Tal como describe Baumeister R.F (1997) (32), “Higgins (1987; also Higgins, Klein, & Strauman, 1987) has proposed that emotional patterns are strongly influenced by two sets of concepts about the self. In his view, people compare how they perceive themselves with an ideal self and with an ought self. The ideal self, again, is how one would like to be, and the ought self is the way one feels some obligation or duty to be. Agitated emotions, such as anxiety and guilt, arise when one sees a discrepancy between oneself and one´s ought self. Dejected emotions, such as sadness, depressed mood, and disappointment, arise when one sees a discrepancy between oneself and one´s ideal self” (p. 687). La diferenciación entre el Yo Real y el Yo Ideal puede tener una función motivadora fundamental, en la medida en que el Yo Ideal o el Yo Posible pueden funcionar como incentivos u objetivos a los que aproximarse. Pero esa diferenciación entre el Yo Real y las guías del yo (Yo Ideal y Yo Deber) puede servir también de contexto evaluativo, en cuanto que ofrece criterios de evaluación del Yo Real. En este sentido, la incongruencia o discrepancia excesivas pueden desempeñar una función desmotivadora, en cuanto que la excesiva distancia entre el Real y el Ideal desalienta a quien pretende cubrirla.
En el recuerdo de acontecimientos del pasado, los sujetos tienden a recordar más los acontecimientos positivos que los negativos, y asimismo recuerdan más los sucesos que concuerdan con su propia visión de sí mismo que los sucesos discordantes. En experimentos de recuperación de una lista de adjetivos previamente presentada (Rogers, Kuiper, and Kirker, 1999) (33) se vió que los adjetivos relacionados con la representación de sí mismo se recordaban mejor, demostrándose que la representación del yo es un agente activo en la estructuración cognitiva. Si las personas de autoestima alta tienen una visión selectiva de su pasado, se puede decir que la mayor parte de la gente piensa que el presente es mejor que el pasado, y que el futuro va a ser mejor que el presente (Brickman, Coates, and Janoff-Bulman, 1978) (34). Exceptuando los individuos deprimidos o los de baja autoestima, las personas en general auguran un futuro más esperanzador cuando se trata de su propio futuro que cuando se trata del futuro de sus compañeros; la gente piensa que a los otros les sucederán más acontecimientos negativos que a ellos mismos (or. 49, S.E. Taylor y J.D. Brown) (11).
Cuando recibimos retroalimentación negativa que discrepa de nuestra auto-representación, las personas tendemos a minusvalorar los aspectos en los que hemos fracasado. La función de tal estrategia es el mantenimiento de la autoestima. Para aislar y compartimentalizar retroalimentación negativa con respecto a sí mismo, el individuo tiende a evitar situaciones que requieren poner en práctica habilidades de las que carece: “A negative self-schema may enable a person to label and cordon off an area of weakness, so that it need not permeate all aspects of identity” (p. 58, Sh. E. Taylor, J.D. Brown, 1999) (11). Algunas veces se utiliza un esquema de self negativo con el objetivo de aislar y delimitar un ámbito de debilidad de forma que no contagie aspectos importantes de la identidad. Las personas que tienen buena salud mental disponen de filtros cognitivos para distorsionar parcialmente los datos de la realidad de forma que su imagen de self no se vea amenazada. Aquellos datos que sobrepasan los filtros se refieren a aspectos negativos del self que no amenazan su positividad global.
A menudo la persona se comporta de una forma que no es congruente con su autoconcepto. Esto le puede conducir a un cambio de su autoconcepto. Con el cambio de su autoconcepto la disonancia cognitiva se reducirá. Pero el cambio de autoconcepto es más probable que se dé cuando el comportamiento disonante es realizado públicamente que cuando es realizado privadamente: “In the public conditions, internalization effects were strong and consistent, and they extended to behavioral effects. The same behaviors perfoemed in private conditions produced only weak and inconsistent patterns of reported self-concept change and no effects on behavioral measures” (p. 215, D.M. Tice, 1999) (35). Baumeister y Tice (1984) (36) demostraron que si los sujetos con disonancia cognitiva realizaban su conducta disonante públicamente, el cambio subsiguiente en el autoconcepto era mayor que si lo realizaban privadamente.

5. Cambio del autoconcepto

La personas cambiamos muestra autopercepción dependiendo del feed-back que recibimos de los demás, en la dirección que nos marca este feed-back. Según una investigación realizada por Rosengreen (1961) (37) con niños institucionalizados que tenían problemas emocionales, las autoevaluaciones que éstos se hacían de sí mismos eran más parecidas a las evaluaciones que los otros hacían de ellos después de haber convivido durante un determinado tiempo que antes de la convivencia. Según Sherwood (1965) (38), las evaluaciones de los otros sobre uno mismo y las autoevaluaciones se asemejan más después del programa de investigación que al comienzo del programa. Si está claro que las personas varían su autodescripción en función del la evaluación que reciben de los otros, hay sin embargo factores moduladores que influyen en la magnitud de esta variación. Algunos de los factores se refieren a la fuente de la retroalimentación:
- La credibilidad de la fuente de feed-back discordante: si la fuente de retroalimentación ofrecía una gran credibilidad, cuanto mayor fuera la discrepancia de evaluación, mayor resultaba ser el cambio provocado (Bergin, 1962 ) (39). No ocurría lo mismo cuando la fuente de feed-back discrepante ofrecía poca credibilidad.
- La retroalimentación positiva provocaba mayores cambios que la negativa (Steiner, 1968) (40).
- El retroalimentación discrepante provoca mayores cambios cuando se la percibe como avalada por información objetiva.
- La competencia atribuida al evaluador es un factor determinante de la influencia que ejercerán sus evaluaciones en el cambio de actitudes del evaluado (Binderman et al., 1972 (41)). Cuando el feed-back evaluativo proviene de un evaluador experto tendrá una incidencia real.
- El feed-back evaluativo digno de tenerse en cuenta debe basarse en una amplia muestra o en una muestra significativa del comportamiento del evaluado. Si se basa en una muestra no representativa, la evaluación se devalúa.
- La retroalimentación discrepante consistente provoca mayores cambios que la inconsistente.
- El nivel de consenso sobre la retroalimentación discrepante es un factor que afecta a la credibilidad de la misma (Backman, Secord, Pierce, 1963) (42).
Otros factores moduladores se refieren al sujeto que percibe la retroalimentación o a la situación en la que se produce:
- La retroalimentación positiva tiene más influencia en los sujetos de autoestima alta y la retroalimentación negativa tiene más influencia en los sujetos de autoestima baja (J.S. Shrauger and T.J. Schoeneman, 1999) (10).
- La retroalimentación procedente de una evaluación es más efectiva cuando se le hace creer al sujeto evaluado que los resultados de la evaluación se harán públicos que cuando se le hace creer que se mantendrán en secreto (Gerard, 1961) (43).
- Los sujetos evaluados cambian más su autopercepción en el sentido indicado por el feed-back negativo, cuando creen que serán objeto de una nueva evaluación (Eagly y Acksen, 1971) (44).

6. Estrategias defensivas

Las personas utilizan las atribuciones para proteger su autoconcepto. Cuando un individuo que se esfuerza por lograr unas metas tiene miedo de que los resultados de sus esfuerzos no le van a llevar al éxito, puede llegar a sentir una fuerte amenaza para el mantenimiento de su autoestima. Aspectos importantes de su autoconcepto dependen del éxito o del fracaso en el logro de esas metas. Uno de los estratagemas que utiliza el individuo para eludir la ansiedad que le crea la situación suele ser las búsqueda de motivos exteriores que impidan la atribución del fracaso a factores internos: “Self-handicapping involves adopting posesión of impediments that reduce the probability of success but provide a plausible excuse for failure (Leary, 1995)” (p. 903, K.A. Martín, L.R. Brawley, 1999) (45). La técnica del auto-impedimento aumenta la probabilidad de que el fracaso sea atribuido a factores externos, y de que el éxito sea atribuido a factores internos. Han sido muchas la investigaciones que han demostrado que los individuos, cuando se sienten inseguros sobre la consecución de unas metas, se fabrican impedimentos que posibiliten la atribución de las causas del fracaso a factores externos y variables (p. 461, K. Hobden y P. Pliner, Journal of Research in Personality, 29, 1995) (46). En este sentido, si un individuo tiene serias dudas sobre si va a ser capaz de llegar a un objetivo, protegerá su autoestima atribuyendo el fracaso a factores externos que él mismo va a contribuir a crear. Es el caso de individuos que se dan a la bebida o a la vida disipada para impedir que el fracaso se atribuya a factores internos y estables del yo.
En la estrategia del self-handicapping el individuo trata de salvaguardar aspectos relevantes del self perjudicando otros aspectos del mismo self. En la estrategia de la utilización de la violencia, el individuo trata de proteger su autoconcepto inflado y distorsionado, actuando contra las personas que le envían una retroalimentación discordante con esa imagen. Tradicionalmente se ha considerado que es la baja autoestima la causante de la violencia (Baumeister, Smart, and Boden, 1999)(47). Pero resulta que los signos de baja autoestima como las autodepreciaciones o la humildad aparecen raramente entre las personas agresivas y violentas, mientras que la arrogancia, el orgullo, la asertividad o el narcisismo abundan más. Parece ser que la violencia, más que por las personas de baja autoestima, es practicada por un subconjunto de personas que tienen una visión favorable de sí mismas, visión que se encuentra amenazada. Hay evidencia de que la agresión violenta obedece a un combinado de una autorepresentación positiva y una evaluación externa no tan positiva. El individuo que echa mano de la violencia lo hace en buena medida porque su autoconsideración de superioridad no se ve correspondida por el feed-back que recibe de los demás: “But in terms of the potent link between self-appraisals and violence, the discrepancy between favorable self-views and external tretas is the most important cause” (p. 272, R.F. Baumeister, L. Smart y J.M. Boden, 1999) (47). Parece ser que el individuo de autoestima inflada y narcisista trata de evadir por medio de la utilización de la violencia las dudas que surgen sobre lo elevado de su auto-representación.

BIBLIOGRAFÍA

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