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Omega-3, omega-6 y psicosis: qué sabemos sobre los ácidos grasos en esquizofrenia y trastorno bipolar



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Artículo | Fecha de publicación: 21/01/2027
Artículo revisado por nuestra redacción

  Más allá de la nutrición: los ácidos grasos también participan en el funcionamiento cerebral Los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) omega-3 y omega-6 suelen abordarse desde la nutrición y la salud cardiovascular. Sin embargo, también desempeñan funciones relevantes en el cerebro y se investigan desde hace décadas en r...

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Más allá de la nutrición: los ácidos grasos también participan en el funcionamiento cerebral


Los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) omega-3 y omega-6 suelen abordarse desde la nutrición y la salud cardiovascular. Sin embargo, también desempeñan funciones relevantes en el cerebro y se investigan desde hace décadas en relación con trastornos psiquiátricos graves.


Una revisión publicada en Frontiers in Nutrition analiza la evidencia sobre su posible participación en la esquizofrenia y el trastorno bipolar, integrando resultados procedentes de modelos experimentales, estudios epidemiológicos, genética, lipidómica y ensayos clínicos.


El interés no reside únicamente en determinar si los pacientes consumen suficientes omega-3. Los PUFA forman parte de las membranas celulares y participan en procesos relacionados con desarrollo cerebral, neurotransmisión, plasticidad sináptica, respuesta inmunitaria e inflamación.


La hipótesis es que alteraciones en su disponibilidad o metabolismo podrían interactuar con otras vulnerabilidades implicadas en los trastornos psicóticos.


Omega-3 y omega-6: dos familias esenciales para el cerebro


Los PUFA incluyen dos grandes familias: omega-3 (n-3) y omega-6 (n-6).


Entre los primeros destacan el ácido alfa-linolénico (ALA), el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA). Entre los omega-6 se encuentran el ácido linoleico (LA) y el ácido araquidónico (AA).


DHA y AA son componentes especialmente importantes de las membranas neuronales.


Pero su función va mucho más allá de aportar estructura. Los PUFA actúan como precursores de diferentes mediadores lipídicos implicados en la regulación inmunitaria e inflamatoria y pueden influir en señalización celular, función sináptica y respuesta al estrés.


Por ello, una alteración de su metabolismo podría tener consecuencias diferentes dependiendo de qué ácido graso esté afectado, en qué momento del desarrollo y en qué contexto biológico.


El neurodesarrollo puede ser una etapa especialmente sensible


Una de las propuestas centrales de la revisión es situar los PUFA dentro de los modelos neuroevolutivos de los trastornos psicóticos.


El cerebro experimenta cambios intensos durante el desarrollo prenatal, infancia y adolescencia. En estos periodos se producen procesos de proliferación neuronal, formación y reorganización sináptica, mielinización y maduración de circuitos.


La disponibilidad de determinados ácidos grasos podría interactuar con estos procesos.


Los autores revisan evidencia experimental según la cual modificaciones del equilibrio de PUFA durante etapas críticas del desarrollo pueden producir cambios posteriores en neurotransmisión, cognición, respuesta al estrés y comportamiento.


Esto no significa que una dieta pobre en omega-3 provoque esquizofrenia.


Los trastornos psicóticos son multifactoriales y emergen de interacciones complejas entre vulnerabilidad genética, neurodesarrollo y exposiciones ambientales. Los PUFA representarían uno de los componentes potencialmente moduladores de esa red de riesgo.


Sinapsis, dopamina y plasticidad neuronal


La composición lipídica de las membranas influye en propiedades esenciales para el funcionamiento de las neuronas.


El DHA, por ejemplo, contribuye a la fluidez de las membranas y puede modificar el comportamiento de receptores, transportadores y proteínas implicadas en la transmisión de señales.


Los modelos preclínicos revisados relacionan las alteraciones de PUFA con sistemas de neurotransmisión especialmente relevantes para la psicosis, incluido el sistema dopaminérgico, además de mecanismos glutamatérgicos y serotoninérgicos.


También se han descrito posibles relaciones con plasticidad sináptica y factores neurotróficos.


Pero la mayor parte de esta evidencia mecanística procede de modelos celulares o animales. Un cambio neuroquímico observado experimentalmente no demuestra que el mismo mecanismo explique los síntomas psicóticos en humanos.


La conexión entre PUFA, inmunidad e inflamación


Otro punto de interés es la relación con el sistema inmunitario.


Los PUFA son precursores de mediadores lipídicos capaces de modular las respuestas inflamatorias. Algunos derivados participan en el inicio de la inflamación, mientras que otros intervienen en su regulación y resolución.


Esto resulta relevante porque tanto en esquizofrenia como en trastorno bipolar se han descrito, en determinados subgrupos, alteraciones inmunitarias e inflamatorias.


La revisión plantea que el metabolismo de los PUFA podría actuar como uno de los puentes entre nutrición, inmunidad y neurodesarrollo.


Sin embargo, no existe un patrón inflamatorio único que caracterice a todos los pacientes con esquizofrenia o trastorno bipolar. Tampoco puede asumirse que modificar los PUFA normalice automáticamente esas alteraciones.


¿Presentan los pacientes con esquizofrenia niveles diferentes?


Numerosos estudios han analizado los ácidos grasos en sangre y membranas celulares de personas con esquizofrenia.


En conjunto, parte de la literatura describe concentraciones inferiores de determinados PUFA, especialmente DHA y ácido araquidónico, aunque los resultados presentan una considerable heterogeneidad.


Una revisión reciente sobre omega-3 en trastornos mentales recoge metaanálisis en los que los pacientes con esquizofrenia mostraban niveles reducidos de DHA, DPA, ácido linoleico y ácido araquidónico en membranas eritrocitarias. Sin embargo, también señala resultados discordantes según gravedad, tratamiento antipsicótico, sexo y características de las muestras.


Esto hace improbable que exista una única “firma lipídica” aplicable a todos los pacientes.


Las alteraciones de PUFA podrían caracterizar solo a determinados subgrupos.


Trastorno bipolar: otra posible alteración del metabolismo lipídico


La literatura sobre trastorno bipolar también muestra asociaciones entre metabolismo de omega-3 y omega-6, inflamación y características clínicas.


Se han estudiado niveles periféricos de PUFA, actividad de diferentes enzimas metabólicas y relaciones entre estos marcadores y episodios depresivos o maníacos.


La revisión de Westacott y colaboradores integra estos resultados dentro de una hipótesis más amplia: esquizofrenia y trastorno bipolar podrían compartir determinadas alteraciones de las vías lipídicas sin presentar necesariamente el mismo patrón biológico.


Esto encaja con una visión transdiagnóstica, pero todavía no permite utilizar perfiles de PUFA como biomarcadores diagnósticos o de estratificación clínica.


La genética aporta otra pieza


El interés por los PUFA no procede únicamente de estudios nutricionales.


Investigaciones genómicas han relacionado variantes en genes implicados en su metabolismo —incluidas enzimas responsables de la desaturación de ácidos grasos— con diferencias en concentraciones lipídicas y, en algunos trabajos, con riesgo psiquiátrico.


La genética y los estudios de aleatorización mendeliana pueden ayudar a explorar si algunas asociaciones observacionales son compatibles con relaciones causales.


Un metaanálisis reciente de este tipo ha encontrado asociaciones entre niveles genéticamente predichos de omega-3 y distintos trastornos mentales, incluida esquizofrenia y trastorno bipolar.


Aun así, una asociación genética con concentraciones de PUFA no equivale a demostrar que administrar suplementos reproduzca ese efecto.


Genética nutricional e intervención nutricional responden a preguntas diferentes.


La pregunta clínica: ¿funcionan los suplementos de omega-3?


Aquí la evidencia es bastante menos concluyente que la plausibilidad biológica.


Los ensayos han estudiado principalmente suplementos de EPA y DHA en diferentes momentos: personas con riesgo elevado de psicosis, primeros episodios y esquizofrenia establecida.


Las diferencias entre formulaciones, dosis, duración, situación clínica, medicación concomitante y estado basal de ácidos grasos dificultan comparar los resultados.


Un metaanálisis de 2026 centrado en adultos con esquizofrenia incluyó 10 ensayos clínicos aleatorizados. Cuando fue posible combinar datos comparables, un análisis de dos ensayos y 116 participantes no encontró una reducción estadísticamente significativa de la puntuación PANSS total:


diferencia media −5,04; IC 95 %: −14,16 a 4,08.


Tampoco aparecieron diferencias significativas en respuesta clínica ni abandonos.


Los autores concluyeron que la evidencia actual no respalda el uso rutinario de omega-3 como tratamiento complementario para reducir síntomas en adultos con esquizofrenia.


¿Podrían existir subgrupos que sí respondan?


Esta es una de las cuestiones más interesantes.


El fracaso de un efecto uniforme no excluye que algunos pacientes puedan beneficiarse más que otros.


Se investigan variables como estado basal de ácidos grasos, fase de la enfermedad, inflamación, genética, dieta y tratamiento farmacológico concomitante.


Algunos ensayos han generado señales en determinados subgrupos, pero estas observaciones no se han reproducido con suficiente consistencia.


Por ello, identificar un perfil lipídico no permite actualmente seleccionar de manera validada quién debería recibir suplementación.


La hipótesis encaja con la psiquiatría de precisión, pero todavía no existe un biomarcador de PUFA validado para guiar el tratamiento de la esquizofrenia o el trastorno bipolar.


De mecanismo prometedor a tratamiento: una distancia importante


El conjunto de la evidencia dibuja una situación aparentemente paradójica.


Por una parte, existen múltiples razones biológicas para estudiar los PUFA: participan en membranas neuronales, neurotransmisión, neurodesarrollo, inmunidad y señalización inflamatoria. Estudios observacionales, lipidómicos y genéticos también sugieren alteraciones relacionadas con esquizofrenia y trastorno bipolar.


Por otra, los ensayos clínicos todavía no han demostrado de forma consistente que administrar omega-3 produzca una mejoría clínicamente relevante de los trastornos psicóticos.


Esta diferencia es fundamental.


Identificar una vía biológica alterada puede ayudar a comprender la fisiopatología sin que modificarla mediante un suplemento sea necesariamente una intervención terapéutica eficaz.


Conclusiones prácticas


1. Los omega-3 y omega-6 participan en neurodesarrollo, función sináptica, inmunidad y regulación inflamatoria, procesos relevantes para la investigación de los trastornos psicóticos.

2. Estudios observacionales, experimentales, genéticos y lipidómicos relacionan alteraciones del metabolismo de PUFA con esquizofrenia y trastorno bipolar, pero no establecen una causa única.

3. No existe una firma de ácidos grasos validada que permita diagnosticar esquizofrenia o trastorno bipolar o seleccionar tratamientos en la práctica clínica.

4. La plausibilidad biológica de los omega-3 es mayor que la evidencia terapéutica disponible: los ensayos clínicos presentan resultados heterogéneos.

5. Un metaanálisis reciente no respalda actualmente la suplementación rutinaria con omega-3 como tratamiento complementario para reducir síntomas en adultos con esquizofrenia.


Los PUFA constituyen, por tanto, una vía de investigación prometedora para comprender la interacción entre neurodesarrollo, metabolismo e inmunidad en los trastornos psiquiátricos graves, pero todavía existe una distancia considerable entre identificar ese mecanismo y convertir la suplementación con omega-3 en una intervención psiquiátrica de eficacia establecida.


 


Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)


Fuente original: Polyunsaturated Fatty Acids and Psychotic Disorders: Integrating Mechanistic, Genetic, and Clinical Evidence. Frontiers in Nutrition. 2026. DOI: 10.3389/fnut.2026.1929742.


Texto completo disponible en:https://www.frontiersin.org/journals/nutrition/articles/10.3389/fnut.2026.1929742/full


Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.

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