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Opinión de los profesionales y los familiares sobre las causas de reingresos psiquiátricos en pacientes con trastorno mental severo.

  • Autor/autores: Daniel Navarro Bayón*; Sandra Díaz Conde**.

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Artículo | Fecha de publicación: 10/12/2007
Artículo revisado por nuestra redacción | Psiquiatria Comunitaria

IntroducciónLa prevención de los ingresos psiquiátricos hospitalarios constituye un objetivo prioritario de las terapias orientadas a la esquizofrenia y a otros trastornos mentales severos (TMS). Las recaídas son algo frecuente durante el trastorno, y a pesar de la eficacia demostrada por fármacos y terapias psicosociales es posible que los pacientes vuelvan a necesitar reingresar en el hospi...

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Introducción

La prevención de los ingresos psiquiátricos hospitalarios constituye un objetivo prioritario de las terapias orientadas a la esquizofrenia y a otros trastornos mentales severos (TMS). Las recaídas son algo frecuente durante el trastorno, y a pesar de la eficacia demostrada por fármacos y terapias psicosociales es posible que los pacientes vuelvan a necesitar reingresar en el hospital durante el curso de su enfermedad.

Los medicamentos neurolépticos se utilizan para el tratamiento de los episodios agudos, para la prevención de los futuros episodios y para la mejora de los síntomas entre episodios. Entre los medicamentos más usados para prevenir recaídas se encuentran los antipsicóticos convencionales (p.e.: haloperidol, flufenazina, clorpomazina) y los antipsicóticos atípicos (p.e.: clozapina, olanzapina, risperidona) utilizando estos últimos especialmente en pacientes que no responden a los convencionales y que son más sensibles a los efectos secundarios.

Se ha comprobado que en pacientes sintomatológicamente estables durante un año, cuando se les ha retirado la medicación, su riesgo de recaer se ha incrementado en un 70%, mientras que aquellos que continúan con la medicación tienen un riesgo mucho menor: entre el 10% y el 15%1. Además, la recaída causada por abandono de la medicación es más severa que la causada por otras variables y se asocia a peor pronóstico y mayor tiempo de recuperación2,3. Debido a todo ello, la conciencia de enfermedad, la adherencia a la medicación y el reconocimiento de señales prodrómicas se han constituido como potentes predictores del curso y recuperación del trastorno4.

Por otro lado, existe un número importante de intervenciones psicosociales que han demostrado su utilidad no solo en la mejora del funcionamiento, sino también en la reducción de las rehospitalizaciones psiquiátricas. Entre las más estudiadas se encuentran la intervención familiar de tipo psicoeducativo para reducir el estrés familiar y la Emoción Expresada, la terapia cognitivo-conductual para los síntomas persistentes, las técnicas de afrontamiento del estrés y solución de problemas, los programas de intervención precoz en primeros brotes psicóticos y las técnicas de psicoeducación y manejo de la enfermedad5-7.

En general, la combinación entre terapia farmacológica y psicosocial se ha desarrollado en las redes de salud mental que proveen una variedad de servicios y apoyos normalmente denominados como “tratamientos comunitarios para el trastorno mental severo”. Además de la intervención en crisis, proveen otros tratamientos psiquiátricos, programas de rehabilitación psicosocial, intervención familiar, viviendas supervisadas y otros alojamientos, apoyo al empleo, actividades sociales y ocupacionales, intervenciones asertivo comunitarias en el propio entorno y seguimiento individualizado, tratando de dar una respuesta global al trastorno. Este tipo de servicios ya han quedado sobradamente demostrados como los más adecuados para mejorar el curso de la enfermedad mental grave en distintos formatos: en equipos de salud mental comunitarios8, en seguimientos a largo plazo9,10, así como en programas de “case-managment” y de tratamiento asertivo comunitario11,12.

Pero para que estos equipos consigan las ventajas esperadas tienen que cumplir con un mínimo de criterios: 1)conocimiento global de todas las áreas del paciente, 2) coordinación entre equipos, 3) alianza terapéutica con el paciente y la familia, 4) vigilancia frecuente del estado psíquico del paciente, 5) ayuda para acceder a los servicios necesarios de los sistemas de salud mental y de servicios sociales13.

A pesar de la eficacia de estas intervenciones, un porcentaje importante de pacientes reutilizan el ingreso hospitalario durante su evolución. Los estudios sugieren que entre el 15% y el 25% de los pacientes con TMS no experimentarán ninguna recaída hospitalaria, y entre el 85% y el 75% si lo harán. También se ha argumentado que aunque la medicación neuroléptica se use consistentemente, cerca del 30% de los pacientes con esquizofrenia tendrán una recaída durante los dos primeros años14. El mayor riesgo de readmisiones está entre el segundo y el quinto año del comienzo de la enfermedad. En un estudio longitudinal de pacientes con esquizofrenia durante 13 años15 se comprobó que el 25% de la muestra no tuvo ninguna readmisión en el hospital, mientras que el 75% restante tuvo una o más. Recientemente se ha hecho en Europa un seguimiento durante 3 años en una muestra de pacientes con TMS de larga evolución incluidos en distintos equipos de tratamiento comunitario16 observándose que de la muestra, el 22% tuvo al menos una readmisión en el hospital.

<i>Modelos de riesgo para la recaída</I>

Se han propuesto algunos modelos explicativos de las recaídas en pacientes con TMS, especialmente en los trastornos psicóticos crónicos. El más aceptado es el modelo de vulnerabilidad al estrés17. La importancia de este modelo consiste en establecer unos factores de riesgo y de protección que precipitan o inoculan a la persona a tener una crisis aguda y mejoran la capacidad del paciente a adaptarse a su trastorno. Entre los factores de riesgo están una alta emoción expresada y estrés familiar, consumo de tóxicos, respuesta parcial a los neurolépticos, abandono de la medicación, dificultades de acceso a un tratamiento global y coordinado y continuado4.

Kavanagh1 ha diseñado un modelo de riesgo para la esquizofrenia desde una perspectiva social-cognitiva combinada con el modelo de vulnerabilidad. El modelo contempla la vulnerabilidad biológica a recaer del paciente interactuando con determinados retos sociales, por ejemplo la relación familiar. La figura 1 describe las influencias para el paciente en un momento determinado que se repetirían de arriba abajo hasta producir una recaída.

Figura 1. Modelo de riesgo para la Esquizofrenia (Kavanagh, 1992)

La readmisión hospitalaria representa una fuerte interrupción en la vida de los pacientes y sus familias. Entre las consecuencias negativas de una readmisión están: impacto negativo y duradero en el funcionamiento social y ocupacional (estudio, amigos y trabajo a menudo se pierden), incremento del estigma (el sujeto se gana una etiqueta de “enfermo mental severo” que hace la readaptación a la vida normal más difícil), sentimientos de desesperanza e incontrolabilidad en la familia, etc.

<I>Recaída vs. reingreso hospitalario</I>

En el presente artículo se hace una distinción entre reingreso hospitalario, diferenciándolo del concepto tradicional de recaída. Al concepto de recaída se le atribuyen varios significados como: hospitalización, reaparición o incremento de síntomas psicóticos18. Por tanto, y debido a esta indefinición del término, el estudio de las variables predictoras del reingreso en el hospital puede confundirse con el de las recaídas. En el presente trabajo se considera la readmisión como un ingreso en el hospital que representa una reacción social y una estrategia sanitaria sobre el trastorno que puede estar provocada por múltiples causas como: sintomatología suicida y/o agresiva, problemas de alojamiento, ausencia o desestructuración del ambiente familiar, incremento o reaparición de sintomatología psicótica y/o fuerte retraimiento social.

<I>Estudios de opinión de pacientes</I>

Por otro lado, durante los últimos años han ido proliferando estudios que recogen la opinión de los usuarios de los servicios acerca de distintos aspectos relacionados con el tratamiento que reciben como: calidad, satisfacción y utilidad de la intervención19-21. Sin embargo, son escasos y casi inexistentes los estudios acerca de la creencia de los pacientes y familiares sobre el trastorno en sí mismo. La implantación del modelo de atención comunitaria y el reconocimiento del papel activo del paciente y la familia durante el proceso de recuperación, hace necesario que este tipo de investigación empiece a aumentar y conlleve el diseño de medidas de planificación ajustadas a las necesidades percibidas por los usuarios. En esta línea, y excepcionalmente, Argenmeyer22 realizó un estudio para evaluar las creencias de los familiares sobre las causas de la esquizofrenia, en una muestra de 1.856 familias, con el objetivo de realizar una jerarquía de variables causales percibidas, según el grado de importancia atribuida a cada variable. Entre las conclusiones que obtuvieron estaba la tendencia de las familias a atribuir la enfermedad a causas biológicas, siendo por tanto esperable, que el tipo de respuesta que esperaran del sistema fuera de tipo fundamentalmente biológico (medicación y hospitalización).

<I>Objetivo del estudio</I>

El presente estudio tiene como objetivo evaluar las posibles causas relacionadas con el ingreso psiquiátrico hospitalario en pacientes con TMS, comprobando el peso otorgado para cada causa y el grado de acuerdo entre los familiares de los pacientes y los profesionales de salud mental, con el fin de poder definir estrategias coordinadas para el desarrollo de medidas preventivas del ingreso psiquiátrico hospitalario, según el nivel de consenso que exista en las variables estudiadas.

Método

<I>Muestra</I>

La población estudiada está formada por 14 pacientes diagnosticados de enfermedad mental crónica y atendidos en el Centro de Rehabilitación Psicosocial y Laboral (CRPSL) de Talavera de La Reina (Toledo). El CRPSL forma parte de la red pública de centros de rehabilitación de la Fundación Socio-Sanitaria para la Integración Socio-Laboral del Enfermo Mental (FISLEM) de la Comunidad de Castilla-La Mancha. Presta atención a personas con enfermedad mental grave desarrollando programas individualizados de rehabilitación e integración comunitaria. El CRPSL está compuesto por 1 psicólogo, 1 trabajador social, 2 terapeutas ocupacionales, 3 monitores-educadores y 1 auxiliar administrativo, con una cobertura para 60 pacientes.

Los criterios de inclusión de los sujetos fueron haber sufrido algún ingreso hospitalario durante el último año.
El 78,6% de la muestra eran hombres, frente al 21,4% que eran mujeres. Las edades estaban comprendidas entre los 20 y los 61 años, siendo la media de edad 39,6 años. El 86% tiene diagnóstico de esquizofrenia, el 7% trastorno bipolar y el 7% restante trastorno depresivo mayor. El 50% tenía una historia de más de 10 años de enfermedad mental, el 25% de 5 años y el 25% restante entre 8 y 10 años. En relación a los años que llevan en tratamiento en la red de salud mental, oscilan entre 4 y 15 años (media:10 años).

En cuanto al tratamiento recibido por salud mental, en el momento de hacer el estudio, en el 100% de los casos es farmacológico exclusivamente, nadie recibía tratamiento de otra clase (psicoterapia, intervención familiar, terapia de grupo, et.). La media de tiempo que llevan atendidos en el CRPSL desde su derivación es de 24 meses. Este perfil de la muestra informa de un paciente crónico, conocido por la mayoría de los servicios de la red socio-sanitaria y con una forma aprendida de utilización de los recursos de atención. En relación al parentesco del cuidador principal que participó en el estudio, el 50% fue la madre, el 7% el padre, el 36% el hermano/a y l 7% restante otros familiares.

<I>Medidas</I>

Se elaboró un cuestionario dirigido a las familias de los pacientes y a los profesionales responsables del seguimiento del caso en el CRPSL. Se quería conocer la opinión de los profesionales y de la familia mediante diversas afirmaciones en relación al ingreso hospitalario, que abarcan desde aspectos clínicos (tipo de diagnóstico o resistencia al tratamiento), aspectos relacionados con el servicio (demora en las revisiones psiquiátricas del paciente), con la familia (clima inadecuado), con el funcionamiento personal (hábitos de salud), hasta con la cobertura sanitaria (accesibilidad de los servicios de tratamiento).

El cuestionario es autoaplicado para los profesionales y en formato de encuesta para las familias de los pacientes. Para cada una de las afirmaciones se debía señalar en una escala de 1 a 7, el grado de acuerdo o desacuerdo en relación a los posibles causas relacionadas con los reingresos psiquiátricos de los pacientes. A partir de la información obtenida en los 2 niveles (profesionales y familias) se calcula el grado de consenso para cada variable puntuada como posible responsable del reingreso psiquiátrico.

<I>Procedimiento</I>

Primero se elaboró un listado de pacientes del CRPSL que habían sufrido al menos 1 ingreso hospitalario durante el último año con los datos de identificación, y profesional de referencia..

Se elaboró un cuestionario con dos versiones, una dirigida a la familia y otra a los profesionales del CRPSL.
Previo a la recogida de información la coordinadora del centro informó a lo profesionales implicados en el estudio, entregando en mano el listado de pacientes y el cuestionario.

Para contactar con las familias, el CRPSL estableció contacto telefónico con cada una de ellas. En una entrevista se explicaron los objetivos del estudio y se solicitó su colaboración en la investigación. Se contactó con el familiar principal responsable del seguimiento del caso en el entorno natural. La encuesta se pasó individualmente a cada familia. Las entrevistas las hizo un profesional del CRPSL entrenado en el uso del instrumento.

<I>Análisis de los datos</I>

Se calculó la distribución porcentual de las respuestas según valores (1-7), así como las medidas resultantes en cada grupo (profesionales y familiares). Para comprobar si existen diferencias significativas en los grupos se han utilizado pruebas estadísticas no paramétricas, dado que las puntuaciones obtenidas no seguían una distribución normal: la U de Mann-whitney cuando se comparaban los dos grupos y la prueba de Kuskal-Wallis, cuando hay más de dos categorías.

En último lugar considerábamos fundamental analizar qué grado de consenso existía entre los profesionales y las familias, para comprobar hasta que punto subyacía una visión común o en desacuerdo en torno a las causas de la hospitalización, y así aportar conclusiones que permitan diseñar actuaciones coordinadas para la población atendida. Para averiguar el grado de consenso, las puntuaciones medias obtenidas en los dos niveles se transformaron en puntuaciones de consenso. La regla de consenso fue la siguiente:

- Consenso parcial: diferencias entre medias de puntuaciones entre 1,1 y 1,5

- Consenso alto: diferencias entre medias de puntuaciones entre 0,6 y 1

- Consenso pleno: diferencias entre medias de puntuaciones entre 0 y 0,5

- No consenso: diferencias entre medias de puntuaciones mayores de 1,5

Resultados

<I>Valoración de las variables por los familiares</I>

En relación a la valoración de las respuestas a las variables causales del ingreso (tabla 1), encontramos que de las familias, casi el 65% está “totalmente de acuerdo” en que el tipo de diagnóstico, y la escasez del tiempo del último ingreso (alta prematura) son causas percibidas para el reingreso de los pacientes. También es mayoritario con casi el 80% del total de acuerdo las referidas a la presencia de hábitos de salud inadecuados (sueño y alimentación) y la escasa capacidad del paciente para afrontar situaciones del estrés. Los mayores desacuerdos en considerar que la variable pueda causar el ingreso son el sexo, la edad, la dificultad de acceso y la falta de información sobre la enfermedad mental y el tratamiento.

Tabla 1. Grado de acuerdo de los familiares

Si agregamos todos los valores que reflejan acuerdo (5-7) encontramos que las variables con mayor acuerdo además de las ya mencionadas son las que se refieren a la presencia de las conductas disruptivas o extrañas (64% está de acuerdo), la falta de adherencia al tratamiento (58%), la baja frecuencia de seguimiento desde la Unidad de Salud Mental (57%) y la resistencia al tratamiento farmacológico (57%). La afirmaciones que presentan un mayor grado de desacuerdo (1-3), además de las ya mencionadas, son el consumo de tóxicos (64,3%) la mala coordinación entre los equipos de salud mental (71,4%), el cambio de terapeuta (78,6%), las actitudes de la familia hacia el tratamiento (85,7%),la falta de apoyo e información familiar (78,6%).

La importancia concedida a las variables biológicas “internas” (diagnóstico, adherencia al tratamiento, resistencia al fármaco, seguimiento psiquiátricos, tiempo de hospitalización) coincide con otros estudios en los que se ha encontrado que las familias otorgan mayor importancia a factores biológicos a la hora de explicarse la enfermedad mental. Por otro lado, esto coincide con el perfil de la muestra: trastorno psicótico de larga evolución y con acceso preferentemente a tratamiento farmacológico. Una posible explicación de la baja importancia otorgada por las familias a variables que en la literatura han demostrado ser predictivas de rehospitalizaciones (clima familiar negativo) es que las familias han tenido mayor contacto con técnicas y tratamiento biológico, lo que determina actitudes de atribución externa hacia la causalidad del ingreso. La consecuencia negativa de este hecho es reforzar al mismo tiempo su percepción de incontrolabilidad ante la enfermedad, que les puede hacer pensar que otras variables a las que también atribuyen cierto peso causal (como son por ejemplo los hábitos de salud y las habilidades de afrontamiento del estrés) sean factores propios e incontrolables de la enfermedad en sí misma, más que habilidades dependientes del estilo de vida que se pueden aprender y reforzar.

Aunque no con tanto acuerdo como las mencionadas casi un 50% de familias opina que la escasez de servicios de salud mental a domicilio es una variable influyente. Esta idea está en consonancia con la investigación acerca de equipos que proveen atención en el domicilio para las urgencias psiquiátricas, consiguiendo reducciones de hasta el 50% de ingresos en el hospital11.

<I>Valoración de los profesionales</I>

En la Tabla 2 las variables que alcanzan mayor acuerdo (puntuaciones 5-7) respecto a su posible influencia son la baja frecuencia de citas de seguimiento desde salud mental (64%), la escasa competencia familiar en solucionar conflictos en la convivencia con el paciente (57%) y la baja capacidad del paciente para afrontar situaciones de estrés (64%). Como se ve hay una coincidencia con las familias en las opiniones de los profesionales, excepto en la relativa a habilidades de manejo familiar que es percibida por la familia como menos importante o influyente en el ingreso.

Tabla 2. Grado de acuerdo de profesionales

Los mayores desacuerdos son el sexo, la dificultad de acceso, la inadecuación de las dosis o pautas farmacológicas, la mala coordinación entre servicios de salud mental y la falta de información del paciente sobre la enfermedad y el tratamiento.

En el caso de los profesionales, por tanto, y a diferencia de las familias, tienden a considerar de más peso factores psicosociales como el estrés, las habilidades de solución de problemas y el clima familiar, considerando que las más biológicas influyen en menor medida en la vulnerabilidad al ingreso. En general todas las variables psicosociales relacionadas con la familia (actitud, falta de apoyo, falta de información, escasas habilidades de afrontamiento, etc.) son considerados de mayor importancia por los profesionales en contraposición a las familias.

Una posible explicación es la aportada en la introducción, así como la manera de abordar la enfermedad desde los servicios, que aunque están coordinados, pueden ofrecer explicaciones distintas a la familia sobre los factores que se consideran determinantes en el curso de la enfermedad. Esta explicación coincide con el hecho de que ambos grupos perciben que los familiares y los pacientes están muy informados, aunque posiblemente el tipo de información que reciban sea distinta según quién les informa. Ante esto la familia parece otorgar más peso a las teorías psiquiátricas y sus pautas de intervención.

Esta preferencia podría representar una estrategia de afrontamiento en un intento de evitar la responsabilidad en influir en el desarrollo del trastorno y eludir sentimientos de culpa y el esfuerzo psicológico de aprender actitudes y hábitos de comportamiento nuevos así como modificar hábitos inadecuados aprendidos con los años de convivencia con el paciente.


<I>Diferencias entre las valoraciones de profesionales y familiares</I>

Entre otras cosas también queríamos comprobar si existían diferencias en el peso atribuido a cada posible variable causal, así como si alguna variable en concreto como el parentesco de los familiares o el diagnóstico influía de alguna manera en atribuir mayor o menor peso a las variables. En la tabla 3 se muestra la media global de las respuestas.

Tabla 3. Grado de acuerdo global según agrupaciones: familia y profesionales

En la misma tabla se observan diferencias estadísticamente significativas en los siguientes factores: la familia otorga más importancia a la escasez de servicios de salud mental de ayuda en el domicilio que los profesionales (p<0,05), la escasez de tiempo de la última hospitalización (p<0,005), el tipo de diagnóstico (p<0,05), la falta de ocupación en el tiempo libre (p<0,05) y la existencia de conductas disruptivas (p<0,01). Considerando solamente las que están valoradas con acuerdo (de 5 en adelante) quedarían: el tiempo de hospitalización, el diagnóstico y las conductas disruptivas.

Tabla 4. Resultados de los ANOVA de los factores causales del ingreso hospitalario

En la tabla 4 se presentan los resultados de los análisis de varianza para determinar si las características propias de los pacientes como diagnóstico, años de evolución y el parentesco de los familiares influye en las opiniones de profesionales y cuidadores.

Como se puede observar en la tabla 4, no influye en la estimación de las causas el grado de parentesco. En la esquizofrenia la falta de información tiene mayor peso que en los T.Bipolares. En los trastornos bipolares y depresivos parecen tener más peso que en la esquizofrenia el sexo y la relación del paciente con el servicio de salud mental (p<0,05; p<0,005). En pacientes de 8 años de evolución se estima como variable influyente la falta de integración en recursos sociales en mayor medida que en pacientes con más de 10 años y menos de 4 años de evolución. El consumo de tóxicos parece ser una variable influyente en pacientes con pocos años de evolución.

En general no existen diferencias significativas en la mayoría de las variables. Este resultado lo consideramos positivo, por evidenciar un acuerdo o consenso en la importancia otorgada a los factores, lo que podría facilitar el desarrollo de estrategias comunes de solución.


<I>Puntuaciones de consenso</I>

En la tabla 5 se muestran las puntuaciones de consenso obtenidas. Este análisis se hizo con el objetivo de comprobar la coincidencia en la percepción de la importancia de una variable causal entre ambos grupos para establecer medidas de tratamiento que respondan a una planificación conjunta.

Tabla 5. Puntuaciones de consenso entre profesionales y familias

Como se observa, existe un consenso pleno en variables a las que ambos grupos habían otorgado un importante grado de relevancia en concreto: la baja frecuencia de revisiones desde la unidad de salud mental y la escasa capacidad del paciente para manejar situaciones de estrés.

La falta de consenso se encuentra en variables como la escasez de atención a domicilio, poco tiempo de hospitalización, el tipo de diagnóstico, las conductas disruptivas o la ausencia de hábitos de vida saludables.

En estos factores habrá que hacer un esfuerzo en ajustar las intervenciones profesionales con las estimaciones de las variables causales de la familia, ya que de otro modo se implementarán intervenciones orientadas hacia variables no consensuadas con el riesgo de que la familia no se implique en ellas, por considerarlas ajenas a las necesidades reales. Por tanto, la discrepancia podría considerarse relevante si decidiéramos implantar programas orientados, por ejemplo, a modificar las actitudes y clima familiar en un primer momento (percibidas como necesarias por los profesionales y no tanto por las familias) en vez de comenzar a implantar programas de atención en el domicilio dirigidos a mejorar la adherencia, los hábitos de salud y la frecuencia de revisiones del paciente (percibidas como necesarias por las familias).

Atendiendo a los resultados, lo mejor sería comenzar la intervención por programas de control de estrés, visitas en el domicilio y reducción de tiempos de revisión en la unidad de salud mental. Esta medida, al contar con el acuerdo de todos, facilitaría acercar las expectativas de los usuarios a nuestras intervenciones, incrementar la motivación para implicarse en ellas (como por ejemplo mejorar la relación familiar con el paciente) y prevenir el abandono de intervenciones planificadas por el equipo sin contar con la opinión de las familias.

Conclusión

Hay variables que no se consideran influyentes en la hospitalización de los pacientes con TMS por parte de las familias y de los profesionales como la falta de información, mientras que otras se consideran muy relevantes como el tiempo que trascurre entre las revisiones psiquiátricas y la capacidad del paciente para afrontar el estrés..

En cuanto a las discrepancias más destacables está el hecho de que las familias atribuyen más importancia a factores internos y biológicos, mientras que los profesionales del centro de rehabilitación a factores psicosociales aprendidos. En gran medida esto podría explicarse por el tipo de tratamiento e información que los pacientes y sus familias reciben durante los primeros episodios de la enfermedad.

En cuanto a las percepciones distintas de factores como el clima familiar, la importancia de alta prematura tras un ingreso y la atención en el domicilio, lo adecuado es discutir con cada paciente, previamente a implantar cualquier intervención, la importancia que cobran esas variables para el caso concreto.

Hay que mencionar que los resultados obtenidos es este estudio no pueden ser considerados representativos de todas las familias y profesionales debido al pequeño tamaño de la muestra. Además, tan solo se incluye la percepción de familias de pacientes que están tratados en los servicios de salud mental, y que pueden responder de un manera distinta a las familias de pacientes que también reingresan en el hospital y no están recibiendo.

Se ha apuntado al comienzo la importancia de distinguir entre ingreso psiquiátrico y recaída. El ingreso vendría por una combinación amplia de variables (clínicas, psicosociales, tipo de respuesta aprendida ante la enfermedad, estilo de atención de la red, etc.) y la recaída sería una descompensación que podría o no llevar al ingreso hospitalario. Es importante hacer esta distinción ya que los programas tradicionales orientados a la prevención de las recaídas no significa que también lo estén a la prevención de las rehospitalizaciones, que puede responder a variables distintas e independientes y por tanto, exigir técnicas de intervención distintas.

Hacen falta mas estudios que clarifiquen esta cuestión y que pueden tener importantes repercusiones en la eficacia y el coste económico de los tratamientos desarrollados en la comunidad.

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