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EL MALESTAR EN LA CULTURA: UN ENFOQUE DE LA VIOLENCIA.

  • Autor/autores: Dr. Juan Cristóbal Aldana Alfaro

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Artículo | Fecha de publicación: 01/04/2001
Artículo revisado por nuestra redacción

1. Psicología Social del Racismo: comprendiendo el fenómeno de los refugiados.Identificar al refugiado como fenómeno psicológico, abogamos que es desde la perspectiva de la psicología social del prejuicio y el racismo, desde donde más nos podemos aproximar a la identificación de sus causas. El racismo puede definirse como tratamiento desigual de individuos debido a su pertenencia a un grupo...

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1. Psicología Social del Racismo: comprendiendo el fenómeno de los refugiados.

Identificar al refugiado como fenómeno psicológico, abogamos que es desde la perspectiva de la psicología social del prejuicio y el racismo, desde donde más nos podemos aproximar a la identificación de sus causas. El racismo puede definirse como tratamiento desigual de individuos debido a su pertenencia a un grupo particular” . El racismo representa “un efecto acumulativo de los individuos, instituciones y culturas que resulta en opresión de las minorías y mayorías en el caso de los países del sur” .

En estas definiciones demuestran como desde esta perspectiva “funcional” se pueden entender más ampliamente sucesos dentro de la sociedad que normalmente estaban restringidos a otras ciencias sociales y que rompiendo la tradición de investigadores de las comunidades dominantes, que relacionaban el racismo desde la perspectiva de contenidos desigualdades, prejuicios, conflictos intragrupales, discriminación etc.

El análisis funcional del racismo que incorpora la filosofía Marxista, permite interpretar como un discurso racista tiene el efecto de establecer, sostener y reforzar relaciones de poder opresivas y un efecto de categorizar, colocar y discriminar entre ciertos grupos, siendo un discurso que justifica, sostiene y legitima prácticas orientadas a mantener el poder y el dominio.

La vinculación funcional del carácter ideológico del racismo, también es abordado desde la teoría del “conflicto subjetivo” desarrollado por Sherif en 1961 y que Bobo en 1988, abordó ampliamente, en su teoría de Ideología Hegemónica, donde las actitudes raciales cumplen funciones ideológicas.

Existe, una ideología hegemónica, cuando las ideas de un grupo dominante ejercen una influencia predominante en el medio cultural, de relaciones económicas y en las instituciones sociales, estas ideas explican la realidad social de forma que permitan defender y justificar las desigualdades existentes.

El grupo dominante, busca articular un conjunto de ideas que sirvan de persuasión a ellos mismos y a los demás. Que responde al bien de los intereses comunes y para preservar el status privilegiado. Este proceso ideológico sería producto de la confluencia de las condiciones sociales estructurales, de segregación y desigualdad en interrelación con el etnocentrismo del grupo dominante.

Está interrelación de desigualdad y etnocentrismo genera intereses grupales conflictivos y que, a su vez, pasan a ser interpretados según diversas tendencias por parte del grupo “dominante y dominado”. El resultado de estas actitudes y creencias intergrupales está influido por valores relevantes, como por ejemplo: igualdad y justicia, y por otros aspectos de las relaciones intergrupales como la cantidad y calidad de los contactos entre los miembros de ambos grupos.

De acuerdo con los modelos expuestos, el racismo influiría en las causas políticas y económicas generadoras de refugiados, estaría determinada por una discriminación del grupo dominante a nivel político, económico y de derechos civiles con respecto al grupo excluido. Llevándolo a la realidad, podríamos situar estos modelos en la reciente historia de América Latina, donde un grupo dominante (minoritario en esté caso) excluye, reprime y extermina a grupos mayoritarios (étnicos y políticos.).

En la investigación de Lira , sobre la “Guerra Psicológica: intervención política de la subjetividad colectiva”, podemos corroborar estos modelos de discriminación racista. El control político e ideológico en Chile fue usado por los militares y élites que sustentaban el poder económico y político (grupo dominante) en contra de grupos que mantenían posiciones ideológicas antagonistas.







Estas diferencias integrupales fueron instrumentalizadas a través de la subjetividad colectiva que se traducía en un enfrentamiento entre “Capitalismo-Libertad (grupo dominante: Militares) y Comunismo-Esclavitud” (grupo excluido: sindicalistas, intelectuales, estudiantes y políticos de izquierda.). Lira sostiene que para dominar este discurso se instauró la dictadura militar, lo que permitió al grupo dominante imponer un sistema de inseguridad caracterizado por medidas represivas, desapariciones, procesos degradantes e impunidad para excluir y neutralizar al grupo excluido.

Otro aspecto fundamental desde está perspectiva, es la aproximación que hace sobre conflictos intergrupales y prejuicios de grupos étnicos y religiosos, Echebarría, y González , que nos proponen la Teoría de la identidad social formulada por Taifel en 1978 y la teoría de la Auto-Categorización de Turner en 1987.

Las dos teorías, describen el fenómeno de la acentuación de las diferencias intercategoriales y las similitudes intracategoriales, se producen también en contextos de categorización social de los humanos. Este proceso de categorización (homogeneización intra-categorial y diferenciación inter-categorial) tiene como consecuencia la aparición del favoritismo intragrupal y de discriminación intergrupal.

Echebarría y González , proponen “el Paradigma del Grupo Mínimo”, que trataría de demostrar la condición mínima necesaria para desencadenar prejuicios intergrupales, es la mera clasificación de la gente en grupos, sin que se requiera ninguna condición adicional como puede ser la existencia de un conflicto de intereses o competencia entre grupos, tal como lo define la Teoría del “Conflicto Objetivo de Taifel” . Taifel, sostiene que la discriminación y prejuicios entre grupos sólo se produce en situaciones donde existe competición en la lucha por un objetivo, y Turner considera que es suficiente que se produzca una categorización (clasificación de los sujetos en grupos) para que se discrimine.

Desde una aproximación socio-psicológica, se plantea que en las situaciones intergrupales son cruciales la definición de la Identidad Social de los sujetos, puesto que, en ellas el sujeto se posesiona a sí mismo en relación a los otros, la pertenencia al grupo puede contribuir de forma positiva a la identidad de uno mismo si se diferencia positivamente en alguna dimensión de valor en relación con otros grupos

Por ello, el contexto intergrupal implica una relación íntima entre identidad social-comparación y social-distintividad-psicológica. La identidad Social desde la perspectiva autocategorización, sería contemplada como una colección heterogénea de categorías sociales (hombres y mujeres, ricos y pobres, empresarios y trabajadores etc.), que mantiene relaciones de poder y estatus entre ellas. La identidad del sujeto se deriva en gran parte a sus pertenencias categoríales, dándose tantas identidades sociales como pertenencias categoriales posea (una misma persona puede ser simultáneamente mujer, rica, empresaria española etc.). Este proceso de construcción de la identidad juega un papel central en los procesos de categorización social y de comparación social.

En términos más concretos, la identidad social se definiría como el reconocimiento de que uno pertenece a ciertos grupos sociales, junto con el significado emocional y de valores que posee dicha pertenencia, la auto-imagen y el auto-concepto individuales. Nociones que pueden depender de su pertenencia grupal y se forman a través de procesos de estereotipaje, por las cuales un sujeto se atribuye a sí mismo las características percibidas como típicas de su grupo y es por este proceso que el sujeto hace suyas las actitudes, representaciones, creencias, normas y conductas comunes de su grupo de pertenencia.

La categorización es uno de los procesos centrales en la construcción de la identidad y se definen como “el proceso de ordenamiento del ambiente en términos de categorías a través del agrupamiento de personas, objetos y sucesos como similares o equivalentes entre sí en sus acciones, intenciones o actitudes: Su principal función es el ordenamiento del ambiente social en términos de agrupamiento de personas que dan sentido al individuo” .





Por último y para comprender cómo este proceso puede actuar en las causas étnicas y religiosas como generadoras de refugiados, nos centramos en la Categorización y la Identidad Social que genera fenómenos de enfrentamiento intergrupal. La búsqueda de una comparación grupal positiva conduce frecuentemente a la devaluación de otros grupos.

Los niveles de diferenciación de conductas, juicios de valor y representaciones conforman una discriminación de imagen-persona, evaluativo y conductual en forma de espiral viciosa donde ésta forma parte de un control social y es ampliamente usada por el grupo que se compara.

Así por ejemplo en los enfrentamientos bélicos, la búsqueda de la modificación de la imagen del adversario es una estrategia por parte del otro para devaluarlo, esto lo podemos encontrar en la valoración de los musulmanes con respecto al mundo cristiano-occidental donde los primeros representan una imagen del integrismo irracional en comparación (positiva) con las libertades individuales del mundo de judeo-cristianos. Ellos los fundamentalistas-integresitas, nosotros los de las libertades.

En 1987, Silva , realizó un estudio sobre las Fuerzas Armadas a través del discurso político en Chile, aquí se demuestra como los militares como grupo establecen su identidad social y categorización social con respecto a los otros (civiles, con excepción de las élites económicas.). Para Silva, el individuo que se incorpora al ejercito, lo hace en una institución total, es decir que lo separa del resto de la población y cubre prácticamente todas las esferas de su vida cotidiana.



Desde la adolescencia se desenvuelve prácticamente dentro de la escuela matriz, perdiendo contacto con su familia, amigos y antiguos grupos de interés, este aislamiento se mantendrá en grado diferente durante el resto de su vida (su vida social transcurre alrededor de su grupo: barrios exclusivos, cooperativas propias, clubes para militares etc).

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Las fuerzas Armadas en Latinoamérica marcaron elementos significativos de categorización social con respecto de la población civil y sus grupos de comparación social (positiva) fueron sindicatos, obreros, intelectuales, estudiantes y gente empobrecida. Determinando su diferenciación positiva como patriotas, salvadores de las libertades individuales, valores cristianos en contra de los comunistas, ateos, resentidos sociales etc., los otros (grupo de comparación.).



Refugiados: abordaje desde la Psicología Clínica



El estudio psicológico de los refugiados, empezó a ser abordado desde el modelo médico-psiquiátrico, en las dos primeras guerras mundiales del presente siglo. Las personas desplazadas, que habían sufrido la experiencia de guerra y habían sido prisioneras en campos de concentración, presentaban graves alteraciones psíquicas derivadas de estas experiencias, similares también a las que presentaban los soldados que combatían, en consecuencia, esté planteamiento surge desde la psiquiatría.

Al final de la segunda guerra mundial, se desarrollan los primeros métodos de asistencia desde la psicología a víctimas de las guerras, técnicas breves de asistencia que desarrollaron en el Instituto de Psicoanálisis de Chicago . Estos trabajos arrojaron una poderosa luz sobre el camino a seguir con aquellas personas que eran víctimas de catástrofes a través de métodos breves de intervención psicoterapeuta y desde la que hoy muchos psicólogos trabajan con refugiados.

Con el desarrollo de las terapias breves se abre el espacio donde la psicología aborda el problema de personas que son víctimas de catástrofes. Considerando a los refugiados dentro de este tipo de problema, se asiste a los que se refugiaron con el final de la segunda guerra mundial en EE.UU., Canadá y Australia, en su mayoría alemanes.

Los epidemiologiotas Farish y Dunhan en 1939, en la ciudad de Chicago, descubrieron tasas elevadas de desórdenes esquizofrénicos en los grupos inmigrantes. Freud en 1919, señaló la posibilidad de que las clases sociales más desfavorecidas tuvieran el acceso al tratamiento psicoanalítico y que es la comunidad la que tenía que prever este tipo de asistencia, así como la tuberculosis recibía tratamiento público, los desórdenes neuróticos eran también debían ser una prioridad para la salud pública.

Se observa pues, que es en la Segunda Guerra Mundial y por vez primera en la historia, cuando surge la necesidad de atender a población víctima de los conflictos armados. Los servicios médicos psicológicos coinciden con un nivel de desarrollo y conocimientos de la comunidad psicoterapeuta, suficiente para hacer posible cierta clase de reacción positiva. La psicoterapia breve (derivada del psicoanálisis) se constituye como el único tratamiento nuevo capaz de responder a las exigencias de la guerra.

Lidemann y Klein en 1944 observaron, que las reacciones ante las experiencias traumáticas adquirieron gran importancia en la práctica de la asistencia mental, tanto cuando derivaban en neurosis claras como cuando no existían. El desamparo, la interrupción súbita de la interacción social, es de especial atención, debido a que a menudo constituye un factor desencadenante de los desórdenes psicosomáticos. “La situación de la guerra prolongada provoca el incremento de las reacciones de angustias y con el tiempo éstas se pueden transformar en una pauta normal de aflicción que conduzca a la degradación del individuo” .

Con estas experiencias, se desarrollaron hipótesis preventivas, centradas en la convicción de que los servicios de clínica general que promovían la prevención y la asistencia podían extenderse progresivamente a toda la población. “El despliegue más efectivo de recursos será el que se desarrolle sobre subgrupos que en determinados momentos de la vida les produzcan cambios específicos que previsiblemente puedan provocar tensiones” .

La intervención preventiva, va más allá de la estructura y dinámica psicológica y extiende su soporte a los roles y las relaciones sociales donde el centro de atención se desplaza hacia el individuo atrapado en una red social.



Finalmente en 1964 la American Psychiatric Associatión llama la atención sobre las consecuencias de las situaciones de desastre y su potencial para producir perturbaciones emocionales extremas, en las que se hacen necesarios los servicios terapéuticos rápidos, efectivos y de gran escala y es a partir de este punto, desde donde comenzarán a desarrollarse metodologías de intervención desde la psicología que consolidarán el desarrollo teórico de las llamadas “Técnicas de Intervención en crisis y emergencia” .

Hasta finales de los años 60 se asociaba al refugiado con las poblaciones que habían experimentado directamente una guerra y en consecuencia se le percibe como víctima de una catástrofe (asunción que sigue manteniéndose.).

Las características que presenta como grupo de población o de forma individual, han sido ampliamente estudiadas en los últimos 20 años. El planteamiento del problema de los refugiados desde las ciencias sociales, en las dos últimas décadas y a partir del desarrollo de sus múltiples teorías, aportaron la madurez necesaria para abordar estos dos problemas. Buena parte de las investigaciones se han centrado en el análisis de las patologías psicológicas, sociales y económicas, como por ejemplo: desarraigo, desintegración sociocultural, disolución de la estructura familiar, marginación social etc.















Perfil Psicosocial del refugiado

El estudio y análisis de la realidad del refugiado, debe contemplarse desde una visión multidimensional. Las variables que estructuran el problema, están estrechamente relacionadas y no separadas. Existe una realidad interna (la asimilación de la experiencia vivida) y una externa (los factores sociales que coaccionan la experiencia), lo que implica el análisis del refugiado centrado en su identidad individual y social. Recordemos que, las experiencias sufridas por refugiados generalmente han estado enmarcadas dentro de la persecución por ideas, creencias, ideologías, por ser de determinado grupo étnico, dentro de un contexto social ausente de libertades y falta de democracia.

Aquí es preciso diferenciar dos tipos de refugiados: 1º. los grupos o personas que de alguna forma lucha por derechos (políticos, religiosos, económicos etc.) y 2º. Los que son víctimas de una violencia directa o indirecta, que nunca han estado involucrados en ninguna actividad reivindicativa y que por el hecho de pertenecer a determinados grupos étnicos, religiosos o clase social son arrastrados a convertirse en refugiados.

Las diferencias entre ambos son importantes, ya que para el grupo de refugiados que han sido identificados como personas que hacen oposición política, revindican derechos fundamentales: trabajo, cultura, educación, derecho a una vivienda, a poseer una vida digna libre de hambre y enfermedades, adyacentes a un estado de democracia. Este grupo, ha sufrido represión, persecución, tortura selectiva basada en la eliminación de protección y seguridad.

Un ejemplo, de ello fueron en las dictaduras militares de los países latinoamericanos, se implantaron doctrinas de Seguridad Nacional con la finalidad de combatir el comunismo, donde sindicalistas, líderes estudiantiles, políticos, profesores e intelectuales fueron víctimas de la represión, tortura y desaparición que provocó una ola de terror, incertidumbre y muerte en toda aquella persona que se manifestaba en oposición.

Este grupo es al que se le puede denominar como exiliados, se ven obligados ha refugiarse durante épocas prolongadas en terceros países, hasta que exista una verdadera democracia que les permita el retorno.

A finales de los setenta se impulsó desde Bélgica la formación del Colectivo de Latinoamericanos en el Exilio -COLAT- . Por la importancia histórica que este colectivo tiene, en el tratamiento con refugiados, convienen que señalemos algunos de los trabajos más importantes que se desarrollaron en investigaciones y modelos de intervención desde la perspectiva comunitaria.

Con la represión y tortura, los trabajos más destacados fueron: “el mundo de exiliado político latinoamericano en la psicopatología de la tortura y el exilio en 1982, el dolor invisible de la tortura una perspectiva de las experiencias con ex-prisioneros políticos y familias en 1984” . En su proceso de integración en el país que los acoge: “el valor terapéutico de la solidaridad en el torturado en 1979, y la organización de exiliados Latinoamericanos para dar respuestas a sus necesidades de integración como grupo exiliado en 1989” . Y más recientemente: “un programa de salud mental como política de atención de refugiados en 1992 y el trabajo con adolescentes africanos desde el tejido de redes formales y naturales en 1994” .

COLAT han desarrollado el trabajo interdisciplinario para identificar el perfil más aproximado del exiliado, proponiendo tres dimensiones, que lo identifican y que permiten su intervención:

1. La experiencia que va desde la persecución, tortura, huida forzosa, y amenaza de muerte motivadas por las crisis políticas. Este tipo de violencia perturba la necesidad de protección y de este modo da paso a una profunda ansiedad. El modelo de "Intervención en Crisis" , describe esta experiencia como: una crisis circunstancial que desencadena una serie de trastornos psicológicos caracterizado por el pánico exógeno siendo la violencia su principal responsable.

Las experiencias de violaciones de derechos humanos provocan situaciones estresantes, cuando los mecanismos de adaptación o confrontación fallan, la persona que sufre esta situación desarrolla un cuadro caracterizado por los siguientes síntomas: vulnerable, inestable, irritable, inseguro y confuso.

En consecuencia, se encuentra sensiblemente débil para afrontar las situaciones nuevas de adaptación e integración en el país de refugio. Puede existir desde una ruptura con la realidad hasta el suicidio.

Esta crisis circunstancial se manifiesta en que las personas, colectivos y familias afectadas por las más diversas formas de violencia. Ven rotas todas sus fuentes de apoyo (redes naturales), sus proyectos de vida se frustran y sufren la desintegración de sus estructuras socioafectivas a través de la desaparición, muerte o tortura de alguno de los miembros de la familia, compañeros de estudio, trabajo etc.

2. Las implicaciones de los exiliados, en lugares donde la realidad es distinta, traen consigo problemas de reorganización de la vida. Individual y familiar se tiene que reestablecer las redes naturales y formales. La llegada a un país desconocido, que pasa por una etapa de posicionamiento en el país, una cierta acomodación y supervivencia en muchos casos.

Esta etapa genera una problemática muy fuerte; en su mayor parte en las familias se manifiesta con la desintegración familiar, paralelamente, los niños crecen en un ambiente extraño, que puede incidir en un problema de identidad. Con respecto a éste último, se agrava más por factores de desarraigo, desempleo, y racismo por parte de la sociedad de acogida (factores que se analizaran en el más adelante

También, es importante, conocer cuales son los trabajos desarrollados en España, entorno a los trastornos y el proceso de integración de exiliados. Destacan los de Brik , en 1985 que desarrolló el análisis de las características generales de los refugiados latinoamericanos. Aspectos como la marginación, el exilio y la psicopatología, fueron planteados desde una óptica multidisciplinar donde el eje es la intervención psicoterapeuta y los servicios sociales específicos para este colectivo. En la misma línea Martínez , en 1994 desarrolla su investigación de los trastornos psiquiátricos en refugiados políticos.





3. tercero: el retorno del exiliado es la etapa, que se da, a partir de la mejora de factores sociales, económicos y democráticos. En el retorno, el exiliado revive las experiencias de persecución, tortura y cautiverio. En esta etapa se desarrolla la superación de la experiencia, a través de la identificación y castigo de los culpables (nivel social y político) y permite la elaboración de la irrupción de la experiencia traumática (revivir la experiencia y resolverá nivel familiar e individual).

Un ejemplo, lo fue, las implicaciones emocionales para ancianos chilenos refugiados en España , que retornaban. El retorno debe de abordarse, también desde la óptica multidisciplinaria siendo el factor subjetivo (la implicación intrapsiquíca que son: las experiencias sufridas por el exilio), el que configure la base de un programa de intervención desde tomar en cuenta estas premisas. Cualquier ámbito de intervención, debe implicar trabajo multidisciplinar para desarrollar actividades que conlleven un asentamiento, la asistencia social y el trabajo de apoyo en la reestructuración de fuentes de apoyo emocional.

La superación emocional, del retorno provoca un síndrome de conductas, que se caracteriza por los dos siguientes aspectos: recuerdos (torturas, persecución y muerte de familiares o compañeros) y una desestabilización de su identidad personal, desarraigo y marginación por los fracasos de integración en la sociedad de acogida. Estos dos factores pueden superar su capacidad de resolución de la experiencia de haber sido refugiado y dificultar la integración en su país.

El segundo grupo de refugiados, lo constituyen las personas que han sido víctimas de conflictos armados, de la persecución por pertenecer a un grupo étnico o religioso, sin estar vinculados directamente en la confrontación. En la actualidad, lo conforman la mayoría de los refugiados del mundo y según los últimos datos de Naciones Unidas, en 1998 eran aproximadamente 40 millones. El 14.11 % están ubicados en los países del llamado “primer mundo” (EE.UU. Canadá, Australia, Japón, Noruega, Suiza y la Unión Europea) de los cuales el 62 % se encuentran en Canadá y EE.UU. En Europa, Francia, Suecia y Alemania son los que más refugiados acogen, y España el país que cuenta con menor número de personas refugiadas.

Con estos datos hemos querido ofrecer una aproximación sobre la realidad de los refugiados, que en su mayoría se constituye por ser parte de la población civil, y que por las circunstancias ya abordadas, se ven arrastrados a convertirse en población desplazada. Son ubicados en campamentos fronterizos con su país de origen. Desde la perspectiva comunitaria, se puede observar los siguientes de problemas:



1. Dentro de un marco social, se desarrollan problemas de asistencia social en el país receptor, la falta de una red de apoyo social operativa y cualificada para que los refugiados puedan reorganizar su vida a nivel personal, familiar y cultural, que les facilite una adaptación (transitoria) con derecho trabajar, vivienda y una regularización que lo equiparen a otros inmigrantes en la sociedad de acogida.

2. Los grupos de población, con más alto riesgo psicológico y social son: niños, adolescentes, mujeres y ancianos, ya que presentan menos recursos para resolver este tipo de crisis.

3. Los trastornos psicológicos que pueden ir, desde alteraciones psicosomáticas, depresiones, pérdida de la realidad, suicidios, a adoptar comportamientos autodestructivos o poco asertivos como abuso de drogas (alcoholismo), delincuencia, y prostitución.

4. Un entorno diferente requiere de un gasto de energía física y psicológica bastante fuerte. El refugiado en esos instantes se encuentra en un nivel bastante bajo (física y psíquicamente), debido a la experiencia que ha sobrepasado el control de su vida. Su capacidad de resolución de conflictos, que normalmente funciona en situación normal, se ven sobrecargado y es insuficiente para solucionar problemas de la vida diaria.

Dentro de los dos grupos de refugiados, existen similitudes psicológicas y sociales, individuales, familiares y de grupo. Las más significativas son:

1. Control existencial. La experiencia del refugiado constituye una grave pérdida del control, en la vida misma, unida a la vivencia desbordante del miedo, terror y sufrimiento del tener que huir ante la amenaza de la existencia como persona, familia y grupo.

La persona, la familia o el grupo de refugiados, pueden tener control de su destino y reunirse con todo su grupo de apoyo, pero experimenta una pérdida del control de la experiencia pasada. Y al haber obtenido un mínimo de seguridad, se ve desbordado ante su capacidad para reorganizar y estructurar su vida como persona, familia o grupo. Este fracaso se le puede denominar “síndrome de pasividad” caracterizado por actitud de víctima y demandante, llena de trastornos psicosomáticos.

La experiencia, por el conflicto armado, puede desembocar en trastornos de emocionales y mentales como: insomnio; alucinaciones auditivas o visuales (oír voces o ver la experiencia de la muerte de familiares o amigos); anorexias o depresiones con posibilidad de suicidio. Con estas característica, la aplicación de programas asistenciales se ve frecuentemente saboteado por las demandas irreales de los refugiados, así como por su poca participación en actividades que ayuden a superar su problema.



2. La Actividad. El agotamiento del desplazamiento y el exiliado, provoca que la persona se encuentre demasiado desgastada como para poder reunir la fuerza necesaria para el asentamiento o adaptación. Otro rasgo en común es la falta de trabajo o encontrar una actividad productiva que se, agudiza si se encuentra en un espacio cerrado como los campamentos de refugiados o los centros de acogida. Se refuerzan, los comportamientos descritos y una dependencia (de las instituciones u organizaciones) con marcados sentimientos fatalistas. Esto provocará comportamientos autodestructivos y formas no asertivas para resolver sus problemas de supervivencia.

3. la familia refugiada

El desarraigo abrupto y la pérdida violenta de sus marcos de referencia en la familia refugiada, le hace enfrentarse ante una crisis de identidad, y un ansia de búsqueda de un nuevo equilibrio en sus relaciones. La estructura social de la familia refugiada y exiliada, representa un nuevo tipo de grupo social en una realidad sometida a constantes cambios, y como tal debe de ser analizada dentro de un contexto adecuado.





El problema de la familia desarraigada, presenta conflictos graves en sus estructuras y relaciones internas, se desarrolla una serie de trastornos que rompen con su equilibrio y sus redes de apoyo. Acontecimientos como la represión, tortura, persecución y muerte entre sus miembros. Así como, encajar una reorganización forzada en situaciones extremas sobrepasa a la familia. Este brusco impacto traumático daña al grupo familiar, no sólo relaciones conflictivas, sino también de vínculos de apoyo, alejando en muchos casos a cada miembro de la familia entre sí, y toda ella, del ámbito socialmente compartido. Se pueden observar que las familias de refugiados y exiliados reproducen nuevas estructuras familiares, entre las más importantes están las siguientes:

a) integradas sin vínculos de parentesco; b) separadas por uno o más miembros que se reencuentran en el lugar de refugio; c) con uno o los dos padres muertos; d) con hijos desaparecidos o muertos; f) con integrantes torturados y/o perseguidos; g) integradas por otros familiares (primos, tíos, y otros de segundo o tercer orden), forma una nueva familia en el país o ciudad de refugio; h) donde los hijos mayores asumen el rol de padres; y) donde los vecinos integran a menores huérfanos por la muerte de los dos padres y hermanos con mayor responsabilidad.

Resumiendo, el desafío del nuevo entorno para las personas, familias y grupos de población refugiada, requiere un espacio en donde poder reorganizar nuevas redes de apoyo social para poder enfrentar el proceso de -Superación experiencia-Adaptación nuevo entorno- -decisión de retornar o adaptar el país de acogida como el suyo-. Significa que, la nueva experiencia, pasa por la superación de frustraciones dentro de sus relaciones y buscar el apoyo necesario para soportarlo. Teniendo en cuenta, que cada miembro de la familia o grupo de iguales, se ve sometida a la misma frustración, necesidad de calma, seguridad y afecto.

Las relaciones sociales y códigos diferentes, en campamentos de refugiados o centros de acogida, muchas veces son causa de las conductas de obediencia y dependencia que limitan la libertad y merman la capacidad de superación de su problema.

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