Cuando el consumo de sustancias y los problemas de salud mental aparecen juntos
Los trastornos por uso de sustancias coexisten con frecuencia con otros problemas de salud mental, especialmente depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático (TEPT). Esta combinación plantea un reto clínico importante: no solo hay que determinar qué intervención puede resultar eficaz, sino también decidir cómo coordinar el abordaje de ambas condiciones.
Una revisión paraguas publicada en Drug and Alcohol Review ha tratado de ordenar la evidencia disponible sobre esta cuestión. El trabajo analizó revisiones sistemáticas de ensayos controlados aleatorizados centrados en intervenciones psicosociales para adultos con un trastorno por uso de sustancias y un trastorno mental coexistente.
El principal mensaje no es que exista una terapia claramente superior a las demás. La evidencia apunta, más bien, hacia la importancia de abordar conjuntamente los problemas de salud mental y el consumo de sustancias, evitando que cada uno sea tratado de manera completamente independiente.
Una revisión de 28 revisiones sistemáticas
Los investigadores realizaron una umbrella review o revisión paraguas, es decir, una revisión que sintetiza los resultados de múltiples revisiones sistemáticas previas.
La búsqueda se efectuó en febrero de 2024 en cinco grandes bases de datos y se centró en revisiones que incluyeran ensayos controlados aleatorizados realizados en adultos mayores de 18 años.
Las intervenciones psicosociales podían compararse con otras intervenciones, con el tratamiento habitual o con grupos en lista de espera. La calidad metodológica se examinó utilizando la lista de comprobación del Joanna Briggs Institute (JBI).
De 5.420 registros únicos inicialmente identificados, finalmente se incluyeron 28 revisiones sistemáticas, cuya calidad metodológica global fue considerada buena. La mayor parte de la investigación disponible se había concentrado en pacientes con consumo problemático de alcohol u otras drogas asociado a depresión, ansiedad o TEPT.
Las intervenciones suelen mejorar tanto el consumo como la salud mental
Uno de los resultados más relevantes es que la mayoría de las intervenciones psicosociales analizadas se asociaron con mejorías en los resultados relacionados con el consumo de sustancias y con los síntomas de salud mental.
Sin embargo, este hallazgo requiere una interpretación cuidadosa.
Numerosos grupos que recibían el tratamiento habitual también mostraron mejoras significativas. En otras palabras, los estudios no encontraron sistemáticamente grandes diferencias entre una intervención psicosocial específica y otras alternativas activas.
Esto dificulta responder a una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué terapia funciona mejor?
La revisión concluye que la gran heterogeneidad existente entre estudios —en las poblaciones incluidas, los tipos de intervención, las sustancias consumidas, los trastornos mentales y las medidas de resultado— impide establecer una jerarquía fiable de tratamientos psicosociales.
Por tanto, la evidencia disponible no permite afirmar que una modalidad concreta de psicoterapia deba utilizarse de manera preferente para todos los pacientes con esta combinación de problemas.
Tratamiento integrado: la coordinación parece importar
Más consistente resulta la evidencia relacionada con la organización del tratamiento.
Los investigadores diferencian fundamentalmente tres modelos.
Tratamiento integrado
En el modelo integrado, el trastorno por uso de sustancias y el problema de salud mental se abordan de manera coordinada dentro de un mismo plan terapéutico.
Los resultados de la revisión sugieren que este enfoque suele obtener mejores resultados que tratar únicamente una de las dos condiciones y puede ser también superior a los tratamientos paralelos no coordinados.
El elemento clave no parece ser simplemente que una persona reciba dos tratamientos, sino que ambos formen parte de una estrategia terapéutica coherente.
Tratamiento paralelo
En este modelo, la persona recibe simultáneamente atención para el consumo de sustancias y para el trastorno mental, pero mediante servicios o profesionales que funcionan de manera relativamente independiente.
La revisión señala que los tratamientos integrados suelen superar a estos servicios paralelos no coordinados, aunque las diferencias no aparecen de manera uniforme en todos los estudios.
Este resultado tiene especial interés desde una perspectiva organizativa, porque pone el foco no únicamente en la técnica psicoterapéutica utilizada, sino también en la comunicación y coordinación entre servicios de salud mental y adicciones.
Tratamiento secuencial
El tratamiento secuencial aborda primero una de las condiciones y posteriormente la otra.
La evidencia encontrada sobre este modelo fue mucho más limitada. Los estudios disponibles sugieren que podría alcanzar una eficacia similar a la del tratamiento integrado en determinados contextos, pero el volumen de evidencia todavía es insuficiente para establecer conclusiones firmes.
La “patología dual” no implica una única estrategia terapéutica
Los resultados tienen una consecuencia importante para la práctica clínica: la coexistencia de un trastorno por uso de sustancias y otro problema de salud mental no debería entenderse como una entidad homogénea.
Una persona con dependencia del alcohol y depresión presenta necesidades distintas de otra con consumo de opioides y TEPT. También pueden diferir la gravedad, el contexto social, la motivación para el tratamiento, las experiencias traumáticas previas y el riesgo de abandono.
Esta heterogeneidad probablemente explica parte de la dificultad para identificar una intervención psicosocial universalmente superior.
Además, la revisión señala que los ensayos analizados presentan importantes variaciones en sus diseños y medidas de resultado. Por ello, la ausencia de superioridad clara de una terapia no debe interpretarse como equivalencia demostrada entre todas las intervenciones.
Lo que puede afirmarse con mayor seguridad es que diferentes intervenciones psicosociales pueden producir beneficios y que la coordinación del tratamiento parece tener relevancia.
¿Qué implica para los servicios de salud mental y adicciones?
Desde el punto de vista asistencial, el estudio desplaza parcialmente la pregunta desde “qué psicoterapia utilizar” hacia “cómo organizar la atención”.
La fragmentación entre dispositivos de adicciones, atención primaria, salud mental y servicios sociales puede dificultar el seguimiento de personas con necesidades complejas.
El informe posterior del NIHR basado en este mismo proyecto destaca precisamente como áreas prioritarias mejorar la comunicación entre organismos, desarrollar vías asistenciales integradas y facilitar el acceso y la continuidad del tratamiento.
Esto no significa que la evidencia permita recomendar un modelo asistencial único para todos los pacientes. Sí refuerza, sin embargo, la necesidad de estudiar los resultados clínicos no solo en función de la terapia aplicada, sino también de cómo se coordinan los distintos componentes de la atención.
Qué falta por investigar
Los autores identifican varias limitaciones relevantes.
La principal es la heterogeneidad de las revisiones y de los ensayos incluidos, que impide realizar comparaciones sólidas entre intervenciones.
También existe mucha menos evidencia sobre algunos trastornos mentales que sobre depresión, ansiedad y TEPT.
Los investigadores consideran prioritarios nuevos ensayos que comparen directamente tratamientos integrados, paralelos y secuenciales, con muestras suficientemente grandes para absorber el elevado abandono que suele producirse en estos estudios.
Además, recomiendan periodos de seguimiento de al menos seis meses, ya que las evaluaciones a corto plazo pueden no reflejar adecuadamente la evolución del consumo, las recaídas o la estabilidad de los cambios en salud mental.
Conclusiones prácticas
La revisión ofrece una conclusión especialmente útil: actualmente no existe evidencia suficiente para recomendar una intervención psicosocial específica por encima de todas las demás en adultos con trastorno por uso de sustancias y trastornos mentales comunes coexistentes.
Sin embargo, el modo en que se organiza la atención sí parece relevante. El tratamiento integrado y coordinado de ambas condiciones suele obtener mejores resultados que abordar exclusivamente una de ellas y puede superar a los servicios paralelos que trabajan sin coordinación.
Por tanto, más que buscar una única psicoterapia “ganadora”, la investigación actual señala hacia otro reto: construir itinerarios asistenciales capaces de abordar simultáneamente el consumo de sustancias y las necesidades de salud mental, y determinar mediante ensayos de mayor calidad qué componentes de esa integración aportan realmente el beneficio clínico.
Resumen y adaptación editorial: María Dolores Asensio Moreno (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Basado en Simpson EL, Essat M, Wong R, Stacey S, Day E. Effectiveness of Psychosocial Interventions for Adults With Substance Use Disorder That Have a Co-Occurring Common Mental Health Disorder: An Umbrella Review. Drug and Alcohol Review. 2026;45(1). DOI: 10.1111/dar.70066.Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales. Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.