Cuando aumenta la carga de enfermedad, también cambia el patrón de sueño
La duración del sueño mantiene una relación estrecha con la salud física y mental. Sin embargo, gran parte de la investigación se ha centrado en enfermedades concretas y menos en una realidad cada vez más frecuente: la coexistencia de varias patologías crónicas en una misma persona.
Un estudio publicado en Frontiers in Sleep analizó esta cuestión utilizando datos de la Canadian Community Health Survey 2017–2018. La muestra final incluyó 52.378 adultos con información completa sobre sueño y enfermedades crónicas.
Los resultados muestran un patrón gradual: cuanto mayor era el número de enfermedades crónicas, mayor era la probabilidad de declarar tanto sueño corto —menos de 7 horas— como sueño prolongado —más de 9 horas—.
La asociación se mantuvo después de ajustar por múltiples factores sociodemográficos, socioeconómicos y conductuales.
Más de cuatro de cada diez adultos dormían menos de 7 horas
Los investigadores clasificaron la duración habitual del sueño en tres categorías:
menos de 7 horas,
entre 7 y 9 horas,
más de 9 horas.
En la muestra ponderada, el 40,96 % declaró dormir menos de 7 horas, mientras que el 7,73 % dormía más de 9 horas. El 51,31 % se encontraba entre ambas categorías.
En cuanto a la carga de enfermedad, aproximadamente:
51,12 % no presentaba ninguna de las patologías estudiadas;
23,48 % tenía una;
13,75 % tenía dos;
11,65 % presentaba tres o más.
Estos datos permitieron estudiar si existía un gradiente entre multimorbilidad y duración del sueño.
Doce enfermedades crónicas incluidas
La multimorbilidad se construyó a partir de 12 enfermedades crónicas recogidas en la encuesta:
asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, artritis, hipertensión, hiperlipidemia, enfermedad cardiaca, ictus, diabetes, cáncer, alergias, trastornos del estado de ánimo y ansiedad.
Los participantes se clasificaron después en cuatro grupos: ninguna enfermedad, una, dos o tres o más enfermedades.
Este enfoque permite estudiar la carga acumulada de enfermedad, aunque presenta una limitación importante: todas las condiciones tienen el mismo peso independientemente de su gravedad, impacto funcional o tratamiento.
Una persona con tres patologías leves queda, por tanto, en la misma categoría que otra con tres enfermedades clínicamente mucho más incapacitantes.
Tres o más enfermedades: 70 % más probabilidades de sueño corto
Tras ajustar por edad, sexo, etnia, estado civil, educación, ingresos, empleo, inmigración, índice de masa corporal, actividad física, tabaquismo y consumo de alcohol, las personas con tres o más enfermedades crónicas presentaron:
AOR = 1,70 para dormir menos de 7 horas
IC 95 %: 1,52–1,91.
Esto significa que sus odds de declarar sueño corto fueron aproximadamente un 70 % superiores a las de las personas sin ninguna de las enfermedades estudiadas.
También se observó un incremento progresivo:
con una enfermedad, AOR = 1,19;
con dos enfermedades, AOR = 1,38;
con tres o más, AOR = 1,70.
El análisis de tendencia fue significativo, con p < 0,001, apoyando una relación graduada entre mayor número de patologías y mayor probabilidad de sueño corto.
La relación fue todavía mayor para dormir más de 9 horas
El patrón fue especialmente marcado para el sueño prolongado.
Frente a las personas sin enfermedades crónicas, quienes presentaban tres o más condiciones tuvieron:
AOR = 2,58 para dormir más de 9 horas
IC 95 %: 1,96–3,41.
Con dos enfermedades, la asociación también fue significativa:
AOR = 1,37; IC 95 %: 1,07–1,77.
En cambio, tener una sola enfermedad no mostró una asociación estadísticamente significativa con sueño prolongado después del ajuste.
Los resultados sugieren así que la acumulación de enfermedades parece especialmente vinculada con los extremos de duración del sueño, y particularmente con dormir más de nueve horas.
Dormir más no significa necesariamente dormir mejor
Uno de los errores habituales al interpretar estos estudios consiste en asumir que una duración prolongada implica mayor descanso.
Dormir más de nueve horas puede aparecer asociado a múltiples circunstancias: enfermedad, dolor, limitaciones funcionales, fatiga, desempleo, menor actividad física, síntomas depresivos, medicación o alteraciones del sueño nocturno.
Por tanto, el sueño prolongado puede funcionar en determinados contextos como marcador de peor estado de salud, no necesariamente como causa de este.
El propio estudio mostró que la duración larga era particularmente frecuente en mayores de 65 años: 15,97 %, frente al 5,79 % entre menores de 40 años.
La relación entre sueño y enfermedad probablemente es bidireccional
El diseño transversal impide establecer qué ocurre primero.
Una enfermedad crónica puede alterar el sueño mediante:
dolor, disnea, síntomas nocturnos, inflamación, estrés psicológico, efectos farmacológicos o pérdida de actividad física.
Pero también existe abundante investigación sobre la relación entre sueño insuficiente y alteraciones metabólicas, cardiovasculares y emocionales.
Por ello, los autores insisten en interpretar la asociación como potencialmente bidireccional.
Los resultados no permiten concluir que acumular enfermedades “cause” dormir poco o demasiado, ni que modificar la duración del sueño vaya a reducir por sí mismo la multimorbilidad.
Duración del sueño no equivale a calidad del sueño
Otra limitación importante es cómo se midió el sueño.
Los participantes respondieron a una sola pregunta sobre el número habitual de horas dormidas por noche. No se utilizaron actigrafía, polisomnografía ni diarios de sueño.
Además, la pregunta no diferenciaba entre días laborables y fines de semana y no evaluaba:
insomnio, calidad del sueño, fragmentación, siestas ni regularidad circadiana.
Una persona puede dormir siete u ocho horas y presentar sueño altamente fragmentado, mientras que otra puede permanecer nueve horas en la cama sin dormir durante todo ese periodo.
Por tanto, el estudio analiza duración autoinformada, no salud global del sueño.
Una investigación previa con los mismos datos canadienses encontró además que la combinación de sueño corto y dificultades para dormir se asociaba con una peor percepción general de salud, reforzando la idea de que duración y calidad aportan información complementaria. Ese estudio también fue transversal y está publicado bajo licencia CC BY.
Una muestra grande, pero no completamente representativa de Canadá
Aunque la Canadian Community Health Survey original incluyó 113.290 participantes, las preguntas de sueño solo estaban disponibles para una submuestra.
Tras las exclusiones, el análisis se realizó con 52.378 adultos, alrededor de la mitad de la encuesta inicial.
Además, los datos de sueño procedían de participantes de cuatro provincias y dos territorios, por lo que los resultados no deben extrapolarse automáticamente a toda la población canadiense.
Los autores reconocen que la exclusión de personas sin información sobre sueño puede introducir sesgo de selección y reducir la generalización de los resultados.
Implicaciones para salud mental y práctica clínica
Entre las doce condiciones analizadas se incluyeron trastornos del estado de ánimo y ansiedad, lo que hace especialmente relevante el trabajo para profesionales de salud mental.
En pacientes con múltiples enfermedades físicas y psiquiátricas, preguntar únicamente por el diagnóstico principal puede dejar fuera una dimensión relevante del funcionamiento cotidiano.
La duración del sueño es fácil de explorar y puede aportar una primera señal sobre carga sintomática, dolor, actividad, efectos farmacológicos o funcionamiento general.
Sin embargo, estos resultados no convierten las horas de sueño en un marcador diagnóstico de multimorbilidad ni establecen un umbral individual a partir del cual exista necesariamente patología.
Conclusiones prácticas
1. En una muestra de 52.378 adultos, el 40,96 % declaró dormir menos de 7 horas y el 7,73 % más de 9 horas.
2. La probabilidad de presentar una duración del sueño fuera del intervalo de 7–9 horas aumentó progresivamente con el número de enfermedades crónicas.
3. Tener tres o más enfermedades se asoció con un 70 % más de odds de sueño corto y con 2,58 veces las odds de sueño prolongado frente a no presentar ninguna de las patologías estudiadas.
4. El estudio es transversal y no demuestra causalidad: la multimorbilidad puede alterar el sueño, el sueño puede relacionarse con la enfermedad o ambos procesos pueden compartir otros determinantes.
5. La duración del sueño se midió mediante una única pregunta y no informa sobre insomnio, calidad, regularidad o arquitectura del sueño.
La principal aportación del trabajo es mostrar que el sueño puede formar parte del perfil global asociado a la carga acumulada de enfermedad, pero necesita evaluarse junto con calidad del sueño, síntomas clínicos y contexto funcional.
Resumen y adaptación editorial: Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Association between sleep duration and co-existing chronic conditions in adults: insights from the 2017–2018 Canadian Community Health Survey - Front. Sleep, 09 September 2026Sec. Sleep, Behavior and Mental HealthVolume 5 - 2026
Texto completo disponible en: https://www.frontiersin.org/journals/sleep/articles/10.3389/frsle.2026.1714511/full
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
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