Antecedentes
El trastorno del espectro autista (TEA) suele presentarse junto con otros trastornos psiquiátricos comórbidos, como la ansiedad y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Esta coexistencia no solo complica el cuadro clínico, sino que también incrementa las demandas terapéuticas y familiares, requiriendo intervencio...
Antecedentes
El trastorno del espectro autista (TEA) suele presentarse junto con otros trastornos psiquiátricos comórbidos, como la ansiedad y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Esta coexistencia no solo complica el cuadro clínico, sino que también incrementa las demandas terapéuticas y familiares, requiriendo intervenciones coordinadas entre distintos niveles del sistema de salud. Sin embargo, las barreras estructurales y la fragmentación de los servicios de atención continúan limitando el acceso a tratamientos adecuados y oportunos para las personas neurodivergentes y sus familias.
Caso clínico
Se presenta el caso de un niño preadolescente con diagnóstico de TEA, ansiedad comórbida y TDAH, que ilustra las dificultades reales en el acceso a servicios especializados dentro de sistemas sanitarios fragmentados.
La familia enfrentó largos tiempos de espera para evaluaciones neuropsiquiátricas, escasa disponibilidad de profesionales capacitados en intervenciones para la comorbilidad neurodesarrollada-psiquiátrica, y falta de continuidad entre los servicios pediátricos, educativos y de salud mental comunitaria.
Estas limitaciones generaron frustración familiar, discontinuidad terapéutica y empeoramiento sintomático, destacando la necesidad urgente de modelos de atención integrados y centrados en la familia.
Tratamientos basados en la evidencia
Las investigaciones actuales respaldan la eficacia de intervenciones psicoterapéuticas adaptadas al perfil cognitivo y social de los pacientes con TEA, entre ellas la terapia cognitivo-conductual modificada (TCCm) para ansiedad y programas de entrenamiento en habilidades sociales y regulación emocional.
En cuanto al tratamiento farmacológico, el manejo de la comorbilidad requiere una evaluación cuidadosa de riesgos y beneficios, utilizando fármacos estimulantes o no estimulantes para el TDAH y inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) o ansiolíticos en casos de ansiedad clínicamente significativa. Sin embargo, la falta de ensayos controlados específicos para población neurodivergente limita la aplicación estandarizada de estos tratamientos.
Conclusiones y perspectivas
Este caso resalta la brecha existente entre la evidencia científica y la práctica clínica real para niños con TEA y comorbilidades psiquiátricas. La coordinación intersectorial —entre atención primaria, salud mental, educación y servicios sociales— es esencial para garantizar la continuidad del cuidado.
Asimismo, se requiere capacitación especializada para profesionales, aumento de la disponibilidad de recursos comunitarios, y políticas públicas que prioricen la salud mental infantil neurodiversa. En última instancia, la abogacía activa por la equidad en salud es crucial para reducir las disparidades y mejorar los resultados clínicos y psicosociales de los niños con necesidades complejas del neurodesarrollo.
Solo mediante sistemas de atención integrados, accesibles y basados en la evidencia, se podrá ofrecer una atención verdaderamente inclusiva y eficaz para esta población en crecimiento.
Resumen modificado por Cibermedicina
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