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Prevalencia de los síntomas de trastornos conductuales en los niños y niñas preescolares catalanes: relación niño/a, padres y variables familiares.

  • Autor/autores: Mª Claustre Jané*, Ferrand Viñas**, Nelson Araneda*, Sergi Valero* y Edelmira Domènech-Llaberia*

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Artículo | Fecha de publicación: 10/04/2001
Artículo revisado por nuestra redacción

IntroduccciónEn los últimos años se ha producido en nuestro país una alarma social generalizada a cerca de los problemas de conducta de los escolares y de los adolescentes. Han salido a la luz pública multitud de acontecimientos protagonizados por escolares y adolescentes que han hecho mella en todos los estamentos sociales del país. En el ámbito escolar, día a día los educadores alerta...

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Introduccción

En los últimos años se ha producido en nuestro país una alarma social generalizada a cerca de los problemas de conducta de los escolares y de los adolescentes. Han salido a la luz pública multitud de acontecimientos protagonizados por escolares y adolescentes que han hecho mella en todos los estamentos sociales del país. En el ámbito escolar, día a día los educadores alertan de la alta frecuencia de conductas agresivas y delictivas protagonizadas por sus alumnos en el mismo marco escolar.



La definición de los trastornos de conducta en los niños pequeños debería incluir cuatro factores: 1) presencia de un patrón o constelación de síntomas; 2) El patrón de síntomas debe de mostrar una cierta estabilidad que va más allá de un ajuste transitorio por estrés o cambio; 3) este grupo de síntomas deberá ser evidente en distintos lugares y con personas diferentes de los padres y 4) el patrón de síntomas deberá ser suficientemente severo para afectar el funcionamiento normal del niño (Campbell, 1990).



Importantes estudios prospectivos han evidenciado que los niveles altos de problemas de conducta en el período preescolar son altamente predictivos de este tipo de problemas de los 7 años en adelante (Campbell, Ewing, 1990; Egeland, Kalkoska, Gottesman, Ewing, 1990; McGee, Silva, Williams, 1984; Richman, Stevenson, Graham, 1982; Rose, Rose, Feldman, 1989). Los estudios longitudinales llevados a cabo indican así mismo que los problemas de conducta detectados en la edad preescolar persisten en la edad escolar insistiendo en el hecho que la estabilidad de los problemas de conducta es particularmente alta para aquellos preescolares que muestran problemas de conducta en distintos ámbitos como por ejemplo la escuela y la familia (August, McDonald, Redmuto y Skara, 1996; Egeland, Kalkoska, Gottesman, Ewing, 1990; Egeland y Ogawa, 1996; Moffit,; Quay, 1986).



Una de las quejas más frecuentes expresadas por los padres de niños/as preescolares son los trastornos de conducta (Gordon, Schroeder y Hawk, 1992). Los problemas de conducta más tempranos detectados por los padres son la hiperactividad de 1 a 2 años, la obstinación alrededor de los 3-4 años, seguido de los problemas de atención a los 4-5 años, crueldad hacia los animales a los 5 años y fuertes conductas oposicionistas unidas a mentiras, robos y conductas incendiarias alrededor de los 6 años (Loeber, Green, Lahey, Christ y Frick, 1992).

En los niños/as preescolares la conducta oposicionista y agresiva se caracteriza por la desobediencia a los padres, contestar a los padres, burlas, bromas, actos destructivos, golpear, morder, dar patadas y maldecir. Estos niños suelen ser antipáticos con sus compañeros de clase y corren el riesgo de ser rechazados por ellos (Ladd y Price, 1987). Los preescolares hiperactivos y con déficits de atención son niños/as irritables, malhumorados, con problemas en el dormir y en la alimentación, tendencia al peligro, son destructivos e impulsivos y agreden a sus compañeros. La conducta antisocial severa es rara en los preescolares ya que suele aparecer alrededor de los 6 años, pero cuando se presenta en edades inferiores y se manifiesta en distintos contextos puede servir de indicador temprano del posterior desarrollo de patrones de conducta perturbada parecidos a los trastornos de conducta de los niños mayores (Lyman y Hambree-Kigin, 1994).



Los problemas conductuales aparecidos en la etapa de preescolar tienen un sentido muy particular: por un lado, se trata de un período evolutivo con cambios muy rápidos en el desarrollo global de la personalidad y, por otro lado, algunos de los problemas que muestran los preescolares como la rebeldía, inatención y agresividad son algunos de los normales y simples reflejos de los cambios producidos por el desarrollo que solamente se convertirán en desviaciones conductuales si su frecuencia se mantiene a lo largo del período evolutivo (Campbell, 1995). Desgraciadamente, existen evidencias de que los trastornos de conducta severos que presentan los preescolares sitúan estos niños/as en un alto riesgo de presentar trastornos de conducta en la edad escolar y en la adolescencia (Campbell, Breaux, Ewing y Szumowski, 1986; Campbell y Ewing, 1999; Hinshaw, 992; McGee, Partridge, Williams y Silva, 1991).



Una de las principales finalidades de la evaluación de los niños de edad preescolar es detectar aquello que puede ser una simple característica comportamental desde un punto de vista evolutivo y lo que en realidad es un factor de riesgo o un desencadenante de un trastorno de conducta o de un trastorno oposicionista o antisocial. Los trastornos de conducta de los preescolares tienen un alto riego de continuar en términos de desinhibición conductual, actos antisociales y rendimiento académico pobre (Barkley, Fisher, Edelbrock et al. , 1990; Fisher, Barkely, Edelbrock, et al. 1990; McGee, Patridge, Williams y Silva, 1991)



La detección precoz de los trastornos de conducta podría reducir la existencia de éstos en la edad escolar y en la adolescencia. La evaluación de los signos, síntomas y factores de riesgo del trastorno de conducta de los niños debe de incluir información de múltiples fuentes, no obstante los padres son con toda probabilidad los informantes más importantes en la observación de la conducta de sus hijos durante el período de preescolar, ya que suelen ser quienes mejor conocen al niño (Robinson, Eyberg y Ross, 1980).



El objetivo de este estudio es evaluar en la población general de 3,4 y 5 años los problemas conductuales en la población de Sabadell (Vallès Occidental, Catalunya).

Método

<B>Sujetos</B>



Se parte de la población de niños/as preescolares de edades comprendidas entre los 3 y los 6 años y escolarizados en los centros de enseñanza pública y privada de la ciudad de Sabadell en el año 1977 (Vallès Occidental, Barcelona) (N= 5865). De esta población se extrae una muestra de sujetos mediante un muestreo sistemático por conglomerados y se obtiene una muestra de 1392 casos seleccionados. La mortalidad experimental es del 27.8% debido a que tres de los colegios seleccionados aceptaron participar en el estudio, pero en el momento de retirar los cuestionarios informaron que se retiraban de la investigación y nos fue imposible poder reemplazar la muestra perdida debido al variable tiempo. Finalmente, de los 1392 casos considerados muestra teórica, se logra una muestra real de 1006 niños/as produciéndose una mortalidad experimental en la respuesta de los padres del 22.4% (N= 775). (Tabla I)

Tabla I: Sujetos de estudio.

<B>Instrumentos</B>



Información demográfica: Los padres completaron un cuestionario del status socioeconómico (SES) (Hollingshead, 1975), datos de la historia evolutiva de su hijo/a, familia, sexo y tipo de familia.



"Child Behavior Checklist" (CBCL/4-16) (Achenbach, 1979)



El origen de la CBCL se halla en la checklist de problemas de conducta de Achenbach (1966) diseñada para ser contestada por el evaluador a partir de los datos de las historias clínicas. Posteriormente, se adecua para que sea contestada por los padres simplificando el vocabulario, añadiendo nuevos ítems y aumentando las alternativas de respuesta. La CBCL es un cuestionario estandarizado cuyo objetivo es evaluar los trastornos de conducta de los niños y niñas de 4 a 16 años y se administra a los padres Consta de dos partes: la primera parte hace referencia a la competencia social y está compuesta de 20 ítems; la segunda parte se refiere a los problemas propiamente conductuales y consta de 113 ítems.



El CBCL está compuesto por dos subescalas: la escala Internalizante y la escala externalizante. Estas subescales se dividen en 8 factores que se estructuran teniendo en cuenta la edad y el sexo del niño. Para las edades de 4 y 5 años los factores evaluados en las niñas son: quejas somáticas, depresión, esquizoide-ansioso, retraimiento social, obsesión, agresividad, problemas sexuales e hiperactividad. En el caso de los varones se evalúa: retraimiento social, depresión, inmadurez, quejas somáticas, problemas sexuales, esquizoide, agresividad y delincuencia. El CBCL es un instrumento de evaluación ampliamente utilizado en muchos países pertenecientes a zonas de influencia cultural distintas (Australia, Alemania, China, Francia, Grecia, Japón, Kenia, Puerto Rico, Tailandia,...) hallándose similitudes en la población normativa y diferencias significativas en la suma total de los problemas conductuales de la CBCL (Verhulst y Achenbach, 1995) y por consiguiente los trabajos realizados en estos países apoyan el argumento de la necesidad de introducir diferentes puntos de corte para las distintas poblaciones (Verhulst, 1995).







Cuestionario para padres: Es un cuestionario que se creó específicamente para esta investigación (araneda, Jané y Domènech-Llaberia, 1996). Está formado de dos partes cuyo objetivo es recolectar información sobre el niño y su familia. En el apartado correspondiente a los niños se solicita información de los datos generales del niño (fecha de nacimiento, colegio, sexo, enfermedades, intervenciones quirúrgicas, etc...). El apartado correspondiente a la familia recaba información sobre las personas que conviven en el hogar, estado civil de los padres, enfermedades crónicas o mentales de los miembros familiares. Las preguntas están diseñadas para ser respondidas de manera muy rápida, en su mayoría son preguntas cerradas con dos o más alternativas de respuesta.



<B>Procedimiento</B>



Se envió una carta a aquellos colegios en los que se había seleccionado un aula, 8 días más tarde se contactó telefónicamente con cada uno de los centros para verificar la recepción de la carta y solicitar una reunión con la dirección y los educadores y para informar de manera detallada del trabajo que se iba a realizar. Confirmados los centros participantes, se acordó una reunión con los padres en cada uno de los centros para explicar el alcance y los objetivos del estudio y asesorar a los padres en la manera en que debían de complementar el cuestionario. Los padres que no acudieron a la convocatoria se les envió el cuestionario a través de sus hijos/as acompañado de una nota del centro en la cual se les rogaba devolverlos cumplimentados en un plazo de 5 días. Se utilizó una única versión del CBCL para todas las edades después de haber consultado este hecho con el autor de la CBCL (T.Achenbach)



El procesamiento de los datos y el análisis estadístico se realizó con el paquete SPSS

Versión (6.01). Las relaciones entre las variables del niño/a, de los padres y de la familia y los posibles trastornos de conducta se analizaron mediante el estadístico (ANOVA).

Resultados

<B>Puntuación total de la CBCL</B>



En el ámbito descriptivo destacamos que el 22% de la muestra obtuvo una puntuación total en la CBCL de 0. La media de la puntuación general es de (18.43), con una desviación típica de (15.73). La distribución de los percentiles así como el resto de los parámetros pueden encontrarse en la tabla II.

Tabla II: Descriptivos de la puntuación total.

A través del análisis de la varianza podemos afirmar que en la puntuación total de la CBCL no existen diferencias estadísticamente significativas atribuibles a los efectos principales de las variables sexo y edad, ni tampoco para las interacciones entre estas dos variables (Tabla III).

Tabla III: Análisis de la Varianza para la muestra total.

Se parte de las cinco categorías socioeconómicas del cuestionario de Hollinshead ( 1975). Mediante un ANOVA se ha analizado el posible efecto de esta variable categórica sobre la puntuación total del CBCL. Los resultados del análisis apuntan que éstas dos variables se asocian de forma significativa (F= 7.226; p= .0005). Tal y como se puede observar en la tabla IV, las comparaciones significativas se centran entre la primera categoría socioeconómica y las dos últimas categorías; así como también entre la segunda y cuarta categoría, siendo siempre las categorías socioeconómicas más desfavorecidas las que se asocian con las puntuaciones totales en el CBCL más elevadas.

Tabla IV: Contrastes entre categorías de la variable nivel socioeconómico y puntuación total CBCL.

Siguiendo las directrices de los autores del CBCL, se ha calculado las puntuaciones T asociadas a cada una de las puntuaciones directas totales y se ha encontrado que en nuestra muestra una puntuación T de 70 está asociada a una puntuación directa de 51. Bajo esta condición serán 37 niños (el 3.68% del total) los que obtienen unas puntuaciones T iguales o superiores a 70. Estos 37 niños son los que en el presente estudio se considerarán como sujetos de riesgo.



<U>Sujetos de riesgo (puntuación T³ 70).</U>



Consideramos sujetos de riesgo a los niños/as que obtuvieron una puntuación T > 70. Una característica fundamental de este subgrupo es que no presenta tampoco diferencias significativas ni para los efectos principales de el variable sexo o edad ni para la interacción entre estas dos variables.



A través de la prueba de Chi-cuadrado se han analizado las relaciones entre el hecho de ser un niño perteneciente al grupo de riesgo y las variables categóricas registradas en el cuestionario para padres del CBCL. En la información recogida referente a las enfermedades e intervenciones que ha sufrido el niño, el hecho de padecer una enfermedad crónica no implica un efecto significativo sobre el hecho de presentar una puntuación T superior o igual a 70 (Tabla IV). Se halla también una relación nula en la variable "haber sufrido un accidente importante". La tercera y última variable de este primer grupo: "Haber sufrido una intervención quirúrgica" se relaciona de manera estadísticamente significativa con el hecho de pertenecer al grupo de riesgo (X= 8.25; p=.004). Se puede afirmar que los niños/as que han sido intervenidos quirúrgicamente alguna vez poseen una probabilidad casi 3 veces superior de formar parte del grupo de niños/as de riesgo (Odds. = 2.83, IC 95% 1.35-5.95).



El segundo grupo de variables categóricas analizadas se refiere a las características sociofamiliares. En primer lugar se analiza el total de hermanos que constituyen la fatria, la prueba de Chi-cuadrado permite afirmar que ser o no-hijo único es independiente de formar parte del grupo de riesgo. Además, puesto que son diversas las posibilidades respecto al número de hermanos que un determinado niño/a puede tener, se ha realizado un ANOVA para determinar si existe relación entre la puntuación total del CBCL y el número de hermanos que componen la fatria. Dado que sólo se han encontrado en esta muestra 12 casos de niños/as con tres o más hermanos, el análisis sólo incluye aquellos niños/as que tengan como máximo dos hermanos/as con el fin de asegurar para cada submuestra un número suficientemente representativo. Bajo esta condición, se analizan tres categorías: ser hijo único, dos hermanos y tres hermanos. Los resultados de este análisis apuntan hacia la no relación entre la composición de la fatria y la puntuación total del CBCL (F= 1.43; p = .240).



Se analiza la variable dicotómica relativa al estado civil de los padres, en concreto si éstos están o no casados (Tabla V). La prueba de Chi-cuadrado apunta que esta variable no se relaciona significativamente con el hecho de pertenecer al grupo de riesgo. Lo mismo ocurre con la variable "convivir con un miembro familiar que padezca una enfermedad crónica".



En el grupo de variables relativas al entorno familiar nos encontramos ante unos resultados ciertamente interesantes. Si se analiza la relación entre "padre tratado alguna vez por depresión", podemos comprobar que la probabilidad de pertenecer al grupo de riesgo es independiente de ésta variable. Lo mismo podemos afirmar en el caso de que sean los abuelos o los tíos los tratados por depresión. En cambio, tener a la madre tratada por depresión implica una asociación estadísticamente significativa con el hecho de pertenecer al grupo de niños de riesgo (Estadístico exacto de Fisher = 15.10, P= .002). Es 5.7 veces más probable ser un niño/a perteneciente al grupo de riesgo si la madre ha sido alguna vez tratada por depresión (Odds. = 5.72; IC95% 2.14-15.29). De los 30 niños y niñas que tienen algún familiar que haya sido tratado por depresión, sólo encontramos uno de ellos que pertenezca al grupo de riesgo, este efecto es estadísticamente no significativo. Sólo se ha encontrado un niño con un hermano tratado por depresión, obviamente no ha sido posible analizar estadísticamente esta variable y lo mismo podemos afirmar a cerca de la situación de padre y madre tratados por depresión, ya que también solamente se ha encontrado un único caso.

Tabla V: Relación entre variables sociodemográficas y de salud y la variable riesgo.

Discusión

El estudio que presentamos se halla entre los diferentes estudios realizados en diferentes países con el CBCL, se observan diferencias en la media de las puntuaciones totales de la prueba. La media más baja es de 20.0 (costa este de Estados Unidos) y la media más alta es de 35.4 (Grecia) (Bird, 1996). Moreno y Del Barrio (1991) informan de una media de 28.49 en un estudio realizado en la ciudad de Madrid, con una muestra preescolar de 125 niños/as. En este trabajo se halla una media de 18.43, menor que la media considerada más baja hasta el momento. Estas diferencias entre las medias halladas en distintos países parecen ser debidas a los distintos tamaños de muestra utilizados en los diferentes estudios (Verhulst y Achenbach, 1995). Al contrario de todos los estudios realizados en nuestro país con población normal, la puntuación media obtenida es inferior a la Americana



El rango de puntuación considerado clínico en base a la puntuación T es ³ 70 que corresponde a una puntuación directa para el total del CBCL de 42 (Achenbach, 1993). Moreno y Del Barrio (1991) informan de una puntuación directa de 44.61 como rango clínico. En este trabajo se halla el rango clínico en la puntuación directa de 51 muy superior a los rangos informados por el autor y en el estudio realizado en nuestro país.



La prevalencia de los problemas de conducta en preescolares varían desde un 6% a un 50% en los estudios basados en la evaluación de los padres (long, 1941; MacFarlane, Allen y Honzik, 1954;Richman, Stevenson y Graham, 1975; Bax y Hart, 1976;Minde y Minde, 1977; Kastrup, 1977; Earls y Richman, 1980; Jenkins, Bax y Hart, 1980; Jenkins, Owen, Bax y Hart, 1984; Cornely y Bromet, 1986;Larson y Pless, 1988; Offord, Boyle, Szatmari, et al. 1987). En nuestro estudio hallamos una prevalencia mucho más baja (3.68%), esta diferencia tan marcada quizás sea debida al intervalo de edad analizado (3-6 años) o al tipo de población escogido (ciudad industrial y con un fuerte contingente de emigrantes).



Los resultados referentes a la comparación entre las edades y el sexo de los sujetos de la muestra se igualan a los obtenidos en la mayoría de los estudios realizados dado que no se hallan diferencias significativas entre grupos de edad y sexo.



Se vuelve a evidenciar una vez más la importancia del estatus socioeconómico en la presentación de los problemas de conducta en los niños/as. El hecho de pertenecer a una clase social desfavorecida aumenta el riesgo de obtener puntuaciones totales más elevadas en el CBCL.

Subgrupo de sujetos de riesgo.

En este subgrupo no se halla tampoco ningún tipo de diferencias significativas ni para la variable sexo ni para la variable edad. En el análisis de las variables personales del sujeto destaca el hecho que haber sufrido una intervención quirúrgica triplica la probabilidad de pertenecer al grupo de riesgo.



Entre las variables que han sido identificadas como predictoras de los posibles patrones de conducta problemáticos se encuentran: la psicopatología materna, la hostilidad parental y el estrés o la adversidad familiar y los bajos ingresos económicos(Campbell y Ewing, 1990; Campbell, March, Perce, et al. 1991; Moffit, 1990; Planta y Caldwell, 1990; Richman, Stevenson y Graham, 1982; Shaw, Vondra, Dowdell, et al., 1999). Campbell et al. , (1982) y Koot (1993) señalan que los niños con problemas de conducta provienen generalmente, de familias con un status económico bajo, las madres suelen tener síntomas depresivos o algún malestar psíquico y muchas veces estos niños detectados como problemáticos en la edad preescolar suelen vivir en una familia monoparental. El disfuncionamiento familiar, el desacuerdo o la separación parental y en general los estresores familiares tienen un impacto indirecto en el niño al interrumpir la dinámica familiar (Belsky, 1984; Cowan, Schultz, y heming, 1993; Hetherington, 1989; Patterson et al. , 1989; Snyder, 1991; Webster-Straton, 1990). En este estudio solamente dos variables: "madre tratada por depresión" y "estatus socioeconómico desfavorecido" incrementan de manera importante la posibilidad de pertener al grupo de riesgo. El resto de variables sociodemográficas analizadas no se relacionan con pertenecer o no a dicho grupo.



Nuestro trabajo presenta evidencia empírica de la fuerte influencia de la salud mental de la madre en la conducta del preescolar. Los resultados de la influencia del resto de las variables propias del niño/a, de los padres y de la familia en las puntuaciones conductuales presentadas no están en completo acuerdo con los trabajos revisados, pero creemos importante señalar que el período de edad evaluado no es el mismo que en el resto de las investigaciones. Por todo ello, creemos que se debería realizar más estudios en este período de edad y utilizar instrumentos de medida más completos para las variables familiares y el contexto escolar.

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