Las urgencias psiquiátricas en el entorno extrahospitalario constituyen un desafío creciente para los sistemas de emergencias médicas. Estudios recientes indican que una proporción significativa de las asistencias prehospitalarias corresponden a problemas de salud mental agudos. Por ejemplo, un análisis del 061 de Aragón reportó que en 2019 aproximadamente el 11,2 % de las intervenciones de emergencias extrahospitalarias estuvieron relacionadas con patología psiquiátrica . Estas situaciones abarcan episodios de agitación psicomotriz, intentos autolíticos (suicidio), cuadros psicóticos agudos, alteraciones conductuales graves por consumo de sustancias, entre otros. Afectan tanto a adultos como a adolescentes, un grupo en el que la demanda de atención en salud mental ha aumentado notablemente tras la pandemia de COVID-19 (Riesgo & Seijo, 2024) .
La presencia de psicopatología en edades cada vez más tempranas es un hecho indiscutible, lo que exige recursos y personal capacitado para brindar una respuesta adecuada a menores en crisis, en coordinación con sus familias y otros niveles asistenciales . En todos los rangos de edad, la atención prehospitalaria de estos pacientes debe equilibrar la seguridad física, la contención de síntomas agudos y el respeto por la dignidad y los derechos del individuo.
No obstante, en las ambulancias de Soporte Vital Básico (SVB) de la mayoría de los sistemas de emergencias españoles, la dotación humana se limita a dos Técnicos en Emergencias Sanitarias (TES) y carece de personal médico o de enfermería. Esto supone limitaciones importantes: los TES pueden prestar soporte vital básico (p. ej., mantener la vía aérea, soporte ventilatorio y circulatorio, primeros auxilios psicológicos) y colaborar en la contención verbal o física del paciente, pero no están autorizados para administrar medicación por iniciativa propia.
Tradicionalmente, ante una urgencia psiquiátrica severa, especialmente si el paciente está muy agitado o potencialmente violento, la unidad SVB debe requerir apoyo de Soporte Vital Avanzado (SVA), una ambulancia con médico y enfermero, para la valoración facultativa, la sedación farmacológica y la eventual orden de traslado involuntario. Esta “derivación” o activación de una SVA conlleva un consumo extra de recursos y a veces demoras en la atención, por lo que surge la necesidad de optimizar la respuesta desde el SVB para manejar la situación in situ siempre que sea posible y seguro.
El objetivo actual en muchos servicios de emergencias es reducir las derivaciones a SVA en las urgencias psiquiátricas, dotando a los equipos básicos y a sus técnicos de mejores herramientas, protocolos y formación para resolver gran parte de estas situaciones sin necesidad de medicalización adicional (Fernández Giner, 2018) .
Investigador Independiente
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