El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) es un trastorno debilitante y frecuentemente incapacitante. Los dos enfoques principales para el tratamiento considerados de primera elección son: tratamiento psicofarmacológico con Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) o el antidepresivo tricíclico clomipramina, y la terapia cognitivo conductual. Sin embargo, hasta el 40% de los pacientes no se benefician de estos tratamientos de primera línea, siendo necesario un seguimiento estrecho hasta conseguir encontrar el antidepresivo más adecuado y el ajuste de dosis preciso, que cada paciente necesita para mantener una estabilidad clínica. Ante casos graves, con historial previo de diversos ajustes farmacológicos necesarios para alcanzar la estabilidad clínica, es de gran trascendencia valorar las ventajas e inconvenientes de llevar a cabo nuevas modificaciones del tratamiento dado el gran riesgo de recaídas que ello supondría. En los casos que se opte por modificar el tratamiento, y esto desencadene una recaída grave con ideación suicida, es muy importante valorar la conveniencia de ignorar el periodo de evaluación de 6 semanas con la nueva medicación a dosis máxima y volver a retomar el tratamiento previo más eficaz.