El deseo es una idea poderosa, una fuerza impulsora que da forma al comportamiento humano. Los sentimientos pasionales pueden crear armonía o caos, y comportar alegría y unidad o sufrimiento y conflicto. En la experiencia de la sexualidad, el deseo actúa como el motor que nos empuja hacia los otros, buscando la satisfacción personal a través de la satisfacción ajena. Su génesis y desarrollo se encuentran influenciados por una compleja interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales.El deseo sexual constituye una herramienta clínica fundamental ya que aparece en la vida de todos los individuos, con facilidad para alterarse ante la aparición de estresores externos. En los humanos, el factor dominante de la intensidad del deseo sexual, al margen de los factores hormonales, es de tipo afectivo-cognitivo y, claramente condicionado por factores de tipo psicosocial. Este vínculo entre el bienestar emocional y sexual es el enfoque central de este trabajo, que explora las disfunciones que a menudo surgen cuando el deseo está comprometido.