Introducción:El trastorno conversivo se caracteriza por síntomas neurológicos que no traducen en una afectación neurológica estructural, pero que, sin embargo, son genuinos, causan angustia y/o deterioro psicosocial.Caso clínico:Varón de 60 años que ingresa en planta de Psiquiatría por un episodio de 5 días de inmovilidad, ojos cerrados y ausencia de respuestas a llamadas por su nombre, acompañado de episodios de autoagresvidad, soliloquios y pérdida de memoria. Como antecedentes personales destacan varios ingresos previos por clínica similar en otro centro diagnosticados como cuadros converisvos.Durante los primeros días, la clínica predominante consiste en un cuadro amotivacional, con apatía y aplanamiento afectivo. El paciente se encuentra desorientado, con defectos menésicos en memoria anterógrada y marcha parkinsonizada. Sus familiares relatan un cuadro de progresivo deterioro, más marcado en el último año, con necesidad de supervisión y ayuda para la realización de las actividades básicas de la vida diaria.Ante el deterioro progresivo junto con los hallazgos en la exploración se revisan pruebas de imagen previas y se decide realizar prueba de imagen cerebral funcional (PET FDG cerebral) ante la sospecha de proceso neurodegerativo. En ésta se objetiva importante hipometabolismo temporoparietal, frontal y occipital, de predomino izquierdo. Con estos resultados se concluye como diagnóstico síndrome amotivacional y alteraciones conductuales en el contexto de enfermedad neurodegenerativa y se remite para completar estudio a Neurología.Conclusiones:En el diagnóstico de los trastornos conversivos es fundamental realizar un despistaje exhaustivo de enfermedades neurológicas. De forma rutinaria no se consideran los procesos neurodegenerativos en este diagnóstico diferencial pero no los debemos dejar de tener en cuenta aún en edades tempranas.