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Última actualización web: 26/01/2022

Invitación para formar, en España, una Escuela Platónica. No ha habido una en 300 años y se necesita, desesperadamente, una guía para poner en claro la naturaleza de la mente humana parte I

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Autor/autores: Carlos Fuentes Samaniego
Fecha Publicación: 21/02/2021
Área temática: Psicología general .
Tipo de trabajo:  Post/Entrada de Blog

Instituto de la Visión, Torreón Coahuila, México. Jefe del departamento de anestesiología.

RESUMEN

Título: Invitación: ¿Querrá alguien en España iniciar una escuela Platónica?

Me gustaría colaborar con quienes estén interesados. Desde hace más de 300 años no ha habido una escuela platónica. Es importante iniciar una, ahora, porque parece necesitarse más que nunca, para servir de árbitro y defender la naturaleza de la mente humana en contra del engaño del “establishment”, que insiste en que, por el mero hecho de producir tecnología ya somos seres pensantes. Si la producción tecnológica garantiza el que somos seres pensantes, entonces, ¿somos seres intrínsecamente malos? Porque la tecnología ha construido máquinas terribles, como la bomba atómica. Hacer una bomba así, ¿es producto de un ser inteligente, o de un uso perverso de alguna cualidad, la memoria, que no implica ningu na inteligencia? La tecnología recurre al puro empirismo y a la memoria indeleble de las Ideas Simples de Locke.

Al usar demasiadas Ideas Simples estamos limitando la única operación volitiva de la mente que puede volvernos razonables, operación fatigante que consiste en comparar, abstraer, generalizar; operaciones mentales que Locke denomina Ideas Complejas y que son las que nos permiten una conducta templada y prudente. Usar la pura memoria es como poner un caballo al galope, pero sin jinete. Si, como dice Sócrates, no pensamos, sino que tan sólo hablamos y ese parloteo nos hace creer que podemos pensar libremente (cuando que todo es recordar, repetir y repetir lo dicho por nosotros o lo que nos dicen), entonces resulta que hablamos y el recuerdo de lo hablado está guardado indeleblemente en la mente por el simple hecho que la percepción participa del arquetipo. Así la tecnología no es producto de un pensar, sino tan solo de un capacidad para recordar. Debemos volver a Platón porque ésta es la verdadera ciencia de la mente. David Hume lo dice así: (Tratado, Libro I, Parte IV, Sección VII, al final) “La naturaleza humana es la única ciencia del hombre y ha sido, hasta ahora, la más descuidada. ” Además, el Platonismo está actualmente lo más completo de que lo que sabemos ha estado, al menos en sus últimos dos mil quinientos años. Sería un desperdicio no aprovechar eso.

¿Qué es el Platonismo? Es un cuerpo de doctrina que se impartió en la Academia, una escuela fundada por Platón. Antes de Platón ya existían Escuelas, con directores o “escolarcas”, que trataban de preservar un conocimiento lógico increíble, irrefutable, y que se conoce como “lo Uno y lo Múltiple”. Platón puso ese conocimiento en un único Diálogo, que llamó “El Parménides” (Aunque será mencionado algo de esto en otros varios Diálogos, especialmente en el Filebo). El Diálogo “Parménides” contiene, en exclusiva, la parte teórica del argumento de “Lo Uno y Muchos. ” Podríamos decir que lo que después será llamado “el Parménides” era un conocimiento sólido, lógico, irrebatible, incontrovertible, categórico, indiscutible e innegable acerca de la naturaleza de la mente humana. Este conocimiento les fue legado a los griegos desde los tiempos de la escuela de Mileto por gente que no era griega. Cuando Anaximandro (no griego) se lo pasa a su sucesor, Anaxímenes (que fue el primer escolarca griego de la escuela de Mileto), es cuando éste trata de incorporar esa ciencia extranjera a las tradiciones griegas.

 

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Palabras clave: platón, john Locke

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PARTE I

Invitación: ¿Querrá alguien en España iniciar una escuela Platónica?

Me gustaría colaborar con quienes estén interesados. Desde hace más de 300 años no ha habido una escuela platónica. Es importante iniciar una, ahora, porque parece necesitarse más que nunca, para servir de árbitro y defender la naturaleza de la mente humana en contra del engaño del “establishment”, que insiste en que, por el mero hecho de producir tecnología ya somos seres pensantes. Si la producción tecnológica garantiza el que somos seres pensantes, entonces, ¿somos seres intrínsecamente malos? Porque la tecnología ha construido máquinas terribles, como la bomba atómica. Hacer una bomba así, ¿es producto de un ser inteligente, o de un uso perverso de alguna cualidad, la memoria, que no implica ninguna inteligencia? La tecnología recurre al puro empirismo y a la memoria indeleble de las Ideas Simples de Locke. Al usar demasiadas Ideas Simples estamos limitando la única operación volitiva de la mente que puede volvernos razonables, operación fatigante que consiste en comparar, abstraer, generalizar; operaciones mentales que Locke denomina Ideas Complejas y que son las que nos permiten una conducta templada y prudente.

Usar la pura memoria es como poner un caballo al galope, pero sin jinete. Si, como dice Sócrates, no pensamos, sino que tan sólo hablamos y ese parloteo nos hace creer que podemos pensar libremente (cuando que todo es recordar, repetir y repetir lo dicho por nosotros o lo que nos dicen), entonces resulta que hablamos y el recuerdo de lo hablado está guardado indeleblemente en la mente por el simple hecho que la percepción participa del arquetipo. Así la tecnología no es producto de un pensar, sino tan sólo de una capacidad para recordar. Debemos volver a Platón porque ésta es la verdadera ciencia de la mente. David Hume lo dice así: (Tratado, Libro I, Parte IV, Sección VII, al final) “La naturaleza humana es la única ciencia del hombre y ha sido, hasta ahora, la más descuidada. ” Además, el Platonismo está actualmente lo más completo de que lo que sabemos ha estado, al menos en sus últimos dos mil quinientos años. Sería un desperdicio no aprovechar eso.

¿Qué es el Platonismo? Es un cuerpo de doctrina que se impartió en la Academia, una escuela fundada por Platón. Antes de Platón ya existían Escuelas, con directores o “escolarcas”, que trataban de preservar un conocimiento lógico increíble, irrefutable, y que se conoce como “lo Uno y lo Múltiple”. Platón puso ese conocimiento en un único Diálogo, que llamó “El Parménides” (Aunque será mencionado algo de esto en otros varios Diálogos, especialmente en el Filebo). El Diálogo “Parménides” contiene, en exclusiva, la parte teórica del argumento de “Lo Uno y Muchos. ” Podríamos decir que lo que después será llamado “el Parménides” era un conocimiento sólido, lógico, irrebatible, incontrovertible, categórico, indiscutible e innegable acerca de la naturaleza de la mente humana.

Este conocimiento les fue legado a los griegos desde los tiempos de la escuela de Mileto por gente que no era griega. Cuando Anaximandro (no griego) se lo pasa a su sucesor, Anaxímenes (que fue el primer escolarca griego de la escuela de Mileto), es cuando éste trata de incorporar esa ciencia extranjera a las tradiciones griegas. Ese conocimiento tan antiguo, no griego, se incorpora al cuerpo de la visión griega de que el hombre no piensa, que sólo es el habla la que nos da la sensación de que pensamos, y que aquello que se va a pensar toda la vida debe aprenderse tempranamente, ya que sólo jugamos con las palabras que hemos aprendido. Los griegos, maestros de la introspección, perfeccionaron su análisis de la naturaleza de la mente humana y encontraron que, según la razón y la experiencia, la única forma de tener ciudadanos buenos era educarlos desde niños, con cosas que un niño entendiese, porque esa niñez la va a arrastrar toda la vida, siendo el hombre básicamente inconsciente.

Si no se aprenden los prototipos para la virtud en la infancia entonces ya nunca se van a adquirir, porque si no se adquirieron de niño ya nunca van a estar presentes. Y es que, según Sócrates, el pensar es sólo recordar lo que ya se sabe. Así que, si algo no se sabe porque nunca se ha sido enseñado, la mente no tiene por qué tener ese conocimiento en ella. Dice Sócrates: “El hombre cree que sabe lo que en realidad no sabe” (Apología), porque nunca lo aprendió; y “Pensar es hablar, y nos hablamos de lo que sabemos, puesto que no podemos hablarnos de lo que no sabemos” (Menón). En el frontispicio del templo de Apolo, en Delfos, cuna de todo lo que significa ser un ateniense, estaba grabada la siguiente frase: “Conócete primero a ti mismo”. Así que los griegos mezclan ese conocimiento suyo con el que les vino de afuera, puesto que los dos son incontrovertibles e innegables; y la mezcla de ambos tendrá, forzosamente, que ser verdad, aunque no sabían exactamente cómo compaginarlos. Es como mezclar la ciencia, venga de donde venga, pero cierta, con la tradición y hallazgos propios. La mezcla de su creencia propia (sus conceptos sobre educación del niño y la creencia de que “pensar es sólo el habla”), se juntan con la Doctrina de lo Uno y Múltiple; se amalgaman en la Academia, que era una escuela, con escolarcas, pero con ese nombre particular, el de “Academia”, solo por estar situada en el Jardín de un tal Academo.

En ese tiempo esos eran dos conocimientos de diferente origen, aunque más tarde John Locke los fusiona muy adecuadamente. El conocimiento científico, el de Lo Uno y Múltiple, viene desde antes de los griegos, está sólidamente planteado en los escritos de lo que va a llegar a ser conocido como “el Parménides”. Y, los griegos, aunque reconocen que es lógico y cierto, no saben de bien a bien a qué se aplica. Pero es ciencia y, en tanto sea así, hay que aceptarla. En el Diálogo el Filebo dice: “Los antiguos, que valían más que nosotros y estaban más cerca de los dioses, nos han transmitido, de manos de un nuevo Prometeo y para beneficio de la humanidad, la tradición de que todas las cosas se componen de Uno y Muchos y reúnen en sí, por su naturaleza, lo finito y lo infinito. Responde Protarco: ¿Y, por qué, si ese conocimiento es tan importante, no es generalmente conocido? Responde Sócrates: “En primer lugar, se discute si debe admitirse si esta suerte de unidades (las ideas) como realmente existentes. Después se pregunta, cómo, siendo cada una de ellas siempre la misma, y no siendo susceptible de generación y de muerte puede, a pesar de esto, ser constantemente la misma unidad. En seguida, de si es preciso aceptar el que esta unidad existe en los seres sometidos a la generación e infinitos en número, dividida en porciones y hechas muchos; o si está toda entera, si bien fuera de sí misma, en cada uno, lo que al parecer es la cosa más imposible del mundo, esto es, que una sola y misma unidad exista en muchas cosas. Estas cuestiones, Protarco, sobre la manera de ser Uno y Muchos, dan origen a los mayores conflictos, cuando se dan falsas soluciones; así como esparcen la mayor claridad cuando se responde bien a ellas. ” O sea: vemos que en éste punto, al tratar de a incorporar a la tradición griega el conocimiento del Uno y Muchos, al intentar fusionar el saber extranjero, la ciencia de lo Uno y Mucho, con la tradición y experiencia griega (que dice que el hombre no es un ser pensante, después de una dura reflexión sobre el “Primero conócete a ti mismo”) hubieron problemas.

Pero, para los nacidos griegos, si hay dos cosas que sean verdaderas deben ellas de ser compaginables. Dos verdades pueden co-existir juntas, así que, a pesar de las dificultades, perseveraron. Estos problemas no podrían ser entendidos por alguien no nacido en Atenas. El mejor ejemplo es Aristóteles. Ingresa en la Academia a los 18 años, por tanto no es griego de nacimiento, y no entiende el argumento, rechazándolo. Pero los nacidos griegos lo aceptan, a pesar de sus dificultades. Por más que el argumento fuese casi inentendible para los griegos, era irrefutable, así que tenía que ser verdad y debía de ser incorporado a su cuerpo de conocimiento griego, aunque no se viera claramente dónde encajaba (Pero, como ya dijimos, Locke va a arreglar eso).

De todos modos, aceptan al increíble argumento como verdadero, pero no por eso renuncian a sus preceptos sobre la virtud y de que, conociéndonos primero a nosotros mismos, resulta que no pensamos, sino que sólo hablamos. Aristóteles, en cambio, después de permanecer 19 años en la Academia, sin entender el argumento, cuando tiene el poder suficiente (cuando lo corren por ser macedonio pero regresa a Atenas protegido por Alejandro de Macedonia) funda su propia escuela, el Liceo, y se dedica a atacar a los de la Academia. En su libro, Metafísica, (porque para él lo de él es “Física”, lo real, y lo de los de la Academia es algo espurio, es “Metafísica”) dice (Libro XIV, Cap. 2 , “Crítica de la teoría platónica de sobre la pluralidad de las substancias. Nuestro adversario (Platón) se ha hecho a sí mismo ésta pregunta: ¿cómo es que el ser es muchos? ¿Cómo es que lo que es pluralidad se llega a lo Uno? Todo lo que dice nuestro enemigo son metáforas poéticas, palabras huecas. Él dice que las cosas “participan” cada una de su propia esencia. Pero, ¿qué es “participar”? Platón no lo sabe; así que “participar” es solo una palabra sin sentido. ” A pesar de que un bárbaro encumbrado políticamente no pueda entender las complejidades del pensamiento griego, los griegos de la Academia aceptan gustosamente un conocimiento extranjero, no por exótico sino por ser irrefutable, y lo incorporan a sus propias tradiciones, con el fin de transmitirlo a la posteridad.

Tengamos en cuenta que el hombre, Parménides, llega a Atenas desde Elea, en el 450 a. C. , a traer su ciencia, lo Uno y muchos. Él no trajo consigo a la virtud griega. Esa ya estaba allí. Así que dos elementos, uno extranjero y uno local, se fusionan. Y, ¿Quién descubrió esa maravilla de razonamiento que conduce a “lo Uno y Muchos a la vez”? No lo sabemos. Lo único que sabemos es que en la meseta de la Anatolia Central había un pueblo ario que se dedicaba a hacer tecnología electrostática para espantar a sus vecinos bárbaros. Esa era la razón de poner un templo en la “colina panzuda”, Göbekli Tepe, en el punto estratégico cuando el río Éufrates sale de entre las montañas y entra a la planicie de Harán, once mil años antes de Cristo. Nikola Tesla pensó lo mismo: en un teatro de la ciudad de New York, el 20 de Mayo de 1891, presentó su show Phantasmagoria, en el que él se envolvía en descargas eléctricas y él hablaba como si fuese un sacerdote, asegurando que sus máquinas electrostáticas que producían chispas pudieron haber inspirado religiones, en el pasado. En todo caso, Göbekli Tepe no era para ser visitado con luz de día, porque para pasar al centro del templo, un área pequeña en donde se celebraba el espectáculo, no había un camino directo, sino uno con grandes impedimentos para que entrara la luz externa.

En la completa oscuridad de esa cámara del templo los sacerdotes impresionaban a los visitantes con las chispas, al igual que hizo Moisés con su pueblo: (Éxodo, XXIV, 8) “Luego subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú y los setenta ancianos de Israel y contemplaron al Dios de Israel. Debajo de sus pies había algo parecido a un pavimento de zafiro transparente y tan esplendoroso como el mismo cielo (¿Cuándo hay relámpagos?). Dios no dejó que su poder aplastara a los que había elegido, así que vieron a Dios, luego comieron y bebieron, ” Así que esas chispas a veces mataban, como en efecto mataron, a discreción de Moisés, a Datán y Abirón, cuando éstos se acercaron al aparato moviendo unos incensarios de bronce, mientras que Moisés y Aarón tenían la cara pegada a la tierra, para un “juicio de Dios”. A la larga ese pueblo de la Anatolia empezó a venderles a los pueblos de la Mesopotamia la tecnología necesaria para sus propios templos, Incluso de aparatos portátiles, como el Arca de la Alianza. Así fue como Jetró, sacerdote de Madián, inicia a Moisés en los pormenores del “culto divino”, para que pase a ser de juez a sacerdote; y luego Salomón también compra esa tecnología para fabricar su templo, tecnología que le permitirá cobrar diezmos y extender su poder sobre pueblos más salvajes que ellos. ¿Qué tan antiguo es ese saber? Aristóteles (Metafísica, Libro XII, cap. 8) dice: “Hay cuentos que sólo sirven para persuadir al vulgo y para el servicio de las leyes y los intereses comunes.

Pero hay un relato, procedente de la más remota antigüedad, que no parece carecer de verosimilitud, y éste relato dice que las diversas artes y la filosofía fueron descubiertas muchas veces y muchas veces perdidas, lo cual es muy posible; y que estos conocimientos son, por decirlo así, despojos de una sabiduría muy antigua conservados hasta nuestro tiempo. ” En esta frase “artes” no se refiere a artístico, sino a artefacto, artificial, de artificioso (como está en la Biblia:(Éxodo. Cap. XXXI, 4. ” Vinieron los artífices, que podían crear todo tipo de artificios útiles para el culto divino”) Así que en esa gente de Anatolia había filósofos, los de lo Uno y Muchos, y también había artífices. De seguro primero surgieron los artífices y de ellos surgieron los filósofos, pero no era necesario que trabajaran conjuntamente. Si los artífices eran obreros que trabajaban mayormente en tierras extranjeras, construyendo templos por lo cual los reyes de esas tierras pagaban con alimentos, entonces los que se quedaban en casa aprovechaban sus tiempos de ocio y la prerrogativa de no tener que trabajar manualmente, y podían dedicar al menos parte de ese tiempo a desarrollar cuestiones intelectuales. Eso dice Aristóteles: (Metafísica, Libro I, Cp. 1) “No sin razón el primero que inventó un arte cualquiera por encima de las nociones vulgares de los sentidos (porque el animal solo siente), fue admirado por los hombres, no sólo a causa de la utilidad de sus descubrimientos, sino a causa de su ciencia y porque era superior a los demás. Las artes se multiplicaron, aplicándose las unas a las necesidades, las otras a los placeres de la vida; pero siempre los inventores de que se trata (los filósofos) fueron mirados como superiores a los otros inventores (los artífices) porque su ciencia no tenía la utilidad por fin. Todas las artes de que hablamos estaban inventadas cuando se descubrieron estas ciencias que no se aplican ni a los placeres ni las necesidades de la vida. Nacieron primero en aquellos puntos que gozaban de reposo.

Las matemáticas fueron inventadas en Egipto porque en éste país se dejaba un gran solaz a la casta de sacerdotes. Todo lo que nos proponemos decir sobre este punto es que la ciencia a la que se llama Filosofía, la ciencia más grande que todas las demás, y que trata de las primeras causas y los principios surgió del ocio de los sacerdotes. ” Así que, en una sociedad, un gremio o pequeño grupo (puesto que no todos pueden entrar al gremio, que es para especialistas, y la mayoría de la población debe de dedicarse a la agricultura, la ganadería, etc. ) se hace constructor de tecnología. A la larga, dentro de ese grupo, va a acabar un pequeño número siendo filósofo. Éstos últimos, los filósofos, salieron desde dentro de los otros (los técnicos), pero ambos pueden separarse, y no necesariamente trabajar juntos. Los técnicos se van a trabajar fuera del país, como obreros, y los filósofos se quedan en el país, forman Escuelas, en donde se transmite ese saber especializado, el que no es útil a las necesidades de la vida ni a sus placeres, sino que sirven sólo para desarrollar la búsqueda de conocimiento, el estudio de las primeras causas y de los principios.

En la geografía política de la época los técnicos y los filósofos se pueden apartar. En Hattusas se quedaron los filósofos (y las Escuelas) y los técnicos capacitados, que trabajaban en algo así como en una fábrica en Hattusas, se iban a trabajar a tierras extranjeros) Pero la ciudad en sí, Hattusas no mostró mucho los cambios tecnológicos que fabricaba porque era necesario que la ciudad pasase desapercibida; porque la civilización hitita lo más del tiempo que existió estuvo rodeada de tribus montañosas bárbaras, los gasgas, y casi nunca tuvo acceso al Mar Negro. Por eso no había que convertir la ciudad en algo tan floreciente o más floreciente que las ciudades a las que servían, porque eso llamaría la atención de las tribus bárbaras. Los hititas casi siempre fueron un pueblo chico, rodeado por salvajes. Enviaban obreros, que trabajaban en el exterior, construyendo templos y, a cambio recibían alimentos (“Nuestros graneros estaban colmados de granos”, reza en la tablilla “Enki y el orden Mundial”) y ese grano les daba el ocio necesario para dedicarse a la filosofía. Si se es un técnico no se necesita saber filosofía. Y un filósofo no necesita él mismo ser un técnico. Tales (o Thales) estaba vivo cuando Nabucodonosor destruye el templo de Jerusalén (en el 587 A. C. ). Pero Thales estaba en una escuela en Mileto (Hattusas fue destruida en el 1200 a. C. ) y en el templo de Jerusalén sólo había técnicos. Y la Biblia dice que Nabucodonosor exilió a Babilonia “Mil hombres, entre artífices, maquinistas e ingenieros, que se ocupaban de las máquinas del templo”. (La palabra Máquina es un vocablo ario. ) Así que fueron los griegos los que se toparon con la escuela Mileto, ya formada por los no griegos. Y quedaron fascinados con su teoría de lo Uno y Muchos. ¿Qué dice ésta teoría? Es un argumento lógico irrefutable. Primero dice que lo que vemos no puede ser todo lo que hay. Eso es obvio. Vemos diversidad (hombre-mujer) pero debe de haber unidad, ya que sin los dos juntos no se logra nada; así que debe de haber una dimensión que no es visible, aparente, pero que está debajo de la multiplicidad que vemos. Aristóteles dice: “Parménides, forzado a admitir la aparente multiplicidad que nos brindan los sentidos, pero también forzado a buscar la Unidad que nos exige la razón…divide al mundo en dos lugares, uno en que reinan las esencias, donde no puede haber cambio y todo es inmóvil, inmutable, eterno; y otro en dónde se produce el cambio. ” Fue allí, en la búsqueda de las primeras causas y los principios, donde los filósofos antiguos encontraron que, si se busca la unidad que subyace a la multiplicidad; si se busca la simplicidad que subyace a la complejidad, esa esencia es única. Es decir, si reducimos todo a lo más simple, a la esencia de las cosas (como si realizáramos una taxonomía de las cosas, a partir de lo múltiple y aparente), esa esencia, eso que es lo más simple, es, forzosamente, única.

El problema está en que eso Único está pegado indisolublemente con lo Múltiple. Y, ¿qué cualidades tiene lo único? Para sacarlas yo me he basado en Tito Lucrecio Caro, autor romano nacido en Pompeya en el año 94 a. C. y muerto en Roma, a una edad muy temprana. Aunque en Roma no había una escuela Platónica, él era aficionado a estudiar “las ciencias oscuras de los griegos”. Cuando murió, por una riña, sus amigos publicaron sus poemas, llamando al libro “De la naturaleza de las cosas”, y en ese libro póstumo se afirma que “Nada se crea ni destruye. ” Mi otra fuente es el Parménides, que no dice lo que Lucrecio afirma (No en esa forma tan explícita), pero que dice otra cosa que equivale a lo mismo: el Ser está pegado al No Ser y el No Ser es, además de indestructible, increado. Por tanto no puede nacer ni destruirse. No sólo en el Texto Parménides dice eso, sino también en otros Diálogos. En el Sofista dice. “Y cuando decimos el No- Ser, ¿no le atribuimos la Unidad? –Evidentemente, dice Teetetes. -¿Cómo expresar con los labios o concebir, por el pensamiento al No-Ser? Aunque he dicho que no puede expresarse el razonamiento de cómo el No-ser se pega al Ser, ¿comprendes que es imposible enunciar el No-Ser en sí mismo y decir algo de él; y hasta concebirle, y que no está al alcance del pensamiento, ni del lenguaje, ni de la palabras, ni del razonamiento?” Hay que hacer aquí una advertencia al lector: los Diálogos no fueron escritos ni por la misma gente ni al mismo tiempo.

Así que no necesariamente deben concordar. Son enseñanzas. y el que escribe un solo Diálogo dice lo que él mismo entendió; más el escritor de otro Diálogo pudo haber entendido algo diferente, aunque él mismo debe mostrar coherencia dentro consigo mismo dentro de su mismo Diálogo. Aquí éste autor, el del Sofista, nos dice que el No-Ser no está al alcance del razonamiento, pero el Parménides nos dice que sí lo está. Eso hace que este autor del Sofista esté como desfasado del Parménides, pero el Parménides es el texto que vale, el texto original. Así que citar al Sofista sólo para reforzar la equivalencia del No-Ser con el Uno no debe de hacernos perder el rumbo de la indagación. Bueno, volvamos ¿Cuáles son las cualidades del Uno, del elemento más simple posible? Vamos a usar ambas fuentes, tanto a Lucrecio como a Parménides, para así sacar las cualidades. Primero a Lucrecio: “Nada se crea ni destruye. ” Si nada se crea ni destruye entonces el Uno no tiene ni un principio ni un fin, no nace ni muere. Por lo tanto, es eterno. Si es eterno es perfecto, ya que en la eternidad en que vive, toda imperfección hubiera sido ya corregida. Y, si es perfecto, no puede exhibir ningún cambio, porque ya es perfecto. Y si no puede sufrir ya ningún cambio, ya que el cambio es lo que caracteriza el tiempo (o sea: que sólo se puede medir el tiempo a través del cambio) entonces ésta dimensión, elemento o esencia no tiene tiempo.

Esa es la primera cualidad que se razona del Uno: que no tiene tiempo. Para sacar la segunda cualidad del Uno ahora pasemos al Parménides: la búsqueda del elemento más simple posible. Si se es el elemento más simple posible, entonces éste tiene que ser homogéneo, porque, si fuera heterogéneo, ya no sería el más simple. Y, si es homogéneo todo él, no puede tener límites (la cualidad de Anaxágoras, del Apeiron, el “sin límites”) porque si estuviera en un contenedor, ese contenedor sería algo distinto al contenido y ya no habría homogeneidad. Y, si no tiene límites y es todo homogéneo, entonces no puede tener partes, ya que las partes no pueden existir en algo que es todo homogéneo e igual en sí mismo. Y, si no hay partes distinguibles en esa masa homogénea, no pueden ocurrir desplazamientos, porque moverse significa desplazarse de una parte en donde se está a una en donde no se está, y la homogeneidad no permite distinguir partes distintas. Aquí, como todo es homogéneo, no puede haber ningún desplazamiento. Por tanto nada se mueve, no existe el movimiento. Y si nada se mueve, no hay nada que garantice el espacio, porque sólo el movimiento garantiza el espacio, ya que el movimiento (el que algo, el móvil, se desplace de un lugar en donde se está a otro lugar en donde no se está) es lo único que certifica el espacio. O sea que, básicamente, lo que está debajo de las apariencias múltiples tiene que ser único y carecer de espacio y tiempo. A la vez, aunque esa dimensión, ese ente, esa esencia, sea única, y sin espacio ni tiempo, tiene que estar pegado a lo múltiple, indisolublemente. O sea: el No-Ser está pegado a lo que “Es”, el Ser. Eso crea una “participación”: el Uno (el Parménides los menciona como modelo o Forma) está irremediablemente pegado a la Copia. Sócrates se preguntaba, en el Diálogo Filebo: “En primer lugar, se discute si debe admitirse si esta suerte de unidades (las ideas) como realmente existentes. Después se pregunta, cómo, siendo cada una de ellas siempre la misma, y no siendo susceptible de generación y de muerte puede, a pesar de esto, ser constantemente la misma unidad.

En seguida, de si es preciso aceptar el que esta unidad existe en los seres sometidos a la generación e infinitos en número, dividida en porciones y hechas muchos; o si está toda entera, si bien fuera de sí misma, en cada uno, lo que al parecer es la cosa más imposible del mundo, esto es, que una sola y misma unidad exista en muchas cosas. ” Pues el Parménides, el texto principal, afirma que esto no es sólo posible, sino que esto es indispensable, y que se realiza por medio de la “Participación” (la palabra que Aristóteles dice que su archienemigo, Platón, no entendía y que esta era una palabra hueca, carente de sentido). La “participación” es la mezcla indisoluble entre el modelo (también llamado Forma o Uno en el Parménides) con la Copia. Las reglas de la participación, mencionadas en el Parménides, son: 1º: El modelo y la Copia, ya que participan, son idénticos: son uno y la misma cosa. 2º: El modelo, todo entero, está en cada una de las múltiples cosas, siendo él Uno. 3º: El modelo, que es Uno, se divide en partes, más, sin embargo, sigue siendo él Uno. 4º: Hay una característica del modelo y que está en todas las cosas que son su Copia. 5º: A toda parte singular (dentro de lo múltiple) se le adosa lo Uno. En un resumen de esto diríamos que: si buscamos lo que hay debajo de este mundo multiforme y nos vamos a la simplicidad más absoluta hallaremos que en la base hay algo sin espacio ni tiempo, el Uno, la esencia, la Unidad, El modelo.

El problema es que esa simplicidad es estéril, y necesita pegarse a la multiplicidad para existir, para Ser. Así se forman las Copias Múltiples, mediante la combinación, sujeta a desgaste y necesitada de reposición, de muchas esencias juntas, pero las cuales, en sí mismas, cada una participando de su Uno. Todas esas Copias múltiples están indisolublemente pegadas a su modelo, ligadas inextricablemente a él; éste, como si fuese un par indisoluble, participa de su misma esencia y comparte con ella sus cualidades. Es como un binomio inseparable: el Uno y Muchos. Creo que podemos hacer un sumario del cómo surgió éste conocimiento de una manera muy gráfica. Hace unos doscientos mil años surgió el lenguaje y con él, la idea de un “Yo” (yo hago esto, yo hago lo otro, etc. ).

Entonces se crea un ente ficticio, que se describe a sí mismo como pensante, aislado, autónomo e independiente de cualquier otro hombre o mujer. Pero, desde una fecha más reciente, aunque aún no determinada (tal vez unos 7 mil años), alguien se da cuenta de que no, aún somos animales, que somos Uno y Muchos (al igual que lo es una parvada, una manada, un banco de peces, un enjambre, los insectos sociales, los insectos perfectos en que todos forman una unidad, incluso muchos reptiles, peces y hasta mamíferos), y que nuestra mente participa de esa naturaleza. Arguyó que la mente pertenece a lo múltiple, que no puede ser entendida como separada de su unidad total. Pero entonces resulta que hay dos maneras de ver al hombre: una, la de los filósofos antiguos, esos recién llegados; y la otra: la del resto de la población, que incluye al 99. 9% de la humanidad elevada hasta la 20ava. potencia. Esa porción de la humanidad practica el “culto a la personalidad”, se cree un ser pensante, y cree que todo reside en su cerebro privilegiado, muy distinto del de los animales, que le hace capaz de originar pensamientos propios, cuando que, en realidad, sólo es un perico que repite lo que oye y lo que le meten como consignas, sin ser capaz de discutir si son ciertas o no. Vean los números y díganme, ¿quién creen que va a avasallar en todas las discusiones sobre el tema? Pues es obvio que la mayoría.

Además, sobre esa creencia la sociedad se ha estructurado. Barack Obama le suelta 31, 000 millones al Dr. Francis Collins, el director del Proyecto genoma Humano y que completó la tarea de patentar genes en menos de lo esperado. Ahora Barack espera que también complete, con igual eficiencia la comprensión por medio de la cual nuestro cerebro piensa. Collins adorna su proyecto diciendo que lo hará mediante técnicas innovadoras y sofisticadas, que serán obsoletas en poco tiempo. No hallarán nada porque, según los filósofos antiguos, allí no hay nada. El cerebro pertenece a lo Múltiple (es un órgano múltiple) y la mente está en lo único, el modelo. Pero eso no lo sabe Obama: dar el dinero está justificado: así averiguarán el por qué él mismo es tan genial (o sea que así sostendrá su dogma), y su esposa Michelle escribirá su libro “Becoming me, Mi historia” (transformándome desde una niña negra nacida en los guetos de Chicago, hasta situarme en la Casa Blanca, creyéndose la epítome de la mujer. ) Para no quedarse atarás en los dispendios de su esposo, Michelle regala, a costa de fondos del gobierno, un millón de copias del libro para ser regaladas a los niños pobres negros.

Tanto ella como su esposo creen, a pie juntillas, que dar ese dinero está bien justificado. Y lo está, porque es agua para su molino y, además, no es dinero suyo. Bueno, ahora hablemos de las escuelas. La de Atenas, que apenas muere Platón y su sobrino ocupa el cargo de escolarca empezó a re-interpretar al Parménides (buena cosa fue que el diálogo ya estaba escrito y quedó intacto). Luego los romanos extinguen la Academia. Entonces empieza a brillar la escuela platónica de Alejandría. Cuando se dice que una escuela se acaba y otra comienza no se implica que, cuando una escuela es destruida, los miembros agarran sus maletas y, con todos sus bártulos se dirija hacia otras tierras. Nada de eso. Una “Escuela” es algo infinitamente delicado. Es un grupo de personas con pensamientos fuera de lo ordinario, y por ello no son entendidos ni por el resto de la población ni por los invasores. Cuando algo o alguien las destruye, se destruye un complejo sistema; una cohesión de una enseñanza excepcional; un tipo de pensamiento muy complicado que tardó mucho tiempo en formarse.

Así que la destrucción es total. Lo que pasa es que, si ya hay otra escuela en alguna otra parte, ya completamente formada, aunque no sea exactamente con la misma tónica, pero con la condición de que no modifique el Diálogo Parménides, aunque lo reinterprete, lo desvirtúe, ésta nueva escuela representa a la vieja y empieza a brillar, reemplazando a la escuela madre. Afortunadamente los Diálogos, con todo y el Parménides, fueron copiados y resguardados. En el futuro el ideal griego sobre la enseñanza de la virtud desaparecerá, los griegos desaparecerán, los Diálogos serán reinterpretados, tachados de ser excesivamente controladores de la información que el niño recibe y, finalmente olvidados. Pero lo importante es que el Diálogo Parménides, la teoría de lo Uno y Muchos, permanezca intacta, o lo más intacta posible, aunque ya no sea entendible para quienes la transmiten.

Así, cuando fue destruida la escuela de Mileto, en el 495 a. C. , por los medios, fue una suerte que ya estaba formada la escuela de Elea, en el empeine de la bota italiana; y en el 450 a. C. Parménides marcha a Atenas, para tratar de crear allí una escuela. Luego los romanos acaban con la Academia y brilla la escuela de Alejandría, fundada aún en los años en que la Academia funcionaba. De hecho la misma Academia de Atenas pasó por etapas de reinterpretación varias veces, tan pronto Platón muere y su sobrino Espeucipo cambia la tónica Socrática y la vuelve Pitagórica, del cual aún Platón era adepto. Lo importante de Platón es que, siendo él mismo un hipermnésico, escriba el Diálogo de Parménides tan fielmente como pueda, aunque no lo entienda o lo reinterprete. La Academia desaparece en el año 86 a. C. porque los romanos la consideraron como un culto pagano al dios Apolo. Luego brilla la escuela Platónica de Alejandría, con su reinterpretación de lo Uno hecha por Plotino. Según éste, el Uno, Dios o Nous, es perfecto, así que nada le falta.

Pero, entonces, ¿cómo se crean las cosas, lo múltiple? Porque el Nous tiene el deseo de crearlas, para tener un espectador que admire su obra. Eso es estúpido. ¿Qué clase de dios es ese dios, que necesita de admiradores para existir? Lo importante es que estos neoplatónicos no modifican el Parménides, y lo transmiten. A propósito, ¿por qué se les llama neoplatónicos? El Platonismo aún existe y sufrirá su mayor modificación con John Locke, en 1690. ¿Por qué los nuevos platónicos son los de hace más de 2, 000 años? ¿Nosotros qué seríamos? ¿Neo- neo- neo- platónicos? El último y mejor representante de la escuela de Alejandría fue San Agustín de Hipona, que discute muchas cosas interesantes acerca de la memoria, aunque para él el Uno es Dios. Ese tema será retomado por Henri Bergson en sus libros “Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia” (1889) y “Materia y memoria” (1896). Bueno, pues la escuela Alejandrina desaparece y la teoría se muda, por más de 1, 000 años, a Bizancio, que era griega y que luego cambia su nombre a Constantinopla. No sabemos mucho de lo que opinaba esta escuela, pero el hecho es que conservó los manuscritos.

Luego, en el año 1448 el emperador del Imperio Católico Romano de Oriente, Juan VIII Paleólogo, se reúne con el Papa, primero en Basilea, luego en Ferrara y, finalmente en Florencia, para tratar de establecer una alianza con el Imperio Católico Romano de Occidente porque Constantinopla esta sitiada por los turcos, al mando del sultán Mehemed II. Al final de cuentas Occidente no ayudará y Constantinopla caerá a manos de los turcos en 1453, siendo entonces emperador Constantino II. La escuela de Constantinopla desaparece. Pero resulta que, en 1448, cuando Juan VIII Paleólogo visita al Papa, se lleva consigo, para impresionar al Papa con la erudición de Constantinopla, a un tal Georgious Gemistos, apodado “Platón”. Éste sujeto lleva consigo muchos textos no conocidos en Occidente (seguramente manuscritos, pues la imprenta apenas empezaba) y entre ellos va el Parménides. Ya para esa fecha el ideal griego de enseñanza es tan sólo una curiosidad, pero los Diálogos ya están salvaguardados por ser clásicos y el Parménides está intacto. Gemistos es autor de varios libros, el de “la diferencia entre Platón y Aristóteles, ” el Uno, etc.

El caso es que varios personajes importantes se interesan por discutir lo del Uno y, tanto Platón como su alumno, Basilio Besario están dispuestos a enseñarles. Marsilio Ficino, italiano, apoyado por Cosmo de Medici, funda en 1468, en la Villa Medicea, cerca de Florencia, la escuela Platónica Florentina. Luego, el hijo de Cosmo, Lorenzo, es retratado tomando clases sobre el Uno en su propia Villa. Es curioso ver al sujeto, con su túnica roja y rasgos acentuados, mercantilista de pura cepa, escuchando a los escolarcas hablar sobre Platón. No creo que él entendiera mucho, pero su interés es claro: quería ser considerado un mecenas y así ganar prestigio personal. Pero, en el siglo siguiente, pasa por la escuela alguien realmente inteligente, y que queda prendado por el concepto del Párménides. Es el fraile dominico Giordano Bruno. Este monje itinerante es invitado a Inglaterra, por la universidad de Oxford, un antiguo sitio de monasterios pertenecientes a las diversas órdenes católicas, que están siendo ahora convertidos en universidades.

Pero Oxford está en pleno proceso de confiscación por los protestantes y no está interesada en sus ideas radicales. Así que Bruno se marcha a Cambridge, al aún monasterio dominico de Cambridge, los “Blackfriars”. Allí funda la escuela Platónica de Cambridge, aproximadamente en 1582. Cuando se trata de explicar el cómo surgió una escuela Platónica en Cambridge, que es todo Aristotélico, práctico, mundano, un autor dice que, debido a la entrada del calvinismo en Inglaterra se creó un “cisma intelectual” que les hizo buscar otras opciones. Eso no puede ser cierto. La mente del hombre es demasiado cerrada. Lo que no sabe no lo sabe, y punto. Y, “siempre cree saber lo que realmente no sabe” (Apología) Para tener un “cisma intelectual” se necesita conocer bien dos teorías opuestas, saber sus ventajas y sus desventajas, y entonces escoger. Pero eso es para gente mentalmente privilegiada y no esperemos que una masa de jóvenes estudiantes y viejos profesores con ideas fijas, incapaces de aprender algo nuevo, tengan “cismas intelectuales”.

Nadie, más que los filósofos, entienden lo de Uno y Muchos. Sin tener opciones, a la masa sólo les queda aferrarse al dogma, el creer que se sabe lo que no se sabe, y el dogma no tiene fisuras ni origina crisis. Se necesita que alguien que ya se haya sensibilizado, compenetrado, de esos argumentos, vaya allí, tome contacto con gente capaz de entender la tesis, la exponga claramente, los convenza y resuelva sus dudas (o que al menos capaz de crearles dudas respecto a lo que antes tomaban por garantizado) y, a base de prédicas, pláticas y ejemplos, hacerles creer en el argumento. ¡Y vaya que Giordano Bruno fue bueno en eso! De 1582 a 1585 escribe tres libros con los Blackfriars: “La diferencia entre Platón y Aristóteles” (una obra que ya Gemistos llevaba), y otra llamada El Uno. Allí dice: “El Uno es inmutable, eterno y dura para siempre, Uno consigo mismo.

Con esta filosofía mi espíritu crece, mi mente se expande. Conoce bien que en la substancia incorpórea, eterna, nada cambia se forma o se deforma, sino que permanece siempre ella misma, sin que pueda ser sujeto de disolución. La composición se disuelve, la complexión se cambia, la figura se muda, el Ser (la Copia) se altera, permaneciendo siempre los mismos elementos –lo que ellos son en substancia- y perseverando el principio material único (que es la verdadera substancia de las cosas, eterna, ingenerable, incorruptible), en aquello mismo que fue siempre. ” Giordano parece un genuino platónico. Lo que importa es que lleva una copia (seguramente ya impresa) del Parménides y de los Diálogos. Luego las autoridades exigen que los monjes se vuelvan profesores y que el monasterio se vuelva un colegio, que será el Emmanuele College. Bruno abandona el ahora Colegio y parte a Roma en 1585. Allí es apresado por el Papa, por hereje y, después de un largo cautiverio, es quemado vivo en la Plaza Di Fiore, en 1600. Su conducta final, el no ceder en sus convicciones, impresiona tanto a sus alumnos del Emmanuel College, que ellos deciden hacer una escuela Platónica en ese lugar. Hubo varios escolarcas y adeptos, pero hubo un rector, Ralph Cudworth, particularmente interesado en entender la naturaleza de los arquetipos, esos seres extraños, las ideas, de que hablaba Platón. Cudworth había escrito su obra “Del Verdadero Sistema Intelectual del Universo”, pero no entendía muchas cosas.

Para él la moralidad era una idea; cada idea vivía separada en un universo ideal, independiente del mundo de los humanos. Y dice: “Hay formas inteligibles que subyacen a la percepción, la cual se realiza mediante ideas que son independientes del flujo de las impresiones de los sentidos. Estas ideas son eternas y sin contacto con los objetos materiales. ” El caso es que Cudworth desea reunirse con Locke, encumbrado ya en la corte del rey, para ver si eso le conlleva a alguna ventaja personal. Ya varios Platónicos habían tenido algún papel político en épocas de Oliver Crownwell.

Es como una nueva versión de cuando Marsilio Ficino trata de impresionar a Lorenzo de Medici con su erudición para obtener alguna ventaja política. Pero entonces pasa algo que no estaba en la agenda: el cazador es cazado. Locke resulta ser un hombre con muchas inquietudes. Educado –porque su padre es militar y ayudó mucho a los Whig, el partido antimonárquico- en los mejores colegios y universidades (el Westminster y Oxford): También era alumno favorito de los mejores profesores, por su insaciable curiosidad. Cuando Cudworth y otros 4 o 5 amigos de éste lo visitan en sus aposentos en el palacio de Exeter, en Londres, en el Invierno que media entre 1670-1671, para plantearle su tesis e impresionarle (básicamente el Parménides, que ya seguramente estaba impreso, lo mismo que los Diálogos) Locke no sólo queda interesado, sino prendado. “Al principio, dice él, pensé que sería capaz de resolverlo en una sola hoja”; pero las reuniones se continúan, ocasionalmente, por varios años, y al final Locke queda ya sólo con el problema, lejos ya de Cudworth y de su negativa influencia (ya que no podría enseñarle nada más que lo que él mismo sabía).

Ahora sólo estaba Locke, su ocio, y el Parménides y los Diálogos. Visita Francia, luego se va a Holanda por muchos años, ya que la corte estaba exiliada allí, y va llenado cuartilla tras cuartilla de hojas, hasta que hace una obra enorme. Luego su partido recupera el poder, en la “gloriosa revolución de 1688”, y Locke vuelve a Inglaterra acompañando a la esposa de Guillermo de Orange, el rey. Inmediatamente le presenta al editor su “Ensayo sobre los límites del Entendimiento Humano”. El editor le aconseja que no ponga “los límites” en la portada, aunque en el texto este título se conserve, y él acepta. Había que andarse por las ramas.

VER PARTE II o decargar artículo completo.

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