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Última actualización web: 30/11/2021

LA TRANSFERENCIA. NUEVAS PERSPECTIVAS EN LA CLÍNICA DEL GRUPO DE PSICOANÁLISIS MULTIFAMILIA

Autor/autores: Norberto Mascaró Masri
Fecha Publicación: 15/03/2012
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Comunicación

RESUMEN

El propósito de este trabajo es presentar una serie de reflexiones sobre la transferencia, desde la experiencia clínica en el GPMF. Este planteo incluye aspectos teóricos y prácticos, que apuntan a una forma particular de trabajar en este tipo de grupos. Gran parte de los autores psicoanalíticos contemporáneos, coinciden en  que todas las terapias que se encuentran dentro de este campo, sean individuales, grupales, de pareja o familia, se caracterizan porque la transferencia se convierte en el eje central  de la actividad clínica.

La experiencia con el GPMF demuestra que este  grupo, es el contexto natural y más adecuado para el trabajo de la misma con todo tipo de pacientes, y en especial con aquellos que presentan un déficit estructural, es decir, aquellos pacientes que J. García Badaracco caracterizó como carentes de recursos yoicos.

Palabras clave: transferencia; grupos multifamiliares.

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Avances en Salud Mental Relacional / Advances in Relational Mental Health
ISSN 1579-3516 - Vol. 10 - Núm. 3 - Diciembre 2011
Órgano de expresión de la Fundación OMIE y AMSA Avances Médicos
Revista Internacional On-line / An Internacional On-line Journal

LA transferencia. NUEVAS PERSPECTIVAS EN LA CLÍNICA DEL
grupo DE PSICOANÁLISIS MULTIFAMILIAR

Norberto Mascaró Masri (Psiquiatra psicoanalista, AMSA Avances Médicos Bilbao)
npmascaro@yahoo. es

RESUMEN
El propósito de este trabajo es presentar una serie de reflexiones sobre la transferencia, desde la
experiencia clínica en el GPMF. Este planteo incluye aspectos teóricos y prácticos, que apuntan a una
forma particular de trabajar en este tipo de grupos. Gran parte de los autores psicoanalíticos
contemporáneos, coinciden en que todas las terapias que se encuentran dentro de este campo, sean
individuales, grupales, de pareja o familia, se caracterizan porque la transferencia se convierte en el eje
central de la actividad clínica. La experiencia con el GPMF demuestra que este grupo, es el contexto
natural y más adecuado para el trabajo de la misma con todo tipo de pacientes, y en especial con
aquellos que presentan un déficit estructural, es decir, aquellos pacientes que J. García Badaracco
caracterizó como carentes de recursos yoicos.
Palabras clave: transferencia. Grupos multifamiliares.

SUMMARY
The purpose of this work is to present a series of reflections about transfer, from the clinical experience
in the GPMF. This approach includes technical and practical aspects which show a particular way of
working in this type of groups. A large part of the contemporary psychoanalytical authors agree in that
all of the therapies which are found within this field, whether individual, group, in couples or family, are
characterised by the transfer becoming the central focus of the clinical activity. The experience with the
GPMF shows that this group is the natural and most suitable context for its work with all types of
patients, and particularly with those with structural deficit, i. e. those persons characterised by J. García
Badaracco as lacking ego representation resources.
Key words: Transfer. Multifamily groups.

© 2011 CORE Academic, Instituto de Psicoterapia

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La transferencia. Nuevas perspectivas en la clínica del grupo de psicoanálisis multifamiliar

1. CONCEPTOS INICIALES SOBRE LA TRANSFERENCIA
S. Freud ("Epílogo del caso Dora", 1895) planteó que la transferencia era un fenómeno
general, universal y espontáneo, es decir, un fenómeno social, tal es así que la vida cotidiana muestra
con suma nitidez la trama de transferencias en las que estamos inmersos, el GPMF como retazo de esta
realidad social (minisociedad), nos permite observar como la trama transferencial estructura un campo
psicológico multifamiliar.
Como sabemos, el psicoanálisis utilizó la transferencia como instrumento para la
investigación y el tratamiento de las neurosis en el ámbito de la relación bi-personal. Todas las
recomendaciones sobre las reglas que sostenían el encuadre, así como la neutralidad y la abstinencia,
apuntaban a favorecer la aparición de la transferencia, pero éstas condiciones impuestas, en realidad la
desnaturalizaban. Aparecían aspectos parciales, en desmedro de otros que quedaban ocultos, y a su vez,
se empobrecía la complejidad del fenómeno.
Se planteaba que toda la relación era transferencial y que el psicoanalista era un observador no
participante. La metáfora del espejo sostuvo esta postura. Algunos se atrevieron a diferenciar la relación
transferencial de una relación más objetiva. R. Sterba (1934) destacó que existía una disociación del yo
que permitía que una parte del mismo, la que estaba vuelta a la realidad, sellara un acuerdo con el
analista para observar y comprender la otra, la instintiva y defensiva. Posteriormente E. Zetzel (1956)
quien acuña el término "alianza terapéutica", distingue la neurosis de transferencia, producto de la
regresión, de una parte libre de conflicto, parte sana que permitía realizar el tratamiento.

2. CRÍTICAS PRECOCES
Desde el comienzo de la actividad psicoanalítica, muchos psicoanalistas se mostraron
insatisfechos con las limitaciones de la teoría y el método, de ellos, los más significativos fueron
S. Ferenczi, R. Fairbairn, M. Balint, J. Bowlby y D. Winnicott en Europa; H. Sullivan, F. Fromm Reichman,
H. Hartmann, H. Searles, T. French, F. Alexander y H. Kohut en Estados Unidos y E. Pichon Rivière y J.
García Badaracco en Argentina, realizaron aportes que enriquecieron la teoría y la práctica. No se
trataba de reemplazar el paradigma psicoanalítico creado por S. Freud, sino ampliarlo, enriquecerlo y
profundizarlo con nuevos aportes, para poder dar cuenta de los desafíos que las patologías inanalizables
producían en la teoría y en la técnica. Así, el pensamiento psicoanalítico crece y se transforma, abre
nuevos caminos e incorpora conocimientos de otras disciplinas. Los aportes de la ciencia moderna, en
especial de Thomas Kuhn, Edgar Morín y Axel Honneth, contribuyeron a modificar el paradigma
establecido. El primero, cambiando las nociones de "objetividad" y de "experiencia fija y neutra",
demostrando la inexistencia del observador neutral, ya que éste participa en la observación con sus
valores, premisas y creencias. El segundo abriendo el camino de la "complejidad" e "hipercomplejidad"
en el conocimiento de lo humano, y el tercero recorriendo el camino del "reconocimiento" del otro
desde las estructuras capitalistas, pasando por la familia y llegando a la relación íntima de la madre con
su bebé.

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3. LA INTERSUBJETIVIDAD
Cada vez toma más relevancia la presencia del terapeuta y su subjetividad, así como el
espacio intersubjetivo, ya no se pueden entender los fenómenos psicológicos fuera de este espacio y los
procesos psíquicos se comprenden en su esencia no solo desde el interior de la mente, sino que son
inseparables del contexto social del cual emergen. Por otra parte, la relación intersubjetiva requiere un
reconocimiento del otro como sujeto, es decir como un ser independiente y autónomo en sus
pensamientos, fantasías y necesidades. Jessica Benjamín, apoyándose en algunos pensadores de la
escuela de Frankfurt, dice que el otro debe ser reconocido como sujeto para que su self pueda
experimentar su propia subjetividad y así constituirse en persona. Thomas Ogden (1998) plantea, que lo
que diferencia la experiencia analítica de otras relaciones intersubjetivas, está en que ambos
participantes pueden crear una nueva relación a partir del reconocimiento de sus propias
subjetividades, para ello introduce la dimensión de un "tercero analítico", espacio intersubjetivo
especial que hace que la experiencia mutua sea inédita. La identificación proyectiva, debido a su
carácter interpersonal, produce una transformación de la subjetividad del receptor y del proyector,
haciendo que cada momento sea diferente y especial, este concepto contribuye a explicar ese "tercero
analítico" que mencionaba este autor. Alberto Eiguer, continuando con este desarrollo, señala que
muchos psicoanalistas americanos enrolados en la corriente intersubjetiva (S. Mitchell, J. Benjamin, D.
Stein, O. Renik y otros) defienden en el ámbito de la cura analítica una "psicología bi-personal", de la
cual M. Balint (1964) fue uno de los precursores. Por otra parte, algunos intersubjetivistas radicales, (R.
Stolorow, G. Atwood y D. Orange), excluyen lo intrapsíquico y solamente reconocen en la tarea
psicoterapéutica el producto intersubjetivo construido por el paciente y el terapeuta, la transferencia
pierde el sentido de lo histórico y la relación terapéutica queda circunscripta al interjuego de las
subjetividades.
En mi opinión, el encuentro paciente-terapeuta, produce un campo experiencial particular,
dibujado por la mutua interacción. Esta relación incluye el sentido histórico de la transferencia y lo
complejiza con la introducción de la subjetividad del terapeuta, quien participa con su propia historia, es
decir su propia transferencia. Lo intrapsíquico y lo interpersonal, aunque reconocidos como separados,
están íntimamente relacionados y son difícilmente separables en el trabajo terapéutico. Vemos
entonces, como la participación del terapeuta- persona va tomando cada vez más importancia. La
metáfora del espejo que contribuía a simplificar la relación terapéutica, desaparece. J. García Badaracco
observó en la comunidad terapéutica y en los grupos multifamiliares la relación intrínseca entre mundo
interno y mundo externo, de allí algunas de sus propuestas meta-psicológicas. También pudo observar
como participaban los terapeutas y que tipo de respuestas producían sus intervenciones. El trabajo
compartido le permitió investigar esta dimensión relacional.
La idea a destacar es que toda relación es transferencial, no solo porque todo es
transferencia en el paciente, sino porque incluyo también la transferencia del terapeuta. Es decir, que la
relación transferencial es entonces bi-direccional. De esta manera, el concepto de contra-transferencia,
queda cuestionado, no por su inutilidad, sino porque reduce la complejidad del campo transferencial, al
tener en cuenta solamente el impacto transferencial del paciente sobre el terapeuta, excluyendo las
reacciones transferenciales de éste, relacionadas con su propia historia y su manera de ser. Es indudable
que, el concepto de contra-transferencia surgió como la manera de introducir los sentimientos
movilizados en el terapeuta en relación al paciente, con el fin de ponerlas al servicio del tratamiento. Se
trataba de mantener la unidireccionalidad de la transferencia para preservar la neutralidad y

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abstinencia y así evitar una relación más personal que contaminara el proceso transferencial del
paciente.

4. LA transferencia Y EL grupo MULTIFAMILIAR
Como decía anteriormente, el plantear un campo determinado por ambas transferencias,
complejizamos un fenómeno que se simplificaba con la presencia de un observador no participante.
Aquí, todos somos participantes de una experiencia terapéutica, cuyo campo psicológico multifamiliar
dibujamos activamente. Por otra parte, siguiendo algunos autores enrolados en el psicoanálisis
relacional, decimos que la transferencia no es solamente la repetición del pasado, sino que también es
una forma de organizar la experiencia en el presente. Estamos hablando de un pasado que se actualiza
constantemente y de un presente que lo está condicionando permanentemente. Lo que nos hace
pensar que el contexto de la experiencia determina también las características de la transferencia
movilizada, que se organizará de acuerdo a lo que está viviendo la persona en ese momento. De allí la
importancia de la situación terapéutica, que permite rescatar el pasado con mayor o menor plenitud y a
su vez organizar el presente de una forma inédita o repetitiva. Ahora bien, cómo afrontamos la
complicación de participar como personas, es decir con nuestros propios pensamientos y sentimientos,
que se traduce en actos y por otro lado, tener que mantener una distancia emocional que nos permita
aplicar nuestro conocimiento vivencial de una manera adecuada. Asumir una relación igualitaria, es
decir, reconocer al otro en su subjetividad y a su vez, aceptar que nuestra actitud está condicionando al
otro, esclarecería la relación terapéutica. J. García Badaracco decía que mejor que aplicar un
conocimiento, era escuchar y aprender del paciente. Ésta es la mejor manera de ayudar y ayudarnos. El
escuchar con respeto, el "no querer tener razón", el permitir que cada persona tenga "su tiempo" para
participar y el tolerar la incertidumbre del "no entender", facilitará que cada uno encuentre sus propias
respuestas a la situación que padece. No se trata de interpretar desde un conocimiento preconcebido,
sino de promover una conversación compartida y amplia, que permita indagar en "lo mejor de uno
mismo", así se producirá una experiencia vivencial intransferible. Esta situación abarca a todos los
participantes incluido los terapeutas. El asumir que nuestra transferencia también determina el campo
terapéutico, nos hace más humildes y precavidos, favoreciendo la relación con el paciente y creando un
clima emocional de confianza y seguridad.
Ahora bien, si el ser humano es esencialmente un ser social y su mundo interno está
constituído por la configuración de interdependencias internalizadas a lo largo de la vida, el GPMF se
convierte en el artificio más idóneo para observar ese mundo relacional a través del despliegue de la
transferencia y a su vez, favorecer la experiencia de relaciones más sanas en el orden del
reconocimiento, que permitan rescatar aspectos relacionados con el crecimiento y desarrollo que
generalmente quedaron encubiertos por la intensidad emocional de la transferencia expresada a través
de reclamos, reproches y actuaciones. J. García Badaracco en su pensamiento sobre la llamada
"virtualidad sana" abrió nuevos caminos en la investigación de la complejidad transferencial. Los autores
psicoanalíticos han caracterizado la transferencia señalando diferentes aspectos de la misma, la
psicopatología: neurótica, delirante, psicótica, narcisista, perversa, psicopática, etc. , la naturaleza del
conflicto: temprana, preedípica, edípica, etc. , los sentimientos predominantes: amorosa, erótica,
agresiva, etc. , la estructura del aparato psíquico: idealizada, especular, de lo no representado, de lo
negativo, etc. Pocos autores hicieron referencia a los aspectos potencialmente sanos que también

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aparecen en la transferencia, como decía J. García Badaracco, "desarrollar lo sano para poder curar lo
enfermo", he aquí la naturaleza de nuestra actividad terapéutica. El GPMF es el lugar idóneo en donde
los participantes podrán realizar un proceso psicoanalítico multipersonal y un proceso terapéutico
individual.
El trabajo con el GPMF nos ha hecho desarrollar un encuadre más natural y flexible en
donde la transferencia encuentra su máxima expresión. Natural porque las relaciones sociales basadas
en el reconocimiento del otro, se muestran en su autenticidad y flexible porque el encuadre
corresponde a un grupo abierto, en donde los participantes no están sujetos al compromiso de
asistencia y se rigen por reglas mínimas: lugar, día y hora. Está adaptado a las necesidades del paciente,
a diferencia de los encuadres tradicionales en donde el paciente tiene que ajustarse a procedimientos
que desnaturalizan su participación espontánea y auténtica. La capacidad de disponibilidad, de
asistencia y de contención crearán un clima emocional de seguridad y confianza que facilitará "pensar
juntos lo impensable" y "vivir juntos lo invivible", parafraseando a André Green. Ésta situación inédita,
permitirá la aparición de la transferencia en toda su plenitud. transferencia múltiple, ya que todos los
participantes configuran un campo psicológico de estructura multifamiliar y "transferencia dispersa",
calificativo que utilicé en un trabajo de 1990, apoyándome en la óptica, para referirme al proceso de
cómo se reparte la transferencia entre los miembros del grupo, reduciendo la intensidad de la carga
emocional y permitiendo su manejo con más eficacia. El GMF actuaría como un prisma que produce la
separación de los diversos colores primarios de un haz de luz, manteniendo cada uno su particularidad.
De allí que, dicha reducción de la intensidad emocional facilita la emergencia de los aspectos más
profundos de la transferencia, relacionados con la necesidad de crecimiento y desarrollo de la
personalidad.
Planteada la transferencia en el contexto relacional, no podemos separarla de la acción
provocada y la respuesta que provoca. Aquí toma nuevamente vigencia la identificación proyectiva
como mecanismo interpersonal. Es así, que en el trabajo clínico, siguiendo a J. García Badaracco,
utilizamos el concepto de interdependencia porque expresa con mayor precisión las relaciones entre las
personas. Incluye una dimensión inconsciente de la relación que se muestra a través de la transferencia
y una dimensión interaccional que corresponde a la acción reciproca de uno sobre el otro y que se
perpetúa en un círculo de transferencia-acción que generalmente constituye la esencia de la
interdependencia patológica. En un trabajo anterior (N. Mascaró y C. Maruottolo) caracterizábamos la
interdependencia por la acción recíproca de los uno sobre los otros y las circunstancias socio-culturales
reales y actuales que permanentemente inciden sobre la vida de las personas. Dejando la transferencia
a doble vía como el núcleo inconsciente de la interdependencia y la acción como su expresión.
Consideramos que esta situación tiene una relevancia especial en la relación terapéutica, como lo
demuestran muchos autores y en especial Mª Elisa Mitre en su trabajo de 2003, "Las interdependencias
recíprocas". Allí la autora, siguiendo las ideas de J. García Badaracco, plantea el abordaje de las
patologías narcisísticas desde una perspectiva coincidente con los postulados anteriores, en donde el
terapeuta debe ofrecerse como persona real en una relación de igualdad y reciprocidad que incluye
respeto, sinceridad, autenticidad y por sobre todas las cosas, una empatía que le permita identificarse
con el sufrimiento del otro. De allí, surgirá una relación auténtica que hace posible al paciente sentir que
cuenta con alguien, quizás por primera vez. También aborda en este trabajo las dificultades que
presentan el manejo de la transferencia psicótica y la puesta a prueba del terapeuta a través de su
contra-transferencia, situación que muchas veces genera una interdependencia patógena en la que
ambos quedan atrapados.

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La relación transferencia- transferencia debe ser estudiada dentro de la complejidad de las
interdependencias recíprocas. La facilidad con la que los terapeutas caemos en este tipo de
interdependencias patógenas, tienen su antídoto en el GPMF, ya que la capacidad de contención, no
solo es beneficiosa para los pacientes y familiares, sino también para los terapeutas, que encuentran en
ella la forma para distanciarse de sus propias dificultades. Sabemos que la interpretación surge muchas
veces como defensa a las propias ansiedades del terapeuta, la presencia de los otros, entre ellos sus
colegas, también contribuirán a rescatarlo de las interdependencias patogénicas que se producen en la
trama transferencial.

5. CONCLUSIÓN
La idea que trato de transmitir es que la manera de enfrentar nuestra transferencia en la
relación terapéutica, es reconociendo al otro como una persona que tiene una historia particular que lo
hace comportarse de una determinada manera y que se encuentra con un otro, el terapeuta, que tiene
la propia y que de esa conjunción surgirá o no la posibilidad de un cambio psíquico. Cuando el terapeuta
funciona empáticamente, se identifica con el sufrimiento del otro y no necesita imponer sus
planteamientos, es decir no necesita tener razón, se generará un campo psicológico que permitirá el
despliegue de la transferencia en toda su totalidad y complejidad, apareciendo las necesidad
imprescindible de un desarrollo que estuvo interferido por interdependencias patógenas y que pone de
manifiesto la llamada "virtualidad sana" como señaló J. García Badaracco con gran profundidad.
"Rescatar lo sano para curar lo enfermo", aquí está el meollo de nuestra hacer terapéutico.

6. NOTAS
"Nunca hemos pretendido haber alcanzado la cima de nuestro saber ni de nuestro poder, y
ahora como antes, estamos dispuestos a reconocer las imperfecciones de nuestro conocimiento, añadir
a él nuevos elementos e introducir en nuestros métodos todas aquellas modificaciones que puedan
significar un progreso". S. Freud, "Los caminos de la terapia psicoanalítica" (1918). Obras Completas,
volumen II, Biblioteca Nueva, Madrid, 1968.
"El psicoanálisis multifamiliar es una nueva manera de pensar y trabajar en el campo de la
salud mental. El psicoanálisis, tanto en su clínica como en su teoría, forma parte de los cimientos de este
desarrollo. Sin embargo, esta particular "presentación clínica" ha permitido la oportunidad de ofrecer
una nueva visión de la naturaleza de aspectos del funcionamiento mental, difíciles de observar en el
campo de la experiencia bipersonal". J. García Badaracco, "Potencial del psicoanálisis multifamiliar"
(2009). entrevista realizada para Norte de Salud Mental, Revista de Salud Mental y Psiquiatría
Comunitaria. Vol. VIII, Nº 34, Junio de 2009. Bilbao.

7. BIBLIOGRAFÍA
Benjamin, J (1988). "Los Lazos de Amor". Paidós. Barcelona.

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Freud, S (1968). "Sobre la dinámica de la transferencia". Obras Completas, Vol. II, Editorial Biblioteca
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Freud, S (1968). "Observaciones sobre el amor de transferencia". Obras Completas, Vol. II, Editorial
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saine » ». En "Therapies Multifamiliales". Solange Cook-Darzens. Eirès. París.
García Badaracco, J. Mitre de Larreta, M E. Fonzi, A. (2008) "El contexto social como encuadre necesario
para el tratamiento psicoanalítico del paciente grave". Symposium de la Asociación Psicoanalítica
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Mascaró, N (1990). Presentación: "La transferencia en el grupo multifamiliar psicoanalítico". Actas de las
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