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Última actualización web: 08/08/2022

MODELO DIMENSIONAL FRENTE AL CATEGORIAL EN LA VALORACION DE LA PERSONALIDAD

Autor/autores: Beatriz Vallejo Sánchez , Carla Marina Rodríguez Pereira, Julio Martínez Arnaíz, Cristina García Blanco, Agustín Sicilia Martín
Fecha Publicación:
Área temática: Trastornos de la Personalidad .
Tipo de trabajo:  Ponencia

*Psicóloga/o clínica/o. Unidad de Salud Mental de Puertollano (Ciudad Real) **Médico Psiquiatra. Unidad de Salud Mental de Puertollano (Ciudad Real)

RESUMEN

Objetivo: Las relaciones de los diferentes modelos dimensionales con las categorías diagnósticas de los trastornos de la personalidad siguen siendo activamente investigadas y muchos estudios apoyan una comprensión de los trastornos de personalidad del DSM desde la perspectiva del modelo de los cinco grandes (Clark, 2007; O´Connor, 2005; Ostendorf, 2000; Saulsman and Page, 2004; Widiger, Costa y McCrae, 2002), que sostiene que existen cinco grandes factores de personalidad: neuroticismo, extraversión, afabilidad, tesón y apertura a la experiencia. Según la perspectiva dimensional, los rasgos de personalidad se entenderían como un continuo, y los trastornos de personalidad representarían variantes desadaptativas de éstos. El objetivo de este trabajo es estudiar en una muestra clínica española y una muestra control las relaciones entre una medida de los “cinco grandes” y una medida de los trastornos de personalidad.

Metodología: Se aplicaron el cuestionario BFI-44 (Big-Five Inventory-44; Benet-Martínez, y John, 1998) y el Examen Internacional de los Trastornos de la personalidad (IPDE; International Personality Disorders Examination; Loranger, 1995; versión española de López-Ibor, Pérez y Rubio, 1996) a una muestra clínica de 80 pacientes que acudían a una unidad de salud mental, y a una muestra control del mismo tamaño.

Resultados: Se hace un estudio descriptivo de las características sociodemográficas de la muestra, así como los resultados en los diferentes instrumentos de evaluación de la personalidad. Posteriormente, se hace un análisis de las relaciones entre rasgos y trastornos de personalidad.

Conclusiones: Se encuentra que los diferentes rasgos de personalidad se relacionan con trastornos de personalidad específicos, en la línea con los hallazgos de la investigación reciente. El neuroticismo es la dimensión más relacionada, prediciendo en el caso de la muestra clínica la puntuación en 7 de las 10 escalas de personalidad patológica.

Palabras clave: trastorno de personalidad; rasgos de personalidad; modelo dimensional; modelo categorial

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 Modelo dimensional frente al categorial en la valoración de la personalidad

Objetivo: Las relaciones de los diferentes modelos dimensionales con las categorías diagnósticas de los trastornos de la personalidad siguen siendo activamente investigadas y muchos estudios apoyan  una comprensión de  los trastornos de personalidad del DSM desde la perspectiva del Modelo de los cinco grandes (Clark, 2007; O´Connor, 2005; Ostendorf, 2000; Saulsman and Page, 2004; Widiger, Costa y McCrae, 2002), que sostiene que existen cinco grandes factores de personalidad: neuroticismo, extraversión, afabilidad, tesón y apertura a la experiencia. Según la perspectiva dimensional, los rasgos de personalidad se entenderían como un continuo, y los trastornos de personalidad representarían variantes desadaptativas de éstos.

El objetivo de este trabajo es estudiar en una muestra clínica española y una muestra control las relaciones entre una medida de los “cinco grandes” y una medida de los trastornos de personalidad.

Metodología: Se aplicaron el cuestionario BFI-44 (Big-Five Inventory-44; Benet-Martínez, y John, 1998) y el Examen Internacional de los Trastornos de la Personalidad (IPDE; International Personality Disorders Examination; Loranger, 1995; versión española de López-Ibor, Pérez y Rubio, 1996) a una muestra clínica de 80 pacientes que acudían a una unidad de salud mental, y a una muestra control del mismo tamaño.

Resultados: Se hace un estudio descriptivo de las características sociodemográficas de la muestra, así como los resultados en los diferentes instrumentos de evaluación de la personalidad. Posteriormente, se hace un análisis de las relaciones entre rasgos y trastornos de personalidad.

Conclusiones: Se encuentra que los diferentes rasgos de personalidad se relacionan con trastornos de personalidad específicos, en la línea con los hallazgos de la investigación reciente. El neuroticismo es la dimensión más relacionada, prediciendo en el caso de la muestra clínica la puntuación en 7 de las 10 escalas de personalidad patológica.

Introducción

En la clasificación de las enfermedades mentales en la actualidad imperan dos sistemas clasificatorios a nivel Internacional: la Clasificación de los Trastornos Mentales y del Comportamiento (CIE-10; OMS, 1992), de uso más extendido en Europa, y el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders -DSM-V de la American Psychiatric Association (APA, 2013), que predomina en Estados Unidos.

Ambos  sistemas de clasificación psicopatológica son muy similares, y en ellos se apunta que para establecer la existencia de un trastorno de personalidad, independientemente de qué trastorno se trate, se deben cumplir los siguientes criterios: (a) el trastorno de personalidad debe ser un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento, (b) que se aparta de las expectativas de la cultura del individuo, (c) que afecta al menos a dos de las áreas afectiva, cognoscitiva, control de impulsos y/o relaciones interpersonales, (d) que es inflexible temporal y situacionalmente, (e) que se inicia en la adolescencia y primera etapa de la vida adulta, en ocasiones en la infancia, y que se afianza en la madurez, (f) que provoca malestar clínico, o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes del individuo y (g) que no es atribuible a ningún otro trastorno mental, ni a los efectos fisiológicos directos de una sustancia ni a una enfermedad médica.

También ambas clasificaciones tienen una perspectiva categorial, cuyo antecedente se encuentra en el modelo clásico de Kurt Schneider, en el sentido de considerar los trastornos de la personalidad como síndromes clínicos cualitativamente distintos.

Este modelo, no obstante, ha recibido multitud de críticas, basadas en la excesiva coocurrencia diagnóstica,  la heterogeneidad de los pacientes con un mismo diagnóstico, la inconsistencia y mala definición de los límites diagnósticos, la cobertura diagnóstica inadecuada, la inadecuada base científica y la cuestionable utilidad clínica (Clark, Livesley y Morey, 1997; Livesley, 1985a, 1985b, 1998; Ryder, Bagby y Schuller, 2002; Widiger, 1993; Widiger y Trull, 2007).

Una alternativa al enfoque categorial es la perspectiva dimensional de que los trastornos de la personalidad representan variantes desadaptativas de los rasgos de personalidad generales, disponiéndose en un continuo con la normalidad en el extremo opuesto. Ha habido muchos intentos diferentes de identificar las dimensiones fundamentales que subyacen a la totalidad del campo del funcionamiento normal y patológico de la personalidad, siendo el modelo de personalidad predominante el “Modelo de los Cinco Grandes”, que sostiene que existen cinco grandes factores de personalidad: neuroticismo, extraversión, afabilidad, tesón y apertura a la experiencia (Costa y McCrae, 1992).

Las relaciones de los diferentes modelos dimensionales con las categorías diagnósticas de los trastornos de la personalidad siguen siendo activamente investigadas y muchos estudios apoyan  una comprensión de  los TP del DSM desde la perspectiva del Modelo de los cinco grandes (Clark, 2007; O´Connor, 2005; Ostendorf, 2000; Saulsman and Page, 2004; Widiger, Costa y McCrae, 2002).

Ya en el DSM-IV se quiso introducir cierta  concepción dimensional al definir los tres conglomerados que agruparían a los diferentes TP (raro-excéntrico, dramático-emocional y ansioso-temeroso), apostando más claramente por esta visión el Grupo de Trabajo sobre los Trastornos de personalidad del DSM-V, que apoyó el desarrollo de un modelo básicamente dimensional de los trastornos de personalidad, frente al categorial actual, resultando útil principalmente para evaluar rasgos de personalidad desadaptativos de interés para los clínicos que no son incluidos dentro del manual diagnóstico y que podrían ser evaluados por instrumentos que evalúan la estructura general de la personalidad (Krueger, Skodol, Livesley, Shrout y Huang, 2007). No obstante, tras la publicación de la última versión del DSM no se han producido cambios sustanciales.

Widiger y colaboradores (2002) por su parte propusieron un procedimiento en cuatro pasos para el diagnóstico de un TP según las clasificaciones actuales desde la perspectiva de los “Cinco Grandes”, que incluirían: 1º) Una evaluación del funcionamiento de personalidad a través de una medida de los “cinco grandes”, para detectar variantes desadaptativas de cada uno de ellos. 2º) La identificación del deterioro social y ocupacional y del distrés asociados a los rasgos de personalidad. 3º) La determinación del nivel de significación clínica para ese deterioro, con la ayuda de escalas de medida como la que provee el Eje V del DSM. Y 4º) el apareamiento entre el perfil cuantitativo de personalidad de cada individuo con perfiles prototípicos de constructos diagnósticos importantes teórica, clínica y socialmente. A partir de este procedimiento se obtendrían constelaciones idiosincráticas de rasgos de personalidad, que serían de utilidad para indicar el grado en que un constructo simple (p.ej. borderline) describe adecuadamente a una persona concreta.

Algunos autores, sin embargo, a pesar de la considerable evidencia a favor  de la continuidad estructural entre personalidad normal y anormal, y de que la dimensionalidad de los inventarios de personalidad es en general similar en muestras clínicas y no clínicas, encuentran datos contradictorios a este respecto (O´Connor, 2002; Markon, Krueger, y Watson, 2005). Algunos autores consideran que los instrumentos de evaluación general de la personalidad recogen en menor parte las variantes desadaptativas de determinados rasgos, como es el caso  de la alta Apertura, alta Responsabilidad y alta Afabilidad del NEO PI-R (Haigler and Widiger, 2001). Otros, consideran que algunas dimensiones normales no tienen su equivalente en la estructura de la personalidad anormal, como Apertura, y al contrario, otras no están representadas en los modelos de personalidad normal, como es el caso de la dependencia, la sumisión o el psicoticismo.

Relaciones encontradas entre personalidad y psicopatología

Aunque durante muchos años las áreas de psicopatología y personalidad se desarrollaron  independientemente, a partir de los años 90  renacería un interés creciente en la comprensión de cómo ambas interactúan, que ayudaría a clarificar la excesiva comorbilidad psiquiátrica y a explicar las bases etiológicas de los trastornos psiquiátricos, llegando a entenderse la una intrínsecamente unida a la otra. (Watson, Gamez and Simms, 2005).

Según Watson y colaboradores (2005) son tres las posibilidades que han recibido más apoyo en la literatura:

En primer lugar, las características de personalidad pueden ejercer una influencia causal en la psicopatología, bien incrementando la probabilidad de que una persona desarrolle un trastorno (modelo de vulnerabilidad) o bien afectando a la severidad o el curso de un trastorno, lo que incluye la respuesta al tratamiento (Modelo de Patoplastia).

En segundo lugar, la psicopatología puede influir causalmente sobre la personalidad, ya sea de forma temporal (Modelo de Complicación) o permanentemente (Modelo de la Marca).

Y en tercer lugar, personalidad y psicopatología pueden reflejar procesos centrales similares. Por ejemplo, pueden tener un factor etiológico común (Modelo de la Causa Común), o bien puede existir una dimensión subyacente o continuo desde la normalidad a la patología, en el cual la psicopatología represente una manifestación extrema de diferencias individuales en personalidad (Modelo del Espectro). Este último es el que más se acerca a la perspectiva dimensional en la visión de los trastornos de personalidad.

Con respecto a los hallazgos en este ámbito, se han encontrado relaciones entre los trastornos y las dimensiones de personalidad desde diferentes modelos, como el modelo de Eysenck o de Cloninger (O´Boyle, 1995; Mulder y Joyce, 1997), pero la alternativa dimensional desde el modelo de los cinco grandes es la de mayor apoyo empírico.

Saulsman and Page (2004), tras un estudio de metaanálisis, concluyeron que todos los TP del DSM mostraban asociaciones con los cinco factores del modelo de los cinco grandes significativas y predecibles dados sus criterios diagnósticos, siendo las dimensiones de neuroticismo, extraversión y cordialidad las más ampliamente relacionadas, siendo alto el neuroticismo en prácticamente todos los trastornos, y teniendo las otras dos dimensiones un papel más diferenciador. Estos resultados han sido apoyados por diferentes estudios.

Así, por ejemplo, Dyce (1997) encuentra que el neuroticismo se relaciona con todos los trastornos de la clasificación DSM, lo que coincidiría con la hipótesis de Clark y Watson (1991) que consideran al neuroticismo como un factor general y de origen superior considerado un factor de vulnerabilidad para un amplio rango de trastornos. En concreto, encuentran que el trastorno por evitación se relaciona positivamente con el neuroticismo y negativamente con extraversión y apertura. El trastorno histriónico tiene relaciones positivas con extraversión y apertura. El trastorno anancástico con tesón.. Los trastornos límite y antisocial mantienen correlaciones negativas con cordialidad y tesón.

Otros autores sin embargo encuentran diferentes datos. Por ejemplo, que el neuroticismo solo se relaciona con los trastonos límite, evitativo y dependiente (Lahey, 2009), que la apertura también se asocia a los trastornos de la personalidad (Widiger y Trull, 1992) o incluso otros que encuentran que el neuroticismo no se relaciona con los TP (Ruiz, Pincus y Schinka, 2008).

Pukrop,  Herpertz, Saβ y Steinmeyer (1998) realizan por su parte un estudio de la estructura y las relaciones entre rasgos y trastornos de personalidad de forma paralela en una muestra clínica de pacientes con trastorno de personalidad y otra no clínica encontrando que la estructura de la personalidad normal es compartida por las personas con trastorno de personalidad. Encuentran que apertura y extraversión no tienen ningún compromiso con los trastornos de personalidad, pero si la introversión como polo opuesto de esta última y que aparece como entidad propia y relacionada con el trastorno esquizoide y evitativo. La cordialidad aparece relacionada con los trastornos dependiente y depresivo. El trastorno obsesivo compulsivo está relacionado en ambas muestras con neuroticismo y tesón. Y por último, en otro grupo aparecen juntos los trastornos paranoide, límite, pasivo agresivo y narcisista. Por último, y como resultado principal encuentran que el neuroticismo es un factor central en la muestra clínica, mientras que es una dimensión de personalidad más en la no clínica, lo que implicaría que el neuroticismo no discrimina entre diferentes trastornos de personalidad, pero sí entre estos y las personas sin trastorno.

 

En general, los datos son algo inconsistentes, en parte debido a los problemas metodológicos (diferentes muestras de estudio, instrumentos, etc). Además, no se han encontrado muchos estudios con muestras españolas sobre las relaciones entre dimensiones y trastornos de personalidad que comparen muestras amplias de la población general y clínicas, o solo estudian algunas dimensiones de la personalidad (de Miguel, 2000; Pelechado y Pastor, 2005).

El objetivo de este trabajo fue analizar las relaciones entre las cinco grandes dimensiones de personalidad y los trastornos de personalidad según son definidos por las principales clasificaciones diagnósticas en una muestra clínica española y otra control, de cara a explorar si en ambos casos las relaciones eran similares. Se esperaba encontrar en general asociaciones positivas del neuroticismo con la mayoría de trastornos de personalidad, aunque especialmente con el trastorno evitativo y el dependiente, y relaciones negativas de la extraversión con el trastorno esquizoide.

 Metodología 

Participantes

El estudio, transversal y descriptivo, fue realizado con dos muestras: una clínica y otra control. Las características sociodemográficas más importantes se describen en la Tabla 1.

La muestra clínica estuvo compuesta por 80 pacientes atendidos en la Unidad de Salud mental de Puertollano (Ciudad Real, España) en 2012, y que presentaban un Trastorno adaptativo (en su mayoría, con síntomas mixtos ansiosos y depresivos) según criterios diagnósticos de la a CIE-10 (WHO, 1992) o del DSM-IV-TR (APA, 2000). No fueron incluidos en el estudio aquellos pacientes que presentaban comórbidamente otra psicopatología grave del Eje I o II del DSM-IV-TR (no se excluyeron los que presentaban rasgos desadaptativos de personalidad), aquellos cuyas edades no estuviesen comprendidas entre los 18 y 65 años y los que presentasen condiciones que dificultasen la aplicación de los instrumentos de estudio (deterioro cognitivo y/o médico, o nivel educativo o intelectual insuficiente).

La muestra control estuvo compuesta por 80 personas seleccionadas en base a la facilidad de acceso e intentando garantizar la mayor representatividad posible, que habían sufrido en los últimos dos años una situación estresante importante pero que no habían desarrollado ninguna psicopatología ni precisado de tratamiento, ya sea farmacológico o psicoterapéutico, en los últimos 2 años. Fueron excluidos los sujetos mayores de 65 años y los que pudiesen presentar las condiciones comentadas, que dificultasen la aplicación de los instrumentos. Las personas que compusieron este grupo fueron personas valoradas en la Unidad y dadas de alta por no presentar patología, profesionales del hospital, familiares de éstos últimos y familiares de pacientes de la USM.

Tabla 1. Características sociodemográficas de la muestra

 
Grupo clínico

n (%)
Grupo control

(N=80)
Edad [media (DT)]
36.14 (13.47)
39.84 (11.53)
Sexo [n (%)]  
 
 
   Hombres
25 (31.3)
32 (40)
   Mujeres
55 (68.8)
48 (60)
Estado civil [n (%)]
 
 
   Soltero
36 (45.0)
32 (40)
   Casado
34 (42.5)
43 (53.8)
   Separado/Divorciado
8 (10.0)
5 (6.3)
   Viudo
2 (2.5)
0 (0)
Situación laboral [n (%)]
 
 
   Activa
18 (22.5)
58 (72.5)
   No activa
62 (77.5)
22 (27.5)
Nivel educativo [n (%)]
 
 
   Básico (primaria o menos)
39 (48.8)
10 (12.5)
   Medio (secundaria o FP)
28 (35.0)
44 (55)
   Superior (universitaria)
13 (16.3)
26 (32.5)
Nivel económico [n (%)]
 
 
   Bajo
31 (38.8)
9 (11.3)
   Medio
48 (60.0)
69 (86.2)
   Alto
1 (1.3)
2 (2.5)

Instrumentos

La personalidad según el modelo dimensional se evaluó a través del Big Five Inventory-44 (BFI-44; Benet-Martínez y John, 1998). Se trata de un autoinforme que consta de 44 ítems en los que se pide al participante que valore en una escala de respuesta tipo Likert de 5 puntos (que va desde 1= Muy en desacuerdo a 5=Muy de acuerdo), en qué medida cada una de las afirmaciones le describe adecuadamente. Evalúa  las cinco grandes dimensiones de personalidad normal descritas según el “Modelo de los Cinco Grandes” (Costa y McCrae, 1992; McCrae y Costa, 1985): Extraversión, Afabilidad o Cordialidad, Tesón o Responsabilidad, Neuroticismo y Apertura mental o Apertura a la experiencia. Muestra muy buenas propiedades psicométricas (Benet-Martínez y John, 1998; Rammstedt y John, 2007), resultando en nuestro estudio índices de fiabilidad de las escalas adecuados (siendo el promedio de α=0,72), y similares a los obtenidos por los autores.          

La presencia de características de personalidad patológica fue evaluada a través del cuestionario del Examen Internacional de los Trastornos de la Personalidad (International Personality Disorders Examination o IPDE; Loranger, 1995; versión española de López-Ibor, Pérez y Rubio, 1996). El IPDE es una entrevista clínica semiestructurada que valora, tanto categorial como dimensionalmente, la presencia de Trastornos de Personalidad (TP) según los criterios diagnósticos DSM-IV o CIE-10. En este caso se utilizó el cuestionario autoadministrado de cribado, que permite valorar la presencia de las características típicas de cada uno de los trastornos de personalidad (que no el diagnóstico), sirviendo además para la realización de la entrevista posterior de forma más breve, ya que sólo se aplicarían las preguntas referidas a los trastornos cuya presencia resultó “probable” en el cuestionario. El cuestionario autoaplicado consta de 77 ítems, en la versión para el DSM-IV, con un formato de respuesta de verdadero/falso, en los que se pregunta al sujeto sobre el tipo de persona que ha sido en los últimos 5 años. Una puntuación de 3 o más en cada escala (correspondiente a cada uno de los trastornos de personalidad recogidos en el DSM-IV) supondría la existencia “probable” de un trastorno, debiendo aplicarse después la entrevista diagnóstica confirmatoria, que en este caso solo se hizo para descartar la existencia de un TP (que supondría la exclusión del estudio), considerándose por tanto para el estudio la puntuación dimensional del cuestionario.

 

Resultados

En primer lugar, se realizó un análisis descriptivo de  las características sociodemográficas de la muestra y de las puntuaciones obtenidas a través de los tests aplicados (ver Tabla 2). Se calculó también el índice de fiabilidad de las escalas de los dos instrumentos de evaluación a través del coeficiente de consistencia interna alpha de Cronbach. En el caso del BFI se obtuvo una fiabilidad adecuada (media de 0,71), solo con una subescala con puntuaciones más bajas pero moderadamente aceptables (cordialidad). En el caso del IPDE sin embargo,

 

Taba 2. Datos descriptivos y coeficientes de fiabilidad (α) de las escalas BFI e IPDE en la muestra total (N=160)

 

Media (DT)
Rango posible
 

Rango real
Núm. ítems
 

α
Personalidad
 
Extraversión
25.96 (5.73)
8-40
11-38
8
.70
Neuroticismo
23.31 (7.65)
8-40
8-39
8
.84
Cordialidad
34.78 (4.86)
9-45
23-45
9
.59
Tesón
32.84 (5.65)
9-45
18-44
9
.70
Apertura
33.52 (6.51)
10-50
17-47
10
.74
Paranoide
2,12 (1,79)
0-7
0-7
7
.67
Esquizoide
2,16 (1,57)
0-7
0-6
7
.51
Esquizotípica
1,74 (1,72)
0-9
0-7
9
.60
Límite
2,98 (2,06)
0-9
0-7
9
.65
Histriónica
2,27 (1,61)
0-8
0-7
8
.48
Narcisista
2,05(1,47)
0-9
0-7
9
.49
Antisocial
0,68 (0,86)
0-7
0-3
7
.22
Obsesiva-Compulsiva
2,98 (1,68)
0-8
0-7
8
.48
Dependiente
2, 19 (1,79)
0-8
0-6
8
.63
Evitativa
3,25 (2,33)
0-8
0-8
8
.76
 

Se realizó después un MANOVA de un factor, grupo, controlando las variables sociodemográficas significativamente diferentes, que mostró que las distintas dimensiones de personalidad fueron afectadas significativamente por el grupo (λ=0,74; F5,149=10,40; p<0,001; η2p=0,26).

En concreto, y como se puede ver en la tabla 3, el grupo clínico fue significativamente menos extravertido y más neurótico, siendo el tamaño del efecto pequeño en el primer caso, y moderado en el caso del neuroticismo. No hubo diferencias entre ambos grupos en los factores de afabilidad, tesón y apertura.

Tabla 3. Estadísticos descriptivos (media y desviación típica) y F de los análisis de los efectos entre los grupos clínico y control en los cinco factores de personalidad (N=160).

 
Grupo clínico

(N=80)
Grupo control

(N=80)
F
Ƞ 2p
Extraversión
24,46 (6,02)
27,46 (5,04)
8,94**
,06
Neuroticismo
27,60 (5,80)
19,01 (6,83)
41,78***
,21
Afabilidad
33,88 (4,40)
33,88 (5,14)
1,42
,01
Tesón
32,33 (5,44)
33,35 (5,84)
,01
,00
Apertura
32,91 (7,13)
32,91 (5.82)
,03
,00
 

Notas: (1) *p<0,05; **p<0,01; *** p<0,001; (2) Ƞ 2p para calcular el tamaño del efecto

 

Tabla 4. Estadísticos descriptivos (media y desviación típica) y F de los análisis de los efectos entre los grupos clínico y control en los diez trastornos de personalidad(N=160).

 
Grupo clínico

(N=80)
Grupo control

(N=80)
F
Trastorno paranoide
2,90 (1,87)
1,39 (1,35)
32,54***
Trastorno esquizoide
2,92 (1,58)
1,45 (0,13)
41,32***
Trastorno esquizotípico
2,36 (1,79)
1,15 (1,49)
21,41***
Trastorno límite
4,01 (1,75)
1,94 (1,80)
55,55***
Trastorno histriónico
2,51 (1,53)
2,05 (1,64)
3,18
Trastorno narcisista
2, 22 (1,62)
1,89 (1,32)
1,95
Trastorno antisocial
 0. 80 (0,95)
0,55 (0,74)
3,75
Trastorno obsesivo-compulsivo
3,24 (1,61)
2,71 (1,73)
3,98*
Trastorno dependiente
2,83 (1,88)
1, 56 (1,46)
22,62***
Trastorno evitativo
4,35 (2,12)
2,20 (2,02)
40,64***
 

Notas: *p<0,05; **p<0,01; *** p<0,001

Se realizó igualmente un MANOVA de un factor, grupo, encontrándose que los  distintos trastornos de personalidad fueron también afectados significativamente por el grupo.

En concreto, en todas las escalas de trastornos de personalidad puntuó significativamente más alto el grupo clínico que el control, excepto la escala antisocial, narcisista e histriónica.

Posteriormente, se realizó un análisis de las correlaciones entre rasgos y trastornos de personalidad (Tabla 5)

Tabla 5. Correlaciones entre dimensiones de personalidad y trastornos de personalidad (N=80)

 
Extraversión
Afabilidad
Tesón
Neuroticismo
Apertura
Paranoide
Esquizoide
Esquizotípica
Límite
Histriónica
Narcisista
Antisocial
Obsesiva
Dependiente
Evitativa
Extraversión
1
 
Afabilidad
,167
1
  Tesón
,200
,171
1
 
Neuroticismo
-,420**
-,195
-,256*
1
 
Apertura
,270*
,073
,347**
-,380**
1
 
Paranoide
-,114
-,409**
-,024
,296**
,003
1
 
Esquizoide
-,266*
-,203
-,030
,352**
-,173
,303**
1
 Esquizotípica
-,326**
-,277*
-,128
,459**
-,104
,539**
,410**
1
 
Límite
-,258*
-,254*
-,287*
,537**
-,320**
,565**
,328**
,455**
1
 
 
 
 
 
 
Histriónica
,223*
-,317**
-,125
,241*
-,088
,277*
-,015
,142
,370**
1
 
 
 
 
 
Narcisista
,178
-,203
,102
-,097
,170
,107
,159
,060
,011
,389**
1
 
 
 
 
Antisocial
,055
-,168
,137
-,148
,206
,190
-,016
,000
,258*
,184
,455**
1
 
 
 
Obsesiva
-,170
-,227*
,093
,142
,038
,176
,097
,239*
,249*
,218
,218
,188
1
 
 
Dependiente
-,163
-,192
-,163
,570**
-,236*
,343**
,408**
,462**
,553**
,309**
,198
,123
,179
1
 
Evitativa
-,481**
-,289**
-,123
,482**
-,206
,417**
,478**
,493**
,532**
,237*
,153
,164
,309**
,623**
1
Nota: * p<0,05; ** p<0,01.

 

El neuroticismo fue la dimensión de personalidad que mantuvo más relaciones con las escalas de personalidad patológica, seguida de la afabilidad y de la extraversión. Las dimensiones de tesón y apertura estuvieron menos relacionadas, con solo una escala de personalidad patológica relacionándose en el primer caso, y con dos en el segundo.

La puntuación en la escala paranoide correlacionó de forma significativa con el neuroticismo y la afabilidad (con esta última de forma negativa)

La escala esquizoide se relacionó de forma positiva con neuroticismo y negativa con extraversión .

La escala esquizotípica con el neuroticismo de forma positiva y negativa con extraversión y afabilidad

La escala límite correlacionó con las cinco dimensiones de personalidad, de forma positiva con neuroticismo, y negativa con el resto.

La escala de personalidad histriónica de forma positiva con neuroticismo y extraversión, y negativa con afabilidad.

La escala obsesiva correlacionó únicamente, y de forma negativa, con afabilidad.

La escala dependiente positivamente con neuroticismo y negativamente con afabilidad.

La escala evitativa correlacionó positivamente con neuroticismo y negativamente con extraversión y afabilidad.

Las escalas narcisista y antisocial fueron las únicas que no mantuvieron relaciones significativas con ninguna dimensión de personalidad.

Regresiones:

Posteriormente al análisis de correlaciones, se realizaron análisis de regresión tomando como variables dependientes o criterios cada una de las escalas del IPDE, correspondientes a los diferentes TP, y como variables predictoras  los cinco factores de personalidad y todas las variables sociodemográficas que en análisis de regresión previos habían resultado significativos para predecir la puntuación en al menos alguna escala de personalidad patológica (sexo, edad, estado civil, nivel educativo, nivel socioeconómico y situación laboral). En las tablas 6 y 7 se recogen los modelos finales significativos para el grupo control y el grupo clínico, respectivamente.

En el caso del grupo control, se obtienen modelos significativos para las escalas paranoide, esquizoide, esquizotípico, límite, evitativa y dependiente, no encontrándose en el caso de las escalas histriónica, narcisista y obsesiva, resultando el modelo para el trastorno antisocial casi significativo. En el caso del grupo control, sin embargo se obtuvieron modelos significativos para todas las escalas. Las capacidades predictivas de los modelos variaron también, siendo en el caso del grupo clínico especialmente altos los modelos de los trastornos dependiente, evitativo y límite (explicándose el 38, 35 y 37% de varianza respectivamente), y en el caso del grupo control especialmente en los trastornos límite y paranoide (del 43 y 49%).

Hubo también diferencias entre el grupo clínico y control en cuanto a los predictores significativos para cada trastorno de personalidad.

En el caso del grupo clínico, el neuroticismo predijo 7 de los 9 trastornos (exceptuando antisocial, narcisista y obsesivo), mientras que el clínico predijo 5 de ellos: paranoide, limite, obsesivo, evitativo y dependiente, indicando que un mayor neuroticismo se asociaba a una mayor puntuación en estas escalas.

En cuanto a la afabilidad, en el grupo clínico predijo menores puntuaciones en el trastorno paranoide, histriónico y obsesivo, y en el grupo control predijo también menores puntuaciones en la escala paranoide, y en este caso también en el esquizotípico y antisocial.

En cuanto a la extraversión, en el grupo clínico predijo mayores puntuaciones en personalidad histriónica y menores en evitativa, prediciendo en el grupo control también menores puntuaciones en esta última, y además en la esquizoide y la límite.

Ni el tesón ni la apertura fueron predoctores de las puntuaciones en las escalas de trastornos de personalidad.

Con respecto a las variables sociodemográficas, también resultaron predoctores diferenciales en ambas muestras (ver tablas 5 y 6).

 

Tabla 5. Modelos finales significativos de los análisis de regresión múltiple por pasos sucesivos tomando como variables predictoras las variables sociodemográficas relevantes (sexo, edad, estado civil, nivel educativo, nivel socioeconómico y situación laboral) y los cinco factores de personalidad (extraversión, neuroticismo, afabilidad, tesón y apertura), y como criterios cada una de las escalas de personalidad patológica. Grupo clínico (N=80)

Criterio
Predictor(es)
B
SEB
β
F
R2 ajustada
Paranoide
Neuroticismo
,073
,033
,225*
10,63***
0,20
 
Afabilidad
-,156
,044
-,365**
 
 
Esquizoide
Neuroticismo
-0,03
0,01
-0,28**
11,70***
0,21
 
Estado civil
,700
,211
,331**
 
 
Esquizotípico
Neuroticismo
,138
,030
,459***
20,79***
0,20
Limite
Neuroticismo
,167
,027
,545***
24,25***
0,37
 
Nivel educativo
-,745
,210
-,318**
 
 
Histriónica
Afabilidad
-,116
,034
-,328**
9,41***
0,30
 
Extraversión
,115
,027
,445***
 
 
 
Neuroticismo
,098
,028
,367**
 
 
 
Nivel educativo
-,475
,197
-,228*
 
 
Antisocial
Sexo
-,622
,221
-,303**
7,91**
0,08
Narcisista
Género
-1,165
,349
-,339**
10,08***
0,18
 
Estado civil
,663
,216
,311**
 
 
Obsesiva
afabilidad
-,082
,040
-,227*
4,24*
0,04
Evitativa
Neuroticismo
,120
,037
,327**
15,09***
,35
 
Extraversión
-,133
,036
-,376***
 
 
 
Estado civil
,637
,261
,226*
 
 
Dependiente
Neuroticismo
,185
,029
,573***
25,09***
,38
 
Estado civil
,658
,221
,264**
 
 
Nota: o <0,07 p<0,05 ** p<0,01

 

Tabla 6. Modelos finales significativos de los análisis de regresión múltiple por pasos sucesivos tomando como variables predictoras las variables sociodemográficas relevantes (sexo, edad, estado civil, nivel educativo, nivel socioeconómico y situación laboral) y los cinco factores de personalidad (extraversión, neuroticismo, afabilidad, tesón y apertura), y como criterios cada una de las escalas de personalidad patológica. Grupo control (N=80)

Criterio
Predictor(es)
B
SEB
β
F
R2 ajustada
Paranoide
Neuroticismo
,064
,022
,323**
5,49***
0,39
 
Situación laboral
,969
,284
,321**
 
 
 
Estado civil
,522
,246
,229*
 
 
 
Afabilidad
-,082
,029
-,311**
 
 
 
Edad
-,024
,013
-,201o
 
 
Esquizoide
Nivel educativo
-,815
,215
-,445***
4,27***
,31
 
Extraversión
-,077
,027
-,328**
 
 
Esquizotípico
Afabilidad
-,071
,035
-,247*
3,46**
0,26
 
Situación laboral
,672
,343
,203o
 
 
Límite
Extraversión
-,080
,038
-,223
6,43***
0,43
 
Neuroticismo
,102
,028
,386
 
 
 
Edad
-,031
,016
-,200 o
 
 
 
Nivel educativo
-,554
,299
-,198 o
 
 
Histriónico
-
 
 
 
1,32
0,04
Antisocial
Afabilidad
-,055
,019
-,379
1,92o
0,11
Narcisista
Nivel educativo
,591
,292
,288*
0,91
-.01
Obsesiva
Tesón
,110
,042
,371*
1,57
0,07
 
Neuroticismo
,110
,042
,371*
 
 
Evitativa
Extraversión
-,130
,048
-,325
3,48**
,26
 
Neuroticismo
,079
,036
,266**
 
 
Dependiente
Neuroticismo
,075
,029
,353**
1,83o
,10
Nota: o <0,07  p<0,05 ** p<0,01; *** p<0,001

 

Discusión y conclusiones

El objetivo de este trabajo fue estudiar las relaciones entre las cinco grandes dimensiones de personalidad y los trastornos de personalidad según la definición actual comparando una muestra clínica y otra control. Se pretendía profundizar en el conocimiento de los trastornos de personalidad desde la perspectiva de los cinco grandes.

En primer lugar, con respecto a las diferencias entre las muestras, el grupo clínico puntuó más alto que el control en las dimensiones de neuroticismo y extraversión, así como en la mayoría de las escalas de trastornos de personalidad (excepto la escala antisocial, narcisista e histriónica). Las variables sociodemográficas de edad, género, estado civil, nivel educativo, nivel económico y situación laboral influyeron en esas diferencias, tal y como se ha encontrado en otros estudios (de Miguel, 2000)

Con respecto a los resultados encontrados sobre las relaciones entre dimensiones y trastornos de personalidad, van en la línea de los hallazgos previos.

En concreto, el neuroticismo fue la dimensión de personalidad que mantuvo más relaciones con las escalas de personalidad patológica, seguida de la afabilidad y de la extraversión. Las dimensiones de tesón y apertura estuvieron menos relacionadas, con solo una escala de personalidad patológica relacionándose en el primer caso, y con dos en el segundo. En los análisis de regresión se confirmó el poder predictivo del neuroticismo, la extraversión y la afabilidad sobre diferentes trastornos de personalidad.

En cuanto a los hallazgos recientes, Saulsman and Page (2004) encontraron también que los cinco factores de personalidad se relacionaban con los TP del DSM. En concreto, las dimensiones de neuroticismo, extraversión y cordialidad fueron las que mostraron también el mayor número y magnitud de relaciones, puntuando todos los trastornos alto en neuroticismo y bajo en cordialidad, y concluyendo que la  extraversión tendría un papel más discriminatorio entre unos  otros (es decir mostraría relaciones positivas con unos como el trastorno histriónico y el narcisista, y negativas con otros como el esquizoide, esquizotípico y el evitativo). Concluyeron también que tesón tendría un papel parecido pero menos relevante y la apertura no tendría relaciones importantes con los trastornos.

O´Boyle (1995), desde el modelo trifactorial de Eysenck, también encontró a través de análisis factorial que el neuroticismo se relacionaba con prácticamente todos los trastornos de personalidad (todos saturaban dentro del mismo factor), a excepción del esquizoide y el antisocial, que formaban factores separados junto a la introversión y el psicoticismo, respectivamente.

No se han encontrado apenas estudios con muestras españolas. Pelechano y Pastor (2005) estudian una muestra amplia, pero solo de la población general, y solo estudian el papel del neuroticismo en los trastornos de la personalidad (utilizando el mismo instrumento de medida para los trastornos que en nuestro estudio). Los resultados en cuanto a la importancia del neuroticismo son similares.

De Miguel (2000), estudiando también una muestra española de la población general, confirma también que el neuroticismo correlaciona con casi todos los trastornos (excepto con el antisocial y el esquizoide), Y la extraversión con el trastorno obsesivo y dependiente. No obstante, utilizan otra medida de las cinco grandes dimensiones (en concreto, la medida de extraversión se refiere únicamente a sociabilidad) diferente a la nuestra, lo que puede explicar las diferencias encontradas.

No obstante, en nuestro estudio hemos encontrado un patrón de relaciones diferente entre el grupo clínico y control. Por tanto, es importante considerar la muestra de estudio.

Por otro lado, este estudio no se realizó con una muestra de personas con trastorno de personalidad, sino con el diagnóstico de trastorno adaptativo. Pareciese que el hecho de padecer psicopatología, aunque sea más leve, influye en la puntuación en las escalas de personalidad (al menos, en la autopercepción), y si entendemos la psicopatología como un continuo, podríamos situar esta patología más leve en un punto más cercano a la normalidad, encontrándose los trastornos de personalidad en el extremo opuesto, con patrones probablemente más desadaptativos e inflexibles de comportamiento.

En conclusión, la concepción actual de los trastornos de personalidad puede entenderse  desde una perspectiva dimensional complementaria, que además puede tener importantes ventajas. Las representaciones dimensionales de los trastornos de personalidad pudiesen ser mejores predictores del deterioro funcional, en comparación con las representaciones categoriales (Krueger, Skodol, Livesley, Shrout y Huang, 2007), que aunque tienen gran utilidad, simplifican la realidad. Así mismo, los modelos dimensionales permiten una construcción de la persona como un todo más comprensible que integre aspectos personales, sociales, contextuales, permitiendo un acercamiento menos reduccionista y siendo más útil  para la programación de la intervención terapéutica. A esto se añade el considerable volumen de conocimientos de la psicología de la personalidad en cuanto a su estructura y dinámica, en comparación con los conocimientos sobre los trastornos, que podría aprovecharse de cara al desarrollo de intervenciones más efectivas (Pelechado y Pastor, 2005). Por tanto, una aproximación que compatibilice ambos sistemas puede resultar beneficioso, siendo importante una mejor comprensión y la realización de más estudios empíricos, en concreto, con muestras españolas tanto clínicas como de la población general.

Este estudio ha tenido limitaciones que sería importante corregir en futuros trabajos. En primer lugar, no se estudia una muestra de personas con trastorno de personalidad. Es cierto que el objetivo no era este, pero podría ser interesante estudiar el perfil de personalidad en muestras españolas con diferentes trastornos de personalidad. En segundo lugar,  el instrumento de medida de los trastornos de personalidad en este caso es un cuestionario de screening con propiedades psicométricas cuestionables, aunque es ampliamente utilizado en investigación y en clínica.

 

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