La integración socio-laboral de las personas que sufren un trastorno mental grave es el objetivo fundamental de los equipos de los servicios de rehabilitación. Esta inclusión nunca puede ser completa si no existe una autonomía en todos los ámbitos, entre ellos el económico, y, al menos hoy por hoy en esta sociedad, solo es posible obteniendo ingresos mediante el empleo. Por tanto, es evidente que, como dice Agustina Palacios[1], el empleo “no es la única manera de inclusión dentro de la sociedad” desde una visión holística de la inclusión, pero sí es una de ellas.Las dificultades que las personas con discapacidad se encuentran para esa integración laboral, en un estado de bienestar y de derecho, se han de tratar de solventar con legislaciones que “promuevan la igualdad de oportunidades suprimiendo los inconvenientes que se oponen a la presencia integral de las personas con discapacidad”[2]Dentro del colectivo de personas con discapacidad, las personas con trastorno mental grave son las que más exclusión sufren en la inclusión laboral, debido, fundamentalmente, al estigma que aún hoy existe en la sociedad hacia las enfermedades mentales.[1] Palacios, A. (2008). El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Madrid: Cermi.[2] Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. (17 de noviembre de 2013). Real Decreto Legislativo 1/2013, de 29 de noviembre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social