Se trata de un varón de 58 años con diagnóstico de esquizofrenia paranoide, remitido a Urgencias por un cuadro de deterioro del estado general acompañado de temblor generalizado y sudoración. El paciente está en tratamiento con múltiples antipsicóticos (clozapina, amisulpride, risperidona y clotiapina). A su llegada el paciente está tembloroso, sudoroso y mutista. Se le realiza despistaje orgánico descartándose procesos infecciosos o tóxico-metabólicos, siendo además el valor de la CPK normal (40). Sin embargo, se muestra taquicárdico y se objetiva además una temperatura de 38,2ºC. Desde el Servicio de Urgencias interconsultan a Psiquiatría para valorar una posible influencia del tratamiento psicofarmacológico en la génesis de dicho cuadro. Al valorar al paciente, este responde únicamente con monosílabos, se objetiva un temblor de reposo generalizado, cierta rigidez en rueda dentada, así como actitud cataléptica evidenciable en miembros superiores. La hipótesis diagnóstica es de posible síndrome neuroléptico maligno vs cuadro catatoniforme vs extrapiramidalismo iatrogénico. Finalmente, se decide orientar el caso como un posible síndrome neuroléptico maligno, a pesar de que la CPK es normal, dado que en el caso de que se confirme dicha hipótesis, es imprescindible la implementación de medidas de soporte, puesto que es un cuadro potencialmente letal. Tras un periodo de observación, con implementación de dichas medidas, así como de tratamiento benzodiacepínico, biperideno y retirada de neurolépticos, se consigue la mejoría del cuadro. Este caso pone de relevancia la importancia de descartar siempre esta hipótesis, a pesar de que no se cumplan estrictamente todos los criterios.