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Apego adolescente, posibilidad de cambio o continuidad.

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Autor/autores: Pilar Quiroga Méndez
Fecha Publicación: 26/04/2018
Área temática: Trastornos infantiles y de la adolescencia .
Tipo de trabajo:  Conferencia
Universidad Pontificia de Salamanca. Facultad de Psicología. Departamento de Psicología Evolutiva.

RESUMEN

Décadas de investigación han situado el patrón de apego como un concepto esencial para la comprensión de la capacidad de regulación emocional, la emergencia de la competencia social humana, la relación con las figuras parentales, con los pares y las relaciones románticas. El apego está implicados en el desarrollo normal y patológico y en la configuración de la identidad personal. Una de las cuestiones fundamentales es la posible continuidad o discontinuidad del patrón de apego. Bowlby sugiere que este es relativamente estable y resistente al cambio desde primera infancia, pero en la actualidad existen discrepancias al respecto. Los datos empíricos presentan conclusiones a favor y en contra, y describen la aparición de diferencias individuales en el desarrollo evolutivo del apego. Resolver esta cuestión es muy importante para la psicología actual, porque significaría la oportunidad de cambio de aquellos patrones de apego disfuncionales creados en la infancia, o bien nos remite a la imposibilidad o dificultades para poder hacerlo (Allen, 2017).

Este trabajo responde a la necesidad de clarificar los resultados aparentemente contradictorios sometidos actualmente a revisión científica alrededor de la estabilidad del apego, descritos en las perspectivas revisionista contextual, o prototípica (Jonas, 2017). La adolescencia es el momento en el que el patrón de apego podría sufrir su primera modificación, por ello algunos investigadores se han fijado en esta época de la vida para delimitar la influencia que el apego infantil tendría en los procesos de adaptación adolescente y en el posterior ciclo vital

Palabras clave: apego, adolescencia, estabilidad.

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APEGO ADOLESCENTE, POSIBILIDAD DE CAMBIO O CONTINUIDAD
Mª del Pilar Quiroga Méndez.
quiroga@upsa.es

INTRODUCCIÓN
Décadas de investigación han situado el patrón de apego como un concepto esencial para la
comprensión de la capacidad de regulación emocional, la emergencia de la competencia social
humana, la relación con las figuras parentales, con los pares y las relaciones románticas. El
apego está implicados en el desarrollo normal y patológico y en la configuración de la identidad
personal. Una de las cuestiones fundamentales es la posible continuidad o discontinuidad del
patrón de apego. Bowlby sugiere que este es relativamente estable y resistente al cambio
desde primera infancia, pero en la actualidad existen discrepancias al respecto. Los datos
empíricos presentan conclusiones a favor y en contra, y describen la aparición de diferencias
individuales en el desarrollo evolutivo del apego. Resolver esta cuestión es muy importante
para la psicología actual porque significaría la oportunidad de cambio de aquellos patrones de
apego disfuncionales creados en la infancia, o bien nos remite a la imposibilidad o a las
dificultades para poder hacerlo (Allen, 2017).
Este trabajo responde a la necesidad de clarificar los resultados aparentemente contradictorios
sometidos actualmente a revisión científica alrededor de la estabilidad del apego, descritos en
las perspectivas revisionista contextual, o prototípica (Jonas, 2017).

La adolescencia es el

momento en el que el patrón de apego podría sufrir su primera modificación, por ello algunos
investigadores se han fijado en esta época de la vida para delimitar la influencia que el apego
infantil tendría en los procesos de adaptación adolescente y en el posterior ciclo vital.

METODOLOGÍA
Las bases de datos utilizadas han sido EDS (Multibuscador de recursos electrónicos), PsycInfo,
y PsicoDoc.

Los descriptores han sido: attachment, adolescent attachment, attachment and

stability, adult attachment, attachment stability and adolescence. Las palabras claves en
español, han sido apego, y apego adolescente.

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APEGO ADOLESCENTE, POSIBILIDAD DE CAMBIO O CONTINUIDAD

REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA
En el tema del apego adolescente encontramos una diferencia enorme entre el número de
publicaciones en lengua española y las encontradas en lengua inglesa. Las aportaciones en
nuestro idioma se refieren a la validación de pruebas y a a la relación del constructo del apego
con comportamientos de riesgo para la salud, psicopatología y relaciones emocionales. No
aparecen apenas artículos donde se analice la variable de continuidad del apego en la época
adolescente, objetivo de este trabajo.
En la Base de datos denominada EDS, las publicaciones globales correspondientes al descriptor
"attachment", han sido 3.693.316. Esta enorme cantidad de trabajos nos indica la importancia
y gran magnitud que ha alcanzado este concepto para la investigación actual. De todas estas
publicaciones 2.245.904

han aparecido en los últimos 10 años; lo cuál significa una

aceleración en la publicación de trabajos sobre esta temática que nos lleva a comprobar la
actualidad de una materia que remite el 60% de sus escritos a la última década y el 20%
(749.116) a los últimos dos años. El apego como área de estudio es sumamente extensa y se
ha convertido en una de los campos de investigación más importante. La teoría del apego tiene
repercusiones en diversas áreas como en la psicología de la personalidad, psicología social,
neuropsicología, psicofisiología, neurociencias y por supuesto en la psicología del desarrollo.
Incluyendo la palabra clave "adolescencia", los resultados son de 212.848 artículos, 5,7% del
total de las publicaciones sobre apego. Este dato señala como esta época de la vida recibe un
interés discreto dentro de los estudios del apego, que se centran fundamentalmente en el
apego infantil (1.049.982). El 66% de estas publicaciones aparecen en los últimos diez años, y
el

20,4% en los últimos dos años, siguiendo una evolución similar a la de la investigación

general en apego, que indica una aceleración y aumento de publicaciones. La presencia
reducida de la etapa de la adolescencia en los estudios sobre el apego puede entenderse desde
el relativo menor tiempo que ocupa. También y en cuanto no se pone en cuestión en la
mayoría de las publicaciones la afirmación de Bowlby sobre la estabilidad del apego, no se
toma esta época de la vida como un posible periodo crítico, sino que los trabajos parten de la
hipótesis

de la

estabilidad

para

correlacionar

otras

variables

como

la

aparición

de

comportamientos problemáticos, patología o descripción de las relaciones sentimentales.
Cuando introducimos la palabra clave "stability" en la exploración sobre el apego, las
publicaciones disminuyen a 779.257, el análisis de la estabilidad y las investigaciones sobre
este tópico ocupan un 21% de los trabajos sobre apego. No parece que esta noción preocupe a
la comunidad científica, aunque sí tiene una discreta presencia. Sin embargo conceptualmente
el concepto de la estabilidad del apego es muy importante, y sería interesante ocupar los
esfuerzos investigadores en comprobar la hipótesis de continuidad y cambio de los patrones de
apego. El punto de partida de Bowlby de estabilidad de las conductas de apego ha de ser
probado y también sería necesario establecer cuáles son los grados de esa estabilidad y los
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factores que pueden afectarla. Sin esos datos la investigación sobre el apego sigue pareciendo
un bloque monolítico sin cuestionar, difícil de sostener sin los matices que muy probablemente
acompañen su desarrollo en el ciclo vital. En las publicaciones aparecidas sobre la estabilidad
del apego encontramos el mismo patrón que en los trabajos anteriores, con aceleración de
publicaciones en la última década, un 64% (17.253). Hallamos una proporción semejante en
todos los ámbitos del apego, con un mayor número en los últimos diez años que suponen en
torno a un 60% de los totales, y un 20% en los últimos dos años.
El tema que nos ocupa estaría representado en nuestra revisión bibliográfica por las palabras
claves: "attachmentand stability and adolescence", apareciendo 107.595 trabajos que
responden a ese tópico, lo que supone un 2,91% de la producción en apego. De ellos 73.095
en los últimos diez años, un 67,9%, y 23.842 en los últimos dos, representando un 22% del
total. Al estar analizando las fuentes en un multibuscador, los números netos de las
publicaciones pueden variar por no responder directamente, aunque la proporción temporal se
repite en los diferentes ámbitos y por tanto se mantiene.
La misma labor de búsqueda sobre la base de datos de la APA, nos ofrece unos resultados de
44.562 publicaciones con la palabra clave "attachment", lo cual supone una gran cantidad de
trabajos situándose en la última década un 53% (23.699), y un 15%.en los últimos dos años
(6.710).
Al unir el tópico adolescencia a la revisión, se reducen las publicaciones drásticamente a 2.539,
suponiendo entonces el estudio del apego adolescente solamente el 5,6% del total de trabajos
sobre apego. Esta concluyente disminución que aparece en todas las bases de datos nos
señala como la adolescencia ha quedado muy reducida en la investigación sobre apego, a
pesar de que es un momento evolutivo importante. Los 20.300 trabajos encontrados sobre
apego infantil nos señalan esa diferencia y la evidencia de que el concepto del apego continua
ligado mayoritariamente a la época de la infancia. La madurez es una etapa que tiene más del
doble de publicaciones que la adolescencia (5840). Podemos señalar como decíamos en la
búsqueda anterior la temporalidad de esta etapa, más reducida que las anteriores como una
de las razones para esta disminución. También la relación entre esta etapa y los diferentes
comportamientos problemáticos o patológicos hacen que se dedique muy poca investigación a
la estabilidad del constructo del apego, dedicándose los trabajos a aspectos más aplicados.
Los metanálisis encontrados en apego adolescente son solamente cinco,

dos de ellos se

realizaron antes del cambio de siglo y solamente uno en los últimos dos años. Las temáticas se
refieren al ajuste adolescente en diferentes contextos y no encontramos ninguna que se ocupe
de un posible cambio en el patrón de apego. Respecto a la temporalidad, del total de las
publicaciones sobre apego adolescente las referidas a los últimos diez años son 1.449 lo que
supone un 57% del total y nos indican la novedad de este campo que apenas se había
trabajado anteriormente. Desde 1960 hasta 2007 se publicaron 1.131 trabajos, esto significa
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una media teórica de 24 documentos anuales a lo largo de esos 47 años. En la última década
son 144 las publicaciones al año sobre este tema, y 432 en los últimos dos años, (216
anuales). El crecimiento es enorme e indica el interés de la aplicación de la teoría del apego a
los años adolescentes en estos últimos tiempos.
Las palabras clave "attachment and stability" pretenden acotar la búsqueda a aquellos trabajos
que utilicen la variable de la continuidad o discontinuidad del apego, encontrando sobre esto
850 resultados. Este aspecto del apego solamente ocupa el 1,9% de la investigación total. Algo
menos de la mitad de estas publicaciones en los últimos diez años (404) y un 13,6%, en los
últimos dos años.
Cuando añadimos la palabra clave "adolescence" obtenemos 17 artículos en los últimos dos
años, lo cual indica de nuevo un aumento relativo de la productividad en el último periodo.
Destaca el trabajo de Jones (Jones et al., 2017), por su carácter de estudio longitudinal
durante cinco años en el que los resultados apoyan el modelo prototípico que asume la
existencia de un factor bajo la estabilidad y el cambio en el apego.

Afirma también esta

investigación que factores como los conflictos parentales, de familia, separaciones, divorcios o
pertenecer a minorías o al sexo masculino,

pueden socavar la estabilidad del apego

adolescente, demostrando además que esa estabilidad puede ser menor que en la época
adulta lo cual nos lleva al modelo revisionista. Kim en el 2015 en una muestra amplia de
adolescentes chino-americanos establece la relación del apego con el rol mantenido de los
padres, señalando este factor como el responsable de los diferentes tipos de apego, sin
referirse a la estabilidad del constructo (Kim et al.,2015). Allen, un autor de referencia en este
ámbito, aporta en su último trabajo un seguimiento de diez años a partir del cual afirma cómo
el comportamiento de soporte maternal predice un aumento relativo de la seguridad en el
apego adolescente, a la vez que el control y la hostilidad parental anuncian una disminución.
Resume que es posible sugerir que el apego seguro en este periodo adolescente se explica
mejor con una combinación de estabilidad y cambio que se puede predecir a través de la
cualidad percibida de las relaciones sociales (Allen et al., 2017).
Ampliando la revisión a los últimos diez años aparecen en la base de datos de la APA 46
referencias relativas al constructo que nos ocupa de estabilidad o inestabilidad del apego
adolescente. De relevancia para nuestro análisis serían la investigación de Ajkins que revela a
través de un estudio longitudinal de quince años de evolución la emergencia en la adolescencia
de patrones no resueltos de apego. Esta reaparición está asociada fuertemente con eventos
vitales negativos, bajos niveles de seguridad en la figura maternal temprana,

experiencias

negativas con profesores en la niñez intermedia y una disminuida capacidad para la amistad
adolescente (Ajkins, 2009). Buist señala la presencia de muy pocos cambios longitudinales en
el apego, destacando la estabilidad de estos procesos y afirmando también que las diferencias
en la cualidad del apego adolescente se explican mejor desde los modelos operativos internos

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de los adolescentes, que desde las características de las relaciones diádicas entre ellos,
poniendo por tanto el peso de la relación en las variables debidas al apego. (Buist et al.,
2008). Carivati quiere destacar una nueva perspectiva, enfocando esta cuestión de la
estabilidad del apego en un estudio longitudinal de seguimiento entre el nacimiento y los 28
años, en poblaciones de riesgo por pobreza afirma que este periodo puede ser de cambio del
patrón de apego. En el monográfico de Groh

(Groh et al., 2014) estos autores asumen la

posición de estabilidad del patrón de apego estableciendo un grado de variación que
dependerá desde la infancia al final de la adolescencia de tres medidas de la seguridad madehijo, adquiridas en la temprana infancia. BoothLaForce, en el capítulo cuatro de la monografía
sobre apego y medidas del apego, quieren identificar el cuidado y los aspectos contextuales
que pudieran contribuir a la continuidad o discontinuidad del apego seguro (Booth-LaForce et
al., 2014). A su vez Roisman examina la ausencia parental y los estresores familiares en
relación con la sensitividad materna inicial en los patrones de apego seguro (Roisman, 2007),
(Roisman et al. 2014), (Haydon et al. 2014). Scharf (2007). En su texto sobre el apego
adolescente presenta que en la regulación afectiva, y en el procesamiento de la información no
existe diferencia en la época adolescente frente a la infancia. Destaca la influencia de los
patrones de apego y jerarquías de apego en la definición adolescente de las figuras de
referencia, la transformación de algunas figuras de relación en figuras de apego, la influencia
también en la organización de las relaciones múltiples y las parejas románticas y un
seguimiento de parejas de hermanos adolescentes.
En la revisión de fuentes en lengua española aparecen 650 resultados con la palabra clave
apego, y con apego adolescente 63 resultados. Todos ellos relativos a la correlación con
diferentes aspectos clínicos, de riesgo o relacionales. No encontramos ningún trabajo sobre la
estabilidad de los patrones de apego.

ESTABILIDAD DEL APEGO
La razón por la cual el estudio del apego aumenta y se generaliza desde diferentes campos es
porque existen evidencias suficientes que prueban que las diferencias individuales encontradas
en los tipos de apego, sobre todo las que definen apegos seguros están en la base de un buen
funcionamiento de la salud y de la sensación psíquica de bienestar. Un apego seguro predice
además unas relaciones de pareja más estables y satisfactorias, así como un mejor ajuste
social y de afrontamiento ante los eventos cambiantes de la vida. El apego seguro es un
patrón que está relacionado con la seguridad, la satisfacción vital, la fortaleza. el equilibrio
psíquico y la bienestar relacional. (Shlafer, Raby, Lawler, Hesemeyer, & Roisman, 2015).
La teoría del apego explica cómo los seres humanos nacemos con una predisposición biológica
para establecer vínculos emocionales tempranos con miembros de nuestra especie con los que

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intentamos mantener proximidad. Llamamos a estas personas figuras de apego y a estos
comportamientos de vinculación con figuras representativas conductas de apego, creando
finalmente un patrón de apego característico de cada individuo. Las diferencias individuales en
ese patrón predicen distintos caminos emocionales y de relación, tanto en la infancia como en
la vida adulta. Una de las cuestiones fundamentales en el estudio del apego se refiere a la
estabilidad de los patrones de apego con el paso del tiempo y el transcurrir de la vida. La
teoría de Bowlby sugiere que esos patrones creados en la infancia son relativamente estables y
se vuelven cada vez más resistentes al cambio a medida que avanza el desarrollo. (Jones et al,
2017). Los modelos de apego de los individuos se vuelven cada vez más estables debido a
que se usan como base o prototipo para la creación de

expectativas interpersonales,

interpretaciones y comportamientos, de modo que se refuerzan creando una gran resistencia
al cambio. Sin embargo, Bowlby también señaló que existía un cierto grado de flexibilidad en
los modelos de funcionamiento interno, abiertos a un cierto grado modificación originada desde
el contexto. Cambios significativos en el entorno que afecten a la seguridad y al cuidado,
pueden originar modificaciones en las representaciones de apego.
Existe con toda seguridad una tendencia a la continuidad del apego a lo largo de la vida, e
incluso podemos hablar de trasmisión intergeneracional, ambas cuestiones ampliamente
demostradas por la comunidad científica, pero también tenemos estudios en los que esta
relación tan directa no se encuentra, lo cual permite suponer que tanto la estabilidad como la
transmisión de los patrones de apego no son inevitables o determinantes en la vida de un
individuo. Los datos empíricos sobre la estabilidad a menudo han conducido a conclusiones
contradictorias ya que algunos estudios favorecen la estabilidad y otros favorecen el cambio
(Fraley, 2002; Fraley y Brumbaugh, 2004; Fraley y Roberts, 2005).

Ajkins afirma que los

estudios longitudinales desde a infancia a la adolescencia nos señalan conclusiones mixtas.
Desde la infancia a la adolescencia estos autores encuentran una moderada estabilidad, que
es menor en poblaciones de riesgo que hayan sufrido divorcios, enfermedades, maltrato,
adicciones en los padres, o muerte. Todas estas situaciones pueden significar y predecir
cambios en el patrón de apego. Señalan que incluso en poblaciones sin riesgo las experiencias
de estrés continuado podrían ocasionar cambios en el apego. Por otro lado también Ajkins
recoge los trabajos de Grossman (2002) en los que este afirma que el apego en la infancia no
predice los patrones de apego más allá de la época infantil, señalando que solamente la
sensitividad demostrada por el padre es predictiva de las representaciones de apego
adolescente. Las conclusiones de Ajkins son muy similares a las de los demás autores,
señalando que la revisión de diferentes estudios sugiere que las representaciones del apego
son estables la mayor parte del tiempo, pero que bajo determinadas circunstancias se puede
esperar un cambio. (Ajkins et al., 2009).

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Las preguntas que nos hacemos se remiten a cómo se comportan los patrones de apego a
través del tiempo y cuáles serían los procesos que facilitarían la supuesta continuidad y cambio
de dichos patrones. Si sabemos que los patrones pueden cambiar por ejemplo por influencia
de rupturas personales, también podemos aceptar que esos patrones se afinan a través de las
experiencias interpersonales, considerándose la socialización un potencial recurso de cambio.
Eso nos lleva a pensar que el apego es o puede ser un patrón constante, pero también
maleable y sujeto a modificación. Aunque se asume generalmente que el apego seguro debería
ser relativamente inalterable a través del tiempo, pueden darse variaciones cuando se
producen cambios en ese proceso de seguridad y cuidado. (Groth el al., 2014).
Relativo a la adolescencia sería interesante preguntarse cómo se generalizan los patrones de
apego de la infancia a las relaciones entre pares y a las románticas. La profundización en este
tema es uno de los objetivos de la presente investigación, ya que puede dar lugar al diseño de
intervenciones terapéuticas de patrones desadaptativos. Destacan sobre estos aspectos dos
artículos de gran importancia que analizan los componentes del apego susceptibles de cambio
o estabilidad el de Fraley (2002) y el de Jones (2017).

MECANISMOS DE ESTABILIDAD
Aunque la teoría del apego asume que las experiencias tempranas tienen una gran influencia
sobre los estilos relacionales de la adolescencia y de la vida adulta, lo cierto es que no
manifiesta exactamente cómo se producen esas influencias, más allá de la descripción de los
"working models" o modelos de procesamiento interno.

Destacan dos perspectivas que

explican esta influencia, una de ellas sería la denominada revisionista y la otra la perspectiva
prototípica. Desde la primera se asume que las representaciones tempranas del apego son
revisadas y puestas al día a la luz de las experiencias que van sucediendo, y que pueden o no
coincidir con las vivencias iniciales. Este modelo define los modelos de trabajo creados en las
primeras infancias como relativamente flexibles y modificables a través de la experiencia. Por
tanto, desde esta perspectiva no se predice estabilidad entre la infancia y la adultez, ya que el
ambiente puede sufrir cambios sustanciales que promuevan a su vez modificaciones en el
patrón de apego. Es en esta corriente donde se inscriben los autores que señalan como
enfermedades, pérdidas o traumas pueden hacer cambiar los apegos infantiles, de modo
impredecible (Fraley, 2002). Con el mismo razonamiento que se utiliza para la explicación de
la persistencia de los rasgos de personalidad, se exponen los argumentos que hacen que los
patrones de apego tiendan asimismo a la estabilidad. La razón es la tendencia de los sujetos a
seleccionar ambientes que sean consistentes con sus creencias, emociones y expectativas, lo
cual elicita en los otros relaciones congruentes con el patrón de apego expuesto. Este modelo
no niega la estabilidad del apego,

pero esta no tiene que suceder obligatoriamente ya que

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establece que las representaciones tempranas pueden ser revisables y funcionalmente
adaptativas.
Desde la perspectiva prototípica se explica que las representaciones tempranas están retenidas
y tienen un efecto directo en la los acontecimientos vitales del individuo influyéndole a lo largo
de su existencia.

Las primeras relaciones funcionan como un prototipo que se repetirá a lo

largo de la vida, el prototipo es una especie de dispositivo no verbal, procedimental,
inconsciente, que sirve a la adaptación inicial de un ser humano a un ambiente del que
depende para su supervivencia.

Aunque posteriormente emerge la capacidad cognitiva y la

consciencia, el modelo representacional previo permanece y opera sin cambios ni adaptaciones
imponiéndose desde abajo, ya que se ha convertido en un proceso autónomo que funciona y
desempeña continuamente un papel

de configuración influyendo y determinando los

comportamientos relacionales del individuo. Tampoco la perspectiva prototípica es radical en
su afirmación de la dificultad del cambio, pero este será mucho más complicado.

APEGO ADOLESCENTE
En la época de la adolescencia los patrones de apego ya están constituidos, los sujetos tiene
además cierta consciencia sobre ellos, o al menos sobre sus consecuencias. Pero desde una
perspectiva evolutiva la adolescencia es un periodo de grandísimos cambios que afectan al
sujeto en su estructura cerebral, en un incremento de la capacidad cognitiva, en sus
emociones y en sus relaciones sociales. Son estos cambios drásticos los que nos hacen pensar
en la posibilidad de que exista una reestructuración de los patrones de apego adolescente.
Allen en su última publicación deriva hacía el patrón adulto partiendo del adolescente,
encontrando cambios que remiten a las influencias sociales.

El soporte parental desaparece

como factor importante en la adolescencia y surgen las relaciones familiares en su lugar, como
por ejemplo los conflictos entre los padres. Estos conflictos parecen relacionarse con los
cambios en el patrón de apego, ya que las dificultades entre ambos padres no solamente
merman su capacidad para ocuparse de los hijos, sino que también afectan en la medida en la
que los hijos han de cambiar para adaptarse a unos padres inestables a los que es necesario
acomodar su comportamiento para conseguir un vínculo seguro. Si esta función no se
establece con éxito, los adolescentes perderán confianza en si mismos para poder ejercer fuera
del núcleo familiar esta función adaptativa. Los niveles altos de conflicto y dureza están
relacionados repetidamente con inseguridad emocional en niños y adolescentes. El estudio de
Allen identificó una gama de factores vinculados con el apego en un período de diez años
desde la adolescencia temprana hasta el principio de la adultez. En esta fase, la organización
del apego mostró un nivel de estabilidad considerablemente mayor que el observado desde la
infancia hasta la adolescencia, sugiriendo que este será el período en que el apego aparece
relativamente consolidado. Incluso en este momento existen factores de experiencia relativos
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a las relaciones que pueden explicar cambios en el apego, lo cual significaría que la
organización del apego también permanece abierto a las influencias ambientales durante este
período (Allen et al. 2017).
Como hemos señalado en la revisión de fuentes citando a Grohn, (2014) parece que existe
una cierta continuidad del apego que disminuye al final de la adolescencia. Este cambio puede
estar unido a la emergencia de aspectos familiares críticos, que puedan tener algún efecto
sobre el apego adolescente (Allen et al., 2004; Jones et al., 2017). Es menos habitual
encontrar en la bibliografía sobre la estabilidad del apego trabajos que reflejen un cambio
positivo en el patrón, o una buen adecuación en el caso de apegos inseguros. En este sentido
un estudio sobre el apego romántico en adolescentes maltratados en la niñez nos señala unos
resultados que indican que aquellos niños maltratados muestran con frecuencia una estrategia
evitativa en su apego romántico, pero que no se encuentran diferencias en la dimensión del
apego ansioso (Muela et al. 2016).
Según todo esto ¿es posible plantearse un cambio en el apego durante la adolescencia?
Apegos constituidos de una manera podrían cambiar, mejorar o empeorar en este momento.
¿Nos ofrece la naturaleza una segunda oportunidad para la creación de vínculos, o estamos
predeterminados o muy influidos por los creados en la infancia?.
afirmativa podríamos pensar en la existencia

Si la respuesta fuera

de un periodo crítico durante la adolescencia.

Hay razones teóricas que podrían sustentar este posicionamiento, la primera es que el apego
pase de ser jerárquico a ser de igual a igual, un apego entre pares. Se observa un rechazo y
alejamiento a los apegos filiales aunque sigan funcionando como base segura, lo cual parece
la oportunidad para crear otros. La necesidad de supervivencia física no surge en la
adolescencia, aunque en este momento la supervivencia tendrá que ver con la relación con los
iguales (Larson, Richards, Moneta , Holmbecck, 1996) y con el aumento de la necesidad de
privacidad que aleja las figuras de apego primordiales disminuyendo la comunicación y
aumentando los conflictos, el distanciamiento y la búsqueda final de autonomía por parte del
adolescente (Steinberg y Silk , 2002), ( Mayseless y Scharf, 2007). Siguiendo los principios de
la teoría del apego,

un apego seguro favorecería un saludable alejamiento de las figuras

paternas, y por tanto una relación más libre con nuevas personas que se convertirán o no en
nuevas figuras de apego. Por otro lado el aprendizaje de un modo saludable de vinculación se
repetirá con efectos muy probablemente saludables. Hay autores que señalan lo opuesto,
como una deficiente vinculación de apego paterno se puede convertir en la adolescencia en un
apego ansioso frente a los pares, (Steinberg y Silverberg, 1986). Sería cómo si la oportunidad
de apegarse se presentara de nuevo y los adolescentes respondieran como lo hicieron en su
infancia, repitiendo un patrón que necesita ser reparado. En este sentido las relaciones entre
pares en la adolescencia podrían predecir un apego seguro en la adultez, pero esta relación
estaría matizada por la cuestión que Allen se pregunta sobre a qué edad o cuáles de todas las

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relaciones entre iguales se volverán suficientemente intensas como para pasar de ser
simplemente reflejos de los apegos infantiles a potencialmente influyentes o predictivas del
apego adulto. Esta perspectiva ofrece una vía de cambio de patrón de apego, aunque abre la
dificultad para explicarlo (Allen et al., 2004)

DISCUSIÓN/CONCLUSIONES
No aparece en esta revisión bibliográfica una respuesta clara a la pregunta sobre la estabilidad
del apego surgiendo conclusiones bastante inespecíficas y difíciles de comparar y contrastar.
Los dos modelos de explicación del fenómeno, el prototípico y el revisionista, son las líneas
descriptivas que señalan dos conceptualizaciones diferentes, pero tampoco encontramos un
grupo amplio y definido de autores que se adscriban a una u otra teoría. Los estudios
mantienen posiciones que tienden a la estabilidad

y dejan espacio para el cambio, que

siempre se refiere a situaciones traumáticas o difíciles desde el punto de vista familiar. No
hemos encontrado afirmaciones concluyentes que presenten la posibilidad de reformular el
apego inseguro hacía el seguro, o afirmaciones sobre la posibilidad de establecer un periodo
crítico adolescente. Más bien los estudios parecen señalar la presencia de mayor estabilidad
entre la infancia y la adolescencia (Grohn, 2014) que entre la adolescencia y la adultez, (Allen
et al. 2017) lo cual negaría la presencia de un periodo crítico. Sin embargo sigue pareciendo
extraño que una época de la vida con cambios psicofisiológicos, de la estructura cerebral,
modificaciones en las capacidades cognitivas y en las relaciones, no signifiquen todas esas
variaciones alguna posibilidad de transformación en las representaciones del apego.

Se

necesitarían trabajos más sistemáticos y controlados, capaces de ser contrastados y que
incluyan en sus postulados de investigación la descripción de los diferentes tipos de apego en
investigaciones longitudinales, donde observar las verdaderas vicisitudes de los patrones de
apego, con sus actuaciones y variaciones a lo largo del ciclo vital.

REFERENCIAS
1. Ajkins, J. W., Howes, C., & Hamilton, C. (2009). Attachment stability and the emergence of
unresolved representations during adolescence. Attachment & Human Development, 11(5),
491- . 512. doi: 10.1080/14616730903017019.
2. Allen, J. P., McElhaney, K. B., Kuperminc, G. P., & Jodl, K. M. (2004). Stability and change
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Child

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